Somewhere

Somewhere-movie-image-stephen-

Somewhere, al igual que Lost in Translation (2003) , cuenta la historia de un actor apartado de su familia y prácticamente recluido en su habitación de hotel. Solo que este, a diferencia del Bob Harris interpretado por Bill Murray, no es un actor legendario en su periodo de, quizá (¿?) decadencia, sino un nuevo rostro, vacio y atractivo y plástico. Y aunque esta inmerso en lo que esta vida y el ambiente le ofrecen (sexo, alcohol, drogas, fiestas), su actitud y sus ojos nos dicen, nos gritan, que no lo disfruta. Para él el sexo es solo el movimiento mecánico de los genitales, las drogas y el alcohol solo asientan su melancolía, las fiestas lo hunden más en sí mismo. En un par de ocasiones contrata a strippers para que le hagan un show en su propia habitación. Nada de coger, solo placer voyerista. O eso creemos, ya que solo es una razón para que cuando él mire a esa pared que se asemeja eterna, haya ahí un par de ojos (comprados) que le devuelvan la mirada. Solo por un momento.
 
El hotel donde transcurre en encierro de Johnny Marco (Stephen Dorff) es el Chateau Marmont, que para el mundo de Hollywood es algo así como refugio y campo libre para algunas cuestiones que han llenado libros de leyendas urbanas. Lo que pasa en el Chateau se queda en el Chateau. Pero hasta ahí llega su familia, personificada por una niña de 11 años llamada Cleo (Elle Fanning), despierta y e inocente en ciertas cuestiones y en otras no tanto. Para Johnny aquella niña resulta ser exactamente lo mismo que el ringtone “Fantasie-Impromptu in C Sharp Minor, Opus 66” de Chopin, era para Bob Harris: una conexión. Y así lo toma él, aunque en cierto punto es patético ver como sus intentos por "cuidar" a su hija resultan en un globo de popó que tarde o temprano le explotará en la cara, sobretodo si se recuerda quién esta contándonos la historia. Recuerden que la directora es nada menos que el bebe que bautizan en la secuencia climática de El Padrino.
 
La película abre con la secuencia de un auto conducido a gran velocidad, pero en círculos. Y así más o menos se mantiene durante los 97 minutos de duración. Podría parecer aburrido, pero no lo es. Coppola sabe muy bien lo que quiere lograr con su película y nosotros no tenemos dificultad en meternos al mud y apreciar las cosas desde el punto de vista en que debemos apreciarlas: como los verdaderos voyeristas. Y bueh, se entiende que las películas sobre weyes deprimidos no son nuevas, menos si dichos weyes deprimidos son estrellas o están basados en ellas, pero lo que distingue a esta película es el detalle casero con que Sofia llena el scrip. Recuerden que ella ha estado en este negocio desde siempre (cof cof, Padrino, cof). Por lo tanto es un retrato que resuma de auténtico sobre este mundo plástico donde hay semidioses manejados por aquellos titiriteros llamados publicistas. Y la visión que tenemos de ellos aquí proviene de un cliente. Y sí, los publicistas son extraños y poderosos y enigmáticos. Algunos se hacen amigos, algunos siguen siendo empleados, pero durante el trabajo, funcionan como los padres y tutores. El contrato de la estrella le obliga a hacer algo de prensa. El teléfono suena, y el publicista de la estrella dice a dónde ir y qué hacer. Él toma una cierta pasividad. El coche está allí, él toma el coche. La prensa está allí, habla con la prensa. Algunas estrellas están más interesadas y son más interesantes. No Johnny. Vuela a Milán para recibir un premio, y siempre con su cara de idiota pegada al cristal. Indiferente como el JJ en la entrevista de Loret de Mola.
 
La película es muy muy hermosa. Y ese contraste del padre que (al parecer) padece anhedonia con la hija soñadora y absorta, pero aún capaz de ser feliz, es sencillamente asombroso. Cleo también esta llena de melancolía. Supongo que ella sabe mejor que Johnny la razón por la que terminó el matrimonio de sus padres y siempre va a llevar eso, pero su esencia es como aire fresco en medio de todo ese mundo de hipocresía y apariencias y falsedad. El hotel no solo la recibe a ella, sino a una gran cantidad de amigos y colegas tan perdidos como su padre. Ella entiende todas las situaciones, aunque quizá no de la forma correcta, pero sabe en qué momentos hacer uso de su curiosidad, que en un primer momento nos parecería extinta. La película es tanto suya como de Marco.
 
Sofia Coppola es fascinante. Tengo que confesarme muy fan de ella y de su particular forma de ver su mundo y mostrarlo a la gente de afuera. Y esta cinta es excelente por su sencillez y su falta absoluta de pretensiones. Sus personajes no son entrañables, pero logran empatía. Su mundo parece perfecto, pero no es envidiable. Y su forma de retratar la felicidad y su búsqueda podría parecer ya muy rebuscada, pero no lo es. Y no lo es sobretodo en ese momento en el que suena Smoke Gets in Your Eyes, by Bryan Ferry y nos damos cuenta de que el éxito y los logros significan menos de lo que quisiéramos. Y que cuando no recordamos esto simplemente no somos nada.