Amour
"Old age ain't no place for sissies"
- Bette Davis
El shot de apertura de Amour muestra a un grupo de bomberos irrumpiendo por la fuerza al interior de un elegante departamento parisino. No sabemos nada de quienes viven ahí ni de lo que está pasando, excepto la pantomima de un bombero que se cubre la nariz. Entonces, la vemos: en el dormitorio, sobre la cama, yace el cuerpo de una mujer mayor, rodeada de flores disecadas.
Esto es a lo que se reducen los restos mortales y la belleza. Esto es cierto ara todos, para los espectadores, para los bomberos, para los muertos. Y mientras viven, cada uno es un miembro de la audiencia. Un shot posterior nos muestra la visión de un público que poco a poco llena los asientos de un teatro, en el que se presentará un recital de piano. Nunca vemos el escenario. La música es apasionada, el público se nos muestra agradecido y sus miembros parecen entender perfectamente por qué están ahí y lo disfrutan al máximo. Durante toda su vida se han ganado el privilegio de estar en esa audiencia. Y ahí, casi perdidos, se encuentra ellos, una pareja mayor que llama nuestra atención sin ninguna razón más que la maestría de Michael Haneke para ponerlos precisamente ahí. Donde podrían perderse, pero jamás se perderán. La pareja es interpretada por Emmanuelle Riva Y Jean-Louis Trintignant, ahora de 80 años y auténticos actores de leyenda dentro de la filmografía francesa. Personalmente, yo los reconocí con otros rostros. Sus rostros anteriores, en aquellos tiempos (¡Y vaya que fueron buenos!) en los que eran gigantes. Sin embargo, a esta edad, lucen más admirables si cabe. Admiré el dominio de su persona, su paz interior reflejada al exterior, y aquella sensación de saberse merecedores del hecho de estar juntos porque se lo han ganado.
Ellos son Anne y Georges. Poco después nos enteramos de que han pasado la vida tocando y enseñando música. Más tarde nos enteramos de que el concierto fue realizado por un joven maestro (Alexandre Tharaud) que fue alumno de Anne. En cierto sentido, son sus vidas quienes han dado a luz esta belleza.
Amour, que ganó la Palma de Oro en Cannes el año pasado, es una inesperada obra maestra realizada por Michael Haneke, responsable, entre otras, de Caché, Funny Games (amabas versiones, pero, por favor, quédense con la original) y otra ganadora del máximo galardón en Cannes, The White Ribbon. En esta ocasión, el director deja de lado el magistral manejo del suspenso que lo ha caracterizado y se inclina por llenar su cinta de una serenidad inquebrantable, de profundidad en el más exacto sentido de la palabra. Aquí no tenemos el obsesionante misterio de Caché; aquí sabemos cómo termina la película desde la primera escena.
Ahora vemos a Anne y Georges durante el desayuno, un poco después. Y entonces… algo pasa. Al principio él no nota que ella de pronto se ha congelado. Ella ya no está ahí. Ella está en otro lugar, aunque su cuerpo siga sentado en la misma mesa. Los shots específicos de esta secuencia son verdaderamente magistrales. Y entonces, ella regresa sin darse cuenta siquiera de que algo ha sucedido. Pero algo ha sucedido. Y ese algo es el principio del fin de su historia juntos.
En escenas que son esencialmente flashbacks de la escena de los bomberos, vemos a Anne y a Georges durante la visita de su protegido Alexandre y más tarde cuando su hija Eva (Isabelle Huppert) se revela a sí misma como alguien más interesada en los problemas enteramente médicos que en la angustia que el derrame cerebral ha causado en sus padres. En ambos. Georges y Anne han compartido un gran amor y ahora Georges, durante una serie de escenas implacables, se convierte en un miembro más de una audiencia. Aquella audiencia que está viendo el final de lo que él y Anne han construido y se va perdiendo.
La vejez no es para cobardes, y tampoco lo es esta película. Trintignant y Riva asumen sus roles valientemente, dejando de lado el glamour que sus largas carreras les han otorgado (él protagonizó A Man and a Woman, ella protagonizó Hiroshima, Mon Amour; amabas cinta elevadas al pedestal de culto desde hace más tiempo del que ustedes tienen de vida), Aquí, su belleza se ha desvanecido, pero brilla desde el interior. Ambos aceptan sin pestañear las realidades de la edad, el fracaso y la desintegración del ego.
Amour nos invita a nosotros (la audiencia,) a aceptar lo mismo también. Aceptar que los bomberos van a venir a buscarnos a todos nosotros, uno de estos días, más pronto o más tarde.
Y sin embargo, ¿por qué querríamos ver una película que nos recuerda una realidad a la que muchos le temen, por más brillante que sea? Creo que la razón es que una cinta como Amour contiene una lección que solo el cine puede enseñar. El cine, que puede dramatizar lo que significa ser un miembro de la eterna audiencia que es la humanidad.
El que tenga oídos, que oiga.
