Amigos...

La cosa va más o menos así: durante los últimos 50 años, el esquema de la familia nuclear se ha desintegrado paulatinamente. El mundo cambió, los valores cambiaron, la moral cambió, la economía cambió (y se fue al carajo), los medios de comunicación cambiaron… la familia conformada por papá, mamá y morro es cada vez más rara. No creo que esté en vías de extinción, pero sí tiene que convivir con otros esquemas familiares que hace varias décadas habrían sido considerados aberrantes. Por ejemplo, hijos cuarentones que viven con sus padres y los mantienen. Amigos homosexuales viviendo juntos y (créanlo o no) sin mantener relaciones sexuales. Igual: amigos heterosexuales (hombre y mujer) que viven juntos pero no cogen ni nada. Solteronas y solterones con su o sus perros. Niños cuasipubertos que hacen la comida y mantienen el orden familiar porque su mamá es farmacodependiente y un total y absoluto desastre. Tíos que crían sobrinos. Abuelos que crían nietos. Papás solteros. Mamás solteras que viven con dos tías, trabajan todo el día y apenas y ven al crío. Mujeres que trabajan en grandes corporativos y hombres amos de casa. La variedad ya es espeluznante. El paradigma de la familia tradicional se fue al cuerno. Los amigos han reemplazado, en muchos sentidos, al tótem moral que representaban nuestros “mayores” en tiempos pasados. Llega la edad en que son ellos quienes escuchan, aconsejan, regañan, apoyan y hasta prestan dinero cuando la cosa está peluda. Incluso hay gente que lleva una mierda de relación con sus familiares de sangre y le debe su salud mental a sus amigos y solamente a ellos. Son los hermanos que uno se va haciendo sobre la marcha. Qué razón tenían Lennon y McCartney cuando escribieron esto hace 41 años. La verdad es que la vida sería muy jodida sin amigos.

Hoy me acordé de esta línea: “My favorite Beatle was once John. Now it’s… Paul”.