El momento pambolero de la década
Muy poca gente recuerda que antes del Mundial de Alemania 2006 en verdad no se esperaba gran cosa de Francia. Bueh, se esperaba algo decoroso, que llegara a Cuartos de Final, Semifinales quiza, pero tanto los expertos como los villamelones no lo ponian más lejos de esa etapa. Francia era un equipo viejo, que habia apostado por el cambio generacional en las eliminatorias y eso cási le cuesta el boleto. Se corrió a un técnico y se llamó de nueva cuenta a leyendas como Bartéz y Zidane para sacar las papas del fuego (muy poca gente recuerda que este último habia renunciado a vestir la camiseta gala despues del fracaso de Japón-Korea). Así que Francia no lucia ni por mucho como una de las favoritas para alzar la Copa; el gran favorito era Brasil y le seguian los de siempre (Alemania, Inglaterra, Italia...). Francia solo llamaba al morbo de ver al gran Zisoú en su último Mundial, ahora sí.
Y ni así le fue muy bien. La primera ronda fue terrible; una selección sin brillo, sin gol, con problemas internos demasiado evidentes. Francia empató sin goles con Suiza y a un tanto con Korea del Sur, partido en el cual Zidane recibió su segunda tarjeta amarilla del torneo. Todo parecía indicar que ese habia sido su último cotejo. Pero Francia pasó, en parte gracias a Suiza y se dirigía a enfrentar a España en Octavos. Una España con marca perfecta y segura de retirar al mago francés. Y aquí empezó la leyenda.Eliminar a España con un 3 -1 contundente, eliminar a Brasil y de paso tirarle las quinielas a TODOS (no conozco a nadie que diga que en verdad pensara que Francia podia ganar ese partido y desconfío de los que lo dicen), eliminara a Portugal y protagonizar la primera Final entre países vecinos (Francia - Italia) fue lo que elevó a calidad de guerrera a la Francia del 2006. Una perfecta máquina de jugar futbol, con contudencia, control y explosividad. Y con un mago portando el número 10. La pelota disfrutaba cuando Zidane la tocaba, lo que hacia era magia pura, no habia otra palabra para describirlo; era en verdad un deleite, el futbol elevado a la categoría de arte. El mundo se rindió a sus pies y se esperaba que alzara la Copa aquél 9 de júlio, en el Estadio Olímpico de Berlín. Aquél penal cobrado de magistral manera contra Buffon fue... épico. Estabamos ante la leyenda de nuestros tiempo, pero en verdad el futbol es caprichoso. Italia empató y congeló el juego, el cual se trabó en medio campo y se llenó de esa tensión propia de las tormentas. Muy poca gente recuerda que antes del cabezazo a Materazzi, un centro le llegó justo a la testa pelona del 10, que remató como dictan lo cánones. Era el gol de destino, pero fue desviado por Buffon, el mejor arquero del mundo en ese año. MInutos despues... bueh, ya todos dabemos lo que pasó. En lo penales, David Trézéguet fue el único que falló, pero la gente no lo condenó, o al menos no en demasía. El líder los habia abandonado, el alma del equipo los habia dejado a su merced.Y todo lo que aquella acción ocasionó es harto conocido por todos: bromas en internet, discusiones inútiles y eternas, videojuegos, parodias televisivas, chistes cada vez más idiotas y una nueva iniciativa de la FIFA para proteger a los jugadores estrella de la cantidad absurda de insultos que reciben durante un juego, iniciativa que nunca cuajó dicho sea de paso. La magia de Zidane fue opacada por su temperamento, por la polémica, por un momento de calentura, por una acción hasta cierto punto ridícula (si le hubiera róto la naríz con dicho cabezazo, Materazzi tendría que haber salido y ambos conjuntos hubieran quedado con 10 hombres, ya que Italia no tenia cambios). El mundo lo condenó sin piedad, olvidando todo excepto su pecado. Así de banal y caprichoso es el mundo del deporte, mi lic.Zidane fue degradado de leyenda a simple mito urbano.