Black Swan
Dentro de la filmografía de Darren Aronofsky, más allá de encontrar las omnipresentes tomas de cámara en mano y la edición sumamente cuidada, siempre encontraremos lecciones morales. Quizá la más grande hasta ahora es aquella de "Las Drogas Destruyen" que nos queda después de ver su trabajo más conocido y celebrado (Requiem For a Dream, 2000). Ahora, con esta oscuro trabajo sobre un montaje de El Lago de los Cisnes y las personas encargadas de llevarlo a cabo en el Lincoln Center de NY, no deja de resonarnos en la mente otra lección moral del mismo impacto que la anterior, pero menos obvia y que se presta a más interpretaciones: "La Belleza Destruye". Black Swan (2010) es un filme sumamente intenso que nos cuenta la historia tormentosa de Nina Sayers (Natalie Portman), una fulana hija de una bailarina de ballet frustrada y que le ha dedicado toda su vida a la danza, sin jamás haber sobresalido. A través de sus ojos nos damos cuenta del mundo tan demandante y culero del ballet profesional. Y es que la mayoría de la gente solo se deja envolver por la belleza de las coreografías y el vestuario y la música una vez que la representación se exhibe, pero detrás de ese momento se encuentran huesos rotos, humillaciones, envidias destructivas y largas de horas de ejercicios físicos extenuantes. Como dentro de toda disciplina de élite, en el mundillo del ballet llega un momento en el que toda la presión y toda la mierda de la que estas rodeado puede desmadrarte física y sobretodo mentalmente. Y sí, la cinta es una crítica abierta a esto. La obsesión de Nina por la belleza y la perfección se da por el mundo donde ha vivido. Ella prácticamente creció entre escenarios y puestas en escena. Siempre ha tenido esa fascinación insana con la atmósfera romántica y europea de la danza y en su mente esa idealización desencadena en tormentosas compulsiones, como la de rascarse hasta sangrar. En realidad la vida de la chica esta simplificada de manera horrorosa, toda ella dedicada al ballet. No tiene amigos ni una relación con otras personas que no diste de ser puramente profesional. Por eso vuelca todas sus ganas en perfeccionarse en una área en donde ya es virtuosa por naturaleza, pero eso es algo que ella obviamente no entiende. Ella es sumamente hermosa, pero se siente fea y se mata con dietas innecesarias. Ella tiene una técnica natural exquisita, pero no se suelta y gusta más de sobrenetrenarse a niveles peligrosos. La cinta no puede entenderse de manera correcta si no aceptamos el hecho de que estamos viendo los desplayes de una chica que genuinamente esta enferma. Y gracias a esto bien puede llegar a ser patente que es blanco fácil de las oscuras intenciones de los otros personajes que conviven en su vida. De ser solamente en conducto mediante el que su madre puede cumplir sus sueños rotos, el ser solamente el objeto de deseo de su maestro francés ojete (Vincent Cassel) , el de ser blanco de las envidias de sus compañeras, en especial de la recién llegada Lily (Mila Kunis). La vida de Nina parece pronta a ser engullida por estos demonios engendrados de la belleza, salidos de esa perfección que no se da por satisfecha ni aún con el insospechado éxito. Ella siempre quiere más. Y la tensión siempre esta ahí, con el maestro que a ratos parece que solo se la quiere coger, con la madre que a ratos parece que esta más loca que la propia Nina, con Lily que a ratos parece que quiere matarla para quedarse con su papel. La tensión se torna insoportable para Nina y también para el público, el cual ha sido atrapado por el director e incluido en su propio y particular juego macabro. La experiencia de ver esta cinta es similar a la de ser controlado por un titiritero. Aronofsky nos regala en esta cinta un trabajo de dirección extraordinario. Usando un estilo similar al de The Wrestler (2008) en tomas y dirección de cámara y una crudeza cojonuda, no deja de jugar con nuestras mentes desde el principio, agregando a la formula la edición frenética y a la excelente música (adaptaciones de Clint Mansell a los temas de Tchaikovsky). Es verdad que sabemos exactamente lo que esta pasando y que muchos acontecimientos son consecuencia natural de la narrativa que ya anticipábamos, pero eso no deja de dejarnos dudando por momentos, siendo nosotros mismos introducidos al mundo de la locura de la protagonista. Crhsitopher Nolan nunca ha logrado eso, por ejemplo. La cinta, además, se complemente con unas actuaciones de primer nivel, destacando claramente la de Portman, a quien vemos en su salida del caparazón hollywoodense y fresa en el que había estado siempre (excepto, claro, en Léon). Nina es sumamente bella, pero la vemos ojerosa y exhausta todo el tiempo, hasta su representación del cisne negro erótico y oscuro de la última parte de la película. Portman en verdad me sorprendió. Black Swan es una película paranoica y aterradora y muy bella, excelente en todos los aspectos. Por muchos momentos me recordó a esa otra gran película sobre ballet y muerte llamada The Red Shoes (1948), sobretodo en aquellas escenas de baile extraordinariamente filmadas y en aquella parte obscura de la belleza presenta siempre en los ojos de la protagonista. Definitivamente debe ser vista en cine para apreciarla en su totalidad. Y pues sí, es una cinta que refleja perfectamente la presión a la que son sometidas las personas con un talento especial. Aquellos virtuosos para los deportes o las artes que desde muy temprana edad ven el propósito de sus vidas solamente simplificado en complacer. Complacer a los padres, a un maestro, a un compañero, a un crítico, a un público. Y ese sentimiento, ese vacío, simplemente llega a hacer que el sujeto nunca se sienta satisfecho. Alguien puede ser todo lo exitoso que sea posible en el área en la que se desarrolla, pero nunca ser feliz. Mierda. Un don es una bendición pero también una jodida carga