Bio-Willie
Created by Dante-Wolf
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Nuevo sencillo de Bowie. Nuevo video de Bowie, protagonizado por él y por Tilda Swinton. Dirigido por Floria Sigismondi.
Por mucho, la mejor parte de mi martes. Enjoy!
Como lo he mencionado en post anteriores, veo los Oscar cada año. Por entretenimiento, hueva y porque siempre suceden en un domingo que no compite con la NFL. Ha esto se le suman el cotilleo, el ranteo por lo que le llaman las redes zoociales (siempre divertido) y los comentarios de Lady Fer sobre los vestuarios y esas vaclayadas de la alfombra roja. Aceptémoslo: los Oscar no son nada sin la alfombra roja. La mayoría de la gente que ve los premios de la Academia, sueña esa noche con vestidos de diseñador y no con convertirse en cineasta laureado. Y eso es genial, la verdad. Las conversaciones banales sobre moda se agradecen en muy pequeñas dosis.
(Corolario: si tu mujer se la pasa hablando de moda el 90% del tiempo que están juntos, debes hacer una cosa y solo una cosa: corre.)
Y así como la pasada entrega de los Oscar estuvo dedicada a celebrar al Hollywood clásico, este año, la entrega 85 de los Premios de la Academia se dedico a presentar al nuevo Hollywood en sociedad. La ceremonia, como siempre, fue larga, pero esto debido más a los excesivos números musicales (no todos buenos, la verdad). El nuevo formato incluyó presentación de nominados de una manera ágil, discursos cortados con la música de Jaws y la presencia de estudiantes de cine multiculturales que entregaban los premios. Sí, seguro todos ellos tan mamomes y pretenciosos como tus “amigos” del CCC que se aparecen cual Beettlejuice en cada fiesta o borrachera y que terminan aburriendo a todos con sus ideas sobre cómo van a cambiar a la industria cinematográfica mexicana (esto lo hacen con la oscura intención de quedarse con la mayoría de alcohol). El host fue Seth MacFarlane, universalmente conocido como la mente oscura detrás de Family Guy (programa que a mi no me gusta, por cierto). El tipo entro sin gracia, tuvo unos primeros diez minutos desastrosos, hasta que llegó el Capitán Kirk a salvar el pedo (como antes, como siempre). Hay que decir que su elección también fue pensada para agradar al nuevo Hollywood y, sobretodo, a jóvenes televidentes a los que los Oscar les valen un pito. Y creo que dio resultado: la ceremonia fue la más vista en una década, según sondeos. MacFarlane, debo admitir, se recuperó como los grandes. Poco a poco se fue desenvolviendo y llevó el tenor de la ceremonia a su territorio: el humor negro y los chistes políticamente incorrectos. Y es que aunque históricamente los host de la ceremonia siempre han optado por el humor ácido y lo que le llaman el insulto fino, MacFarlane hizo chistes racistas, atacó a la figura histórica de Lincoln, montó un numerito musical llamado “We Saw Your Boobs” (se espera el estreno de la puesta en escena completa en octubre, en el auditorio de la Facultad de Ingeniería, CU), hizo un par de apuntes sobre lo que pasaría unas horas más tarde cuando estallara la combinación: chicas buscando trabajo en la industria + bar abierto + productores, y se metió con la edad de la actrices. Y sí, ya sé lo que me dirán: en esta época, ¿eso qué? Pero recuerden dónde pasaron estas cosas. Los Oscar en la Unión Americana todavía son considerados un evento para ver en familia, para aplicar la reunión o la cena con motivo de ver la ceremonia. No dudo que se hayan herido muchas sensibilidades. Y este cambio en el giro me parece genial. La Academia se atrevió a hacer algo que la moralidad estadounidense teme: madurar. Esta claro que la correa de MacFarlane estaba sumamente apretada y no le dieron la más mínima libertad (querían un cambio, pero tampoco era para tanto, supongo), pero el poco espacio que le dieron lo convirtieron en un host bastante agradable y la ceremonia se tornó más entretenida que de costumbre. Más allá de todo, creo que el tipo lo hizo bien. Gracias a Dios y a William Shatner.
En lo referente a premios, las estatuillas estuvieron sumamente repartidas. Las ganadoras de la noche fueron Argo y Life of Pi, con tres y cuatro premios respectivamente. La obra de Ben Affleck ganó Mejor Película, Mejor Guion Adaptado (Chris Terrio) y Mejor Edición (William Goldenberg). No estoy muy de acuerdo con el premio a mejor película (yo se lo hubiera dado a Life of Pi como ustedes saben), pero era algo que se veía previendo desde que comenzó la temporada de premios. Y total, a mí me parece una buena película, pero seguro se convertirá en una de las ganadoras olvidables. Por otra parte, Ang Lee ganó el Oscar a Mejor Director por Life of Pi, cosa que me gustó mucho (hay que tener huevos para hacer la película de un libro que el propio Spielberg dijo que era imposible de filmar), su película era la que más me había gustado de las nominadas y ese reconocimiento me encantó, además de que fue algo casi inesperado (yo esperaba que se lo dieran, precisamente, a Spielberg). Los otros premios de Life of Pi fueron Mejor Fotografía (Claudio Miranda, por demás merecido también), Música Original (Mychael Danna) y Mejores Efectos Visuales (Bill Westenhofer, Guillaume Rocheron, Erik De Boer y Donald Elliott). Como pueden ver, cada una de las grandes ganadoras de la noche solo ganaron un Oscar de los considerados 4 Grandes, los otros fueron repartidos entre las películas de manera casi pareja. Esto ocasionó que una cinta no arrasara con todos los premios, aunque sí hubo una gran perdedora: Lincoln. La impecable biopic de Spielberg solo ganó en Mejor Actor (Daniel Day-Lewis, previsible y merecido) y Mejor Diseño de Producción (Rick Carter, Jim Erickson), lo cual me parece por demás injusto. Creo que el premio que más me dolió que perdiera fue el de Guion Adaptado, y es que el scrip de Tony Kushner me parece una verdadera joya, pero bueno así es esto de los Oscar. La noche de anoche fue otra noche de humillación para nuestro cineasta barbudo favorito, lo cual ya se esta convirtiendo en una costumbre. Peligrosamente.
Su Santidad Christoph Waltz ganó el Oscar a Mejor Actor de Reparto por su papel de dentista cazarrecompensas en Django Unchained. Este es su segundo Oscar (el otro también lo ganó trabajando con Tarantino, quién esta vez sí ganó por Mejor Guión Original) y creo que era el premio más cantado de la noche, además del de Day-Lewis. Y estuvo bien que ganará, aunque a mi me gustó más De Niro en Silver Linings Playbook. Y entonces, precisamente derivado de esta película, vino el momento más nuevo-Hollywood de la noche. Anne Hathaway ganó como Mejor Actriz de reparto por su papel de 25 minutos en Les Misérables (aunque canta bonito, hay que decirlo). Y no, no me parece injusto, aunque hay que decir que si de actuación se trata, Sally Field la derrota y de calle, pero bueno. Hathaway representa lo mejor del nuevo Hollywood, su carrera es casi ejemplar y además ha estado casi fuera de escándalos detrás de las cámaras. Y además es xodidamente talentosa, por si no lo habían notado. Este premio la ungió como la gran esperanza para el futuro. Y entonces, la que llamaron la sorpresa de la noche, aunque la verdad no lo fue tanto: Jennifer Lawrence ganó el Oscar a Mejor Actriz, derrotando a la virtualmente invencible Emmanuelle Riva y a la mamona Jessica Chastain, y creo que ese fue el premio que más me gustó en la noche. Lawrence es una gran actriz que ha sabido escoger sus proyectos con precisión quirúrgica y que mantiene un estándar de calidad superior al promedio sin importar en título en que trabaje. Pero más allá de eso, su premio fue el reconocimiento de la Academia a todo ese cine juvenil banal basado en libros para jóvenes. Recordemos que por mucho que Lawrence haya rifado en Winter´s Bone, ella fue conocida por todo el mundo gracias a Los Juegos del Hambre, saga de cintas nacida de la misma estirpe que Harry Potter, Crepúsculo y tantas otras. Películas que nos podrán gustar o no, pero que son las que se han encargado de meter gente a los cines en los últimos años. Mucha gente a los cines, de hecho. Y la industria se los agradece, muchachos.
Los otros momentos de la noche fueron de regulares a pasables. El que Brave haya ganado como Mejor Película Animada me parece un robo descarado; y es que aunque me encanta Pixar, hay que reconocer que ParaNorman es una cinta mucho mejor, pero ya ni modo, mi lic. Hubo por ahí un buen homenaje a Bond (por cierto, Skyfall se convirtió en la cinta de Bond más ganadora en los Oscar); Shirley Bassey cantando Goldfinger me pareció genial y tengo que reconocer que la tal Adele no canta mal las rancheras. Y… creo que fue todo. El momento en que los Avengers tomaron el escenario, por más esperado, me pareció decepcionante. Chale.
Fue una ceremonia larga, un tanto rara, pero eso la hizo diferente y entretenida. Habrá que esperar para ver si la Academia va a adoptar este formato de aquí hasta que las audiencias dicten otro cambio. Y hoy solo me queda rememorar el pequeño genial momento en el que Jennifer Lawrence tropezó en su camino a recoger su estatuilla. Dios, creo que estoy enamorado…
Nota para recordar: cuando una película de gangsters es alabada en el tráiler por un crítico de medio pelo (no importa si es gringo o, Dios-nos-libre, mexicano) como “La mejor película de gangsters de la década”, es casi seguro que dicha película apestará y muy, muy cabrón. Y este es el tragicómico caso de Gangster Squad.
La cinta de Ruben Fleischer (el cabroncito detrás de Zombieland… película que sí era buena, de hecho) tiene el atractivo de mostrarnos a un cast estelar soltando algunos de los diálogos más risibles que han dicho o dirán en algún momento de su carrera. Sean Penn, Josh Brolin, Nick Nolte, Ryan Gosling, Emma Stone y Giovanni Ribisi trabajan sumamente relajados, sobreactuados y graciosos. Todos, de alguna manera, entendieron mejor la película que el propio director o el escritor del guión (un tipo llamado Will Beall, que se precisa fue “inspirado en hechos reales” y en un libro homónimo de Paul Lieberman que no pienso leer). La cinta es una caricatura, un episodio de Los Intocables (y de los malos episodios, además), un chistorete de un género que en su día fue sacrosanto. El problema es que nadie le explicó eso a Fleischer, quién con una pésima dirección y un uso terrible del CGI intentó meterle seriedad a la pachanga. Craso, craso error.
La trama va más o menos así: es 1949 y un gangster de Chicago, un ex boxeador judío que se ganó el respeto de los italianos a base de tiros y sangre, Mickey Cohen (Penn) está en plena conquista de Los Angeles y de todo el bajo mundo del caluroso estado de California. Cohen es el típico gangster cabeza dura que quiere ascender rápido a base de convertir a sus enemigos en coladeras humanas o partirlos a la mitad con ayuda de un par de Chevrolets. Su guerra por obtenerlo todo sume a la ciudad en una ola de sangre y miedo; el tipo compra a la mayoría de la policía y nadie hace nada para detenerlo, excepto por un policía veterano de la Segunda Guerra Mundial llamado… John, creo (es Josh Brolin, pues). El tipo no sigue órdenes y hace lo que él cree que es correcto; además tiene la suerte de tener un jefe que es como una versión de él después de 25 años de alcohol y rocanrol (Nolte). El jefe lo pone a la cabeza de un equipo off-the-books: policías que no estarán sujetos a las leyes judiciales, cuya única misión es derribar con el imperio de Cohen. ¿Y cuál es el camino para acabar con la violencia de una ciudad sumida en la violencia? Pues con más violencia. Hay que ver si no le dieron un crédito a Felipe Calderón como consultor o algo.
Pero bueno, no todo en Gangster Squad es malo, por más que su scrip no sirva ni para encender una estufa de leña una mañana de febrero en la Sierra Tarahumara. O quizá sea mejor decir que entre todo y todo el ridículo hay una que otra cosa buena. En primera debo mencionar el trabajo de arte. La fotografía es realmente estupenda cuando no se le meten elementos digitales. Todo el trabajo de ambientación, vestuario y locaciones es sobresaliente. Y bueno, ya montados en los patines de la autocomplacencia, el humor involuntarios de los quotes de esta película están más allá del bien y del mal. Me sorprende que no me hayan sacado de la sala. No podía parar de reír.
Pero esto no sirve de nada si la película es basura en general. Las balaceras, inspiradas en las películas del género de los años treinta son sosas, aburridas, recatadas de CGI del malo y predecibles a más no poder. Entiende Fleische: los adornos de navidad explotando en slow-motion no son cool. Los miembros de la patrulla anti-gánster merecen mención honorifica: un policía veterano, experto tirador, que muere en los brazos de su protegido oficial de raíces mexicanas llamado Navidad Ramírez (sí, como lo leyeron); un experto en comunicaciones militares con familia y frases supervalerosas que nos anuncián que el tipo seguro se va a morir (y lo hace, de hecho), el cual se parece al doctorcito de Saving Private Ryan (un momento… ¡es el doctorcito de Saving Private Ryan!); un miembro afroamericano extraido de los barrios bajos que es idéntico a un cabrón que salía en The Wire… haciéndola de narco. Ah, y no olvidemos a Ryan No Me Gustan Los Guiones Con Muchos Diálogos Gosling, quién primero es un playboy valemadre que logra tirarse a Emma Stone (aunque sea en ficción, el wey que hace eso merece mi respeto), hasta que le da un ataque de moral cuando un pobre limpiabotas muere entre sus brazos. Gosling es por mucho mi actor favorito de esta madre: el tipo parece estar a punto de cagarse de la risa en cada escena, por más dramática o tensa que el director quiere que sea. Y su voz no ayuda en nada; el tipo es el animador de la fiesta. A leguas se nota que se la pasó bomba durante la filmación. Y su buen humor es contagioso.
Por cierto y como es previsible, cada miembro del crú tiene su momento lacrimógeno-dramático-trágico. Cada uno de ellos merece ser editado y usado en las clases de actuación del CEA. Puro material oscareable, mi lic.
En fin, Grangster Squad es una basura, pero igual yo no esperaba mucho al verla. No decepciona porque desde los avances te avisa la clase de cinta que será y no hay porque ser pretencioso siempre. Creo que sus puntos pueden subir en un domingo de hueva y cruda viéndola por la tele con doblaje al mexicano (vaya… ya me lo imagino). Quizá su error más grave es que busca ser tomada en serio cuando es más que obvio que se trata de una parodia que es por demás mediocre. No vale tenerla ni en DVD pirata de 5 pesos, pero si les rebajará un poco el mal humor acumulado en la semana. Garantizado.
Les Misérables no es la enésima adaptación fílmica de la obra de Victor Hugo, sino más bien la película del musical estrenado en 1980, obra de Alain Boublil y Claude-Michel Schonberg. Y es que aunque podría dar lo mismo ser lo uno que lo otro, al final no lo es. La película de Tom Hooper es un musical que, como la mayoría de los musicales, es luminoso y alegre, por más que el material primario sea un libro que por momentos es tan oscuro y pesimista como el tumblr de una adolescente.
(Por cierto, yo leí el culebrón de Victor Hugo durante mi primer semestre en la universidad. Y me gustó, aunque nunca lo he vuelto a leer de nuevo. El musical nunca lo he visto, by the way.)
La historia va más o menos así: Jean Valjean (Hugh Jackman) es liberado después de un encierro de 19 años por el delito de robar pan para su hambrienta familia (bueh, por eso y por numerosos intentos de fuga). Una vez en las calles, sin familia ni amigos ni oportunidad de conseguir empleo debido a los papeles de libertad condicional que porta y que lo hacen universalmente rechazado, es acogido un día por el obispo Myriel, quién lo alimenta y le da refugio por una noche. Valjean, obviamente, aprovecha que su protector duerme y le roba. Al ser aprendido, el obispo confirma la mentira dicha por el ladrón de que la plata extraída de su casa había sido un regalo. Valjean, pues, decide enmendar su camino y comenzar de nuevo. Con ayuda de la plata se crea una nueva identidad (el de Monsieur Madeleine, viaja a una provincia lejana y se convierte en un benefactor, a la vez que su fortuna crece y llega a convertirse en alcalde. En dicha provincia vive cierta chica llamada Fantine (Anne Hathaway), quién debido a la situación y a numerosas tragedias personales termina trabajando en la prostitución y degradándose desesperada por conseguir dinero para su hija Cossette (Isabelle Allen). Madeleine trata de ayudarla al final de su vida, a la vez que su fachada es descubierta por la ley y debe huir, prometiéndole a la moribunda Fantine que cuidará de su hija como un padre.
Cossette está al cuidado del matrimonio Thénardier (Sacha Baron Cohen y Helena Bonham Carter), de quienes es rescatada por un Valjean en plena huida. Después vemos a los personajes envueltos en los sucesos inspirados en la Revolución de julio de 1830: una Cossette ya en la edad de la punzada (Amanda Seyfried) queda prendada de un rojillo llamado Marius (Eddie Redmayne), quién junto con sus amigos tratan de despertar al pueblo y lanzarse en busca de la libertad que la Revolución Francesa prometió y nunca entregó. Y perdonando el spoiler, todo sale mal y el buen Marius es rescatado casi moribundo por Valjean, quién poco después le confiesa su verdadera identidad, a la vez que deja a Cossette a su cuidado. Marius y Cossette visitan a Valjean en el convento en el que ha decidido pasar sus últimos días y le agradecen todo lo que hizo por ellos. Valjean muere dándoles su bendición, a la vez que parte al lugar donde los mártires pasan la eternidad. Créditos finales.
(Por cierto, yo tuve a un maestro cuya reseña de Los Miserables era incluso más trágica que el propio libro. Todo un logro, la verdad.)
Lo primero que podemos decir de la película es que la dirección es soberbia. Hooper (quién ya ganó un Oscar por The King´s Speach), dirige coreografías estupendas, llena los encuadres de los colores precisos y las sombras adecuadas. Su película es trágica no porque la obra original lo sea, sino porque la vida es trágica. Sus personajes son humanos, son reales. Este no es un mundo artificial, como el de Across the Universe, sino un mundo donde la gente muere de hambre en las calles. Claro que no se trata de mostrar miseria como un fin en sí mismo; cada personaje tiene su historia. Un acierto es no mostrar un villano claro en contra, sino que le da al antagonista de la obra (la injusticia) el rostro de los que no conocemos, quienes son indiferentes (“Los que no miran hacia abajo”). Incluso el policía Javert (Russell Crowe), eterno perseguidor y antagonista de Valjean, es tratado como alguien que solo cumple con su deber y que nunca traiciona sus creencias, ni aún ante la perspectiva de la muerte. Esos son hombres y no payasos. Aquí no hay negros absolutos: el matrimonio Thénardier, que en la novela representan la maldad de las clases bajas (tratan a la pobre Cossette peor que a una chacha de Polanco) aquí son personajes pícaros y graciosos; Cohen y Carter rifan y mucho.
El trabajo de todos los actores es destacado, aunque Jackman es un Valjean un poco frio y distante, su cara tiene le problema de no reflejar las emociones de manera vívida; me decepcionó mucho, la verdad. Crow me sorprendió. Llenó su personaje del carisma especial que tiene los villanos entrañables y el canto se le da muy bien (aunque seguro lo ayudaron y un chíngo por medios electrónicos, pero igual no lo hace nada mal). ¿Y qué podemos decir de Hathaway, quién con solo 20 minutos en pantalla ya está nominada al Oscar? La música y las letras son memorables a su manera; el score seguro les quedará en la cabeza unas dos semanas después de abandonar la sala. Hooper no se queda atrás y durante los sucesos de la fallida revolución dirige la acción hacia el lado heroico de la tragedia humana, a la altura de la novela. Los sucesos de la batalla en las calles es por mucho mi parte favorita de la película.
Les Misérables es un musical sumamente disfrutable, pero también azucarado, aunque sin llegar a ser empalagoso. Es una de esas películas que te ponen de buenas. Y en una de esas y sirve para que alguno de ustedes le pierda el miedo al inmenso volumen de Los Miserables que acumula polvo en el librero de sus padres. Solo por eso, es más que recomendable. Como evento cinematográfico, es un win absoluto.