Zero Dark Thirty
La muerte de Osaba Bin Laden, los acontecimientos sucedidos en aquella casa-fortaleza de Pakistán y hasta el nombre de quién puso fin a la existencia del terrorista más famoso de la historia son bien conocidos por el gran público. En aquél 2011, los gringos casi no se callaron nada. Incluso supimos el nombre clave de Osama (Gerónimo). Así que, en cierta manera, el lanzar Zero Dark Thirty envuelta en el paquete de una cinta de suspenso es una decisión comercial que requiere coraje. Digo, hasta hay un documental sobre el tema y se estrenó en salas comerciales y todo. No hay mucha fascinación con esto, a poco menos de dos años de que todo pasara.
El título viene de la jerga espía, donde la expresión “zero dark thirty” es el codename para las 0:30 horas. La hora en la que Bin Laden murió.
La película está protagonizada por Jessica Chastain, la estrella cuasi omnipresente que hoy por hoy domina el panorama actoral en los Unites. Casi podíamos decir que la película es sobre el personaje que interpreta. Codename: Maya, un a agente de la CIA con ciertas características de un lobo solitario, quién ha estado detrás de Bin Laden desde el inicio de su carrera en el espionaje norteamericano hasta convertirse en la mayor experta en el tema, aunque eso no le ha granjeado la simpatía de nadie. Ella tiene sus propias nociones acerca de la misión y estas difieren de lo que piensan sus superiores. El ejemplo más claro: ella se aferra a su convicción de que Bin Laden no se oculta en las cuevas de Afganistán, sino en un lugar relativamente abierto y poblado.
La mayoría de la película se compone de la búsqueda del más buscado. A través de saltos en el tiempo (porque las cosas se tardaron en pasar… mucho), vemos el trabajo de Maya en el campo, desde sus orígenes hasta el final de la misión. Su misión, la que durante doce años fue su razón para levantarse por las mañanas. O para no acostarse del todo. Hay un grupo de trabajo a su lado que poco a poco se convierten en amigos. Amigos que poco a poco se cambian de labor, abandonan el campo o son asesinados. Esta parte de la película no está filmada como un documental, pero tampoco es cine para el gran público. Las escenas son pesadas, el lenguaje es casi impenetrable y hay un ritmo turbio y pesado en general. No creo que muchas personas se la pasen bomba durante las casi dos primeras horas de película. Yo me estaba quedando jetón. Pero no me dormí.
Las escenas que todo el mundo quiere ver, claro, son las del ataque a la fortaleza de Bin Laden. Y vaya que dichas escenas cumplen. Katherine Bigelow es una gran directora de acción.
El sub texto de la trama es lo que llama más la atención, a lo que se le da mayor peso y hasta cierto punto, lo que hace que la cinta sea soportable durante sus dos primeras horas. Maya es una mujer inteligente y sagaz que busca abrirse camino en un mundo de hombres que prefieren la tortura a cualquier otro método para extraer información. Ella es paciente, meticulosa, como cualquier mujer que avanza en el mundo empresarial o una heroína clásica de un libro de detectives. Es por eso que Maya se adapta mejor cuando la política cambia, cuando ya no se puede torturar sin que haya un abogado presente o los de Derechos Humanos y Amnistía Internacional pidan tu cabeza públicamente. Es entonces cuando la vemos enfrentándose con hombres que no conciben que el criminal más buscado de todos los tiempos se oculte prácticamente bajo sus narices. La belleza del plan de Bin Laden es esa: ocultar algo a simple vista. Maya no cae en la trampa de pensar que aquello es demasiado bueno para ser verdad y trata de convencer a todos de que vale la pena correr el riesgo, aunque todo aquello pueda terminar en una vergüenza mundial y un incidente militar con un gobierno supuestamente aliado.
No podemos negarle valor a la trama, la cual se supone está compuesta de testimonios de primera mano conseguidos por el ex periodista Mark Boal, autor de guión y quién ya ganó un Oscar por el trabajo anterior de Bigelow, The Hurt Locker. La dirección a lo largo de la cinta es sobria, ausente, hasta el momento del ataque. En dicha secuencia (larga, por cierto), Bigelow utiliza la técnica conocida como Shaky-Cam, el diálogo es veloz, la tensión está a flor de piel y los planos nos muestran la acción difícil de seguir entre sombras y confusión. Con ello, la directora logra que tengamos una auténtica sensación de haber sido testigos de lo que realmente ocurrió aquella noche en aquél lugar. Parafraseando el lema de MGM: “That`s Not Entertainment”.
Sin embargo, la cinta es más un retrato del trabajo de Katherine Bigelow, la primera directora en ganar un Oscar a Mejor Director. Es como si de pronto viéramos a la ex esposa de James Cameron como una heroína por atreverse a filmar una cinta como esta. Pienso que de ahí es de donde viene la gran fascinación de la crítica por el film y la mayoría de sus premios y nominaciones. Y eso es porque siento que Zero Dark Thirty no tiene nada más de lo que he mencionado. Es una película de acción que depende enormemente de su protagonista. Y un problema con Maya es que es demasiado correcta. No vemos aquí un conflicto a la Jack Bauer. Maya no es una anti-heroína. Cierto que es como 200 veces más simpática que el personaje de Ben Affleck en Argo (ya que ella si se nos muestra como una persona que ríe, medio bromeo, sufre y se obsesiona con su trabajo), pero sin ese lado oscuro la empatía completa no llega.
No puedo decir que me la pase bien viéndola y quizá el punto no es que te la pases bien viéndola. Así como el punto tampoco es mostrar las verdades sobre la financiación y el ocultamiento de Bin Laden. Para eso hay otras fuentes y otros lugares. Sin embargo, no puedo dejar de recomendarla. Zero Dark Thirty vale el boleto. Y ya.

