Mi último post del año
A medida que se evapora nuestro sentido de religiosidad o al menos de lo que se espera de la religión tradicional, suplimos esa necesidad por encomendarnos a los buenos espíritus del porvenir con los deseos del año nuevo. Hay gente que lo toma por el lado supersticioso (calzones rojos, el borrego junto a la puerta de entrada, barrer la calle). Otros, incluso los más ateos o agnósticos, no pueden resistirse a desearle al prójimo lo mejor para el año que comienza. Parece ser una manera de “protegernos” del miedo y la ansiedad que nos causa la incertidumbre del nuevo ciclo que arranca. Y más cuando se trata de un año que viene tan cabrón como 2012.
En esta ocasión, los buenos deseos para el año nuevo han estado llenos de “espero que el próximo año, que pinta del nabo, no esté tan del nabo”. No recuerdo un año que empiece con tanto pesimismo, la buena vibra apenas y asomándose… (bueh, el inicio del 2009 se parecía un poco).
Mi último post no será tan diferente. 2011 fue una prueba en muchos sentidos –profesional y personalmente–, pero al final estoy entero y en una pieza. En un sentido, estoy mejor que el 31 de diciembre de 2010, y en otro no tan bien. Por un lado, el futuro laboral me pinta mejor, vienen proyectos encantadores que llevo cocinando ya unos cuantos meses. Por otro, voy a extrañar una llamada telefónica que siempre recibía en los primeros minutos del año nuevo. Pero así es esto, mi lic. La vida sigue. En 2011 pasé momentos junto a gente talentosísima y muy trabajadora, junto a grandes amigos. También junto a tipos y tipas mediocres que transitan por el mundo arrastrando literalmente el culo o poniendo la lengua en los yarbles de otros. Ambos casos me enseñaron mucho. ¿Y eso es bueno, no?
Como leí en un tuíta hace rato: hay que entrarle sin miedo al 2012. Finalmente, lo que pasa, pasa. El 31 de diciembre de 2010 yo no me esperaba un montón de cosas, y sin embargo pasaron, y nunca me pidieron opinión para pasar o no. Pero igual sigo creyendo en la voluntad propia. En esa pequeña fuerza que te hace mover los pies y las manos para hacer cosas. Con suerte, cosas chingonas.
Así es que ahi van los buenos deseos para que tengan un 2012 a toda madre. Que tengan salud y dinero y conocimiento y muchas tardes y noches abrazados de cucharita con la persona especial de su elección. Si no existe tal, búsquenla, que seguro por ahí anda.
Ya viene el 2012. Suerte para todos, camaraditas.