Fantasías animadas de ayer y hoy
Lo confieso: muchos de los mejores momentos que pasé en mi infancia fueron cortesía de la caja idiota. Estas son 5 de las más memorables caricaturas de mis años mozos (y sus openings!), que han sido influencias en mi trabajo de ficción y que han contribuido a que, a partir de ellas, me haya convertido en un amante de la cultura pop. Que buenos tiempos, chingau.
Mazinger ZUn anime más ochentero que un helado Danesa 33 en casquito de futbol americano, pero que vi retransmitido cortesía del canal 7, todas las tardes a las 4 p.m. Creo que no es necesario explicar la trama de sus más de 400 episodios, solo resta decir que fue la primera serie de mechas que me voló la tapa de los sesos y que me hizo ver que esos japoneses se pintaban solos para las batallas y las referencias un tanto hornys (Afrodita y sus proyectiles son inolvidables).
Los Caballeros de ZodiacoUn grupo de adolescentes son mandados a diferentes partes del mundo para entrenar y convertirse en los protectores de la reencarnación moderna de la diosa Atenea. Okey, fuera de eso, este fue el primer anime que contenía mutilaciones, cráneos destrozados y baños de sangre que hubieran espantado al propio Bruce Campbell. La caricatura me regalo una no muy sana obsesión por la mitología griega (que derivo en otra obsesión por la historia antigua), un montón de figuras de acción que se perdieron en el Limbo y una desensibilización hacia la violencia grafica. Pasaba todas las noches, a las 7.30 p.m. (aunque después cambió de horario, a las 5.30 p.m.), también por canal 7 (la cancioncita sigue emocionandome, jeje).
AnimaniacsUna caricatura más gringa que las Big Mac, producida y creada por Steven Spielberg y claramente influenciada por el anime, que me hacia cagar de la risa todas las noches a las 7 p.m. por Canal 5. Claro que cuando la veía no entendía ni la mitad de las referencias de cine, literatura y arte en general, pero su humor clásico muy de la Warner era suficiente para entretener. Más tarde entendí, ahora sí, las referencias y la amé aún más. Quizá nunca tuvo el éxito de Los Simpson o el culto de Darla, pero es inolvidable. Para muestra, sus parodias de West Side Story, Goodfellas, Rocky, los Power Rangers, Sunset Boulevard y los clásicos Pinky y Cerebro (dignos supervillanos de James Bond). Pura cultura, mi lic.
Los Super CampeonesCompletaba junto con Animaniacs el horario estelar de las caricaturas en Canal 5 (esta pasaba a las 7.30 p.m.). También era ochentera, pero según mi hermano nunca tuvo éxito durante esos años, por lo que se retransmitió durante los primeros años de los noventa. Un tanto repetitiva y muy fumada, contaba la historia de Oliver Atom, un jugador de futbol sobresaliente que comanda al Niupi, equipo de su escuela que competía en diferentes torneos de pambol por todo Japón. O algo así. Como sea, siempre fue entretenida e interesante, por más que sus acrobacias apelaran cada vez más a nuestro sentido de la incredulidad. Tuvo muchas ramificaciones y hasta donde sé, incluso se hizo una versión especial cuando el Mundial del 2002, pero la original siempre fue mejor, creo. Recomendado sobre todo por las pericias del Furano, equipo que tenía el mejor juego de conjunto pero que nunca ganaba nada (como el Atlas de los noventa que me conquistó), y la eterna rivalidad entre el bueno de Oliver y el malo de Steve, tipo rudo y de pocas palabras, pero buen corazón para con sus carnales menores. Ajá, como la rivalidad entre Steelers y Cowboys.
Dragon Ball¿Qué podemos decir de Mister Pelos de Araña que no se haya dicho antes? La obra maestra del Inmortal Akira Toriyama llegó a territorio azteca en el verano de 1994 (poco después de la Copa del Mundo de ese año), en el modesto horario de las 2 p.m. (a las 2.30 pasaba esa otra grande retro llamada Transformers, solo que no tenía una versión animada de Megan Fox). Y aunque su rating no fue muy bueno al principio, pronto conquistó a los que seriamos su fans incondicionales por más de 5 años. Dragon Ball contaba la historia de Goku, niño con cola y pelos parados y extremadamente fuerte, quién en compañía de sus amigos trataban de encontrar las Esferas del Dragón, objetos legendarios que si se juntaban todos (eran 7), invocaban a un Dios, ejem, Dragón que podía cumplir cualquier deseo. Goku, a pesar de su extraño parecido con un mico, tenía buen corazón y un gusto inusitado por las peleas, por lo que además de participar en diferentes torneos de artes marciales (que parecía nunca iba a ganar), trataba de impedir que los malos se apoderaran de las Esferas. A lo largo de las tres primeras temporadas, las Esferas fueron el MacGuffin de la historia, pero pronto le fueron dando más protagonismo a las peleas que, supongo, todos identifican. El del Peinado a la Robert Smith pronto fue creciendo, las tramas pronto se hicieron más complejas, pero nunca se perdió el humor de la serie, los chistes un poco picantes (sobre todo si los ves a los 6 años), los momentos lacrimógenos (este fue el primer anime que me hizo derramar las de cocodrilo) y claro, las escenas épicas. Ya después vino la fama, las figuras de acción, los albums de estampas ($1.50 costaba el sobrecito con 5) y las sagas Dragon Ball Z y Dragon Ball GT aterrizando en el horario estelar y teniendo más audiencia que las propias telenovelas del canal de las estrellas. Y aunque siempre fui fan (y aún lo soy), creo que mi parte favorita es la primera, la simple Dragon Ball con el Goku niño, Bulma que fue el despertar sexual de muchos, los militares de la Patrulla Roja, el gato y el puerco que podían transformarse en lo que fuera (en teoría y solo por poco tiempo), la primera batalla contra Pikoro, el mejor opening en mi opinión (grande en el karaoke, mi lic) y los inolvidables torneos de las artes marciales. Goku parecía ser el eterno perdedor en ellos, ya que no pudo ganar la final en dos ocasiones (y de maneras por demás pendejas), pero pronto demostró que él y solo él era el guerrero legendario. Aprende, pinche Neo.