Bicentenario

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Creo que ya lo dijo Anton Ego en su poco menos que épica reseña final en Ratatouille: lo negativo siempre  es lo más divertido y fácil. Ok, no lo dijo con estas palabras, pero creo que esa era la esencia. Y eso es la esencia en estas fechas. Pienso que en estas fechas sería infinitamente más fácil ser cínico. Decir que no hay nada que celebrar y que si lo hacemos solo estaríamos siguiéndole el juego al “mal gobierno” y que piensan que hacer una fiesta cuando hay narcos, descabezados, masacres, desempleo y querellas políticas, esta simplemente fuera de lugar. Lo siento, de eso no se trata este post. 

 

Ayer simplemente decidí no ser pesimista. Y no por Televisa o Felipe Calderón o la cala. Sino simplemente porque nací aquí, en este país. Y porque, aceptémoslo, eso de celebrar no necesita pretextos históricos o de ninguna otra índole. Y en realidad creo que de eso se trata todo. Ser mexicano es meramente un accidente geográfico, como ser chino o ruso. Al final del día es muy fácil culpar a tu país por todo lo malo de tu vida, igual que culpas a tus padres en tu reunión semanal con el psicoanalista. Ser cínico es demasiado fácil. Y eso simplemente nos impide ver las cualidades de esta nación, que son muchas. Cualidades que si, valen la pena ser celebradas. 

 

Ayer me dieron ganas de celebrar por Del Toro, por Cuarón, por el Indio Fernández y agradecer en el alma una cinta como Los Olvidados, por mas que fuera hecha por un español (naturalizado mexicano después). Pero igual sigo odiando el 92% del cine nacional, aunque estoy convencido de que se puede salvar. Y de que se debe salvar. Odio la corrupción y la falta de compromiso que parecen reinar en todas la estancias gubernamentales, manifestadas en el calvario que representa hacer cualquier trámite y la cantidad realmente obscena de burócratas que no hacen más que calentar el lugar viendo como camina la fila. Pero también celebro al tipo que hace su trabajo con esmero y amor, así sea un arquitecto o el compadre que decidió hacer su lucha en el comercio informal. Me cagan Cristian Castro, Paulina Rubio y Carmen Salinas (entre muchos otros), pero me gusta creer que ellos no nos representan en el extranjero. Yo celebro a Alondra de la Parra dirigiendo a la Filarmónica de las Américas. Sigo odiando el nivel oligárquico que parece reinar en el país, donde casi siempre avanzas más dependiendo a quién conozcas y no de qué tan bueno eres en lo que haces, pero eso solo me hace querer luchar aun más para alcanzar mis sueños. Y me hace celebrar por los mexicanos que han alcanzado los suyos, ya sean aquí o en el extranjero.

 

Jamás me gustó eso de unirme a los pesimistas, pero tampoco a los optimistas. No voy a votar por nadie de Iniciativa México, pero tampoco me la voy a pasar descalificando sus intentos por hacer de este un país mejor. Al final del día no ganamos nada con aventarle mierda a todas estas ondas (como el Teletón o Goles Por la Educación). Al final del día no ganamos nada solo con quejarnos y decir que la vida en México esta del caraxo. Creo que eso lo sabemos todos. Yo creo que el problema es, precisamente, en empeñarnos en ver nuestra realidad en relación al contexto general de México. Es fácil abatirse al escuchar las alarmantes cifras de desempleo, pobreza extrema y nivel educativo a nivel de la colectibilidad. Pero aquí hay una buena noticia: todos seguimos siendo individuos. Mientras haya una persona capaz de encontrar oportunidad, desarrollo y éxito, hay chance para el resto de nosotros. Eso sigue siendo bueno, a pesar de todo lo malo que se cierne sobre nosotros. 

 

Personalmente yo nunca he trabajado para el país. No creo que si tengo éxito, de inmediato elevaré en algo la calidad de México o su renombre internacional. Si tengo éxito será solo por mí y para mí. No es egoísmo, simplemente es darnos cuenta de que el mundo no gira a nuestro alrededor. Dejar de ver esto como una carrera de todos. Y sí damos ese pequeño paso, siento que pueden cambiar muchas cosas. De entrada haríamos nuestro trabajo sin importarnos si el de a lado hace el suyo o no. De inmediato celebraríamos porque nos nace celebrar y no porque en las noticias nos dijeron que lo hiciéramos o porque en el twitter nos dijeron que no lo hiciéramos. Cada uno tiene una idea de su país. Yo la tengo. Y sé que vaya a donde vaya siempre tendré esa identidad obtenida gracias al accidente geográfico que me permitió nacer aquí y que me hizo disfrutar de La Familia Burrón y de las películas del Santo y Blue Demon los sábados por la mañana. Este país tiene mucho que ofrecer y tiene mucho que merece ser celebrado. No dejen que un montón de pesimistas y amargados los convenzan de lo contrarió.

 

Ayer me tomé mi Cazadores reposado mientras veía por la tele a La Maldita Vecindad y recordaba la época en que me gustaban. En realidad siento que este es un buen país. En realidad me gusta haber nacido aquí. Y, a pesar de que probablemente la historia juzgue a nuestra generación por haber celebrado el Bicentenario con un desfile y ya, y no con una revisión objetiva de nuestro pasado; siento que nuestra Historia es por demás rica en mito y hecho y humor involuntario. Siempre celebraré a Jorge Ibargüengoitia, uno de mis escritores favoritos. Un mexicano.

 

Viva México.