Los héroes (y villanos) improbables
¡Vaya juego! A menos de 15 segundos de finalizar el partido, perdiendo por 3 y tocando la puerta, los Ravens se quedaron a un manotazo de meterse a su segundo Super Bowl. La acción defensiva que valió un Campeonato de la AFC fue cortesía de Sterling Moore, safety libre número 29 de los Pats (¡canonícenlo!) quién, en el último segundo (literalmente) le arrancó el balón y la gloria de las manos al receptor de Baltimore Lee Evans.Vaya juego, pero ya habíamos anticipado que iba a ser difícil. Pero no estaba preparado para tanto drama. Los Pats estuvieron adelante casi todo el juego, pero hay que decir que de 5 viajes a la zona roja, solo pudieron completar 2 touchdowns en todo el juego (ambos terrestres). La defensiva de los Cuervos jugó increíble y su ofensiva le cayó la boca a todo el mundo, sobre todo con su juego aéreo. Flacco dio un juegazo, su ala cerrada Pitta dio un juegazo y el mismo Ray Rice tuvo más yardas por aire que por tierra. Por el otro lado. Brady jugó del asco (él mismo lo reconoció), aunque hay que decir que fue el juego terrestre de Nueva Inglaterra lo que los mantuvo a flote. Y las alas cerradas y Welker también hicieron lo suyo. Pero aún así fue, quizá, el peor partido ofensivo que los Patriotas dieron en el año. ¿Y entonces quién vino a salvar la chamba? La defensiva.Así es: la defensiva. Aquella defensiva vilipendiada por todos a los largo de la campaña. Aquella defensiva que, en estadísticas, fue la peor de la Liga después de 17 fechas. Aquella defensiva en la que nadie creía. Nueva Inglaterra tuvo lo mismo que Green Bay y Nueva Orleans tuvieron la semana pasada: un mal día ofensivo. Solo que aquí la defensiva sí sacó el paquete. ¡Qué forma de presionar a Flacco! ¡Qué forma de controlar la línea de golpeo (Terrell Suggs, linebacker patriota, dio el partido de su vida)! ¡Qué forma de castigar a los receptores! La verdad es que jugaron el partido del año y en el mejor momento. Y su trabajo se tornó heroico en las últimas tres series ofensivas de Baltimore, cuando Brady ya no producía nada y los Cuervos parecía tenerlo todo para ganar. Primero interceptaron. Después pararon en 4 a Flacco. Y en la última... bueh, nada más un manotazo salvador de Moore sacó el juego. ¡Pero esperen! ¡Moore lo hizo dos veces! En tercera de aquella serie, una jugada después de su consagración, Moore se anticipó de manera perfecta a un pase dirigido a Pitta. Todo esto preparó el escenario para que Billy Cundiff, pateador de Baltimore, viniera a intentar empatar el juego en los últimos 10 segundos. Era un gol de campo de 32 yardas, de rutina aparentemente para un tipo que en su día había logrado uno de 50 yardas en la casa de los Steelers (el estadio donde más sopla el viento en la Liga). Cundiff, pateador muy seguro en teoría, falló. Y los Patriotas ganaron un juego que, si hablamos de merecimientos, tal vez debieron perder.

Baltimore es un equipazo. Y es una lástima que haya perdido por un error individual, ya que por la inercia del juego, estoy seguro de que hubieran ganado en tiempo extra. Pero así es este deporte (bueh, así son la mayoría de los deportes): la victoria siempre es un trabajo de equipo, pero la derrota siempre es culpa de un solo individuo. Pero ya habrá otros años. Y aunque Brady esta vez jugó horrible, tiene la oportunidad de reivindicarse en el Super Bowl. Nada más y nada menos que su quinto Super Bowl (Montana, por ejemplo, solo llegó a 4), en el que volverá a enfrentar a los Giants.

Nueva York y San Francisco dieron un partidazo defensivo la noche de anoche. Fue un gran espectáculo, considerando que dieron el brochazo final a una campaña que fue acaparada por las hazañas de los QB y las ofensivas. Pero aquí fue la defensiva la que dominó, sobre todo la de los 49ers, quienes entre otras cosas le dieron la madriza de su vida a Eli Manning y secaron en la segunda mitad a un receptor de más de mil yardas en la temporada como Victor Cruz. Pero la de los Gigantes tampoco lo hizo nada mal, sobre todo si consideramos que dejó casi seco al líder corredor en la historia de San Francisco (Frank Gore) y que hizo su perra al buen Alex Smith.

Fue un juego cerrado, tenso, emocionante. Pero como suele pasar en esta clase de juegos, fueron los errores lo que inclinaron la balanza. En este caso, las pifias corrieron a cargo del pobre regresador de patadas de los 49ers Kyle Williams (¡crucifíquenlo!), quién primero desvió con las rodillas un despeje de Nueva York que fue recuperado por los Giants para anotar un touchdown que los dejó adelante entonces por 17 a 14. Pero ya en el tiempo extra, cuando el juego estaba más parejo que nunca, Williams soltó su segundo balón, el cual preparó el escenario para el gol de campo de Tynes que valió un nuevo viaje al juego grande.
Si, es una pena por San Francisco. Pero no podemos dejar de reconocer lo increíble que juega su defensiva, por mucho la mejor de la Liga en este momento. Pero los equipos especiales también cuenta y la ofensiva la verdad es que se vio un tanto chata y eso al final les costó el partido, porque como dicen los antiguos: los pateadores son los que te ganan los campeonatos. Y también los pierden, si nos vamos a esas.
Y bueh, después de un fin de semana de infarto en el que tuvimos héroes y villanos improbables, ya tenemos Super Bowl. Y será una revancha. Y digo revancha porque esta vez los Patriotas van a ganar. Pero de eso ya hablaremos más adelante.