Tony Scott, 1944-2012

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Es raro cuando muere un famoso. Y es que nos sentimos algo tristes, aunque sea alguien completamente desconocido a nivel personal, con quien nunca tuvimos siquiera una conversación informal o algo. Pero lo conocemos porque conocemos su trabajo, su obra. Los meses pasados estuvieron sacudidos por muertes de escritores eminentes, las cuales a mi me dejaron cierta sensación de pérdida, cierta tristeza atemporal y ciertas ganas de escuchar a Francois Hardy. Ayer por la mañana me entere de la muerte de Tony Scott, director de cine conocido por sus películas de acción y por ser el hermano menor de Sir Ridley Scott, a cuya sombra siempre pareció estar.

La aparente causa de la muerte es suicidio. Alrededor de las 12:30 horas del domingo, un testigo vio al director británico saltar del puente Vincent Thomas en el condado de Los Angeles. Había dejado una nota con sus datos personales y los números para contactar a su familia en el interior de su auto. Aparentemente, una nota de despedida dirigida a su familia fue encontrada en su oficina.

Al parecer la noticia fue una sorpresa dentro del círculo de personas que conocían a Scott en la industria y en su vida personal. He leído noticias que hablan sobre lo alegre que siempre parecía estar, sobre lo entusiasta para con su trabajo y lo amoroso para con su familia. Pero esas son cosas que no nos competen a nosotros. Los tormentos personales son cosas que no sabemos y que no creo que tengamos derecho a saber. El suicidio es una decisión privada. Solo él lo sabía y solo su familia puede exigir una explicación. Para nosotros solo es la trágica muerte de alguien que tenia el mejor trabajo del mundo, cuyo nombre vimos en los créditos, en una pantalla de cine, antes de iniciar una película. O al terminar.

Tony Scott nunca será recordado por haber dirigido grandes dramas, películas conmovedoras y emocionales. U obras maestras, para el caso. El dirigía acción y, dicho sea de paso, era bueno para hacerlo. Cierto que no he visto las 24 películas que hizo, pero las que sí (la mayoría) eran en general entretenidas, divertidas y casi siempre generaban buenos ingresos en taquilla. Claro que, como todos, tuvo películas terribles. Pero bueno. Top Gun es posiblemente su película más conocida, que quizá no haya envejecido tan bien, pero que todos vimos cuando niños, en la tele, en canal 5, y que nos encantó en ese momento. Days of Thunder aún es buena para un sábado por la tarde. Man on Fire es una basura, pero tengo fotos de la filmación en el DF. Y Domino también es malísima, pero la vi en DVD con una persona muy especial y eso la rescata.

Claro, sus dos mejores películas ever fueron True Romance y The Hunger. Ambas en mi colección. La primera, escrita por Tarantino, divertida y con escenas memorables, un buen soundtrack y una Patricia Arquette de la que me enamoré, fue una de las primeras películas que vi en la hoy desparecida Cineteca Nacional. Ahí también vi, más tarde, The Hunger. Y me voló la tapa de los sesos. Una de las pocas películas de vampiros que existen que de hecho son buenas.

Pero bueno, Tony Scott nunca fue el gran director que el mundo esperaba. Y supongo que él lo sabía, por lo que se explica la naturaleza del grueso de su filmografía, la cual palidece si la comparamos con la de su hermano, llena de clásicos atemporales y obras maestras. Tony Scott nunca fue nominado para un Oscar y quizá nunca lo mereció, a menudo los críticos eran crueles con él, pero bueno, ¿quién le hace caso a los críticos? Tony Scott era el hermano menor, quizá con menos talento, siempre en segundo plano. Los que somos hermanos menores conocemos el sentimiento. Al final Tony Scott metió fortunas incalculables en las taquillas, trabajó con las estrellas del momento en Hollywood y más que nada era respetado por sus colegas, quienes sabían lo difícil que en realidad eran sus proyectos y la habilidad que se necesitaba para llevarlos a buen puerto.

La noticia de la muerte de Tony Scott quizá no cimbre al mundo ni nos suma a todos en un luto colectivo, pero personalmente tengo que decir que yo si la lamento. Sus películas me han dado buenos momentos y serán recordadas. El legado permanece, la obra. Por la cual nosotros lo conocimos. Por la cual lo recordaremos.

Descanse en paz.