The Carnival is over

No hace falta encerrar la brújula en una botella y tirarla al mar para saber que el viento no sabe de puntos cardinales. Tampoco es necesario vagar 40 días y 40 noches en el desierto para ver un espejismo. No, el espejismo –como el aire– te golpea la cara un día cualquiera para beneplácito del insomnio. Es tan real como el corazón de un caballo que late en el hipódromo. ¿Y si el espejismo es tan hermoso, cómo no querer verlo a los ojos?