Intouchables
Intouchables es la película francesa que, actualmente, la está rompiendo en eso de meter muchos dólares en taquilla y hacer llorar a las viejitas que van a las funciones matutinas de entre semana. También, seguro, será de esos DVD que la gente ama regalar en la época navideña, la clase de película que la gente se siente bien de ver, no solo por la trama, sino porque es “de arte”.
En otras palabras, una hueva total sumamente sobrevaluada.
“Amigos” (el predecible título en español…) cuenta la historia de Philippe, un acaudalado francés que está paralizado del cuello hacia abajo debido a un accidente de paragliding. Entonces, amargado, inaguantable y completamente dependiente, inmerso en la tarea de encontrar un cuidador, conoce a Driss, un inmigrante africano, recién desempacado de prisión, que solo busca llenar su cuota de entrevistas de empleo fracasadas para que pueda calificar para la ayuda del estado. Philippe le da el empleo, junto con la confianza que nadie le da en el mundo (por aquello de los estereotipos, verán). Driss lo llena de nueva vitalidad, alegría venia de música funky y de nuestra vieja amiga: la cannabis.
Creo que ustedes pueden imaginar el resto.
La cinta está llena de situaciones comunes y errores predecibles en esta clase de cine. Su éxito (porque vaya que lo ha tenido) radica en la vieja fórmula de hacernos sentir afecto por los personajes: entonces, cuando ellos son felices, nosotros lo somos. Esto se logra gracias a las magníficas actuaciones de los dos protagonistas. Francois Cluzet, que comunica sus sentimientos usando solamente su rostro y su voz; y Omar Sy, quien es desparpajado a su manera, sumamente alegre para un personaje con un duro pasado.
Y es que, a pesar de sus errores, la cinta cumple con lo que se espera. Cuenta la historia de dos hombres y la creciente confianza que surge entre ellos de una manera relajada, nada pretenciosa y natural. Además, maneja de buena manera la esencia del trabajo del cuidador, quién no solo es la persona que ayuda y da medicamentos, sino que llega a una relación a la que llegan pocos médicos.: la cercanía con una persona que lo ha perdido todo (incluyendo su capacidad de pararse e ir a mera cuando tiene ganas). Philippe, a pesar de su estatus de millonario poeta y conocedor del arte, está completamente solo: su esposa ha muerto, su hija es una mocosa inverbe y su personal tiene una vida propia. Driss viene de otra realidad y aún conserva algo de alegría y alma y lo trata diferente.
El truco está hecho cuando caemos en la cuenta de que nos sentimos bien. Atrapados en la empatía por los personajes, pasamos por alto muchos supuestos sin respuesta. Los directores y escritores Oliver Nakache y Eric Toledano se muestran alegremente dispuestos a ir por los grandes gags y su estilo es insinuante. Pero, al final, si miramos de cerca, no tenemos nada más que una reducción simplista de los estereotipos raciales. Una fantasía simplista.
Pero bueno, a tu madre seguro le encantara recibirla en Navidad.