Toy Story 3

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No era un secreto el hecho de que mi emoción por esta película era prácticamente nula y que mi temor de que la tercera parte de la saga de los juguetes más famosos de los noventa (estrenada a más de una década de la original) fuera una basura era gigantesco. Pero, como muchas veces, esos cabroncitos de Pixar demostraron que los temores eran infundados y que sí se puede terminar bien lo que se empieza bien (eh, Sam Raimi).
 
En primera, creo que es imposible ver esta película sin pensar y lanzar más de una vez la exclamación de que las mentes maestras de Pixar son unos xodidos genios. Cada toma, cada encuadres, cada secuencia destila cultura cinéfila y un manejo de la emoción pocas veces visto en esta clase de género del entretenimiento. Muchos momentos destilan aromas a Einsestein, a Spielbreg, a Kubrick y hasta a Buñuel. Muchas referencias son completamente desconocidas por el público menor de 12 años, pero se agradecen en el alma por no caer en el chiste fácil a la Sherk 2. Toy Story 3 es lo suficientemente inteligente para respetar a su público y conocer lo que cada espectador tiene dentro. En verdad es de esas película sí que hay que ver con la sala repleta, con la sensación de que, al menos por unos minutos, estamos conectados con la misma gente que lanzó una exclamación igual que la nuestra gracias a que las imágenes que ambos estamos viendo realmente aflojaron algo en nuestro interior. La montaña rusa emocional esta garantizada y es impresionante.
 
La historia creo que todos la conocen. Andy, el dueño de los juguetes, ya creció y esta a punto de irse a la universidad. Un error hace pensar a crú (Buzz, Hamm, Rex, Jessie, Señor y Señora Cara De papa, 3 Hombrecitos Verdes, Tiro Al Blanco y Slinky) que su dueño intentó echarlos a la basura en lugar de guardarlos en el desván y ahora deciden empezar de nuevo en una guardería. Woody intenta hacerles recordar que tienen un deber para con su dueño y que deben volver para estar ahí cuando él los necesite. Total, que en la mentada guardería ocurren cosas oscuras debido a un oso de peluche con olor a frutas, un bebe gigante y musculoso y un chango a la Tío Gamboín. Y estos elementos conforman la aventura más grande y autocomplaciente de toda la saga. Como generalmente ocurre en todas las terceras partes, menos en Rocky 3 (ahí pasó en la cuatro).
 
Lo más destacable es el humor. La cinta es en extremo divertida, en serio. Yo no recuerdo haberme reído tanto desde The Hangover. Los gags de Buzz, pese a ser quizá los más plasticosos, son sumamente cagados y cumplen con la función de colocarlo como el amigo handyman por excelencia. El tipo de amigo que todos necesitamos en la vida. Y la subhistoria de Barbie y Kent... tan predecible e increíble que en verdad cuesta creerlo. Y a la vez no tanto. Tantos estereotipos, tantos conceptos e ideas infantiloides puestas por primera vez en un scrip que en verdad cuesta creer cómo los tipos de mattel aceptaron esa clase de tratamiento para sus productos más emblemáticos. Y aunque Woody se diluye un poco en este aspecto, su escape original cuenta con un momento jocoso realmente grande. Y ya con el humor de este nivel, la narrativa se siente dinámica. Hay acción en cada momento, pero no es frenética. En realidad todo se va cociendo a su tiempo, a pesar de la idea de que están pasando demasiadas cosas en poco tiempo. La historia merece un Oscar por sí solo (quizá sea por fin el Oscar "serio" que la compañía merece desde hace años). Y ya cuando creemos que lo épico del pedo nos atrapó y complació por completo, viene el final. Un final muy a la Remi, demasiado melancólico e inteligente para definirlo aquí. El adiós a la infancia, el hecho de que las cosas son simplemente cosas, que lo que tenemos y siempre tendremos son las marcas en el corazón de los buenos momentos que pasamos juntos. Andy encuentra un principio nuevo, a una digna "portadora" (una niña bastante simpática y gentil, por cierto) y su momento juntos es quizá el momento emocionalmente más brutal de toda la saga (y miren que por ahí hay un par que bien pueden competirle en este aspecto).
 
Toy Story 3 es una cinta universal y mágica, ademas de xodidamente memorable. Por momentos parece estar hecha para adultos nostálgicos más que para niños, pero ambos públicos se la pararán bomba en la sala. Por cierto, verla en IMAX 3D es impresionante, pero creo que la experiencia no pierde demasiado vista en pantalla norma. El doblaje es bueno. Y bueh, pues esta de más decir que se convirtió en mi favorita de las 3. En serio no deben perdérsela y no dejen de analizar al Woody de esta entrega. El Woody enlace, el Woody como héroe no tan trágico sino más que nada sumamente épico. El Woody que nos recuerda que todo tiene un final, pero que a la vez algo más vuelve a empezar. El Woody que nos enseña lo sano que es cerrar y comenzar los ciclos. El Woody que nos recuerda que al final siguen existiendo las cosas buenas.
 
Y Bebote rockea, por cierto.