No One Knows About Persian Cats
El título es más que apropiado. Y es que aunque esta cinta tiene más o menos dos años de haber ganado no-se-qué en el Festival de Cannes, no había sabido nada de ella hasta hace unos días. Y eso considerando lo bien que se les da a los organizadores de festivales de cine de nuestro país el traer películas iranís. Pero bueno, me tardé un poquito en verla, pero valió la pena. Me hizo... más que la semana, yo diría que el semestre.
Kasi az gorbehaye irani khabar nadareh (2009), como se llama originalmente, es una cinta sobre música y sobre músicos. En particular, es la pequeña gran odisea que emprenden Negar y Ashkan para terminar de conformar su banda de indie rock, grabar un disco, dar un concierto para sus padres y amigos, y conseguir visas y pasaportes para poder participar en un festival de música europeo. Lo cual, podría sonar fácil para alguien acostumbrado a la forma de vida occidental, pero que no lo es en Irán, homeland de nuestros héroes. La película pronto nos muestra la gran imagen que supone la cultura underground en el país. De la mano de Nader, una mezcla de promotor, guía de turistas particular y vendedor de planes e ilusiones, la pareja de amigos conoce más músicos marginales de los que ellos mismos pensaban que existían, los cuales, a su manera, se las han estado arreglando para seguir haciendo lo que les gusta. Aquello que esta prohibido. Oh, si. Las autoridades iranís se toman muy en serio eso de hacer cumplir las leyes.
Nunca fui músico. Ese es uno de los más grandes traumas de mi vida. Nunca pude tocar un instrumento y no porque no lo intentara. Pero, ya saben, simplemente no esta en mi naturaleza. Por un tiempo me dije que si no podía ser Ian Curtis, igual podría ser Tony Wilson. Y lo intenté, vaya. Conocí una banda y estaba dizque encargado de conseguirles dónde tocar y esa clase de cosas. Muchas de las cosas que pasan en esta cinta me sacaron una sonrisa. Los ensayos, la plantación, la búsqueda, el estudio... bueh, yo he estado ahí. Así como también he sentido el sentimiento de Let´s get out of this Country. Así como también he sido un lepe lleno de ilusiones. Así como también me han agarrado mis fases de pesimista-con-sueños-apocalípticos y de optimista-que-siempre-espera-lo-mejor. Y todo esto se encuentra, de una u otra forma, en esta cinta. Quizá en esta parte del mundo ya se perdió el sentimiento underground de buscar cosas. Pero no en todos lados. Y por aquí no siempre. A mi me tocó caminar todo el día para conseguir cierto disco en el Chopo o en San Juan. Y hasta una vez organizamos nuestra propia y privada fiesta clandestina con todo y contraseña para entrar. Pero ahora ya son tiempos diferentes. Ahora solo bajo música de internet. Y también es cierto que quizá, dentro de algunos años, los morros iranís van a poder hacer lo que hacen los morros del resto del mundo, como tocar desafinados en los garages de sus casas sin que nadie les diga nada. Pero por ahora, tocan en donde pueden. Y emprenden pequeñas odiseas para conseguir un lugar para que sus amigos y familiares los vean hacer el ridículo encima del escenario. Lo cual, la verdad, es muy muy triste. Pero, hey, las cosas saben mejor sazonadas con un poquito de sudor, creo yo.
Bahman Ghobadi ha hecho una película realmente hermosa. Sin pretensiones, solamente trata de mostrarnos lo iguales que somos, pero lo diferente que, a veces, nos trata la vida. No hay exaltación de nada ni denuncia gratuita, solamente son cosas que pasan en un país manejado de cierta forma. Y la amistad floreciendo en esos lugares. Y los sueños surcando los cielos, a veces, azules. Y música, claro. Porque, al final, lo que importa es la música. Al final todos tenemos la fase en la que una canción simple y tonta se amolda de manera perfecta a nuestra vida. Y la amamos por eso. Y para nosotros, en ese momento, no es ni simple ni tonta. Oh no, ya lo creo que no.