Wall Street: Money Never Sleeps
Soy fan de la primera Wall Street (1987). De los ochenta retratados de esa manera alocada y llena de coca, monitores de fondo negro y caracteres verdes, millones de dólares ganados y perdidos en minutos, y Gordon Gekko. Ese cabrón despiadado, inteligente y más frio que una mañana de enero en Foxboro quién controla el mercado y que es el personaje más fascinante de la cinta. Hace poco vi un documental de dicha película (curiosamente llamado "Money Never Sleeps") en donde Michael Douglas decía estar hasta la madre de todos aquellos que le seguían profesando su admiración por Gekko después de todos estos años. Tipos que lo miraban con luz en los ojos diciéndole que su personaje había sido la única razón por la que habían dedicado su vida a ser corredores de bolsa. "OK, sí saben que él es el villano, verdad?", clamaba Douglas. Y es que, claro, mucha de la fascinación por Gordon The Gekko viene de la construcción misma del caracter. Wall Street esta llena de lenguaje corporativo y situaciones que serian difíciles de comprender para alguien fuera del mundo salvaje del mercado de valores, por lo que, para que la audiencia sintiera claramente quién caraxos era el villano, se necesitaba que él fuera un arquetipo malvado clásico. Alguien que solo ve a los demás como meros escalones. Alguien que no toma prisioneros. Por desgracia, en esta secuela más de veinte años después, Gekko parece más un pecador arrepentido que un cabroncito dispuesto a sacar la furia acumulada después de su tiempo en la cárcel. Solo un poco al principio, al menos.
Quizás sean otros tiempos, claro. Wall Street también fue una advertencia sobre el choque de trenes que se avecinaba de seguir con ciertas practicas überpersonalistas que tarde o temprano terminarían fregando el sistema financiero. Wall Street: Money Never Sleeps (2010) es una bonita historia de amor, arrepentimiento, lealtad, valores y practicas predatorias dentro del sistema bursátil durante el desplome del 2008. Gordon Gekko, siete años después de salir de prisión, es un autor reconocido y durante la primera parte de la cinta es algo así como la voz de Cassandra. Su hija Winnie (Carey Mulligan), quién al parecer lo odia con odio jarocho, esta en una relación con Jake Moore (Shia LaBeouf), un pelma de la nueva WS -algo confuso si consideramos que la buena Winnie dice odiar también este mundo. El pelma, además, tiene una relación padre-hijo/mentor-maestro bastante fuerte con su jefe Louis Zabel (Frank Langella), veterano de mil batallas quién es humillado y obligado a vender el trabajo de toda su vida por una miseria gracias a Bretton James (Josh Brolin), un tiburón. Zaber, después de esto, se suicida en el metro de NY (en una gran escena, homenaje y tributo, así como reproche) y Jake, puesto ya en contacto con Gekko, decide vengarlo. Hace que Gekko lo ayude en esto y él, a su vez, intentará hacer que la relación con su hija sea menos pinche de lo que es ahora. Simple, no?
Así, sermones más, escenas conmovedoras menos, se desarrolla una historia que, en el departamento técnico cuenta con una bella fotografía, y que además ofrece un cuadro de actuaciones principales bastante competente (sobretodo Douglas, regresando a su personaje por excelencia). Sin embargo siento que algo le faltó para ser una gran película. Quizá ser más despiadada, quizá ser más pesimista. Wall Street -a pesar de que Gekko fue grabado diciendo pendejadas-, termina con él como ganador y con el yuppie ochentero Bud Fox (Charlie Sheen) yendo a parar al bote por haber mostrado sentimientos estando en un mundo en donde ya no hay lugar para estos. Aquí no. Aquí hay un final feliz (chin, spoiler!) para todos, a pesar de que a media cinta muchos de ellos la están pasando de la chingada. La acción es emplazada por los sentimientos como la lealtad o el amor y no por la pura avaricia sin más. Ahora si es bastante claro que el villano termina mal. El propio Jake, pese a decir que lo único verde es el dinero, apoya incondicionalmente su iniciativa jipi de energía natural y lo vemos ambicioso, aunque siempre con buen corazón. Su novia blogger izquierdista se hace famosa y arruina una reputación, mostrando el poder del nuevo periodismo. Incluso vemos a Bud Fox aquí, en una fiesta, rodeado por supermodelos, explicando cómo se hizo rico a un Gekko que tuvo que engañar a su futuro yerno para poder estar ahí. Quizá, como ya lo dije antes, son otros tiempos. Stone parece respetar a todo y a todos y termina con su mensaje de que, al final del día, qué son 100 millones de dólares en este mundo? Hay cosas más importantes, no?
Siento que vale la pena verla, aunque claro, vale más la pena ver la primera parte si aún no la han visto. No es ni por mucho una de las mejores secuela de todos los tiempos (como la nombró The Hollywood Reporter), pero tampoco es mala. Todo lo contrario: es sumamente inteligente y entretenida, además de conocedora de su medio. Aunque creo que al final lo más destacable es el increíble score de la cinta, a cargo de David Byrne and Brian Eno, además de la música original de Craig Armstrong. Eso sí vale un millón de dólares o algo.