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Pink Floyd, Danny Boyle. Overtura

Floyd

Perdónenme, pero discúlpenme: una ceremonia en cuyo clímax escuchamos Eclipse, by Pink Floyd, está más allá del bien y del mal.

Danny Boyle no nos contó la historia de los romanos invadiendo Britania, no mencionó a Sir Percival, a Camelot o al ilustre ladrón de los bosques de Sherwood. Incluso el hermoso Bardo se quedó casi afuera. Pero es que el punto era, precisamente, no mostrarlos. Pusieron en el escenario a The Artic Monkeys en lugar de The Smiths o Led Zeppeling. El punto de la ceremonia está bastante claro: tenemos un pasado, sí, pero es compartido. Y es que, al final, ¿en qué parte del mundo no vimos surgir las chimeneas industriales? ¿En qué parte del mundo no se conoce a James Bond, a Peter Pan, a J.K. Rowling? ¿En qué parte del mundo no se creció con The Beatles, no se bailó con New Order, no se vio Cuatro Bodas y un Funeral? ¿En qué parte del mundo no se twittea?

Tenemos un pasado común, una memoria colectiva en la que resuenan creaciones británicas. Esta prepotencia británica de buen gusto que nos recordó que ellos forjaron a Europa, que son el país natal de Chaplin, de Queen, del internet. Y que incluso, aunque no hayan creado las redes sociales, son ellos quienes las aprovechan mejor (Artic Monkeys es la primera gran banda surgida de MySpace). Quizá faltó rock, pero es que era imposible meterlo todo. Quizá faltó brith-pop, pero me gustaría pensar que están guardando algo para la clausura en este aspecto. Aun así, la obertura de London 2012 es mi favorita ever. Y ya no vale la pena seguir discutiendo.

El mensaje es muy claro. El que tenga oídos, que oiga.