La Biblia en gore

Rey_david

Soy fan de los antiguos jueces y reyes de Israel. Sus aventuras, guerras y actos de brutalidad me fascinaban en la pubertad/adolescencia. Quizá mi maestra de Catecismo habría querido que me enamorara de las historias del jovial Jesús (y sí me gustan, simplemente no soy tan fan), pero la verdad es que yo estaba más en la onda de los Jueces de Israel o, para el caso, las imágenes oscuras del Apocalypshit. Hoy recordé, por virtud de My Morning Jacket, a Gedeón, aquel juez de Israel que le partió la mandarina en gajos a unos 15 mil madianitas con sólo 300 hombres. Ajá, 300 (y si el recuento histórico es verídico, unos 600 años antes de la Batalla de las Termópilas). Poco antes, Dios había hecho que los madianitas se atacaran a sí mismos con sus propias espadas. Gedeón decapitó a los dos jefes, Oreb y Zeeb. Después, comenzó a perseguir a los reyes madianitas, y al pararse en dos ciudades (Sucot y Penuel) a pedir pan para sus tropas, lo mandaron al cuerno. ¿Qué hizo el gran Gedeón? Les dijo, palabras más, palabras menos: “Miren cabrones, voy a ir a putearme a los reyes madianitas y después regreso a matarlos a todos ustedes por no quererme ayudar”. Y así lo hizo: alcanzó a Zébaj y Salmuná, los reyes madianitas, y asesinó a los hombres y ancianos de las ciudades, dejando un generoso y sangriento legado de viudas en la región. La historia de Gedeón se encuentra en cualquier Biblia católica en el libro de Jueces-6.

Los reyes son también la onda. En el libro de Samuel viene el relato de Goliat, el gigante filisteo que se me figura como el Superinmortal de 300. La batalla con David es intensa. El desenlace es heroico:

David fue corriendo y se paró junto al filisteo; le agarró la espada, se la sacó de la vaina y lo mató, cortándole la cabeza. Al ver que su héroe estaba muerto, los filisteos huyeron. Inmediatamente, los hombres de Israel y de Judá lanzaron el grito de guerra y persiguieron a los filisteos hasta la entrada de Gat y hasta las puertas de Ecrón. Muchos filisteos cayeron heridos de muerte por el camino de Dos Puertas, hasta Gat y Ecrón. Después, los israelitas volvieron de su encarnizada persecución contra los filisteos y saquearon su campamento. David tomó la cabeza del filisteo y la llevó a Jerusalén, pero dejó las armas en su propia carpa.

Libro de Samuel, 17:51

La Biblia es hermosa.