The American
George Clooney se nos presenta en esta película como un americano en Italia. Un americano que vive de paso en un pueblito de las montañas, olvidado por la civilización, pero curiosamente donde las películas de Sergio Leone son proyectadas en pantallas planas dentro d los cafés en donde el americano mata el tiempo. Esos cafés en los que el americano toma taza tras taza de café americano mientras escucha Tu vuo fa' l' Americano. OK, pero lo verdaderamente especial de este americano del que jamás llegamos a conocer el nombre real es que él es lo más cercano a un samurai que podamos encontrar en el cine actual.
Jack o Edward es un experto en máquinas, y él mismo es una perfecta y engrasada máquina de matar, aunque su especialidad es construir armas especializadas para que otros asesinos lleven a cabo los trabajos. El americano es una de esas personas con la capacidad innata para desarrollar su trabajo, pero además sus ojos están llenos de aquellas nubes que aparecen al saberte de otra especie, al saberte un nivel más arriba. Un nivel que si, es muy solitario. El americano tiene un jefe llamado Pavel (Johan Leysen), que viene a representar de manera estupenda del amo dentro de la metáfora del samurai. Para Jack o Edward, Pavel es la persona que le ordena y a la que él obedece, además de que es la única persona en la que parece ser capaza de confiar.
Al principio de la película nos bombardea la escena de un error del americano. Estando en un nivel diferente, es muy peligroso confiar en las personas de diferente nivel, pero muchas veces no se puede evitar. Es entonces cuando comienza la persecución y la paranoia aflora en todos lados. El americano busca la ayuda de Pavel y este lo manda al exilio del pueblo italiano en el que las películas de Sergio Leone son proyectadas en pantalla s dentro de los cafés. También le manda un trabajo que tiene que ver con Mathilde (Thekla Reuten), una misteriosa y hermosa jeva en busca de un arma específica. La relación de ella con el americano es espectacular: jamás deja de ser estrictamente profesional (se conocen en una escena llena de homenajes al cine de espías clásico), pero sentimos de verdad que es lo más cercano a la amistad que ambos personajes pueden llegar a tener en su vida. En aquél solitario nivel superior. El americano también convive con una prostituta llamada Clara (Violante Placido), pero aquí afloran otra clase de necesidades por parte de jack o Edward. La necesidad física para empezar, pero más adelante la necesidad de estar cerca de alguien diferente, de alguien que a nuestros ojos es completamente normal, de alguien que nos sonríe de una forma en la que pocas personas nos han sonreído en la vida. La necesidad de confiar, sin llegar a confiar totalmente. La necesidad de querer confiar.
El director Anton Corbijn, famosillo por Control (2007) y por ser un fotógrafo de rock durante mucho tiempo, logra armar una película que poco o nada tiene que ver con su anterior trabajo. La cinta se mueve a su propio ritmo, mostrando al director como un relojero en el artesanal proceso de ensamblar las piezas. Es introspectiva, muy zen y hermosamente fotografiada, incluso la sangre y los asesinatos son hermosos. Hay en todo, además, una tristeza atemporal. El samurai de poco se va dando cuenta de lo solo que esta. Supongo que lo habrá pensado antes, pero nosotros somos testigos del momento en que la revelación lo golpea de lleno. Nosotros nos contagiamos de esa melancolía, llegando a entender sin palabras los desesperados intentos del americano por bajar el nivel, por confiar en Clara, por creer en Pavel. Llegamos a desear como él que Clara sea diferente mientras la paranoia omnipresente invade nuestro sistema y detona con las 2 palabras clave: "Mr. Butterfly". El momento en que dichas palabras son pronunciadas de la forma incorrecta es simplemente supremo. Es un momento que sencillamente cambia todo el contexto de la película y la saca de la media, haciéndola genial. Hacia mucho que un solo detalle no me estremecía tanto.
La película es cien por ciento recomendable, aunque hay que aclarar que pese al estúpidamente explicativo titulo que le pusieron en español (El Ocaso de un Asesino), no se trata de una cinta de acción. Nada más lejos de la realidad, de hecho. Es una película sumamente fría y hermosa, como una mañana de marzo que tercamente trata de recordarnos al invierno agonizante. Y eso puede decepcionar a una gente que a la vista de titulo y el póster (bastante bueno, por cierto), esperaba solo balaceras a la Michael Mann. Pero que eso no los engalle o los aleje. Denle una oportunidad a The American (2010) y les aseguro que les dejara más de lo que esperan.