El frío

Frio

En mi conjunto particular de creencias, el frío no es “mal tiempo”, y los días grises no son “días feos”. Cuando hace frío se me enfrían (en este orden) los brazos, las orejas, las rodillas y los tobillos. Quienes me conocen saben que soy más una persona que prefiere el frío, pero no por eso odio el calor (bueno, solo un poco). Cuando el frío arremete, en mi conjunto particular de creencias simplemente pienso “hace frío” y caigo en cuenta del frío y reconozco el frío. No le miento la madre, o procuro no mentarle la madre. Me cubro, me tapo, me tomo mi bebida caliente. Durante un tiempo me ponía un estúpido gorro peruano. No sirve de nada andar por la vida juzgando la cualidad natural del clima frío que es, ajá, ser frío. La mente nos juega esos trucos: qué frío hace, cómo quisiera estar CALIENTITO en un lugar playero. Qué calor hace, no soporto este clima bananero que me hace SANGRAR la nariz. Estoy aburrido, vale madres, no me gusta estar aburrido, quisiera estar en otro lado DIVIRTIÉNDOME. Estoy excitadísimo con este concierto, vale madres, no quiero que se acabe NUNCA. Y así, uno lee en esos message boards masivos que son Twitter y Facebook e Instagram, cómo la gente pasa los días del año quejándose del estúpido clima y de su estúpida suerte de estar en medio de tal o cual clima, en vez de pasar unos segundos solo reconociendo lo que está pasando y permitiendo, como dice el maestro Trungpa, que las capas más bondadosas de nuestra mente y nuestro corazón “trabajen con la situación”. Es difícil, lo sé: porque aunque en Montreal y UK y en el primoroso Albany, NY, los fríos sean una cosa horrenda que te hacen sentir como si te arrancaran la nariz, nuestro país no está preparado para heladas, nevadas –como las registradas en los estados del norte desde diciembre– e inesperadas lluvias pedorras en este frío del periodo enero/febrero. Son rarísimas las casas con calefacción, muchas oficinas son una tortura de microclimas extremos, y ciudades como el honorable DF no fueron pensadas para el bienestar del peatón, que debe cruzar sitios azarosos como el desierto de Ocarina of Time para tomar el transporte público. Además, dicen los apocalípticos que el calentamiento global nos tiene tan jodidos que cada vez hace más frío en nuestras antes benévolas latitudes tropicales.

Pronto terminará el invierno. Vendrán las quejas contra el calor, la temporada de lluvias, la tragicómica política nacional y la mala red celular (esa queja es todo el año). Luego será otoño y luego invierno otra vez. Mis mejores deseos para que sus mentes estén más tranquilas y menos neuróticas. Más productivas y menos quejicas.

Igual ni hace tanto frio. La foto de arriba fue tomada en Foxborough, Massachusetts. LOL.