The last train to London
Pues sí, se acabó Londres 2012. Más rápido de lo que hubiera deseado, pero así son las cosas. Así ha sido siempre, excepto en algunas históricas excepciones. Cuando era niño, creía que los Juegos Olímpicos duraban todo el verano. Crecer es darte cuenta de qué tan rápido se mueve el tiempo, en realidad.
La ceremonia de clausura fue, hasta cierto punto, un exceso. Creo que en cierto momento se perdió todo hilo conductor (si es que alguna vez hubo uno) y solo se decidió presentar bandas y artistas porque sí. Lo cual, creo, esta bien. Las ceremonias de clausura son así, festivas y joviales. Me gustó ver a Madness. Me encantó el momento Waterloo Sunset. Lloré con el momento Freddie Mercury. Fui fan de lo de Monty Python. Y cómo no amar a The Who. Además, toda la referencia Beatle fue increíble, desde Because a capela hasta la cara de John con Imagine. Y, claro, volví a llorar cuando se apagó el pebetero. Porque eso encendió la nostalgia, al menos en mi caso. Fue el principio para pensar que se había terminado otro ciclo olímpico, otros Juegos. Para pensar, por un momento, que hace apenas unas horas, unos días éramos más felices. Y que eso no volverá.
O bueno, así fue en mi caso.
Aunque claro, la ceremonia de clausura tuvo pecados bastante graves que me gustaría mencionar. Creo que el peor es la total ausencia de The Rolling Stones. Ellos son la segunda mejor banda en la historia de Reino Unido y a diferencia de la mejor, ellos siguen juntos y activos. Y vivos. ¿Por qué no estar ahí? Es una estupidez del tamaño del Parque Olímpico, pero así fueron las cosas. Y bueno, también me quedé esperando a The Smiths, pero viendo su total ausencia, me doy cuenta de que jamás se van a reunir, para nada y para nadie. Otra esperanza que muere. Y supongo que la ausencia de Blur se debió a motivos ajenos a una invitación, pero también me dolió no verlos ahí. Como sea, la ceremonia de clausura fue casi como la de apertura, al menso en el sentido de la prepotencia inglesa. Al meter bandas actuales cantando clásicos (“vino viejo en alforjas nuevas, mi lic”), tratan de dejar clara su influencia en el mundo actual, lo mismo que al presentar sus automóviles, sus letras inmortales, sus monumentos, reconocibles hasta en Zimbabue. Su moda. Así son ellos y son influyentes. Sea como sea, siguen siendo el Imperio. Recibido.
Cambio y fuera.
Y sí, se acabaron. Y quizá estos no hayan sido los mejores Juegos Olímpicos a nivel deportivo (en Beijing se rompieron más récords y se gestaron más historias), ni los de más calidez humana (Barcelona, ciudad chiquita y completamente volcada a los Juegos del 92, sigue ganado en esto), pero será inolvidables para mi. Los mejores, para mí. Porque nunca me había emocionado tanto con ningunos Olímpicos en mi vida. Porque no los había disfrutado tanto como ahora. Y porque sé que todos los que vengan y me toque ver solo serán una pálida sombra de estos, al igual que cada Mundial ha sido una pálida sombra de Corea-Japón 2002, la Copa del Mundo que más he disfrutado en mi vida. Así son las cosas y no puedo dar razones más precisas para lo que siento. Solo así es. La vida es extraña, la nostalgia es solo una palabra para el dolor de una vieja herida o algo. Londres 2012 se ha quedado en mi corazón para siempre.
Y ahora, vuelve la rutina otra vez. Las madrugadas con Veredicto Final en lugar de competencias deportivas. Pero así son las cosas. Así son los ciclos. Así es el mundo. De todas formas no puedo evitar cierta tristeza, cierta evocación, aunque aún sea muy pronto y el recuerdo aún sea muy fresco. Muchas cosas me quedaran de estos Juegos, muchos momentos y muchas figuras. Muchos rostros. Pero también olvidaré la mayor parte. Lo cual es triste por si solo. Porque muchos atletas jamás volverán y se perderán en la marabunta de memorias personales.
Así son las cosas. Lo cual esta bien.
Ahora inicia la Olimpiada de Rio. El largo camino al verano del 2016. Los brasileños nos dieron una probadita de lo que nos espera. Supongo que esos también pueden ser unos Juegos grandiosos, pero me permito dudar que me impacten, me emocionen y me gusten tanto como los que acaban de terminar. Los cuales pueden no ser los mejores de la historia (es casi seguro que no lo son), pero será mis favoritos. Lo son ahora y estoy seguro que lo seguirá siendo después del 2016. Y en una de esas hasta después del 2020. Ya después, quién sabe que pueda pasar.
Londres, la ciudad violeta construida en las márgenes de un rio, aquella que dicen fue fundada por un nieto de Eneas, se queda. Ahí esta. Tan cara y tan caótica y tan nublada y tan genial como siempre. El fénix anidará ahí. Y nos espera. No es un adiós, es solo el principio del cortejo.
Ahora, vuelvan al trabajo.




