Fantastic Mr. Fox
Wes Anderson es uno de mis tres directores favoritos de la década. No es el wey más prolífico (apenas 4 cintas en 10 años) ni el más innovador; es justo y cierto decir que desde Rushmore (1998) el wey se ha dedicado a pulir su fórmula de trama per sé: la problemática de la familia. Cosa que se hace más evidente con la repetición del cast y del crew, con la creación de soundtracks melancólicamente magistrales, con un look retrohipster pretencioso y con ese delicioso sentido del humor ya tan identificable para los fans, entre los cuales me siento muy orgulloso de incluirme. El tipo, ademas, ya es alguien muy muy maduro detrás de la cámara, alguien que sabe muy bien su chámba y cómo realizarla: el uso de los silencios, de la música, los travelings, las tomas cerradas, los encuadres hipercuidados; todo eso esta nuevamente presente en Fantastic Mr. Fox (2009), así como su prolemática eterna de la familia, que en su mundo va desde un viejito que siente que aún tiene algo que darle a sus hijos adultos hasta los hermanos que emprenden una cruzada espiritual en la India en búsca de respuestas.
Aquí la onda se va por la de un zorro que tiene un graaaan ego y cuya necesidad de satisfacerlo (ya saben, siente que si no hace cosas grandes la gente no lo pelará) lo lleva a poner a su familia y amigos en un pedo de proporciones bíblicas. Y esto, aderezado con una disparidad moral que sienten muchos morrillos (mi sobrina es un ejemplo) al tener como héroe a un tipo que roba y miente, dá como resultado una historia dígna de la mente del mentado texano compañero de universidad de Owen Wilson. La estética que el libro del pachequísimo Roald Dahl pinta en la mente de sus lectores es puesta en escena de manera muy retrohipster pretenciosa, usando un stop motion y una fotografía realmente bellas. Hay tantas cosas dígnas de atención que sencillamente no sabemos qué ver, máxime si pensamos en que cada elemento de esta cinta existe en formato físico y fue hecho a mano. Oséa, visualmente es una fiesta. Pero las palmas se las lleva la historia: llena chístes tan inteligentes como divertidos, de situaciones tan graciosas como peligrosas y reales; me rockeó lo del hijo de Mr. Fox y sus sentimientos hacia su primo. Y el abogado no tiene madre, así como el compínche del buen Señor Zorro. La película poseé una ambiguedad moral y una maduréz que la coloca muy por encima de las películas de Pixar y demas en lo que a cine infantíl se refiere (aunque esto de "cine infantíl" es muy cuestionable), pero aún así no deja de entretener a una y otra generación: los grandes queremos que el Señor Zorro resuelva su crísis existencial y los niños solo quieren que el Señor Zorro, que hace cosas malas, no cáiga en las manos de los weyes más malos o realmente malos. Simple.La película es altamente recomenable y le merece el título de la pieza de animación del año, puesto de una vez y en caliente (y miren que Up me gustó musho y me pareció genial y toda la cosa, pero hay niveles mi lic). Otra joyita dentro de la filmografía excelenete de Anderson. El único "péro" fue la incapacidad de verla en formato original. Por el momento no exíste una cópia en los cines mexicanos que tenga las vocez de Clooney, Murray y compañia; así que tendré que esperar hasta el rayo azul para oirla como Dios manda. Pero, hey!, esto no es del todo malo. El doblaje me pareció excelente porque en él participaron verdaderos actóres de doblaje y no el pendejo famoso de la semana de Telerisa (algo de lo que la fama de Wes Anderson es responsable, la cual en la mente de los idiotas de esa televisora es menor a la del escirtor de Shrek, de quién no conocen el nombre; lo cual agradecemos). Alguna vez Borges dijo que las buenas tradúcciones literarias deben ser una invitación para leer los originales y algo de ese calibre bien puede ser aplicado para el trabajo de vocez en El Fantástico Señor Zorro (ven, señores de la distribuidora, cómo el título traducido literal cási siempre es lo mejor).En fin, deben verla. La escena del lobo es hermosa. Es un clásico y conmovedor momento de reconocimiento a eso que llaman primus inter pares. Hermoso. Y sobra decir que, una vez más, el soundtrack es una pieza de colección por si mismo.