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Lincoln

Lincoln

Steven Spielberg y su Lincoln tienen el gran mérito de mostrar al sagrado Abraham Lincoln como lo que en realidad fue: un gran hombre. Un gran hombre sin pelos en la lengua, practico, con los pies en la tierra, conocedor de su época y de su papel.

(Lo primero que pensé al abandonar la sala con la música de créditos finales de John Williams de fondo, fue: “mierda, ya no hay líderes así”.)

Quizá a Lincoln le faltaba pulirse socialmente, pero poseía una gran inteligencia y un profundo conocimiento de la naturaleza humana. La característica distintiva de este gran hombre, surgido de la poderosa interpretación de Daniel Day-Lewis, es su tranquila confianza en sí mismo, la paciencia y la voluntad de hacer política de forma realista. La película se centra en los últimos meses de vida de Lincoln, e incluye el histórico triunfo de la 13ava. Enmienda en la Cámara de Representantes (ajá, la que termina con la esclavitud), el fin de la Guerra Civil y su asesinato.

(Lo segundo que pensé al abandonar la sala con la música de créditos finales de John Williams de fondo, fue: “mierda, nunca había visto una película que cuida tantos los detalles de la vida política”.)

Lincoln creía que la esclavitud era inmoral, pero también consideraba a la 13ava. Enmienda como el headshot que acabaría con las bases económicas de la Confederación. En la película, la aprobación de la enmienda es guiada por William Seward (David Strathairn), su Secretario de estado, y por el congresista Thaddeus Stevens (Tommy Lee Jones), el abolicionista más poderoso de la Cámara. Ni dichas interpretaciones, ni ninguna otra de la película de hecho, dependen de un histrionismo auto-consiente, lo cual se aprecia y agradece tratándose de esta clase de películas. Jones, por ejemplo, retrata a un estarrio ladino con algunos lugares secretos ocultos en su corazón.

Lincoln es una película de técnica perfecta, en la que la ciudad de Washington, más que retratada con una precisión histórica, se nos muestra mediante los trazos de la gente que vive ahí y, más importante, trabaja ahí. Janus Kaminshki (director de fotografía de cabecera de Spielberg), usa tonos terrosos y una silenciosa iluminación de interiores. Para muestra, la Casa Blanca, que más que lucir como un templo del estado, es un punto de reunión para los negociadores y proveedores (wheelers y dealers, en inglés) Este ambiente refleja las descripciones políticas hechas por Gore Vidal en su novela histórica llamada Lincoln, aunque los detalles políticos y personales que constituyen el revelador scrip de Tony Kushner se basan en Team of Rivals: The Political Genius of Abraham Lincoln, de Doris Kearns Goodwin. Un libro, por cierto, endemoniadamente bien titulado. Esta película no se trata de un ícono de la historia, intocable  e inmaculado, sino de un presidente que fue despreciado por muchos de sus adversarios políticos como un simple salvaje salido de alguna selva inexplorada.

(Creo que en ese tiempo todavía había partes en blanco en los mapas.)

Lincoln no está por encima de la compra de votos que se da en la vida política de cualquier democracia, digamos, sana. Para lograr que la enmienda pase, se necesitan votos de miembros del partido opositor y no se duda en ofrecer puestos de trabajo, ascensos, títulos y gastos pagados con tal de conseguirlos. En cierto punto se da a entender que el presidente aprueba, incluso, el uso de la mano dura, cuyos ejecutores son su trio de tres negociadores (Tim Blake Nelson, James Spader y John Hawkes). Así se juega el juego, mi lic.

Daniel Day-Lewis, el flamante nominado al Oscar por su interpretación, modula a su Lincoln. Un Lincoln de voz suave, un poco encorvado, exhausto después de los años de guerra. Le preocupa que las tropas, tanto suyas como enemigas, sigan masacrándose como hasta ahora. Se comunica a través de historias y parábolas. A su lado esta su esposa, Mary Todd Lincoln (Sally Field, extraordinaria). Ella ya ha perdido un hijo, Willie, fallecido a los 11 y considerada una baja de guerra, aunque claro, no era soldado. Y ahora esta aterrada ante la posibilidad de perder otro: un cabroncito llamado Robert Todd Lincoln (Joseph Gordon-Levitt, quién luce un bigote de homosexual), quién rechaza los privilegios de la familia, Harvard y la chingada, y solo quiere ponerse un uniforme y salir a partir madres. Hacer algo.

Por cierto, hay una gran escena de batalla en Lincoln, pero es solo la apertura sangrienta, cuando las palabras del discurso de Gettysburg resuenan con el mayor impacto posible. Y ni siquiera son dichas por Lincoln. El impecable guión de Tony Kushner teje sin pedos la redacción y el paso de la 13ava. Enmienda sin que parezca una lección de historia obligatoria, sino el clímax de una lucha de poderes increíblemente tensa. Lo repito: nunca había visto una película sobre política como esta.

La película termina poco después del asesinato de Lincoln, que mucho público esperaba ver en primer plano, supongo. Hay una toma anterior, cuando vemos al presidente marchar al encuentro de su esposa, alejándose victorioso después de que su enmienda ha triunfado, en el que bien podría haber terminado la cinta. Todo lo demás me pareció innecesario. Un final “a la Spielberg”, lo que casi nunca significa nada bueno.  

(Lo tercero que pensé al abandonar la sala con la música de créditos finales de John Williams de fondo, fue un: “mierda, ese final apesta, pero como dicen: ya pertenece a la historia”.)

Lincoln es una bio-pic impecablemente realizada, escrita con maestría y dirigida como solo un cabrón como Steven Spilberg podría haberla dirigido. Y merece todos y cada uno de los Oscar que los Honorables estarrios de la Academia quieran darle. Que, supongo, serán muy pocos. Pero no importa. A mí me encantó.

Y ya.

Django Unchained

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Alguna vez Quentin Tarantino tenía que filmar un western. Era inevitable.  Y es que aunque nunca hubiera dirigido una película del oeste per se, sus cintas estaban recatadas del lenguaje. Y no solo por la música de Morricone, sino también por la naturaleza de sus personajes femeninos, por contener siempre algún mexican standoff, por el huso del flashback elemental y, sobretodo, porque en las películas de Tarantino, como en las de Sergio Leone, no existe el tiempo.

Django Unchained es un acoplado geek que raya en la genialidad alcanzada con Inglourious Basterds. Aunque creo que Tarantino le tiene más cariño a su western (no en balde aquí si tiene un pequeño papel). La película en sí es la odisea de un esclavo afroamericano liberado llamado Django (Jamie Foxx) para recuperar a su esposa y, de paso, convertirse en un cazarrecompensas de la mano de su mentor, el genial Dr. King Schultz (Christoph Waltz). Y… nada. Ejem, la cinta transcurre en los estados del Sur de la Unión Americana, dos años antes del inicio de la Guerra Civil. En un tiempo en el que la vida no valía nada, pero la muerte, a veces, tenía un precio. En un tiempo en el que los afroamericanos valían menos que los caballos (y se les consideraba infinitamente menos útiles); así que ya se imaginarán la clase de desmadre que se arma cuando uno de aquellos de pronto va montado encima de un dichoso jamelgo y se dedica a matar blancos por dinero.

Pero más allá de la historia, están las cosas al marguen, las cosas que hacen que cada cinta de Tarantino sea un deleite para el cinéfilo. Porque, aceptémoslo, esta clase de películas no están hechas para todo el mundo. Lo cual es genial. Hace mucho que Hollywood dejó de tomar riesgos (sí es que alguna vez lo hizo), y es bueno que aún existan cabrones como Tarantino, que crea películas para aquellos que disfrutan quedarse hasta que los créditos finales se terminan. Y sus trabajos tienen trasfondos ocultos que los geeks aman descubrir y desmenuzar hasta el hartazgo (y más si en el análisis se mezcla cerveza y el soundtrack de Death Proof). Django Unchained es un homenaje tras otro, desde el mismo titulo, hasta los acentos de los personajes secundarios. Hay cameos geniales por doquier, tenemos actores rescatados del Limbo (kudos por Don Johnson) y cientos de referencias a los spaguetti westerns. Y es que aquí el homenajeado es Leone, y no John Ford. Aunque, claro, no existiría Leone sin John Ford.

En términos generales, la película es una vaclayada histórica llena de violencia, sangre, caballos muertos, racismo y malas palabras. En términos generales la película es el retrato preciso de las obsesiones personales de un tipo que ha visto demasiadas películas. Django Unchained no va a ganar toneladas de premios o a cambiar la vida de nadie, como Reservoir Dogs o Pulp Fiction, pero esperar que eso ocurriera en este 2013 sería un tanto ingenuo. Tarantino ha estado tanto tiempo con nosotros que ya es un viejo pana que siempre nos hace pasar un rato agradable. Su película tiene el valor de hacer que casi tres horas de proyección se pasen como si fueran 30 de los más agradables minutos del día. Hay mucho humor aquí, y no solo humor negro, sino humor inteligente. Para muestra, la escena en la que los jinetes precursores del Ku Klux Klan discuten sobre el uso de las capuchas. Dios, se podrían escribir ensayos sobre eso.

La verdad es que no sé hasta qué punto les puedo recomendar verla. Si conocen el trabajo del director y les gusta, seguro ya la vieron más de una vez (como yo). Pero si están acostumbrados al nicho de cintas de Michael Bay y los Bichir, creo que pueden dejarla pasar. En mi reseña de Inglourious Basterds (léanla aquí), dije que aquella era la cinta más sergioleonesca de Tarantino. Y creo que, aunque esta sea un western, la afirmación se mantiene. A mí me gustó más Basterds (su escena climática –la de la pelea en el bar del sótano- no fue superada aquí), aunque reconozco que Django en más pareja en su narrativa y su trama esta mejor estructurada. Como en cada cinta del oriundo de Tennessee, cada cuadro de película es digno de enmarcarse y colgarse en la sala, y cada one liner memorable se sabe vender a la perfección. Aquí tenemos muertes ingeniosas, muertes sorpresivas, muertes por orgullo, muertes por amor, muertes por venganza. Aquí tenemos los elementos imprescindibles de los grandes westerns –la amistad entre un viejo y un joven, las puestas de sol, los enfrentamientos climáticos-, pero remixados y conviviendo con música de RZA y la jerga de los barrios bajos del Bronx. Leonardo Di Caprio como un gentleman sureño sádico, racista de clase olímpica y frenólogo, esta pocamadre. Samuel L. Jackson representando a lo peor de su raza esta pocamadre. Y sale Franco fucking Nero, por dios ¿Qué más quieren?

Django Unchained, sorprendentemente, llegó con un gran número de copias a México. Deben de correr a verla porque les aseguro que no van a durar mucho exhibiéndola. Esta es, ya saben, otra inmortal gran perdedora de los Oscar. Pero a mí me encantó. Más no puedo decir.     

Este no es otro post de ardido

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"Y ni llorando vas a ganar otro Super Bowl, puto"

 

¿Qué puedo decir de los Juegos de Campeonato que no hayan leído ya? Supongo que siempre se pueden agregar un par de insultos más. Como sea, no estoy enojado. Sí, me enojé un poco durante la Final de la AFC, pero ya no lo estoy. Poco se puede alegar cuando el rival gana jugando con tanta intensidad, con tantos yarbles y con tanta violencia. Sí, los Ravens demostraron cómo se juegan las Finales de Conferencia. Y no es que Belichick no sepa cómo se juegan las Finales de Conferencia, es solo que no se qué chingados le pasó ayer. Por alguna extraña y estúpida razón, los Pats salieron a no perder, en lugar de salir a ganar. Craso error si te enfrentas con una bola de cabrones que juegan como cavernícolas. Seguro John Harbaugh durante la semana los tiene encerrados en chiqueros, matándolos de hambre y de sed, poniendo niños de doce años a picarles en cuerpo con varillas todo el maldito día. Solo así se entiende que jueguen así.

Fue uno de los partidos más violentos que he visto en mi vida. Le pegaron a Brady, si, pero lo del QB no fue nada comparado al castigo sufrido por Hernandez, Welker, Lloyd y, claro, el buen Stevan Ridley, quién seguro sufrió tanto daño cerebral por este brutal golpe que seguro aceptaría ser Líder Nacional del PAN. Otra vez, un Patriota lesionado por culpa de Pollard, quién ya despacho a Brady durante un año (cuando jugaba con Kansas), lesiono “sin querer” a Welker y el año pasado ocasionó que el buen Gronk llegara con una llanta ponchada al Super Bowl. (Neta, señor Kraft, ya páguele a este cabrón lo que le debe.) Y aparte de todo, el buen Tom vino a jugar del asco, otra vez en una Final de Conferencia. Es más, esta vez jugó pero que el año pasado, lo cual es mucho decir. Y si a esto le agregamos que Flacco dio un juegazo y que Santo Bill Belichick se transformó en una versión gringa de Raúl Arias, pues he ahí la receta del fracaso.

Pero en fin, así es el futbol americano. En el futbol, como en la vida, a veces se gana, a veces se pierde y a veces se hace el ridículo. Esta vez nos tocó la tercera y si duele, pero ya ni modo. Igual no tengo ningún derecho de reclamarle nada a Brady, Belichick y compañía; si algún equipo tiene derecho a cagarla, son ellos. Igual me consuela saber que el equipo tiene potencial, que este año se fue de menos a más, aunque en sí fue una temporada bizarra. Por primera vez se pierde una Final de Conferencia en casa y por primera vez Brady pierde un partido en casa en el que va ganado en la primera mitad, pero siempre hay una primera vez. Como sea, Brady ya tiene sus tres añillos de Super Bowl, millones de dólares, es el QB con más yardas en playoffs, con más triunfos en playoffs y verá el Super Bowl abrazado de su esposa, la modelo brasileña. ¿Y ustedes, chusma antiBrady?

Ah, y en la Final de la NFC, en un juegazo ofensivo como se esperaba, los Niners se levantaron de una desventaja de 14 puntos y despacharon a los Falcons. Matty Ice se quedó en la orilla y uno de los equipos con más afición en México, sobretodo gente de la edad de tus hermanos mayores -los cuales vieron al viejito de los comerciales de ópera de Modelo  jugar como ningún otro QB ha jugado (por cierto, ese Montana debe tener un chingo de deudas), regresa al juego grande. Y de la mano del suplente.

Y entonces, tenemos Super Bowl de hermanos. Harbaugh Bowl. John contra Jim. Pero de eso hablaremos en otro post. En este momento no creo ser capaz de decir nada bueno de ninguno de los dos. OK, es broma. Felicidades a los fans de los Niners. Y… nada. Brady y compañía regresan a la acción en septiembre. Y no puedo esperar.        

AFC, NFC Championship Picks

Tom

Más allá de lo que dice mi corazón, creo que los Patriots le van a pegar a los Ravens. Sí, estoy de acuerdo que sin Gronk será muy difícil, pero el ataque aéreo ha lucido bastante bien sin él. Y vaya que han estado bastante tiempo sin Gronk. El TE es solo un arma más, no es la esencia del arsenal. Ademas, hay que tomar en cuenta lo que le dejó a Baltimore ganra “The Epic in Coloradou”: mucha motivación, claro, pero además un agotamiento físico que, a estas alturas de la temporada, les puede pasar una factura muy cara. Casos hemos visto.

No dudo que sea un juego duro, y que la victoria le cueste a los Pats un huevo y la mitad del otro, pero creo que deben ganar este partido. En la Final del año pasado, Brady jugó uno de sus peores partidos ever, y aun así ganaron. Es muy difícil que esta vez el número 12 juegue tan mal. Además, el ataque terrestre ha demostrado ser una alternativa poderosa, la línea ofensiva se ha portado a la altura y la defensiva (sobretodo los frontales y linebackers) es superior al promedio. Enfrente, claro, tendrán a unos Cuervos que van a salir a partirse el alma, pero creo que al terminar el juego, asistirá a la fiesta de retiro del gran Ray Lewis. Lo siento, Baltimore, pero el vuelo se acaba aquí.

Gore

Y en el otro frente… bueno, la verdad es que Atlatna ya demostró que tiene yarbles, que su ofensiva puede ponerse al tú por tú con cualquiera y el Domo Georgia será una locura, seguro, pero aun y con eso yo veo superiores a los 49ers. La duda reside en qué Niners veremos el domingo: ¿los que le ganaron a Green Bay o los que fueron humillados por los Seahawks? ¿Los de la primera mitad del juego contra los Pats o los de la segunda mitad de dicho partido? Es muy difícil adivinar.

En un día normal, San Francisco debe ganar. Pero no creo que el próximo domingo tengamos un día normal. Es un partido en el que puede pasar cualquier cosa, en el que se maximizarán los errores y en el que, creo, las defensivas será hechas pomada. Se avecina un circo aéreo y muchos puntos… y creo que después de no-sé-cuantos-años los Gambusinos llegará otra vez a un Super Bowl. Y de la mano de un novato.

Así que:

Atlanta – San Francisco: 28 -31, favor San Francisco.

Baltimore – Nueva Inglaterra: 17 – 24, favor Nueva Inglaterra.

Y sí, todavía no es muy tarde para aportar.

Enjoy!

 

El frío

Frio

En mi conjunto particular de creencias, el frío no es “mal tiempo”, y los días grises no son “días feos”. Cuando hace frío se me enfrían (en este orden) los brazos, las orejas, las rodillas y los tobillos. Quienes me conocen saben que soy más una persona que prefiere el frío, pero no por eso odio el calor (bueno, solo un poco). Cuando el frío arremete, en mi conjunto particular de creencias simplemente pienso “hace frío” y caigo en cuenta del frío y reconozco el frío. No le miento la madre, o procuro no mentarle la madre. Me cubro, me tapo, me tomo mi bebida caliente. Durante un tiempo me ponía un estúpido gorro peruano. No sirve de nada andar por la vida juzgando la cualidad natural del clima frío que es, ajá, ser frío. La mente nos juega esos trucos: qué frío hace, cómo quisiera estar CALIENTITO en un lugar playero. Qué calor hace, no soporto este clima bananero que me hace SANGRAR la nariz. Estoy aburrido, vale madres, no me gusta estar aburrido, quisiera estar en otro lado DIVIRTIÉNDOME. Estoy excitadísimo con este concierto, vale madres, no quiero que se acabe NUNCA. Y así, uno lee en esos message boards masivos que son Twitter y Facebook e Instagram, cómo la gente pasa los días del año quejándose del estúpido clima y de su estúpida suerte de estar en medio de tal o cual clima, en vez de pasar unos segundos solo reconociendo lo que está pasando y permitiendo, como dice el maestro Trungpa, que las capas más bondadosas de nuestra mente y nuestro corazón “trabajen con la situación”. Es difícil, lo sé: porque aunque en Montreal y UK y en el primoroso Albany, NY, los fríos sean una cosa horrenda que te hacen sentir como si te arrancaran la nariz, nuestro país no está preparado para heladas, nevadas –como las registradas en los estados del norte desde diciembre– e inesperadas lluvias pedorras en este frío del periodo enero/febrero. Son rarísimas las casas con calefacción, muchas oficinas son una tortura de microclimas extremos, y ciudades como el honorable DF no fueron pensadas para el bienestar del peatón, que debe cruzar sitios azarosos como el desierto de Ocarina of Time para tomar el transporte público. Además, dicen los apocalípticos que el calentamiento global nos tiene tan jodidos que cada vez hace más frío en nuestras antes benévolas latitudes tropicales.

Pronto terminará el invierno. Vendrán las quejas contra el calor, la temporada de lluvias, la tragicómica política nacional y la mala red celular (esa queja es todo el año). Luego será otoño y luego invierno otra vez. Mis mejores deseos para que sus mentes estén más tranquilas y menos neuróticas. Más productivas y menos quejicas.

Igual ni hace tanto frio. La foto de arriba fue tomada en Foxborough, Massachusetts. LOL.

 

An Epic Of Epic Epicness

Epic

Agregarle adjetivos al pasado fin de semana de Juegos Divisionales sería completamente innecesario. Creo que un par de juegos se quedará en nuestra memoria por un largo, largo (largo) tiempo. Y los otros dos sirvieron para que viéramos el poderío de los protagonistas del próximo Super Bowl. Pero vamos por partes.

El sábado por la tarde admiramos “The Epic in Coloradou”, en la Broncos y Ravens se partieron la madre durante más de 76 minutos de juego activo (poco más de 4 horas de transmisión y doble tiempo extra, ¡ea!). Fue uno de esos juegos soberbios que tienen todos los ingredientes para ser uno de los grandes clásicos de todos los tiempos: jugado a temperaturas congelantes (-10° C), con muchos puntos anotados, jugadas inverosímiles, errores, volteretas, Ray Lewis llorando como nena y Peyton otra vez derrotado en playoffs. Fue un juego muy físico, muy cabrón, pero creo que los Broncos debieron ganar. Y no es que le reste merito a lo hecho por Baltimore, pero es que fueron los errores de la Yeguada los que al final terminaron pesando más: aquél balón revotado en las manos de Decker que fue recuperado por la defensiva y regresado para anotación, las pendejadas de Champ Bailey particular y de toda la secundaria  en general, la postura conservadora de John Fox y aquella intercepción a Peyton Manning que preparó el escenario para el gol de campo de la victoria, conectado por un novato.

Sí, otra vez… pinche Peyton.

Ya hemos hablado del mayor de los Manning en este blog; un mariscal de campo de cualidades extraordinarias, pero con poco carisma y que sufre la Maldición de los Playoffs. Peyton no sabe ganar los partidos grandes, y eso que ya ha llegado a dos Super Bowls, pero no tienen esa mística, ese temple y esa habilidad que te hace ser grande justo cuando se necesita que lo seas. Peyton fue golpeado, se congeló, le falló el toque y al final lanzó un pase que no debía lanzar y fue interceptado. Peyton ahora es criticado, crucificado, sus logros en temporada regular han sido olvidados. Y es que perdió el juego que no debía perder.

Como antes. Como (casi) siempre.

Yo admiro al tipo, como lo he dicho antes. Y me parece que la derrota no es, ni mucho menos, enteramente su culpa. Pero a él le interceptaron. Peyton, Peyto, Peyton… ¿es que nunca llegará el día? Y digo, aunque tenga contrato por otros 4 años, dudo que la siguiente temporada sea tan buena como esta. Igual puede ser, pero yo lo dudo. El sábado recordé a Montana con Kansas City, a Favre con Minnesota; ambos había sido poco menos que leyendas vivientes con sus primeros equipos y se quedaron a las puertas de un nuevo Super Bowl con su nuevo equipo. Parece que el sábado Peyton luchaba contra otra maldición, aparte de la propia. Y fue vencido.

Pero bueno, ya por la noche llegó el Green Bay en San Francisco. Fue un juego fantástico, muy peleado durante tres cuartos del juego y en donde nació la figura de Colin Kaepernick (de Wisconsin para el mundo) como un QB elite. El número, 7, el suplente, del que todo el mundo dudaba, se encargó de volver loca a una de las mejores defensivas de la Liga, se recuperó de una intercepción tempranera, corrió para más yardas que cualquier otro mariscal de campo en cualquier juego en la historia y se aventó 4 anotaciones (dos por tierra y dos por aire). Los Cabezas de Queso aguantaron hasta donde pudieron, pero simplemente terminaron doblándose: fue un marcador abultado porque así lo trabajaron los Gambusinos. Fue un juego grandioso y el nivel mostrado por los Niners es de campeones, al igual que el de la primera mitad de su juego contra los Pats en la campaña. Veremos si lo mantienen.

Ya en domingo, a mediodía, los Seahawks se enfrentaban a unos Falcons que más que buscar ganar un juego, deseaban ganar respeto. Y al principio parecían tenerlo todo controlado. Jugando por nota, llegaron a estar ganado 20 a 0 al terminar la primera mitad. Y después, ya avanzado el tercer cuarto, ganaban 27 a 7. Todo parecía decidido. Pero Seattle demostró yarbles, unos pinches yarbles que no cabían en el Georgia Dome. Russell Wilson guió a sus muchachos a una remontada histórica, el partido cómodo de Atlanta de pronto se convirtió en una tragedia griega y a 30 segundos de terminar el partido, Seattle ya ganaba 28 a 27. Un silencio sepulcral se había instalado en el nido de los Falcons, los fantasmas de no haber ganado un juego de playoffs en mucho, mucho tiempo. Pero Matt Ryan aún tenía 30 segundos. Y con sendos pases perfectos puso el escenario para que su tocayo, el veterano Matt Bryant colocara por el centro el gol de campo del triunfo cuando ya solo quedaban 12 segundos en el reloj. Y otra vez, la locura. Pero también regresó el drama, porque los Falcons, en una jugada sumamente pendeja, patearon corto y le dejaron el balón a Wilson atrasito de medio campo, con 9 segundos. Y el juego terminó como terminan los grandes juegos: con un Hail Mary! Con los ganadores sudando sangre hasta el último segundo y los derrotados cayendo con la cara al sol. Seattle perdió como pierden los grandes, me pongo de pie ante ellos. Y Atlanta ganó, por primera vez en mucho, mucho tiempo, un juego de playoffs. Pero más que nada ganó respeto. No será fácil para San Francisco ganar en el nido.

Y para cerrar vimos a los gloriosos y poderosos Patriotas en contra de los Texanos. Yo esperaba que por primera vez en la jornada le atinara a algún pronóstico, pero no esperaba que el resultado fuera cercano a la paliza que Nueva Inglaterra le metió a Houston en temporada regular. Pero casi lo fue. Los Texanos compitieron bien durante los primeros minutos, pero esto se debió más a la falta de ritmo de la ofensiva de Brady que a meritos propios. Cuando Brady prendió los motores, fueron imparables. Houston es un buen equipo, pero esta un nivel más abajo. Al final sí le atiné a un resultado, el juego más predecible de los 4 resultó como se esperaba, Brady superó a Montana como el QB con más triunfos en postemporada y el Gillette Stadium recibirá una nueva Final de la AFC. No será fácil doblegar a los motivados Cuervos, pero si algún equipo puede pararlos a estas alturas, son los Patriotas. A huevo que sí.

Como verán, fue un fin de semana lleno de imágenes y momentos para recordar en mucho tiempo. De juegos de hombres y no pedazos. De ver a los grandes ser grandes y a los vencidos caer con la cara al sol. Creo que desde que soy aficionado a este deporte nunca había visto Juegos Divisionales de este calibre. Y me siento privilegiado de haberlos visto. Porque yo sé que en unos años diré con orgullo que vi en vivo “The Epic in Coloradou”, a Colin Kaepernick desmadrando física y mentalmente a los Packers, a Matt Ryan ganado por fin en playoffs, a Russell Wilson surgiendo como una estrella, y a Tom Brady ser el mejor Tom Brady. En mejor QB que estos ojos (que algún día se comerán los gusanos) han visto jugar.

Hoy me siento feliz. Y privilegiado. Enero rockea. El futbol es grandioso.

 

Lunes de: back to office!

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Lunes de: back to office!

Lunes de volver a ver The Office en la mañana, mientras se prepara el café y se calienta el agua del boiler. Lunes de neblina, de no querer salir de la calientita cama (de hecho, yo solo me levanté porque tenía que mear; de otra forma no hubiera venido a trabajar). Sin embargo, creo que la vista valía la pena.

Hoy fue lunes de estrenar mi flamante nueva chamarra de los Pats. Y de recordar, por un momento, aquella chamarra de los Yankees que me encantaba. Recuerdo sobretodo aquel diciembre en que salía con cierta chica cuyo padre era distribuidor de cd´s (ya saben, esas cosas llamadas discos que sus hermanos mayores coleccionaban compulsivamente. Los bolsillos de aquella chamarra se llenaban de compactos mientras mi chica se alegraba para ir a una posada o el cine, a ver por enésima vez Harry Potter y el Cáliz de Fuego. Muchos de aquellos discos ni siquiera los escuche. Aquello era simplemente una manifestación de mí ya legendaria cleptomanía musical, que en su día sufrieron mis primos y una estación de radio donde trabajé un verano. O quizá, simplemente, buscaba pretextos para que ella me cortara. Creo que no fue una buena relación.

Como sea, hoy también es lunes de análisis de playoffs. Creo que ninguno de los juegos cumplió mis expectativas. Esperaba más de los Texanos. Esperaba más de los Vikingos (aunque jugar sin el QB titular sí pesa, quieran o no, sobre todo cuando el suplente es un pendejo). Esperaba mucho más de los Potros (Andresito Suerte le partió toditita la madre a mi quiniela). Y aunque admiré los yarbles de RGIII, esperaba más de ese juego en el que fueron masacrados por los Seahawks. Como sea, ya solo quedan 16 equipos y el próxima fin de semana se presume grandioso. Pero ya hablaremos de eso más adelante.

Y es que, para muchos, hoy fue lunes de: back to school! Recuerdo muchas mañanas de lunes de: back to school! Recuerdo que la ventana de mi salón de secundaria tenia vista a la calle. Recuerdo ponerme a divagar sobre la gente que se apoderaba de las mañanas, para ir por café, cancros, huevo, you name it… Recuerdo verlos correr, verlos hacer un poco de calistenia en un parquecito cercano. Recuerdo verlos esperando la combi, onda 9 de la mañana (a esa hora yo ya estaba hasta la madre de las clases). Creo que en esos momentos lo que más quería era ser uno de aquellos tipos que tenían libre la mañana, cuando yo tenía que sufrir la putiza de la clase de 7. Una putiza que sufrí durante toda la prepa y la uni. Pero ahora ya son otros tiempos. Ahora ya entro más tarde al trabajo. Ya soy uno de aquellos que se levantan a las 7:15 a.m. y van todos lagañosos por jugo o leche al Oxxo. Ya soy uno de aquellos que a las 9 apenas inicia el largo camino a la chamba, mi lic.      

Y ahora envidio con toda el alma a los mocosos que están en la escuela. Pero así son las cosas, supongo. 

De Hombres, payasos y Juegos de Comodines...

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Se acabó la temporada regular. Y el sabadito futbolero inician los playoffs. Y ahora que cada uno de los 32 equipos jugó sus 16 partidos de rigor, solamente nos quedamos con 12, los cuales van a despedazarse en busca de la gloria que solo da levantar el Lombardi, el próximo 3 de febrero.

Ahora que han pasado 17 semanas, bien podemos hablar de héroes y villanos, sorpresas agradable y decepciones. En este departamento, creo que los Giants de New York son la gran decepción del año. Los flamantes Campeones del Super Bowl pasado, dieron una temporada para el olvido, en la que no pueden culpar a lesiones de jugadores clave u otros factores, más que una evidente apatía que resultaba casi vergonzosa. Eli Manning contó con equipo completo, un equipazo, de hecho, pero nada más no pudo meterse a la fiesta, dejando ir juegos de manera casi ridícula y perdiendo varios que, hasta ellos mismos, daban por ganados antes de comenzar. Otra decepción vino de parte de los Lions de Detroit. El equipo de la Ciudad Motor fue el gran animador de la temporada pasada, cuenta con estrellas en casi todas las posiciones, tiene un QB que se avienta unas 350 yardas en un mal día y un WR que nada más se quedó a 36 de llegar a las 2000 yardas en una temporada. Y sin embargo no ganan juegos, por mala suerte, por errores o porque los contrarios se encontraron con la victoria de manera casi casual, pero ellos siempre se quedan con la miel en los labios. Los Leones son un caso muy raro, me cae. Nueva Orleans, por otro lado, sufrió de la Maldición del Local (aquella que dicta que los equipos que reciben el Super Bowl en su casa generalmente tienen un año del caraxo) y terminó una temporada terrible, por derrotas, por escándalos y porque nada más no tenían el corazón que habían mostrado antes; sin embargo, la temporada que viene estarán de vuelta. Los Bears se fueron desinflando como globos dejados al sol y al final los Vikingos les aplicaron la juvenil y los dejaron en el camino; y eso que dieron una gran primera parte de temporada. Qué decir de Filadelfia y su temporada para el olvido; pero al menos ya corrieron a Andy Red. O los Chargers, que nada más dieron pena ajena; ahí creo que el coach todavía permanece, lo cual ya es hasta humillante para él.

Supongo que para la gran afición en México, el que Pittsburg y Dallas no estén en el playoff es decepcionante, pero yo no lo creo. Los Steelers son, desde hace un par de temporadas, un auténtico hospital disfrazado de equipo de americano. Las lesiones de sus jugadores clave ya son el pan de cada día para su afición y además están en la División más perra de la Conferencia Americana; la verdad era poco menos que un milagro que en la penúltima semana todavía tuvieran esperanza. Digo, hasta eso que los de negro y amarillo siempre dan lo mejor de sí mismos y juegan con todos los yarbles del mundo, pero hay veces en las que nada más no se puede. ¿Y los Cowboys, apá? Pues creo que el que no se hayan metido estando en una de las Divisiones más flojas de la Conferencia Nacional, habla de lo mal que está en equipo. Y no en calidad, oh no. Dallas cuenta con una defensiva más que decente, con el mejor defensivo de la Liga, con un par de WR que ya los quisiera Tom Brady, con un corredor que, aunque se lesiona demasiado, tiene cualidades de estrella, y un QB que tiene un gran brazo y un gran problema de actitud. Romo es un atleta increíble, pero como líder es un gran astronauta. Y los Vaqueros necesitan un líder. Son un equipo que está a un paso de ser un gran contendiente al título, pero que nada más se aferra a un mariscal que ya demostró que el jersey, el estadio y la historia de su equipo le quedan ridículamente grandes. Los Vaqueros no son una decepción, son una telenovela tremendamente interesante.  

Pero este fuel el año de los regresos heroicos y vaya que los tuvimos. Peyton Manning demostró que la calidad no tiene edad, que no importan las 4 operaciones de cuello ni un año de inactividad cuando eres alguien excepcional; el cabrón nada más metió a los Broncos como sembrados 1 y los tiene bien aceitaditos y con un hambre terrible. Adrian Peterson, en Minnesota, regreso de una lesión que a cualquier hombre mortal le hubiera costado la movilidad para el resto de su vida y nada más corrió para más de 2000 yardas y se quedó a 9 (¡9 yardas!) de superar la marca histórica en una sola temporada. Y sí, Vikingos y Broncos no estarían ni en sueños en donde están de no ser por este par de cabrones que regresaron del inframundo para demostrar de lo que se trata el amor por este juego.

Este también fue el año de los QB novatos. Russell Wilson y sus Seahawks hicieron del terruño de Frasier Crane un territorio inexpugnable; no perdieron ni un juego como local y siempre dieron pelea de visitantes. Wilson tiene un gran brazo, buena movilidad y el apoyo de Lynch, uno de los mejores Rb de la Liga; aguas con Seattle. Por otro lado, RGIII y sus Pieles Rojas agarraron barco y se hicieron con el título de la División más mediocre de la NFL; me parece que tanto el equipo como el mariscal de las rastas están un tanto sobrevaluados, aunque hay que concederle al tipo que es muy seguro (solo 5 intercepciones en la temporada) y que corre como Vick en sus mejores años. Y qué decir de los Colts y Andresito Suerte. El tipo no luce como novato, oh no. El tipo es un líder, tienen un brazo privilegiado, una lectura de juego digna de un QB elite y un cuerpo de receptores veterano, pero envidiable, y novato, pero con huevos. Indianápolis demostró que puede ganar los juegos importantes, que pueden meterse al tiroteo con cualquiera y que, con un marcador favorable, su defensiva maneja marcadores como pocas. Aguas con los Potros.

Y pues sí, se acabó una temporada regular más de la mejor Liga de esta galaxia y sus alrededores. Grandes golpes, grandes momentos, grandes juegos, cáncer vencido, Sanches en la banca, sin #tebowtime, pero con mucha, mucha cerveza. Todo pasó, como la lluvia en las montañas, dirían algunos, pero aún queda lo mejor. Los Juegos de Comodines inician el sábado. Y aquí están mis pics:

Ø  Cincinnati en Houston: por muy mal que estén los Texanos, le van a partir su madre a los Bengalíes. En una de esas y hasta por paliza.

 

Ø  Minnesota en Green Bay: pinta para muchas cosas. En una de esas y hasta es una paliza de los Cabezas de Queso, o una victoria apretada de cualquiera, todo depende de cómo se comporte la defensiva de los Packers contra Peterson. Creo que los Empacadores van a ganar; el factor local puede pesar.

 

Ø  Indianápolis en Baltimore: creo que este puede ser el mejor juego de los 4. Y creo que los Colts tienen grandes posibilidades de partirle se madre a los Cuervos, y de visita. Esta podría ser la entrada de Andresito Suerte en la Grandes Ligas, papá. Voy Colts. Y espero un juegazo.

 

Ø  Seattle en Washington: más allá del duelo Russell Wilson-RGIII, me parece que Seattle va a ganar en la capital gringa. No porque Wilson sea un mejor QB que Griffin, sino porque los Seahawks son un mejor equipo que los Redskins. Así de simple.

Pero bueno, ese soy yo. Cada uno tiene sus favoritos y cualquier cosa puede pasar. Eso es algo de lo hermosos de este deporte. Y algo por lo que enero, a pesar de la cuesta y la resaca de 31 días, es uno de los mejores meses del año.       

Ahi viene 2013...

Moonrise_kingdom

Le quedan unos minutos al año y todo mundo se pone meditabundo. Supongo que tiene que ver con el Año Nuevo ha desplazado, lentamente pero con seguridad, a la Navidad como nuestro momento de reflexión. Las nuevas generaciones somos más proclives, claro, a dejar atrás los paradigmas del pasado como la Navidad (un momento religioso-familiar) y adoptar los del presente, como el Año Nuevo (un momento social, práctico e inmediato). Sin quererlo o buscarlo, adoptamos posiciones que antes –en el contexto de las fiestas decembrinas– eran exclusivas de la religiosidad, como desearle lo mejor a nuestro prójimo y dar gracias por el periodo que recién terminó. Supongo que en el fondo tenemos miedo del porvenir: no sabemos lo que viene, el futuro es confuso y, si lo ponemos en términos de nuestras expectativas de las cosas, suele ser traicionero y poco cumplidor. Pero no importa. Hoy brindaremos y nos abrazaremos y nos desearemos, de corazón, que 2013 sea mejor que 2012. Algunos habrán tenido un año espectacular y desean que el próximo sea igual o mejor. Otros querrán olvidarlo y están, al menos, conformes de que ya acabó. Para algunos quizá fue un año más, ni fu, ni fa. El ritual, sin embargo, es provechoso para adentrarse aunque sean dos minutos en lo que nos hizo mejores, lo que nos hizo sentirnos xodidos y lo que esperamos para los próximos meses. En 2013, mucha gente permanecerá en sus lugares, otros tantos (¡muchos!) nacerán y algunos personajes también se irán al inevitable Valle de los Muertos. Hoy recuerdo particularmente las partidas de este año (especialmente una), pero también me quedo con lo bueno que llegó, con lo bueno que pasó (porque sí pasaron cosas buenas en 2012).

Sin embargo, este post tiene por finalidad darles las gracias por sus clics en el año que ya se termina. Por leer, por comentar, por enriquecer, mediante tuits o likes, este espacio que hago para ustedes.  Mi evidente deseo es que permanezcan con nosotros, el espíritu de esta comunidad crezca y, claro, todos como individuos logren lo que se propongan. Son puros buenos deseos, ya sabemos que la realidad muerde. Pero no duele nada hacerles saber que Ronin los quiere en el tuétano y les desea un enoooooooooorme año 2013. ¡Felicidades a todos!

The Hobbit: An Unexpected Journey

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Le entré a la versión hypeada de The Hobbit: An Unexpected Journey de Peter Jackson, con la dicha de recordar muy poco del libro original, de hecho, solo las generalidades: el rechoncho Bilbo Bolsón se une a una banda de enanos en una cruzada para recuperar un reino montañés que ha sido desolado por un dragón, el hijuepú Smaug. Creo que la razón del olvido es que en mi adolescencia fui muy fan de El señor de los anillos, pero no tan fan de El hobbit.

Esto no quiere decir que cuando old Bilbo (Ian Holm) dice la línea inmortal “en un agujero en el suelo vivía un hobbit” no se me haya puesto la piel de gallina. Esa frase está incrustada en nuestra cultura de una manera excepcional: a la distancia de 75 años de la primera publicación de El hobbit, queda claro que J.R.R. Tolkien consolidó (involuntariamente) el género de la fantasía —en mi opinión, una rama del fanatismo nerdigeek más pulida y fina que la ciencia ficción— y puso los cimientos para una subcultura, un legendarium complejísimo que obsesionó a millones y produjo cientos de entramados como Harry Potter o Dungeons & Dragons.

Tolkien escribió un libro sobre duendes y dragones echando mano de elementos mitológicos que vienen por default en nuestra psique. En la contratapa de la edición de Minotauro a El señor de los anillos, el propio autor lo explica: “Historias semejantes no nacen de la observación de las hojas de los árboles ni de la botánica o la ciencia del suelo; crecen como semillas en la oscuridad, alimentándose del humus de la mente: todo lo que se ha visto o pensado o leído, y que fue olvidado hace tiempo”. O lo que es lo mismo: símbolos y personajes literarios remixados en la mente de un profesor sudafricano de filología. El setting fantástico tolkeniano tiene que ver con su amor por las palabras, con su amor por el griego, el latín y las lenguas escandinavas y anglosajonas. Nada mejor que la Tierra Media para que el buen profesor Tolkien debrayara con la casa real de los Númenor y las andanzas de los medianos de la Comarca. Tolkien primero inventó las palabras, y luego todo lo demás.

En los setenta, el Concise Oxford Dictionary agregó a su edición la palabra hobbit, que se define como “one of an imaginary race of half-sized persons in stories by J.R.R. Tolkien — invented by Tolkien in his book The Hobbit, and said by him to mean ‘hole-dweller’”. El hobbit ha vendido al menos 35 millones de copias (aunque unas recientes cartas del autor revelan que las ventas inicialmente no fueron muy buenas) y la Wikipedia enumera 87 traducciones diferentes. 

El hobbit es sagrado, amado y respetado. Y ese mismo volumen, con una extensión de unas 300 páginas que tienen menos la forma de una novela y más la de un brevísimo serial de aventuras cuyo pretexto es el reclamo del tesoro apañado por Smaug —su muerte en el libro ni siquiera es el episodio climático—, ahora recibe el tratamiento de la trilogía en tres navidades consecutivas. ¿Cuál es la ventaja? Peter Jackson es el hombre indicado para hacer el trabajo. ¿Qué esperar? Dos palabras: “Reacciones mixtas”.

Con una primera cinta (de tres) que dura 2 horas con 50 minutos, las primeras críticas han girado en torno al alargamiento del libro original. ¿En verdad es necesario lanzar tres filmes que en conjunto duran casi 9 horas? Si eres la cabeza de marketing de New Line Cinema y ves una oportunidad para hypear tres navidades al hilo… tiene sentido. Según cuentan, Peter Jackson se vio en serios problemas con la entrega del filme para salir en diciembre: la mano dura del marketing y las realidades del negocio del cine, ni hablar. También he leído a quienes se quejan de “los malos” efectos visuales, o de que “esto ya no es cine, sino puro videojuego” por el exceso de CGI. Otro cúmulo de críticas van hacia la médula de la historia: se ha dicho que El hobbit de Jackson no es la aventura de un héroe improbable (chaparro, bohemio y bonachón), sino solo otro espectáculo hollywoodense decadente.

Sobre las dos primeras quejas (el lanzamiento apresurado por decisiones de negocios y los VFX), me temo que no estoy de acuerdo; sobre la tercera, bueno, respetaré al conocedor y al fan, pero debo decir, retomando el principio del post, que yo llegué poco hypeado y poco informado a ver este Unexpected Journey, y para mí la experiencia fue muy buena. Young Bilbo (Martin Freeman) es más cálido pero a la vez menos homoerótico que aquellos filthy-little-hobbitses de LOTR, los enanos son una compañía agradable de desmadrosos, y el fan-service incluye cameos de Galadriel, Saruman y Elrond pre-LOTR (con los actores originales), los ya clásicos temas musicales de Howard Shore, la aparición y logradísima escena de Gollum y el anillo, el encantador carácter unidimensional de Azog el trasgo, el cinismo del Gran Trasgo Papadón… no pueden negar que es un espectáculo ligero pero maravilloso. Y también decadente, por qué no.

Vuelvo a los fans: respeto y entiendo esa sensación inconclusa con El hobbit. A su favor debo decir que ahora no se siente ese estremecimiento como con La comunidad del anillo, esa excitación de estar viendo algo histórico, la fókin trilogía sagrada de Tolkien cobrando vida en el cine… lo cierto es que ya no es el año 2001, y ya no somos unos turistas en la Tierra Media. Peter Jackson ha regresado a sitios familiares para adaptar un material original de Tolkien, pero ahora lo acechan los fantasmas del marketing y de sus éxitos previos. Difícilmente El hobbit será la feria de premios Oscar como sucedió con LOTR, prueba de ello es que el encuentro con reseñistas no resultó muy positivo para Jackson (alcanzó apenas 65% de frescura en Rotten Tomatoes). ¿Si los fans, además, cuestionan su adaptación, que nos queda para las siguientes dos películas?

Yo digo que echarnos un poco para atrás y disfrutar. Nuestra generación vio a Tolkien adaptado en el cine de manera por demás exitosa. Ello ya debería ser suficiente acción de gracias.