Argo

Argo

Todo parece indicar que Ben Affleck, una suerte de Robert Redford de los años 2010 (“actor carita” convertido en director), tiene mucho talento como cineasta. En 2010 The Town lo puso en el ojo de buena parte de la audiencia como, ejem, un director de cine en serio (no he visto su debut, Gone Baby Gone, del cual he leído también tiene lo suyo). The Town, basada en una novela, es una épica bostoniana sobre un ladrón de bancos que además roba corazones (búrlense de mi frase, anden), y en ella Ben Affleck, que al parecer tendrá la mala costumbre de autodirigirse, es el clásico Ben Affleck de mirada a la Zoolander y abdomen de lavadero. Pero la película funciona, y de qué manera: es muy dramática y muy emocional. 

Ahora, Affleck se lanza evi-den-te-men-te a la carrera por los Oscar con otra adaptación, pero esta de corte histórico: el rescate de seis ciudadanos gringos que se quedaron varados en Irán cuando el Ayatolá Jomeini derrocó al Shá y sus huestes se lanzaron en modalidad berserker contra la embajada de Estados Unidos. Con ese colorido setentero que me recordó tanto al Munich de Spielberg (sobre el asesinato de los atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de 1972 y su ulterior venganza), pero sin la seriedad y el acento sombrío, Affleck saca a relucir su espíritu geek (recordemos que el tipo es un aficionado al cómic) y nos relata con un montón de recursos la “extracción” de los seis gringos gracias a un plan genial, tan genial que parece de ficción.

Argo, a cosmic conflagration Argo, a cosmic conflagration se lee en el póster del filme falso que monta la CIA para hacer creer al nuevo gobierno iraní que un crú hollywoodense quiere hacer un scouting de locaciones en Teherán. Affleck, en su papel de Tony Mendez, operativo de la CIA, se hace pasar por el productor de la cinta y arma en tiempo récord un montaje de pre-producción con auténticos trabajadores de la industria (Alan Arkin y John Goodman, maravillosos en sus papeles) para darle credibilidad al asunto. Claro: van a filmar Argo y necesitan actores, locaciones, prensa… todo el numerito. El único que parece creer en su estúpidamente genial idea es un godínez de la CIA encarnado por Bryan Cranston, el químico canceroso de Breaking Bad. Bueno, algunos altos oficiales del gobierno también creyeron en él pues le dieron luz verde al proyecto. Y sí: Argo está INSPIRADA EN HECHOS REALES, así es que… caraxo, más o menos así sucedieron las cosas. Los seis gringos fueron rescatados (se escondían en la casa del embajador canadiense en Irán), medallas fueron entregadas… todo es felicidad al final.

Esa es mi primera objeción: el final es azucarado. Demasiado azucarado. Ya saben: musiquita de piano, sentimientos exacerbados de paternidad, reencuentros, el texto de “qué pasó con los personajes” asomándose en lentos fade-ins. Después de ver The Town, uno pensaría que Ben Affleck no haría un final lacrimógeno a la Spielberg en sus películas, pero lo hizo. No me gustó.

Mi segunda objeción es:

Un asunto de verosimilitud que tiene que ver con unos boletos de avión. Inverosímil, tratándose de 1980. Pero eso no lo voy a explicar.

Mi tercera objeción es la más fuerte: Ben Affleck es un costal de papas en Argo. Tengo la sospecha de que el tipo está tan acostumbrado a verse así, y a sonreír así, que en este descarado intento por competir por un Oscar concluyó que tenía que verse así. Con un personaje poco o nada carismático, sin sentido del humor, sin mucho poder de convencimiento. El resultado: Argo carece de un sólido personaje principal, el cual (por cierto), es devorado escénicamente cada vez que Mr. Breakingbad aparece en escena. No solo porque Bryan Cranston es un chingón, sino porque parece una persona viva que gesticula, se alegra, se enoja, parpadea… si a alguien pueden nominar es a Cranston. Pienso.

El desenlace de Argo es muy tenso. La chica con la que la vi y yo nos devorábamos las uñas en las escenas finales, puro nerviosismo cinematográfico de aeropuerto como no se veía desde Expreso de medianoche. Lo cual es maravilloso, y confirma, al menos para mí, que Affleck es un buen director de cine. Solo esperemos que para su próxima película contrate a otro actor para el rol principal.

Y ojalá no sea Matt Damon…