Iron Man 2
Fui a ver Iron Man con el alma llena de incredulidad hacia las películas basadas en cómics, cortesía de Sam Raimi y su apestosa Spider Man 3. Y no pude salir más contento de la sala. Aun ahora, la primera parte de Iron Man me sigue encantando y es de esas películas que puedo ver seguido sin que decaiga el humor o la acción. Es genial, en una palabra. El viernes 30 de abril del presente año fui a ver la segunda parte de la saga fílmica de Tony Stark (Robert Downey Jr.) y su alter-ego metálico con el hype hasta la punta de la cabeza engelada gracias a la publicidad y a los trailer y al twitter del maese Favreau (síganlo aquí). Y aunque esto muchas veces no es garantía de nada más que una decepción mayúscula, esta vez el hype se vio recompensado. Salí de la función IMAX con mi vaso de War Machine y rodeado del ruido de una bola de escolapios y completa y absolutamente feliz. Iron Man 2 rockea.
Rockea desde el soundtrack hardcore, aunque no soy fan de este tipo de música, la selección de los temas se me hizo por demás acertada (aunque una rola original de AC/DC no hubiera estado nada mal, pero bueh). Ya desde la primera secuencia vemos lo que nos espera a lo largo de la proyección: el choque entre el superhéroe más cool de esta galaxia y sus alrededores (lo siento Spidy) con sus millones y sus juegos de luces y sus Iron Chiks y su ego a todo lo que da, en contra de Ivan Vanko (Mickey Rourke) y su armadura home made y su look de Charles Bukowski y sus deseos de venganza. En casa, Tony Stark trata de convencer al gobierno de que él es lo mejor que le ha pasado al planeta desde la llegada de la mujer (in your face, Maxim!) y que lo único que deben hacer los burócratas y militares es dejar la seguridad nacional en sus manos, por lo que se niega a compartir su tecnología argumentando que el resto del mundo está a años de copiarla exitosamente. Mientras sigue con su actitud de rockstar de la primera película, ahora resaltada con una espectacular Expo organizada para encontrar las nuevas y mejores ideas para hacer un mundo mejor, pero que solo es una actitud propia de su conciencia de paulatina muerte por envenenamiento debido a una sustancia corrosiva proveniente de la misma unidad que alimenta el traje y lo mantiene vivo. Con esto en mente, nombra a Pepper Potts (Gwyneth Paltrow) como nueva CEO de su compañía, contrata a una secretaria enigmática y obscenamente hermosa (Scarlett Johansson), pone de malas a su amigo Rhodey (Don Cheadle) y parece dispuesto a vivir al máximo y acabar con su propia vida antes de que lo haga su sangre envenenada Y es en este, su peor momento, cuando se cuza con Vanko. Después de la primera batalla en Mónaco, el mundo literalmente se vuelve en contra de Stark, debido a que todos consideran que los engañó con aquello de que nadie podría copiar su tecnología y bla bla bla; el ejercito esta a 2 segundos de entrar a su casa y llevarse todo su trabajo y él sigue en su propio y privado proceso de autodestrucción hasta que Rhodey le pone un alto y Nick Fury (Samuel L. Jackson) y la secretaria misteriosa tratan de encausar su trabajo hacia su propia supervivencia. Por otro lado, Vanko encuentra un mecenas rico y lo suficientemente resentido como para poner en sus manos todo lo que él necesita para su propia y privada vendetta. Así es, más o menos la trama. La verdad es que la historia es increíble. El espíritu del Tony Stark alcohólico y completamente autodestructivo de los cómics se encuentra aquí, aunque un mucho más maquillado y fresa, pero ahí está. Durante buena parte de la cinta el espíritu de superhéroe de la parte final de la primera parte le vale pito a Stark, quién solo busca beber y coger mientras pueda. Y aún así nos sigue cayendo súper, nos sigue provocando envidia y a cada minuto se afianza como el role model perfecto. Y su evolución no demerita en nada la imagen del principio. Su vida encuentra un nuevo reto, una nueva obsesión como la que le salvó la vida en aquella cueva llena de terroristas. Y ahora sí tienen un rival de su altura, alguien que iguala su deseo de vivir con su deseo de matarlo. Ivan Vanko es un personaje grandioso, misterioso como el que más, con un dolor palpable y una frialdad de muerte. Y Rourke lo hace increíble como él, siendo cagado cuando tiene que serlo o siendo simplemente un culero con la sonrisa más enferma que se recuerde. La violencia no es explícita, pero se intuye de gran manera; la acción atrapa y roba el aliento y el humor es magistral, con gags memorables y quotes a la altura. Scarlett lo hace bien, hasta una de sus detractoras por naturaleza la aplaudió. Happy Hogan (Jon Favreau) por fin es como el Happy Hogan de los cómics y esta muy cagado. La génesis de War Machine se da de manera natural, ya que no es producto de aquél "next time, baby", sino de la personalidad de un militar acostumbrado y programado para poner el deber por encima de todo. Y las madrizas son supremas. Con estos elementos, Jon Favreau logra armar una película de cómics casi perfecta, coronada de grandes actuaciones y una dirección vertiginosa. Pero, como todo, tiene sus fallas, que son casi tan menores que hasta da pena mencionarlas, pero aquí van. De entrada me parece que la última madriza con Vanko es demasiado corta y demasiado predecible, aunque no por eso menos violenta. Aún así unos minutos más de golpizas no hubieran estado mal. También me sorprendió que muchas escenas del trailer no vinieran en el corte final, como aquella en la que Stark enseña a disparar a la güera de Vannity Fair y en la que Missis Potts besa el casco metálico antes de lanzarlo de un avión. Porqué no incluirlas? Creo además que la génesis de Vanko es confusa, ya que cuando lo detiene la policía francesa dicen no haber encontrado nada en su registro de huellas, lo que resulta confuso si creemos en la hipótesis de que es un ex físico y ex presidiario, pero bueno. Tampoco me gustó la forma casi infantil con la que Fury trata de destruir la imagen de Anton Vanko, tachándolo simplemente de ambiciosos. Me parece que la relación entre los primeros Stark/Vanko merecía un capítulo aparte, posiblemente provechoso para la historia en sí. Paltrow es hermosa, pero creo que un programa de Cristina tiene más chispa y es menos difuso que ella. Y creo que es todo. Todo lo demás vale mucho la pena en la película y esta aprovechado de manera perfecta. Aún así no creo que esta sea la mejor película basada en cómics ever made. Pero eso al final tiende a no importar. Esta es una película sorprendente y sumamente divertida, que tipos como Michael Bay deberían estudiar cuadro por cuadro para entender cómo filmar secuencias de acción memorables. Es perfecta para explotarla en merchandise cada vez más absurdo, pero también digna de horas de plática amena y análisis inútil. Es de esas películas que se tiene que ver forzosamente en el cine (TIP: quédense hasta que los créditos finales terminen), pero que te hacen feliz una madrugada en la que te la encuentras por HBO. En definitiva, es una de las mejores cintas de verano que he visto. 100% recomendable.