ParaNorman
ParaNorman es la nueva película del estudio Laika, responsable de esa joya llamada Coraline y que, como en aquella, esta vez presentan una historia infantil con un trasfondo oscuro y lecturas que podrían llegar a ser demasiado densas para los chiquillos a los que son destinadas. Pero, digo, podrían. La verdad sea dicha, ParaNorman es divertidísima.
Claro que tiene una historia sólida, quizá compleja si le ponemos atención, pero es fácil de seguir y no se desvía a lo largo de los 90 disfrutables minutos de la función. Norman es un niño retraído, geek de las cintas de zombies y que, además, puede ver y hablar con los muertos. Y si algo nos ha enseñado Medium es que una persona con dicho don suele sufrir de incomprensión y escarnio público y tal. Norman es visto por todos como un freak y es victima del bully local. Pero, de repente, uno de los muertos le advierte sobre un desastre que se cierne sobre su pueblo. Una catástrofe producida por una maldición antigua lanzada por una bruja. Y sí, solo él puede evitarla.
ParaNorman tiene la esencia de Studio Ghibli, pero más que nada me recordó a X-Men: la lucha de alguien diferente por encajar en un mundo donde no se acepta lo que es diferente. Donde siempre se busca la comodidad de lo conocido. La película es una odisea de autodescubrimiento, de aceptación, la jornada del héroe y tal, pero también es un viaje por referencias y gags endemoniadamente geniales sobre la cultura de los zombies cinematográficos. En cierto momento, producto de la antigua maldición, los muertos se levantan de sus tumbas. Ajá, el xodido Apocalipsis Zombie. Pero no es nada sangriento, violento o gore. Más adelante nos enteramos de la verdadera naturaleza de los zombies y es entonces cuando apreciamos el delicioso contraste de éstos con la gente del pueblo, quienes se comportan como una muchedumbre violenta que solo piensa en destruir y matar. Dejándose llevar por el momento, cual tuiteros con un trending toppic de odio pegajoso inmersos en el reutiteo indiscriminado. No piensan, están en la manada, sedientos de sangre. Ajá, como zombies. La muchedumbre se revela como el mayor impedimento para que Norman y su raro séquito puedan cumplir con su misión de parar la maldición: porque esta es real y la bruja responsables es un personaje increíble que me recordó a Akira, cuyas 3000 páginas de manga se pueden resumir perfectamente en el concepto de un muchacho resentido que de pronto se da cuenta de que tiene el poder de convertir tanques en chatarra.
Ya para entonces ya era fan. Y el final no decepciona en absoluto. ParaNorman se erige entonces como la mejor y más divertida película de animación del verano, que merece visitas posteriores para admirar con más detenimiento los bellos escenarios construidos a mano y animados cuadro por cuadro (lo que le llaman el stop-motion, mi lic) y apreciar mejor las referencias y volver a reír con los gags. Y es que la escena del Ayuntamiento es sencillamente magistral. Y es que así somos y así siempre hemos sido. Y es que ser un freak esta cabrón, pero también te hace fuerte. A fuerza de madrazos, per lo hace.
ParaNorman es una película grandiosa que en cada escena revela un amor y una pasión por el trabajo que casi desborda la pantalla. Definitivamente recomendable.