Cuando los hermanos se encuentran

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Sorpresa sumamente agradable de este fin de semana de casi-vacaciones fue ver, por fin, Warrior, una película altamente recomendada por algunos conocidos, pero que sin embargo no pude ver en el cine durante su corto paso por las salas mexicanas. Y sí, claro que fue un error.

Warrrior es una cinta sobre artes marciales mixtas que, mediante recursos de trama inteligentes, le da profundidad a la historia típica de Rocky y nos presenta al menos tres combates épicos (la palabra no queda corta) que le dan forma al desenvolvimiento de las penurias de los dos protagonistas: Brendan y Tommy Conlon, hermanos quienes en su juventud practicaron la lucha grecorromana entrenados por su padre Paddy, pero que sin embargo la vida los llevó por caminos muy diferentes. Ahora Brendan (Joel Edgerton) es un profesor de física en una prepa, casado y con hijas, pero también con muchos problemas económicos. Mientras que Tommy (Tom Hardy) es un Infante de Marina que sirvió en Oriente Medio y que parece estar más que xodido. Ambos, casi al mismo tiempo, se dan cuenta de que deben luchar para ganarse la vida.

El pasado de los dos protagonistas se nos va revelando de a poco, de manera pausada y meticulosa, con diálogos crudos que nos describen heridas que al parecer no han dejado de sangrar. En este punto, la figura de Paddy es el hilo conductor de la cinta. El tipo es un alcohólico en rehabilitación que sabe que ha cometido muchos errores en su vida y que ahora los está pagando y con creces. Y lo acepta, aunque no puede evitar desear el perdón que parece que nunca llegará. La actuación de Nick Nolte realmente es portentosa, con un rostro de piedra que parece sufrir desde el fondo por tratar de darle palabras a lo que no se puede describir.

Entonces, Tommy vuelve a encontrar a su padre, pero la relación entre ambos se da a cuentagotas. Y es que nos enteramos de que se avecina un supertorneo de artes marciales mixtas llamado Sparta, con un premio de 5 millones de dólares para el ganador. Solo 16 peleadores de todo el mundo pueden participar. Tommy gana su boleto al ponerle una madriza a un tipo llamado Mad Dog en una sesión de entrenamiento de su gimnasio. El tipo al final resulta ser el contendiente número dos para el cinturón de campeón de peso medio y el video de la putiza se convierte en un hitazo de TuTubo, por lo que Tommy se hace famoso. Sin embargo, sabe que para ganar el torneo, necesitará entrenamiento. Y decide pedirle a su padre que lo entrene. Pero ellos solo entrenan. Tommy no es precisamente un tipo en busca de componerla relación con su progenitor.

Mientras, Brendan está a punto de perder su casa debido a que su sueldo de pobresor no alcanza a cubrir sus deudas, por lo que una noche decide partirse la madre en un encuentro de artes marciales mixtas en el estacionamiento de un teibol (pura categoría, mi lic). Y aunque gana, termina siendo suspendido de su chamba por el altercado. Ya sin trabajo, decide dedicarse por completo a las peleas, entrenando en el gimnasio de su antiguo amigo Frank Campania (Frank Grillo) y mejorando de a poco, mientras escucha a Beethoven y se gana la chuleta a madrazos. Al final, debido al accidente de un compañero del gimnasio que tenía boleto para Sparta, Bredan logra entrar. Pero ni su esposa (la cumshoterita Jennifer Morrison) ni nadie en su sano juicio le dan la más mínima posibilidad de ganar. Y es que Koba, un ruso que se presume como el Messi de las artes marciales mixtas, va a participar en Sparta y al parecer va a terminar ganando cagado de la risa.

Nunca he sido un gran seguidor de las artes marciales mixtas, al menos hasta antes de ver esta película, pero déjenme decirles que he visto alguno que otro combate brutal. Y aquí los hay y vaya que con mucho. Filmados con adrenalina y cardiaca cámara en mano, los combates de la segunda hora de la película realmente nos hacen estremecer y emocionarnos. Tommy es un tipo sumamente parco, que sin embargo se gana el respeto de propios y extraños con sus entradas sin música ni patrocinadores, con sus KO brutales y con mandar al diablo aquella ceremonia en la que el réferi le alza la mano al ganador. Brendan, por otro lado, entra al ring con el Himno a la Alegría, resiste los golpes de manera casi sobrehumana y tiene mucha técnica y mucho corazón que derriten a los asistentes, además de regalarnos victorias que rayan en lo heroico. Ambos van por el objetivo del dinero, que para ellos representa más que algo puramente económico.

La confrontación final entre ambos es anticipada y esperada, pero llegamos a ella por un camino sumamente interesante, que incluso nos regala una que otra sorpresa de paso. Lo cual es bueno. Como ustedes pueden ver, la trama no tiene nada de original, o al menos no lo tendría con otro director menos talentoso. Pero aquí, más que nada, nos entretenemos con el choque brutal de dos figuras del cine que son por demás seductoras: el héroe y el antihéroe. Tommy es el antihéroe, un tipo de pocas palabras, del que no conocemos casi nada, que no sabemos cómo piensa y qué siente, pero que sin embargo tiene un propósito noble y hasta un hecho pasado que parece estar revestido del heroísmo más puro. Brendan, por otro lado, es el héroe, el tipo recto que parece estar inmerso en una empresa imposible. Pero que sabe que tiene que lograrlo, no por él, sino por aquellos que ama. Un tipo con carisma, con corazón, con coraje y con una yarbles que no caben en la jaula; quién le cae bien a todo el mundo. Un rudo y un técnico. Incluso vemos la diferencia en su forma de ganar sus combates y en vestir. La verdad es que esto la saca de la típica película de madrazos y la pone un escalón arriba. No cualquiera puede manejar estos elementos de manera exitosa.

Warrior es una película sumamente interesante, pero más que nada está llena de testosterona. Es una película de hombres y para hombres (aunque supongo que puede llegar a gustarle a las jevas), con drama, sí, pero con la clase de drama terrible y crudo de quién no sabe cómo reparar sus propios errores o cómo encontrar la salida de su infierno personal. Llena de actuaciones increíbles y momentos memorables, Warrior se quedará con el espectador por un largo tiempo. Y, quién sabe, quizá hasta se convierta en una referencia cultural. Mínimo va a ser una de esas películas que amaremos encontrar en la tele, un sábado por la tarde en el que no andemos de pretenciosos (bueh, es imposible andar de pretenciosos un sábado por la tarde).

Warrior es El Bueno, El Malo y El Feo de las artes marciales mixtas. Y creo que eso lo dice todo.