Cuando como Totis inevitablemente me acuerdo de Donnie Darko
Vi Donnie Darko por primera vez por allá del 2007. Por aquellos días, en los que la depresión estaba más presente que nunca, solía desvelarme un día sí y otro también, escribiendo. Por lo general empezaba onda 10 u 11 de la noche y terminaba por allá de las 4 0 5 de la mañana. Después prendía la tele y me echaba en la cama, para dormir, si tenía suerte, un par de horas. Y después me levantaba a clase a las 7 de la mañana. Fue cuando comprobé que era cierto lo que dice el Narrador en Fight Club, sobre como todo el mundo parece irreal cuando no puedes dormir.
En aquellos días (y vaya que eran raros) veía muchas películas, no solo en el cine y en la añorada Cineteca, sino en casa. Y en una de esas me encontré con Dooooooonie Darko. La vi un día que estaba cagado de sueño, por lo que me dormí como a la mitad y al día siguiente pensé que la había soñado. Claro que era una pesadilla demasiado hermosa para ser mía, pero de todas formas me parecía irreal. Pocos días después me la volví a encontrar de nuevo y esta vez si la vi completa. Que les digo, me pareció brillante. Y muy recomendable para la depresión. Cuando la rastreé por la red y comprendí que era una mierdilla de culto para mucha gente, me cayó el veinte y, predeciblemente, me hice fan de inmediato. Después me compré el Director´s Cut (muy recomendable) y a la fecha disfruto cabronamente verla con audífonos puestos mientras el Conejito Frank le da consejos a Donnie con su voz cavernosa.
No puedo atinar a decir por qué me encanta Donnie Darko. ¿Por la música ochentera, que me recuerda mi infancia? ¿Por Maggie Gyllenhall y su cínica pose adolescoiteante (como le diría Philip Jose Farmer traducido al gallego)? ¿Por la atmósfera enrarecida, desquiciante la primera vez que se ve? Donnie Darko cumple con todos los ingredientes necesarios para ser un filme de culto: relativamente poco visto, cienciaficcionero, alienado, con imágenes inolvidables. El gran personaje, evidentemente, es Frank; es memorable y te confunde (la primera vez que la ves) sobre si lo que estás presenciando es una cosa de terror o un drama de demencia. Donnie Darko, con el gran Jake Gyllenhall, sin embargo, es la bomba. Ese cabrón es mucho mejor actor de lo que parece. No la ha armado a la Pacino o a la Redford –tomando papeles machou-man memorables–, pero ha sabido meterse en el circuito de personajes complicados de la década. En la cinta, sus padres están tan espontáneos que son unas riatas; lo mismo va para su psicoanalista. Y kudos extra a Patrick Swayze, cuya carrera iba tan mal que empezó a tomar cualquier papel pitero como el de una película intrascendente realizada por un tal Richard Kelly-por-quien-nadie-daba-un-pepino. En el fondo, yo creo que Donnie Darko es relevante porque le dio a la década pasada una auténtica película de culto cienciaficcionera, el tipo de cosa rara que hace que tres cabrones se pongan a discutir sobre la naturaleza del fin del mundo y las verdaderas motivaciones de la causalidad para que una turbina caiga del cielo, o qué diablos quiere decir una nube en forma de torbellino. Y también fue una película importante para la era de los nerds masturbatorios de los foros de Internet, claro.
Esta noche definitivamente voy a soñar con esta película. Felices pesadillas.
