Men in Black Trois
A fines de los noventa, Barry Sonnenfeld retomó el cómic semi-underground The Men in Black y lo convirtió en un smash hit hollywoodense. No precisamente la mejor o más dura de las ciencias ficciones, MiB tenía buen humor, buenos efectos visuales, buen cotorreo veraniego, y una improbable química entre los dos personajes principales, el agente K (Tommy Lee Jones) y el agente J (Will Smith). En el subtexto, MiB sugería que no todo en el mundo es como aparenta: estamos rodeados de conspiraciones, los extraterrestres caminan entre nosotros y los secretos del universo le han sido dados a apenas unos cuantos. Ah: y Michael Jackson era extraterrestre.
El mood de MiB era perfecto para el ánimo milenarista del mundo. En 1997, año de su estreno, nos ocupaba pensar que no solo el mundo estaba a punto de acabarse, sino que la realidad no era lo que nos imaginábamos. O simplemente que la realidad termina siendo más extraña de lo que pensábamos. MiB explotó esas ideas con una comedia ligera de perros parlanchines y alienígenas insectoides (el maravilloso villano de la primera parte, Vicent D’Onofrio). El famoso parque de la Feria Mundial de Nueva York ocultaba una nave espacial.
MiB II apestó en grande. Así es que me la voy a saltar.
Mis expectativas con MiB3 eran bajas. Bajísimas. ¿Para qué volver a una serie cuya primera parte fue hace 15 años, con un mediocre episodio intermedio y un Tommy Lee Jones en proceso de momificación? Con sorpresa, miré cómo el villano fue introducido con elegancia a pesar de ser grotesco y estereotipado, sus motivos sin revelar pero, bueh, su proceder clarísimo y predecible (caer en la Tierra a armar algún tipo de alboroto, seguramente una catástrofe de proporciones planetarias). Este villano (Boris el Animal), que almacena un bicho letal en su mano, anda en moto y al parecer posee superfuerza –y la falta de oxígeno se la pela durísimo–, mantiene la tensión de una manera agradable. Es un buen hijo de puta.
K y J, también para mi sorpresa, siguen manteniendo el mojo como clásica pareja dispareja, entre desaveniencias y discusiones pedorras y bizantinas. En cierto momento, Boris el Animal viaja en el tiempo al pasado para matar a K y desencadenar, duh, una catástrofe de proporciones planetarias.
El guardián del dispositivo y la técnica para viajar en el tiempo es un nerd de una tienda de electrónicos neoyorquina; el tipo es tan pero tan nerdáceo que resulta un evidente homenaje-sátira al fan de la ciencia ficción en general. Pero MiB 3 también se autoparodia (conté dos referencias a Frank el Pug, por ejemplo), y sus realizadores al parecer le han escondido algunos easter eggs (me pareció escuchar el clásico sonido de la Millennium Falcon pujando sin querer arrancar de El Imperio contraataca). El viaje al pasado es el pretexto ideal para explotar la estética Mad Men y meternos de lleno a la atmósfera nostálgica de la carrera espacial, el Apollo XI, etc. Josh Brolin como el joven K es un win.
El final de MiB3 es muy cursi pero muy conmovedor. Gracias a que la cinta es bastante entretenida, y no deja de lado esos tradicionales rompecabezas que cuestionan nuestra idea de la realidad (en esta ocasión los enigmas vienen de la mano de un bizarro alienígena que puede ver diferentes planos temporales, o diferentes futuros probables con anticipación), ese final viene completamente al caso. Es un bonito cierre para una serie de películas que ya no da para más.
Ah: y Lady Gaga sí es extraterrestre. Aunque no hace grandes esfuerzos por encubrirlo ;)