Holocausto zombie
¿Las películas sobre zombies serán el subgénero supremo, el primus inter pares del cine de horror? Probablemente. Siguiendo aquella lógica de “homo hominis lupus” (el hombre es el lobo del hombre), nada debe ser más aterrador que un muerto viviente sin mente propia que devora gente. El remake de Zach Snyder del clásico Dawn of the Dead tiene una de las mejores secuencias iniciales del género: brutal, gore, cinematográfica de a madres. A eso hay que agregar el término “apocalíptico”. Parece inevitable que el tema de los zombies vaya ligado al fin del mundo. No es algo que me gustaría experimentar en carne propia, definitivamente.
Leí por ahí que el zombie es el máximo depredador, la crema y nata de la cadena alimenticia: se come a todos y nadie se lo puede comer. Terrorífico.
Yo no sé usar armas. He disparado una sola vez en mi vida, y en un “shooting range”. Si viene un zombie corriendo hacia mí, evidentemente no le pegaría un tiro en la cabeza. Ni intentándolo 100 veces y poniéndome de acuerdo con el puto zombie.
En caso de holocausto zombie, tema que me ha tenido obsesionado desde la noche de anoche (Titanic 3-D no logró distraerme de mis pensamientos), hay que rodearse de la gente indicada. Alguien que sepa usar armas (o mucha gente que sepa usar armas). Alguien que sepa de mecánica. Alguien que sepa de primeros auxilios. De preferencia, alguien que tenga un bote (de esos que flotan en el agua). Alguien que haya leído los libros de Max Brooks.
Mierda. La posibilidad de un holocausto zombie me estresa. De vez en cuando.
