The Kids Are All Right
The Kids Are All Right es una película sencilla y honesta sobre un matrimonio de más de 20 años, que de buenas a primeras atraviesa por su peor crisis. En esta familia en la que una de las madres es doctora, otra esta en busca de su profesión, uno de los chicos esta en una amistad improductiva con un idiota y la chica esta por irse a la universidad; todo nos parece conocido y familiar. Los diálogos son naturales, las situaciones son comunes y las emociones nos son tan familiares como las fotos que conforman el álbum que tenemos guardado en la parte más oscura de nuestro cuarto. Esta película me recordó por momentos al cine de Eric Rohmer, con diálogos tan naturales que terminan por conforma una sencilla obra maestra mucho más que disfrutable. La cosa en esta película es retratar la vida misma, con sus altas y sus bajas, sus pequeñas rutinas y el calor que nos viene de lo inesperado. Esto podría sonar sencillo, pero no lo es. Muy pocos directores lo logran, de hecho.
El matrimonio de la película está formado por dos mujeres, Nic (Annette Bening), la doctora, y Jules (Julianne Moore), la paiki envuelta en una crisis de la mediana edad que a últimas está pensando en dedicarse al paisajismo. Cada una de ellas tuvo un hijo usando al mismo donado de esperma anónimo; Nic dio a luz a Joni (Mia Wasikowska) y Jules a Laser (Josh Hutcherson). La película empieza contándonos la normalidad de la vida de los cuatro integrantes de la familia; que no tienen nada de especial solo por ser un matrimonio lésbico criando a una pareja de escolapios. En realidad esta película no tiene nada que podríamos denominar como característico del "cine gay". Desde el principio es así, por lo que no nos sorprende. Las pequeñas cosas que disfrutan Jules y Nic, sus problemas y los roles que asumen dentro del núcleo familiar son los típicos de la más típica familia heterosexual y temerosa de Dios. Quizá lo que más característico de ellas es que de verdad tratan de mantener una mente abierta a todo lo que respecta con la exploración de sus hijos, claro que siempre con disciplina, pero intentando no espantarse por nada. Y esa es la misma actitud que tratan de tomar cuando sus hijos les informan que se han puesto en contacto con su padre biológico y que les gustaría seguir en contacto con él. Claro que aceptar esto con una mente abierta es muy fácil en teoría, pero no tanto en la práctica. El papá es Paul (Mark Ruffalo), un valemadrista que alguna vez fue hippie, quién donó su esperma solo para tener dinero que usó en sus pedas universitarias. Ahora el tipo maneja un restaurante de comida orgánica que surte de su propia huerta y en cierto sentido parece tener estabilidad, la cual no posee en su vida personal, y eso se nota por la actitud que asume con sus recién descubiertos "hijos". Para ellos el tipo "no está mal", aunque poco a poco se van dando cuenta de que en verdad es cool. Para él es cool eso de cumplir con sus obligaciones como padre, o algo así. Lo nuevo siempre nos da esa impresión. La relación con Nic y Jules tiene sus génesis en una comida hogareña a la que lo invitan y en donde sale contratando a Jules para que arregle el jardín trasero de su casa. Esto traerá consecuencias graves para ambos y acarreará la mentada gran crisis en el matrimonio de las protagonistas. Realmente no hay mucho que decir sobre esta película, pero eso no es por la falta de contenido, sino simplemente porque no se pueden resumir sentimientos tan profundos como los que se tocan en la película con una simple reseña. Creo que es de esas cintas que les pueden pegar muy duro en ciertos momentos de la vida. La directora se avienta el reto de captar una pequeña parte del gran espectro que es el matrimonio, una institución omnipresente en nuestra cultura que acarrea problemas universalmente conocidos. Y no falla. La soledad, el control, la infidelidad, las discusiones, el daño colateral... Hay tantas cosas, tantos diálogos que me hicieron un nudo en la garganta, tantos momentos que me hicieron reír y algunos que casi me hicieron llorar. Definitivamente es una película extraordinaria, muy bien centrada. Con esa atmosfera indie que se nota en su soundtrack y su manejo de la cámara. Y, claro, con dos actuaciones portentosas. Bening y Moore nos entregas trabajos soberbios, que quizá no sean "oscareables", pero que al igual que muchas actuaciones legendarias, nos dejan preguntándonos: ¿estarán actuando o en verdad ellas son así en su vida diaria? Y esto bien podría ser. Los diálogos de esta película están tan presentes en la vida diaria de los seres humanos que es bastante probable que los actores los hayan empleado alguna vez en su vida. Estoy seguro de que muchos de ustedes, al igual que yo, han escuchado y dicho muchos de ellos. Vale mucho la pena. Es un must.