El Dr. Manhattan es un idiota para el amor

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Un trío de dos. Esa es la genial idea del Dr. Manhattan para pasar un rato de intimidad con su novia. Grandísimo pendejo. Por mucho que sepa y practique en carne propia las bondades de la física cuántica, se mueva de la Tierra a Marte con la misma gracia y facilidad con la que tú te mueves de la sala de tu casa al baño, esté mamado (señoritas: Billy Crudup NO prestó el cuerpo, sólo la cara para la película de Watchmen; este dude es el doble corporal), se madree al Vietcong en cuestión de horas y presumiblemente calce grande, el Dr. Manhattan es bien pendejo para las cosas del amor. Después de cagarla en incontables ocasiones, e incapaz de sostener una relación medianamente exitosa con esta brutal jeva, el muy inútil decide huir a otra galaxia. Claro, tiene otros pretextos (las cosas de los humanos son insignificantes para un semidiós como él), pero la verdad es que nunca pudo entender a las mujeres. Y después de decir esto, me parece que no lo culpo. La sensibilidad masculina parece estar atrofiada. (Venga la orgía de entrecomillados.) Cuando la “jeva” quiere abrazo, nosotros queremos discutir “pragmáticamente” el asunto. Cuando la jeva quiere “apoyo”, nosotros estamos muy ocupados buscando “culpables”. Cuando la jeva quiere “un detalle” o “una sorpresa”, nosotros nos estamos preparando para ver el partido de las 3 de la tarde. Cuando la jeva está lista para “ese día especial”, para nosotros es otro martes o miércoles o sábado normal. Y cuando crees que tu chica es “diferente” a las demás, no le molesta lo que le molesta al resto de las hembras-cliché que pululan en el mundo y “te entiende” o “es alivianada”, inevitablemente llega el conflicto que te hace volver a la realidad (“pero hace tres meses que te avisé me dijiste que no querías ir”, “pero tú nunca habías sido celosa”, “pero habíamos quedado que nunca ibamos a tener hijos, que todos los ahorros eran para viajar”). Hombres al borde de un ataque de nervios. Hombres clueless. Odio los estereotipos, sobre todo cuando los estereotipos son tan certeros. ¿Cuántas veces un hombre le ha dicho a una mujer “no puedo leerte la mente”? Bueh, el Dr. Manhattan sí puede. Y ni así sale bien librado. No se trata de ver lo evidente. Se trata de interpretar lo poco evidente. La mujer es difícil, complicada de leer. Llega un momento en el que crees que sabes qué es lo que debes hacer, pero difícilmente le atinas. Qué dilema. Y qué problema. Qué bello problema son las jevitas.

 No estás solo, doc.