Scene from a Italian Restaurant
- Llega un día el diablo y…
- Mira, ya anotó Cristiano.
- ¿Cuántos van?
- 2-1, ¿qué no ves?
- En el global…
- Ah, 4-2, creo.
- Si, van 4-2.
- Bueno, ya; llega…
- ¿Hay tiempo para empatar?
- Según sí. Faltan 20 minutos.
- Ok, ¿quién quiere escoger el vino?
- Deja que lo haga el señor Coleman.
- ¿Señor Coleman?
- (…)
- ¿Señor Coleman?
Entonces habla ella, en voz baja.
- ¿Ulises?
- Si…
- ¿Quisieras hacer el honor?
- Ah, sí, disculpa. Estaba viendo el partido.
Ella, fulminando con la mirada la pantalla de 42 pulgadas empotrada en la pared.
- ¿A quién se le ocurre poner una tele en un restaurant?
- No sé, ¿al dueño del lugar? Igual estamos adentro de un mol, ¿qué esperabas?
Ella lo fulmina con la mirada. Llega un mesero calvo y con barbita de chivo que seguro por las noches asiste a un fight club. Les sonríe zalamero. El señor Coleman le entrega la carta de vinos y le menciona el nombre de una botella francesa que no recuerdo. Igual sabía increíble y fue carísima.
Ella, lamentando internamente que no se pudiera fumar en el lugar.
- Decías…
- ¿Qué? Ah, sí. Entonces, llega un día el diablo y te ofrece dos opciones…
- Mira, gol de Benzema.
- ¿Qué?
- Golazo, la verdad.
- Tienes razón.
Ella, cada vez más encabronada.
- Ok, déjenlo terminar.
- Llega un dia el diablo y te ofrece dos opciones para arruinar tu vida.
- ¿Por qué el diablo querría arruinarte la vida?
- El diablo no necesita darte explicaciones. Simplemente lo hará…
- Ya llegó la botella.
- … pero tiene la gentileza de ofrecerte dos opciones.
- ¿Cuáles son?
- Una, que pierdas tu capacidad de erección de aquí a que te mueras; o que pierdas el control de tu esfínter de aquí a que te mueras, sin opción, (ojo) a usar pañal para adultos.
- Mmm.
- Te digo que va a ganar el Madrid.
- ¿Qué escogerías?
- ¿Por qué dijo que quiere arruinarte la vida el diablo?
- El diablo no necesita darte explicaciones. Simplemente lo hará y ya.
Ella, sintiéndose enfadada y excluida. Empieza a mover la pierna derecha insistentemente, como presa de un tic nervioso. Responde de malos modos.
- Está claro cual escogería yo.
- La verdad es que no tanto.
Ella lo vuelve a mirar con ojos de pistola al momento que vacía su segunda copa. El mesero regresa con su misma sonrisita idiota. Ella nota que el señor Coleman ni siquiera a mirado el menú.
- ¿Listos para ordenar?
- Mira, ya expulsaron a Sergio Ramos.
- Mierda. Pinche arbitraje.
- Niños, niños…
- ¿Ya van a ordenar?
El señor Coleman desvía la mirada del televisor para decirle al mesero si nos podía dar otros 5 minutos. Ella no lo toma muy bien que digamos.
- Voy a salir a fumar un rato.
- Si ese era el caso, hubiéramos elegido otro lugar.
- ¿De quién fue la idea de venir aquí, por cierto?
- De ella.
- ¿Entonces?
- Bueno, creí que veníamos a comer. Ulises, ¿me prestas tu mechero?
- (…)
- Señor Coleman, creo que le hablan.
- (…)
De repente, se escucha un suspiro colectivo.
- Mira, ya terminó el partido. Pasó otra vez el Farsa.
- Puta madre…
- Es la última, jovencito.
Entonces surgió la música, mientras cada uno se concentraba por primera vez en el menú puesto frente a ellos. El señor Coleman bajó la carta y elevó los ojos a techo, como aquellos perros que tratan de averiguar algo oliendo las ráfagas de viento que les cruzan por encima de la cabeza.
Pero solo ella lo notó.
- Ok, ¿listos para ordenar?
- Yo ya.
- Yo también.
- ¿Dónde está el pinche mesero?
- ¿Ulises?
El señor Coleman fija en ella sus ojos grises y tristes y por un momento ella recuerda por qué se enamoró de aquél hombre lo suficiente para cometer la pendejada de casarse con él.
- Mis padres escuchaban esa canción cada sábado por la mañana.
Ella le toma la mano y le sonríe de manera triste. Nadie más en la mesa oyó el comentario del señor Coleman, ya que volvian a tener la vista fija en la tele, que mostraba un conato de bronca after match entre merengues y culés. El mesero volvió a aparecer en su rango de visión, dirigiéndose directamente a su mesa.
- Entonces… ¿qué encogerían?
- (…)
- ¿De qué?
Ella los mira feo a todos. Suelta la mano del señor Coleman.
- Olvídenlo. Ok, vamos a ordenar.