The Zoocial Network
Aunque no llevo mucho tiempo, les manejo que estoy en el negocio de la comunicación y me siento orgulloso de ello. Me obsesioné en su momento con la new media, los predicamentos de McLuhan, Toffler, Negroponte y de Kerckhove; vi el auge del reality, la anunciada y nunca concretada muerte de la estrella del radio y la burbuja noventera del internet inflarse y estallar; he podido ver cómo funcionan de cerca las tripas del medio escrito, la web, la radio y la televisión, y he participado en ellas desde la universidad. Lo cual me encanta, claro, pues ese es mi day job; mi night job es escribir ficción. LOL.
Y… nada tan raro como las redes sociales. Las redes zoociales. Recuerdo que entre 2006 y 2007 nos fileteábamos el cerebro pensando cómo agregar esos nuevos animales a nuestra programación diaria de hacer revistas, nosotros, los (futuros) pobres editores de medios impresos en medio de la migración de lectores a los medios online. Todo era un caos. No sabíamos hasta qué grado podría llegar la participación del público. En 2005 acudí a una conferencia en la Sociedad National Geographic sobre el “long tail“, aquella visión que separaba la relevancia del broadcaster establecido (los grandes medios de comunicación) contra millones de mini-broadcasters en blogs (los pequeños usuarios de internet, pero que son un chingo). Hoy a esto se le conoce como “consumer-driven content” (contenido impulsado por el consumidor) y, no sé si sea bueno o malo, pero es esencialmente el gérmen de los memes y demás pendejadas que nos damos a diario en la red.
Algo tuvo que ver ese animal horrible llamado “periodismo ciudadano”. Alguna vez lo dije a manera de símil: la medicina ciudadana no existe, bueh, solo en casos de extrema urgencia, y no es propiamente un asunto médico que un desconocido te atienda una herida porque no hay de otra, es solo LA VERDAD DEL MOMENTO. No suelo escribir en altas porque es feo, maleducado, oloroso y poco respetuoso a las reglas de la lengua, pero sentí que venía al caso. LA VERDAD DEL MOMENTO te puede rebasar si tienes las tripas derramadas en el periférico luego de un accidente automovilístico. No importa si eres rico o pobre, estúpido o inteligente. Te vas a aferrar a lo primero que veas, ¿no? Bien puedes decir “venga de ahi mi médico ciudadano, quiero sujetarle de la mano”. LA VERDAD DEL MOMENTO no es que ese buen hombre sea un médico, es lo único que hay, quizá la última persona con la que hables en esta Tierra. Lo cual es… patético. LOL.
Pero vuelvo al tema. ¿Qué pasa con los periodistas ciudadanos? Cuando sucedió el infame ataque de Atocha en Madrid, el 11 de marzo de 2004, fue sorprendente la cantidad de fotografías de usuarios de teléfonos móviles en los sitios del atentado. Antes que cualquier televisora o periódico, antes que la BBC, el UK Telegraph, Le Monde, El País, The New York Times, CNN y Antena 3, la gente tomó fotos, se las mandó a otras personas o corrió a subirlas a la red. En 2004 la web móvil no estaba tan avanzada como ahora —ni la resolución de los teléfonos—, pero aquello fue un hito. ¡Periodismo ciudadano!, gritaron muchos en su momento, y otros tantos se escandalizaron pensando quizá que el oficio se iba a banalizar y que muchos perderían su trabajo. Lo único que sucedió fue que mucha gente en ese momento iba pasando con un móvil con cámara fotográfica en las manos. Esa fue LA VERDAD DEL MOMENTO. No que fueran periodistas. Quizá sí eran ciudadanos, pero la mayoría no eran periodistas. Igual su aportación a los hechos noticiosos consternó en buena medida a la industria de la comunicación. Sobre todo a los que predecían que nos ibamos a quedar sin chamba porque gracias al internet una masa anónima de usuarios iba a hacer nuestro trabajo.
Creo que muchos comunicadores no se quedaron sin empleo. Y también creo que llegó mucha gente sin oficio a hacerse pasar por comunicadores. LOL.
Entran las redes sociales. El sorprendente mundo de “quiero conocer gente” de aquel horroroso Hi5 dio paso al aún mas sorprendente mundo de “quiero conocer gente + quiero que todos sepan lo que estoy haciendo” de Facebook. En el camino, Facebook agregó granjas digitales, pésimas costumbres gregarias —como “pega esto en tu muro…”— e historias horrendas de depredadores sexuales, gente que pierde su empleo por postear pendejadas y mujeres embarazadas que abren el Facebook de su feto varios meses antes de que nazca —y se edpresan como idiotad podke todod sabemod que loz fetod tienen pobemas de habla. ROTFLOL.
Entran las redes sociales. El sorprendente mundo de “quiero conocer gente” de aquel horroroso Hi5 dio paso al aún mas sorprendente mundo de “quiero conocer gente + quiero que todos sepan lo que estoy haciendo” de Facebook. En el camino, Facebook agregó granjas digitales, pésimas costumbres gregarias —como “pega esto en tu muro…”— e historias horrendas de depredadores sexuales, gente que pierde su empleo por postear pendejadas y mujeres embarazadas que abren el Facebook de su feto varios meses antes de que nazca —y se edpresan como idiotad podke todod sabemod que loz fetod tienen pobemas de habla. ROTFLOL.
Pero este no es un post sobre la fauna facebookera. Tampoco sobre la fauna tuitera, de eso —del ego, la obsesión por el sobrevaluado número de followers, los “tweetstars”, las prácticas malsanas en torno al hashtagueo ridículo o el erreteo mongólico— me quejo casi todas las semanas. Ja. No voy a profundizar en ello, pero sí tiene que ver con el simple y bello hecho de que no todos los seres humanos fueron llamados a ser comunicadores. Es decir, cualquiera lo puede hacer, y vaya que pasamos buena parte de nuestra vida comunicándonos con otros seres humanos. Twitter y Facebook, entre otras tres docenas de redes sociales, son el espejo de nuestra forma de hablar por teléfono, redactar un mail, mover las manos y las nalgas, coquetear y hacer sentir nuestra presencia en una habitación. Al mismo tiempo, y por muy contradictorio que suene, ese espejo es una torcida visión de nosotros mismos. Cuánta gente no exhibe una personalidad extrañamente extravertida y explosiva en la red social, gente que conocemos en persona o con la que convivimos y sabemos que no todo el tiempo es así. Y al revés también sucede: tipos exitosos y socialmente afables en el ambiente oficinil pueden ser inexistentes en sus redes sociales. Lo cual, me parece, es perfectamente normal. Un hombre puede ser un gran amante a la hora de comunicarse proxémicamente con su mujer en el colchón, y un perfecto estúpido a la hora de escribir un correo. Y viceversa. El mundo de los geeks está lleno del ejemplo en “viceversa”, BTW :D
Sin embargo, la mayoría del mundo no tiene el don de la comunicación. Y además, depende de qué tipo de comunicación estemos hablando, claro. Están los que hablan bien. Los que escriben bien. Los que se ven bien —oh sí, eso también tiene que ver con el ámbito de la comunicación— a cuadro o solo “fotografían bien”. Pffff. Y no me parece mal que las redes sociales “empoderen” al individuo y le den voz y voto. Independientemente de lo que yo piense al respecto, eso está sucediendo. Los usuarios dan su opinión todo el tiempo, se envalentonan, formulan hashtags, reclaman, pelean. Pero ese no es el tema del post. No insistan.
En las principales redes sociales de hoy no se admite el rich text —Google+ medio toma algunos recursos de Gmail para este fin— así es que la gente debe valerse de sus propios métodos en texto plano para decir las cosas. Como gritonear ESCRIBIENDO EN ALTAS QUE ESTUVO DE SUPUTAMADRE EL CONCIERTO. O abusar de los signos de exclamación!!!!!!! O agregar un emoticón —Ò_ó— bien chispa cada vez que se dice algo. O abusar de: LOL.
Las tipografías en bold e itálicas enfatizan una frase o palabra, pero su uso depende del contexto y, duh, la frase o palabra. El uso diario nos da pistas de cuándo sí y cuándo no emplearlas. La tipografía en mayúsculas, por regla, antecede a un nombre propio —cosa que el beato Steve Jobs destruyó cuando lanzó el iPod. Redactar en mayúsculas distrae y molesta, a menos que se trate de una frase corta o unas siglas. De otro modo está F.U.B.A.R. Los puntos suspensivos son tres, y en ese sentido no deberían de insistir en usar más de tres: en realidad se trata de un signo con tres puntos (comando + punto en una Mac), no de tres puntos tecleados consecutivamente. Su nombre clásico es elipsis y denota una pausa. Por eso, poner diez puntos suspensivos es tonto e innecesario. No quiere decir nada.
Las tipografías en bold e itálicas enfatizan una frase o palabra, pero su uso depende del contexto y, duh, la frase o palabra. El uso diario nos da pistas de cuándo sí y cuándo no emplearlas. La tipografía en mayúsculas, por regla, antecede a un nombre propio —cosa que el beato Steve Jobs destruyó cuando lanzó el iPod. Redactar en mayúsculas distrae y molesta, a menos que se trate de una frase corta o unas siglas. De otro modo está F.U.B.A.R. Los puntos suspensivos son tres, y en ese sentido no deberían de insistir en usar más de tres: en realidad se trata de un signo con tres puntos (comando + punto en una Mac), no de tres puntos tecleados consecutivamente. Su nombre clásico es elipsis y denota una pausa. Por eso, poner diez puntos suspensivos es tonto e innecesario. No quiere decir nada.
La diagonal esencialmente sirve para separar. Con una que usen, de nuevo, es suficiente. Esto es innecesario: //. Menos aún cuando no están separando nada, genios.
No soy un sibarita de la lengua, para nada. De hecho, soy bastante pocho, les manejo el spanglish y el uso —y abuso— burdo y coloquial de las palabras. Sin embargo, tengo mis límites. O los observo con cuidado. No me molesta que la gente escriba como se le pegue la gana, o como Dios les dé a entender, sobre todo en espacios públicos como las redes sociales, pero no puedo dejar de elevar las cejar cada vez que leo una burrada. Y no me refiero al lolspeak o al padonki, que son auténticos lingos procreados espontáneamente en internet.
Creo que mis cejas elevadas tienen que ver con que para mí escribir es algo bello, es algo inherente a mi oficio. No tengo los speaking skills —soy tartamudillo—, pero sí los writing skills. Igual no soy tan reclamón por el hecho de que no todo mundo sepa usar medianamente bien el lenguaje escrito. Primero porque no es algo que me quite el sueño. Y segundo porque la esencia de por qué el “periodismo ciudadano” es una jalada, es porque el mundo aún necesita verdaderos periodistas que reporten la nota y produzcan la información. Esa es LA VERDAD DEL MOMENTO. El mundo necesita gente que sepa fabricar mesas. Reparar y cambiar neumáticos. Fabricar buenas playeras. Ensamblar juguetes. Cosechar jitomates cherry. Enseñar yoga. Cuidar enfermos. Dibujar letreros de salidas de emergencia. Tocar el piano. Cortarle el pelo a los perritos. Meter goles. Limpiar ventanas desde un piso 35. Volar aviones. Darle de beber a la gente que viaja en esos aviones. Sacar cuentas. Escribir poemas. Escribir guiones de películas. Escribir cuentos para niños. El mundo es tan hermoso porque es tan diverso. ¿No lo creen? ^_^
Porque hay lugar para todos. Para los que escriben respetando las reglas. Y para los que se cagan encima de la lengua de Cervantes en cada tuit. LOL.