La grabadora
Una grabadora de audio es un instrumento potente para estudiar historias. Haciendo las preguntas correctas, quien las responda puede soltar ahí una historia con paredes, pisos y techos. Hay quien no necesita preguntas: le basta enfrentarse al micrófono de la grabadora para aflojar la historia que guarda en su cabeza y en su boca. En mi casa teníamos una grabadora como la de la foto, con manija y todo. De casette. La particularidad de ese tipo de grabadoras era que, al mover circularmente las cabezas de la cinta, te hacían sentir que las cosas estaban sucediendo, literalmente, que las ruedas se estaban moviendo. Con una grabadora de ese tipo sentías que algo se estaba capturando. El momento, ya saben. El botón doble, el REC, el estrés de saber que el sonido análogo se estaba guardando en una cinta magnética. Es una sensación difícil de hallar en los equipos digitales. Los relojitos de las pantallas y otros efectos sutiles hechos para las computadoras no atrapan esa sensación. Es más que algo retro. Es sentir, de nuevo, que las cosas están sucediendo. Una grabadora de casette. Una persona contando su historia frente a una grabadora de casette. Es un momento de honestidad. Eso: es un momento de honestidad.
Los dejo con el Cuarteto de Liverpunk. Ya es jueves.