Brave
Pixar, como es usual, nos ofrece historias antiguas en un nuevo empaque. Retazos de los mitos inmortales y las leyenda que… bueh, más que nada preceptos universales y elementos omnipresentes en los grandes relatos del mundo. Esta vez la historia tiene lugar en Bretaña y los elementos presentes tienen mucho de las historias y la nostalgia de los viejos Reyes de los Mares del Norte. Quizá los directores y demás pensaron que estarían muy de moda en el verano; claro que no contaban con que el buen Danny Boyle ignorara dichos elementos durante la ceremonia de apertura de Londres 2012. Pero de eso ya hemos hablado.
Como sea, Brave y su heroína Mérida tiene mucho del sabor de Bretaña en sí: el amor por el bosque, la caza, los ríos. Y, claro, el mar. Hay muchos detalles geniales con respecto a la construcción de la historia, que es un drama que al final no resulta ser tan dramático. Mérida quiere ser libre y en una metida de pata, con tal de evitar un futuro ya planeado, se relaciona con una bruja y termina convirtiendo a su madre en oso (un animal por demás simbólico para su familia). Así inicia su propia cruzada, su propio viaje de autodescubrimiento. O algo.
Brave es la película de Pixar que más intenta parecerse a Studio Ghibli, lo cual no es malo por sí, pero que es una falla cuando el resultado final resulta ser demasiado light para tal pretensión. Sí, lo de la madre convertida en oso es grave. Sí, detrás del matrimonio arreglado hay elementos de casi peligro para el reino. Sí, la bruja es graciosa y los chamacos pelirrojos son cagados. Pero nunca hay un peligro real. Nunca hay una verdadera amenaza o un antagonista. Nunca hay un momento que nos haga un nudo en la garganta o un verdadero descubrimiento, como en Spirited Away, La Princesa Mononoke o Up. Uno de los elementos omnipresentes en las películas del legendario estudio de animación japonés es poner a niños y adolescentes en situaciones complejas, peligrosas, que casi los rebasan, y de donde solo pueden salir creciendo. Aquí no hay un crecimiento perceptible. El problemón entre la madre y la hija es casi de una comedia de pubertos. Como aquella película de Lindsay Lohan y Jamie Lee Curtis. Sí, esa.
Quizá esa era la idea, pero el resultado es por demás banal. Le queda grande la estupenda animación y el gran soundtrack. Brave no es la peor película de Pixar, pero está muy lejos de las mejores, como The Incredibles, Monsters Inc. Y Ratatouille. Quizá el estudio está en una especie de crisis creativa o quizá ya decidieron tomar esta clase de curso. Como sea, yo esperaba mucho más.
Si no la han visto en el cine, les conviene mejor esperarse al rayo azul. Ahí, al menos, escucharán las voces originales.
