Se acabó
Como cada cuatro años llegó el momento de la final. De ese partido a veces sobrevaluado y a veces inolvidable. De ese encuentro que resume los 63 restantes. Y, basados en eso, la final de Sudáfrica 2010 fue tan parca y carente de emociones como el torneo en sí.
Como el pulpo Paul había anticipado, España pasó sobre la escuadra germana en semifinales. Y de que forma. Controlando el balón, tocando, teniendo llegada. Alemania hizo lo que pudo, pero al final un error los dejo fuera de la fiesta (aunque ganaron el más que merecido tercer lugar). Y en el otro encuentro se impuso la lógica: Holanda avanzó sobre la escuadra charrúa que, sin embargo, se batió como los hombres hasta el último minuto y dejó en evidencia las debilidades de los creadores del Futbol Total. A la postre, Diego Forlán ganó el Balón de Oro. El wey es un crack pero más que nada es un hombre-equipo; completamente de acuerdo con la decisión.
Y llegó el 11 de julio, se dieron las 13:30 p.m. y el balón rodó en el Soccer City, como hace un mes. O casi. Y de inmediato se vio la dinámica del juego: España dominando. Pero para sorpresa de propios y extraños, los holandeses salieron con el cuchillo en los dientes dispuestos a matar a más de un hispánico con tal de parar su juego. Holanda se parecía más y más a Paraguay y España cayó en la trampa y se enredo en un juego sordo y pausado y demasiado peleado en media cancha. Así pasaron 45 minutos. La tensión se podía cortar con una katana y eso ocurrió en el segundo tiempo. Contragolpe holandés: peina Sneijder para Robben quién solo tiene a Casillas como único obstáculo hacia la gloria. Y de él son el tiempo y el espacio. Y falló. Sin demeritar la acción de Casillas (una gran gran jugada), creo que el error del 11 naranja fue mayúsculo. Esa, a la postre, fue la jugada clave. En cierta oficina madrileña el buen Florentino Pérez seguramente sonreía de oreja a oreja al señalar las diferencias entre un galáctico y un buen jugador. El Universo le dio la razón. Robben tuvo otro mano a mano más adelante, pero un jalón cuasidescarado de Puyol y el querer adornarse de más fueron suficientes para engrandecer aún más la figura del portero madridista. España también tuvo sus llegadas, pero al final perduró el empate a ceros.
En mi casa queríamos que ganara Holanda. Pero también sabíamos que los españoles habían sido muy superiores en el trámite del juego y que la única esperanza para los Tulipanes era llegar hasta los penales y esperar un milagro. Y por un momento parecía que llegarían hasta la última instancia. España llegaba al marco pero ya sea por exceso de protagonismo o abuso del tiro largo o errores o aciertos de la saga naranja, el gol simplemente no llegaba. Y del otro lado: nada. Fue hasta el minuto 10 del segundo tiempo extra cuando los catalanes se acordaron de la filosofía cruyffquiana del "tercer pase" y Fábregas conectó con Iniesta después de recibir el balón del Niño Torres. Iniesta midió el Jabulani y lo golpeó antes de llegar al suelo, fusilando sin piedad los sueños holandeses de que la tercera sería la vencida. Todo el mundo sabía que era el gol de título, ya que una reacción tulipán se vislumbraba más lejana que el hecho de que el mentado Fernando Torres marcara una anotación. Y al final el silbatazo final, el llanto de Casillas, los abrazos, el aplauso frio del Príncipe de la Casa de Orange, los brincos de la Reina Sofía, la premiación, Blatter otra vez en la foto y el pasillo al Campeón. España había entrado a la élite más exclusiva del deporte.
Y si bien ahora le llueven piropos al Campeón, la verdad es que nunca me han caído bien y no creo, fuera de eso, que sean un equipo a la altura de los elogios. Me gusta su toque e balón y su filosofía de juego (completamente Futbol Total; Johan Cruyff es el artífice de este título, le pese a quién le pese), pero son terriblemente improductivos de cara al arco. Un equipo que tiene tantos pedos para meter un gol no puede ser considerado excelente. De hecho, el partido contra Suiza es el modelo. Los suizos resistieron los embates, metieron la que tuvieron y no cometieron un solo error, algo que ni alemanes y holandeses hicieron. Tampoco es aplaudible el exceso de protagonismo de los integrantes. En la final todo el mundo quería ser el héroe, todo el mundo quería meter el gol del gane. Y aunque se entiende el egoísmo, no es para nada recomendable. Pudieron liquidar el partido desde mucho antes si hubieran mostrado algo más de compañerismo. Y también cayeron fácilmente en el juego de las patadas que el rival inició, como a su vez se desesperaron en el mentado primer partido de la Copa. Pero más allá de eso no podemos quitarle mérito al título y, sobretodo, al cómo lo consiguieron. Para bien o mal siempre respetaron su estilo, siempre trataron de hacer un juego vistoso y ofensivo y eso se agradece. Demostraron que físicamente es mejor tener el balón que aguantar atrás (tanto Holanda como Alemania terminaron fundidas de tanto corretear el esférico), demostraron que sí se puede ganar una Copa del Mundo jugando bien (eh, Dunga) y, aunque ningún equipo los atacó en serio (salvo Chile y eso solo por momentos), demostraron lo importante que es tener un gran portero en el equipo. Un portero que no solo para las obvias, sino que detiene las imposibles. España es un digno Campeón del Mundo, pero me siguen cayendo pésimo.
Y así terminó Sudáfrica 2010. Terminó con un nuevo campeón, por más que cada vez día de competencia parecía un collage de momentos y partidos históricos. Terminó con una final netamente europea a pesar del aparente dominio de equipos americanos durante la primera fase. Terminó con un campeón que ataca antes que defiende por más que en la competencia abundaron las formaciones defensivas. Terminó con una decepción carioca y con un claro claro claro favorito para dentro de cuatro años. Terminó con el mundo rendido ante los vaticinios de un molusco germano; el mismo mundo que sabía que el Chicharito tenía que ser titular, que Franco apestaba y que España sería la ganadora absoluta. El mismo mundo que en todo tuvo razón. Terminó con una televisión abierta que suckea y gacho en deportes, con una TV Azteca a la que solo le faltó encuerar a sus conductoras (lo que no hubiera estado nada mal, dicho sea de paso) y con una Televisa que explotaba los mismos gags de hace treinta años una y otra y otra vez. Terminó con el futbol completamente olvidado en ambas televisoras. Terminó con Shakira moviendo las nalgas, con el mal humor de las ignoradas jevas y con el glorioso panorama de un mes en el que sabíamos que tendríamos, mínimo, 90 minutos de futbol diariamente.
Pero bueh, Brasil 2014 ya está a la vista.