El heroico Mirandés
En una Liga (como la Liga Profesional de Futbol –LPF-, mejor conocida como la Liga Española) que es prácticamente un mano a mano entre dos equipos de ideologías muy diferentes (Barcelona y Real Madrid, pero de eso podemos hablar en otro post) es natural que se pierda la emoción, la sorpresa, y que la calidad de los partidos baje radicalmente. Es muy difícil que alguien le haga sombra a merengues y blaugranas, y cuando ambos se enfrentan… bueh, para que hablar sobre lo que es obvio en los últimos años. Entonces, y además considerando lo mal que me caen en términos generales los deportistas españoles, pues hablar sobre algo acontecido en la Madre Patria en el ámbito deportivo no se me antojaba mucho, la verdad. Pero entonces llegaron: ese equipo de humildes guerreros heroicos que, con su propia y particular odisea, han hecho que recuperara la fe en el futbol. Un poco de ella, al menos.
El equipo se llama Club Deportivo Mirandés (no se preocupen si no les suena, lo mismo me pasaba a mi hace como un mes) y la hazaña consiste en pasar a semifinales de la Copa del Rey. Lo interesante del asunto es que el Mirandés es un equipo de Segunda División B, una Liga casi semiprofesional que está debajo de la propiamente dicha Segunda División, la cual es anterior de la LPF. El Mirandés se compone de jugadores que no son completamente profesionales, en el sentido de que el futbol no es su única fuente de ingresos ni su única ocupación, sino que trabajan en empleos regulares y para ellos llegar a vivir del futbol como otros futbolistas no es más que un hermoso sueño. Los jugadores del Mirandés entrenan por gusto, por las tardes, después de una jornada laboral común y corriente. Y en lunes, después del fin de semana deportivo, ahí están otra vez, en sus puestos de trabajo, sonriendo a los clientes, jefes, compañeros de trabajo o vecinos, que quizá los feliciten por alguna jugada o algún gol. Por tanto, y aunque parezca increíble, su rendimiento es por demás excepcional comparado con muchos de sus compañeros que militan en la LPF o en alguna otra liga completamente profesional. Los jugadores del Mirandés son auténticos guerreros, que partido a partido (al menos los que los he visto) salen a la cancha dispuestos a partirse la madre, a dejarlo todo y a tratar de ganar. Lo más simple del futbol, pero también lo que más rápido se pierde cuando intervienen otras cosas. Verlos a ellos es como una bocanada de aire fresco en estos tiempos y sobre todo considerando las vergonzosas imágenes que este fin de semana le dieron la vuelta al mundo, como aquél pisotón de Pepe.
El club tiene como su casa una localidad de Burgos llamada Miranda de Ebro, muy al norte del país, que recientemente ha sido duramente golpeada de manera dura por la crisis económica, pero que ayer estalló en júbilo celebrando el histórico pase a Semifinales frente al Espayol de Barcelona, un equipo profesional como saben y que ha ganado la Copa del Rey no hace mucho. Eso es lo que hace la épica del Mirandés más grandiosa: para llegar a donde está, ha tenido que ganarle a tres equipos de la LPF. Primero despachó al Villareal (si, el famoso Submarino Amarillo, que hace no mucho llegó a semifinales de Champions) en dieciseisavos de final. En octavos de final dio cuenta del Racing de Santander, que ahí más o menos la lleva en la media tabla de la LPF. Y ahora derrotando al Espayol de manera casi milagrosa, con un gol de último minuto, aunque hay que decir que tanto en el partido de ida en Cataluña, como en la vuelta de ayer en casa, el Mirandés fue mucho mejor. De hecho, el partido de ida, que terminó 3-2, favor los locales, fue marcado por un escandaloso arbitraje. Pero los jugadores no se desilusionaron de eso, vaya ni siquiera se quejaron. Cualquiera de ellos, sobretodo su técnico Carlos Pouso, deberían darle clases sobre cómo llevar una conferencia de prensa al buen José Mouriño.
Los artífices de la hazaña de anoche fueron dos. César, el único del grupo que ha jugado alguna vez en un equipo de Primera División (pasó sin pena ni gloria por las filas del Athletic y del Sevilla) fue el que metió el gol de último minuto que le dio la victoria de 2-1 a su equipo. Pero el que emparejó las cosas con un golazo que fue oxigeno puro para su equipo fue un tipo de 32 años llamado Pablo Infante, un auténtico crack mundialmente desconocido que es el alma y el goleador de su equipo, así como el responsable en la cancha del sueño del Mirandés. Infante (que por cierto ayer juugó apenas recuperado de gastroenteritis) es un 9 natural, despiadado frente al marco, con frialdad, con técnica, con velocidad aún pese a su edad y con un gran carisma. No sé porqué un tipo como él ha militado toda su carrera en equipos de categorías inferiores, pero es realmente triste saber que quizá lo que pudo ser una verdadera joya del futbol mundial se perdió, quizá, porque nunca conoció a las personas adecuadas o porque nunca puso dinero en las manos correctas. En Estadio W, estación de radio de a.m. hay un programa nocturno llamado El Larguero (original de la Cadena Ser de España), que es conducido por un tipo muy inteligente y muy filoso llamado José Ramón de la Morena. El tipo es una auténtica autoridad en aquél país en lo referente a periodismo deportivo y a simple vista se ve por qué. En tal programa es donde me he enterado de la épica del Mirandés desde que empezó y también es donde he escuchado las entrevistas que José ramón le ha hecho a Pablo Infante. Y la verdad es que pocas veces he escuchado a un futbolista tan centrado, tan humilde, pero además todavía con la ilusión casi infantil de ganar, con la alegría pura que provocan las victorias. Infante, como la mayoría de los compañeros, tiene un trabajo normal, en este caso dentro de un banco que tiene publicidad gratis en El Larguero y se considera s sí mismo afortunado “por tener dos trabajos en un tiempo en el que muchos no encuentran ninguno”. Vaya, ¿cuántos futbolistas de la LPF valorarán lo que tienen tan sinceramente como este tipo? Mejor no preguntar.
Pues sinceramente ya soy fan del Mirandés, que se verá en Semifinales con el Athletic o el Mallorca y que quizá se quede en esta instancia, pero que nos ha dejado un agradable sabor de boca que no se nos quitará en mucho tiempo. Y no solo por su garra, sino por su técnica, por su forma de jugar que nos grita a cada segundo que antes de cualquier otra cosa estos tipos se la está pasando bomba ahí afuera. Qué envidia, la verdad. Y no solo por jugar ahí, sino por lo que ellos sienten de jugar ahí, que es muy diferente. El camino va a ser duro para el Mirandés, pero estoy seguro de que pueden llegar a la final. A aquella final a la que el buen Pablo Infante sueña con llegar para que su madre conozca a la Reina. Y, quién sabe si este torneo ya se convirtió en la ventana que muchos de ellos necesitaban para saltar a pastos más verdes. Ojalá que lo hagan, por han demostrado que lo merecen.
Cierro este post con la frase con la que ayer por la noche José Ramón de la Morena despidió a un equipo extasiado: “El futbol con gente como vosotros es francamente maravilloso. Y es creíble”. Amén.