True Grit

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La original True Grit (Henry Hathaway, 1969) es uno de mis westerns favoritos de todos los tiempos. Una cinta que, siento, juega en la misma liga que Inmortales del género como The Man Who Shot Liberty Valance (1962)  y Rio Bravo (1959). Sin embargo, la cinta de los Coen no es un remake de la película del 69, sino que es una nueva adaptación cinematográfica de la novela homónima escrita por Charles Portis. Por lo tanto no ahondaré en las diferencias entre ambas versiones, así como tampoco haré comparaciones entre los cast de las dos cintas. Creo que eso merece un post propio, que quizá escriba más adelante. 

 True Grit (2010) es lenta y mortal. Una obra maestra hecha de tal manera que en cada cuadro de fotografía (cortesía de Roger Deakins) nos demuestra la gama de belleza y gloria que existía en el western y que aún se encuentra aún ahí, ansiosa, esperando a alguien que la encuentre para extasiarlo con su brillo. Ethan y Joel Coel encontraron tal belleza y nos la muestran en una cinta impecable.

 Pero eso no significa que la película sea solamente la sucesión de imágenes inolvidables. No, hay una gran historia como sustento de las mismas. Y esta es contada por Mattie Ross (Hailee Steinfeld), una niña de 14 años que después de ser testigo del asesinato a sangre fría de su padre a manos de un tal Tom Chaney (Josh Brolin), decide consagrar sus esfuerzos a cumplir el viejo y estarrio "ojo por ojo" que en el Viejo Oeste parece ser la única ley existente. Para tal propósito se embarca en la búsqueda de Chaney dentro del territorio salvaje acompañada de Reuben J. "Rooster" Cogburn (Jeff Bridges), un viejo, gordo y alcohólico Marshall cuyos métodos no son lo que llamaríamos ortodoxos en un servidor público (pero que serían celebrados por alguien como Jack Bauer). En su camino, además, se cruzaran más de una vez con el misterioso LaBoeuf (Matt Damon), un Ranger de Texas que persigue a Chaney desde esos lares para hacerlo pagar por el asesinato de un senador texano y su perro. 

 La veta de la película y la novela esta en los personajes, sobretodo en el principal. Eso lo respetan los Coen al hacer que True Grit sea la película de Mattie, ya que ella la narra y la concluye, así como vemos todo lo que pasa a través de sus ojos. Ella no es la típica niña encantadora de catorce años que, junto a su madre y hermanos, despide al héroe con un pañuelo mientras éste cabalga hacia la puesta del sol. Ella no es dulce porque el mundo donde vive tampoco lo es. Desde pronto sabe que solo puede hacerse escuchar si muestra un carácter y una determinación que incluso muchos hombres no tenían. No inspira ternura, sino respeto. Rooster, por el contrario, parece no conocer el concepto del honor. No le importa matar a sangre fría o incluso por la espalda, mientras tenga claro que lo hizo "para defenderse" y al parecer lo único que le interesa respecto al negocio de la repartición de justicia es confiscar para si tanto alcohol como sea posible. Esto es normal si consideramos que los agentes de la ley en el Viejo Oeste estaban a menudo tan podridos como los villanos a los que cazaban, ya que muchas veces se trataba de bandidos contratados por el Estado, que mataban a los tipos malos solamente para quedarse con un botín más grande. En Rooster encontramos dicha ambigüedad, aunada a una opinión excesivamente buena sobre sí mismo y una tendencia a alardear y contar las penas sazonadas con whiskey. LaBoeuf, por otro lado, parece pertenecer a la imagen del justiciero que tenemos programado en nuestro inconsciente colectivo. Igual tiene todos los prejuicios que se imaginan en un hombre criado en ese tiempo ( y que, por lo mismo, no duda en nalguear a una morrilla de catorce años al verla hacer lo que las morras de catorce años no deben hacer), pero también esta bien dispuesto a reconocer el valor en donde lo vea. La convivencia entre éste y Rooster no es fácil, ya que aquí nos enfrentamos a dos formas de ver el mundo que chocan entre sí. Rooster sabe que el mundo es un lugar ojete y que para sobrevivir en él se debe ser un ojete también. LaBeoeuf cree que el mundo es un buen lugar y que vale la pena luchar por el. La relación entre el joven y el viejo dentro del western es un tema que bien puede dar para la publicación de un par de libros, pero que aquí se ve muy bien resumida, sobretodo cuando nos enteramos del arreglo de estos dos para "trabajar juntos" o cuando pretenden impresionarse uno al otro al dispararle a los pedazos de pan (una secuencia que me recordó a Clint Eastwood y Lee Van Cleef disparándose mutuamente al sombrero en Por unos Dólares Más).

 Esta es una cinta sobre el honor y personas que lo tienen o no lo tienen, en una época en la que el honor lo era todo. Mattie quiere ejercer la voluntad de Dios al cazar al asesino de su padre, a quién las autoridades "oficiales" parecían ignoran por comodidad, quizá. O también porque consideraban el asesinato del padre de la niña como "uno de tantos" que quedaban impunes. Mattie tiene que esforzarse por conseguir justicia porque su padre no tenía el renombre del senador texano y su perro. Sabe que ella tiene el deber de ver que el crimen no quede impune. Rooster y LaBoeuf se embarcan en la odisea por el dengo, pero aún siendo tan poco nobles en este aspecto, se entiende que son "los buenos", quizá porque tienen estrellas o quizá porque son los que si se atreven a justificar sus acciones frente a un tribunal. Quizá ellos han trabajado así tanto tiempo que por eso les es tan difícil entender la terquedad de Mattie. Para ellos la muerte solo es un negocio, pero también tienen en su interior el recuerdo de lo chingón que es hacer justicia simplemente porque es algo que se debe hacer. Porque es lo correcto. Mattie, como dijimos, asocia esto a la voluntad de Dios. Se embarca en un viaje dentro de una región salvaje y peligrosa, citando la Biblia y confiando en aquello de que todo mundo debe pagar por lo que ha hecho. Chaney, el malo, es claramente un hijodeputa sin honor ni oficio ni beneficio, pero más malo que la carne de puerco. Ni siquiera es un gran bandolero, pero es un gran concepto.  

 True Grit es una película maravillosa. Con muertes crudas, filmado con toda la maestría a la que nos tienen acostumbrados los Coen, este es un western moderno que no le pide nada a las mejores películas del género. El score nos remonta a aquella época de weyes muy hábiles con el revólver o el rifle, a aquellos días en los que la vida no valía nada pero donde a veces la muerte tenía un precio. Los Coen no se meten en desmitificaciones y solo se dedican a contar la sucesión de eventos que se derivaron de una muerte a traición. Como muchas de ese entonces. Es por eso que esta historia no trata sobre los grandes héroes o las grandes hazañas, sino sobre gente que trata de hacer lo que tienen que hacer, sea por una razón o la otra. Y que tiene que cargar con las consecuencias de sus actos.
 
Técnicamente es, quizá, la mejor película de todas las nominadas a los Oscar de este año (aunque todavía me faltan de ver algunas, pero lo jusgo por el trailer). Y las actuaciones rifan. Jeff Bidges está pocamadre, ignoro si le darán el Oscar por segundo año consecutivo, pero sin duda ha dado una actuación digna de ser premiada por la Academia de nueva cuenta. También la chica Steinfeld lo hace increíble, pero igual tendrá una competencia peliaguda por el Oscar a Mejor Actriz de Reparto, que igual merece. Creo que por esto y por muchas otras razones (entre ellas la antipatía que la Academia parece tenerles a los Coen, a pesar de haberles dado el Oscar hace algunos años), esta película será la gran perdedora de los Oscar este año. Pero eso no le resta ningún mérito. Al contrario.
 
Como un fan incondicional de los hermanos Coen, que ha visto todas sus películas unas 3 veces cada una (por lo menos), puedo decir que esta película me sorprendió. Y es que en realidad no se trata de "una película de los Coen" en el sentido ya muy claro al cual nos referimos cuando usamos esta frase. No es una cinta excéntrica, extravagante, irónica y escamosa. Es solamente una belleza del Oeste en todo sentido. Muy armoniosa, muy centrada, por momentos tan cálida como una cena junto a la fogata o tan fría como una noche de invierno en el desierto. Es lo más cercano a una cátedra de dirección, guionismo y edición dictada por estos dos bastardos talentososo, sin duda los mejores directores estadounidenses libra por libra. Y gracias a esto demuestran que tienen ese talento de sobra, no solo para sorprendernos, sino para sacar lo máximo de un género que a primera vista podría lucir sobreexplotado. True Grit, por tanto, no es inesperada. Solo es, junto con Unforgiven (1992), el mejor western que se ha filmado en los últimos 30 años. Nada más.