Shame
Hay un close-up de Brandon (Michael Fassbender), el protagonista de Shame, que define por completo a la película. En este primer plano, el rostro del protagonista expresa dolor, pena e ira. Y sucede mientras tiene un orgasmo. Para Steve McQueen, el director y co-guionista de la película, no importa el movimiento de la parte inferior del cuerpo de su personaje. No importa el entorno, ni su acompañante. EL close-up limita nuestro punto de vista en su sufrimiento. Él está soportando una función sexual que hace mucho dejo de darle algún tipo de placer y ahora solo se trata de un acto de auto abuso en el más profundo sentido.
Brandon es un guapo y saludable treintañero que vive solo en su estéril departamento de Manhattan. Su trabajo de día lo confina a un cubículo equipado con una computadora. No importa lo que su empresa hace o deja de hacer. Eso no marca ninguna diferencia para él ni para nosotros. Algunas veces, después del trabajo, Brandon y su jefe David (James Badge Dale) salen a beber algo a algún bar de solteros de la ciudad. David esta desesperado por conseguir acción, pero a simple vista salta que es un idiota. Brandon, por otro lado, solo se sienta por allí, casi completamente ajeno al ambiente, con su rostro impasible y su sonrisa apenas insinuada y seductora. Y tiene suerte, claro. Aunque él no se ve como alguien con suerte, no piensa en sí mismo como un suertudo por este hecho. El sexo es su propia y particular cruz.
Es raro, pero cuando la noción de que existe algo como la adicción sexual se hace presente, la primera reacción de la mayoría de la gente es tomarlo como una broma. Y se hace referencia de eso en los monólogos de los clubs de comedia, con micrófono al frente y una pared de ladrillos atrás. The America Psychiatric Association definió la adicción sexual en 1987 como un trastorno mental que implica: "distress about a pattern of repeated sexual conquests … involving a succession of people who exist only as things to be used."
Sin embargo, la APA ya no esta tan segura de que sea un trastorno. Sea lo que sea, Brandon lo padece. En Shame, sin embargo, él mismo es la única cosa que utiliza. Una o dos de sus parejas sexuales pueden sentirse atraídas hacia él, en el mismo sentido en el que algunos hombres pueden sentirse atraídos hacia las ninfómanas. Y hay una gran tristeza involucrada en eso.
Shame convierte en mentira el concepto universal de las películas que reza que todos los orgasmos proporcionan un placer que se persigue. La toma inicial de la película muestra a un Brandon en su cama, mirando, inmóvil, en medio de un espacio vacío. Él podría ser un hombre pronto a suicidarse. Entonces se levanta de la cama, va hacia la ducha y se masturba. Ese será el primero de los muchos orgasmos que experimentará aquél día, algunos solitario y algunos con compañía. Y nunca revela emoción alguna. Brandon vive como un hombre obligado a seguir un curso inevitable.
Brandon es frio con la gente. Con las prostitutas, con sus compañeros de trabajo, con los extraños. En el metro, él mantiene contacto con una mujer que quizá le está coqueteando. ¿Ella esta coqueteando? Mantener el contacto visual con intensidad puede ser tomado como un acto de filtreo, pero también como un reto agresivo. Pero él no sonríe. La suya es una vida terrible.
Un día llega a su casa y alguien está ahí. Es Sissy (Carey Mulligan), su hermana, aunque nos enteramos de eso más adelante. Es entonces cuando vemos un arranque de rabia de él contra ella, gritándole que se largue de su casa. Pero ella no tiene a donde ir. Pero a él no le importa.
La vergüenza de Brandon se oculta en la intimidad. Él no quiere testigos de sus prostitutas, su pornografía, su masturbación. ¿Él se siente incapaz de mantener contacto con la gente común? Con el tiempo se sospecha que Brandon y Sissy comparten experiencias de la infancia que los han dañado. McQueen, sabiamente, no es específico acerca de los incidentes.
Brandon vive en un solitario y desolado Manhattan. No importa cuán rodeado esté de gente, él siempre está solo. Las aceras de su vecindario parecen siempre inusualmente vacías. Él sabe a dónde ir para tener relaciones sexuales. Hay una secuencia, en la que acude a un bar gay (no tan loco como el Rectum, pero algo así). En mi opinión, el tipo no es gay, pero creo que tampoco lo podemos calificar como heterosexual. Brandon no ama a nadie, no se siente atraído por nadie, sino que simplemente va en pos de ocasiones para tener un orgasmo -solo o acompañado-. La forma no tiene ninguna importancia, solo el hecho de venirse.
La introducción de Sissy en la película parece dotar a la atmósfera de cierta espontaneidad y vida. Ella es tan apasionada y desinhibida como Brandon es completamente lo contrario. Ella lo necesita desesperadamente, pero él teme esa necesidad y eso desencadena una furia entre ambos para con el otro. Ella trabaja a veces como una cabaret singer y en una escena desgarradora y hermosa como pocas, ella interpreta New York, New York en primer plano. En este close-up, ella también muestra dolor y pena, pero no ira.
No muchos actores, sospecho, tendrían el valor de realizar el trabajo que Fassbender desempeñó en esta película. Mostró unos yarbles tan grandes como los que mostró en el anterio trabajo de McQueen, Hunger (su primer film, también muy recomendable), en el que le da vida al miembro del IRA en huelga de hambre Bobby Sands. Actor y director parecen haber encontrado una voluntad común en ambas cintas para mostrar las cosas tan crudas como son, sin limitarse con técnicas que solo traten de complacer a la audiencia. Aquí ni siquiera podemos decir que Brandon sufre visiblemente. Él está obligado a repetir el mismo comportamiento una y otra vez y todo lo que saca de eso es un odio profundo a sí mismo. Shame es un título que queda perfecto.
Shame contiene la verdad sin pestañear. No tengo duda de que representa un comportamiento que puede con precisión “la adicción al sexo”. La película sugiere que no hay ayuda para Brandon, aunque hacia al final ocurre algo que quizá lo empuja hacia tratar (esta vez de verdad) de ayudar y cuidar a otro ser humano. Para él, eso implica ser capaz de cuidar de sí mismo, a pesar de la verdad de sentirse indigno de ser siquiera conocido.
Shame es un gran acto de cinematografía y de actuación, pero no es para los débiles de corazón. Sin embargo, compensa el verla. Oh, sí.