The Hurt Locker

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La guerra es una droga. Así reza el principio de la cinta überoscareable del año (bueh, junto con Avatar) y así podría parecernos que és en realidad al llegar a los créditos finales de la misma. Ambientada en la Guerra de Irak, siguiendo las peripecias de un escuadron especial gringo encargado de desactivar bombas terroristas, The Hurt Locker (2009) nos lleva a conocer a una clase de tipos que en verdad conviven diariamente con la muerte, que en verdad cada vez que hacen su trabajo se juegan la vida y estan a segundos de morir despedazados. Y que ese es lo único que disfrutan.

Sé que muchos puristas (muchos puristas mexicanos, de hecho) dirían que la vida de todos nosotros es igual. Que estamos en una sociedad en la que retirar dinero de un cajero automático es una actividad de alto riesgo y que a cualquiera lo pueden matar o de menos asaltar y ponerle una madriza. Y estoy de acuerdo, en parte. Pero de lo que se trata la película es de mostrarnos que hay weyes genéticamente diseñados para el peligro, que lo disfrutan en grado sumo, quiza porque es lo único que les llama la atención. La movie retrata a varios hombres del escuadron antibombas, la mayoría de los cuales ven a su entorno como un pesadilla, un lugar totalmente extraño y peligroso, donde cualquiera es enemigo y a la vez nadie lo es, donde no existe el blanco y el negro absolutos. La mayoira de los soldados que conocemos solo quiere irse a casa, tener un hijo, abrazar a su pareja, despertar. Pero no el personaje principal, no el SSG William James (Jeremy Renner, excelente). Para él, y los tipos como él, la guerra es solo el campo donde se expanden verdaderamente sus emociones, donde se sienten realmente vivos, el combate y la adrenalina de la acción se convierten en lo único que aman. No importan los lazos que tengan con el mundo, no importa el daño que hagan a las personas que los rodean, ellos solo viven para hacer lo que les gusta hacer.
 
La directora (Kathryn Bigelow, ex de James Cameron y directora de Poink Break, entre otras), nos regala esta pieza de acción inteligentemente dirigida. Mesuradamente nos mete de lleno en el pedo, congela el tiempo en los momentos precisos para despues soltarnos el madrazo a todo lo que dá. La fotografía intenta por momentos parecerse a las ya típicas tomas-cámara-en-mano-tipo-documental, pero se combina perfectamente con un CGI enorme, con unas panorámicas realmente bellas y aterradoras del desierto irakí y de la claustrofóbia vivida en los callejones de Bagdag. El guión es directo, duro y crudo; no se mete en cosas innecesarias y se cierra de forma magistral, aunque predecible. Pero aún así es una de esas películas semidesconocidas que se convierten en clásicos, tanto para los remilgosos del cine como para los fans ocasionales en busca de la película de acción que van a ver el fin de semana. No sé  si en verdad merece tantas nominaciones, ni si las ganará todas (cosa que no creo), pero en verdad es una gran gran película, con muchas lecturas de fondo sobre la adicción y esa cosa que nos gusta llamar guerra. Deben verla.