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Superstar

La Crucifixión y muerte de Jesús de Nazaret es un novelón por sí solo. Un mito fundacional, el brillante preámbulo al cierre del ciclo cósmico de la jornada del héroe (digo preámbulo porque el verdadero cierre del paso de Jesús no es su muerte, sino su resurrección). Pero no solo es brillante por su manufactura narrativa, también lo es por sus alcances e influencia. Haya sido un personaje histórico, real, de carne y hueso o no, las andanzas del nazareno, y particularmente su nacimiento y muerte, han determinado el curso de la civilización occidental durante los dos últimos milenios. No soy católico (ya no; alguna vez lo fui, pero ya no), pero creo que durante la Semana Santa muchos católicos deberían soltar quince minutos las Margaritas y piñas coladas y meditar un poco en el misterioso y bello relato que sustenta su fe. Y los no católicos y los ateos deberían ampliar su mente que, a veces, es más cerrada que la de Torquemada, y reconocer la elemental importancia de estas fechas y su significado meramente simbólico. Yo digo. Pero si quieren me pueden mandar al diablo. A mí qué.

By the way, la expresión hosanna se puede traducir como "salve". Así lo escenificó Andrew Lloyd Webber en la absolutamente hermosa Jesus Christ Superstar:

 

Sin duda es uno de mis musicales favoritos y una película perfecta para ver este día. Hay que aplicarse.

Tim Tebow is a Jet now

  Mi pronóstico es que le va a echar el mal de ojo al buen Marquitos Sánchez y se quedará con el puesto titular a media campaña (lo cual tampoco es tan difícil, vaya); y va a meter al equipo a postemporada (donde volverá a ser humillado), para terminar aventándose de cabeza desde el puente de Brooklyn (si, con la canción de arriba sonando a todo volumen).
 
Mientras, Peyton Manning va a terminar la temporada con Se Murió mi Amigo Bronco como soundtrack.  

Postal del fin del mundo

Paris

Paris, 2018. Población: 2 habitantes.

Mi novia del fin del mundo es el azar en sus pantalones a rayas de tigre en ayuno. Tiene los ojos del que no sabe aclimatarse a la luz del día. Ella no sabe de espejismos ni de dioses, atraviesa cada noche un campo minado en el que nunca despierta. Mi novia del fin del mundo tiene los sueños en blanco y yo la busco entre las ruinas para abolir el azar.

 “Here I am, here I am waiting to hold you, did I dream you dreamed about me? Were you here when I was full sail?” Hay un océano allá adentro que llora y sonríe porque hay que llorar y sonreír.

Este post está dedicado con todo cariño para Nancy Nieto Arias.

The Carnival is over

No hace falta encerrar la brújula en una botella y tirarla al mar para saber que el viento no sabe de puntos cardinales. Tampoco es necesario vagar 40 días y 40 noches en el desierto para ver un espejismo. No, el espejismo –como el aire– te golpea la cara un día cualquiera para beneplácito del insomnio. Es tan real como el corazón de un caballo que late en el hipódromo. ¿Y si el espejismo es tan hermoso, cómo no querer verlo a los ojos?

Fantasías animadas de ayer y hoy

Lo confieso: muchos de los mejores momentos que pasé en mi infancia fueron cortesía de la caja idiota. Estas son 5 de las más memorables caricaturas de mis años mozos (y sus openings!), que han sido influencias en mi trabajo de ficción y que han contribuido a que, a partir de ellas, me haya convertido en un amante de la cultura pop. Que buenos tiempos, chingau.

Mazinger Z


Un anime más ochentero que un helado Danesa 33 en casquito de futbol americano, pero que vi retransmitido cortesía del canal 7, todas las tardes a las 4 p.m. Creo que no es necesario explicar la trama de sus más de 400 episodios, solo resta decir que fue la primera serie de mechas que me voló la tapa de los sesos y que me hizo ver que esos japoneses se pintaban solos para las batallas y las referencias un tanto hornys (Afrodita y sus proyectiles son inolvidables).

Los Caballeros de Zodiaco


Un grupo de adolescentes son mandados a diferentes partes del mundo para entrenar y convertirse en los protectores de la reencarnación moderna de la diosa Atenea. Okey, fuera de eso, este fue el primer anime que contenía mutilaciones, cráneos destrozados y baños de sangre que hubieran espantado al propio Bruce Campbell. La caricatura me regalo una no muy sana obsesión por la mitología griega (que derivo en otra obsesión por la historia antigua), un montón de figuras de acción que se perdieron en el Limbo y una desensibilización hacia la violencia grafica. Pasaba todas las noches, a las 7.30 p.m. (aunque después cambió de horario, a las 5.30 p.m.), también por canal 7 (la cancioncita sigue emocionandome, jeje).

Animaniacs


Una caricatura más gringa que las Big Mac, producida y creada por Steven Spielberg y claramente influenciada por el anime, que me hacia cagar de la risa todas las noches a las 7 p.m. por Canal 5. Claro que cuando la veía no entendía ni la mitad de las referencias de cine, literatura y arte en general, pero su humor clásico muy de la Warner era suficiente para entretener. Más tarde entendí, ahora sí, las referencias y la amé aún más. Quizá nunca tuvo el éxito de Los Simpson o el culto de Darla, pero es inolvidable. Para muestra, sus parodias de West Side Story, Goodfellas, Rocky, los Power Rangers, Sunset Boulevard y los clásicos Pinky y Cerebro (dignos supervillanos de James Bond). Pura cultura, mi lic.

Los Super Campeones


Completaba junto con Animaniacs el horario estelar de las caricaturas en Canal 5 (esta pasaba a las 7.30 p.m.). También era ochentera, pero según mi hermano nunca tuvo éxito durante esos años, por lo que se retransmitió durante los primeros años de los noventa. Un tanto repetitiva y muy fumada, contaba la historia de Oliver Atom, un jugador de futbol sobresaliente que comanda al Niupi, equipo de su escuela que competía en diferentes torneos de pambol por todo Japón. O algo así. Como sea, siempre fue entretenida e interesante, por más que sus acrobacias apelaran cada vez más a nuestro sentido de la incredulidad. Tuvo muchas ramificaciones y hasta donde sé, incluso se hizo una versión especial cuando el Mundial del 2002, pero la original siempre fue mejor, creo. Recomendado sobre todo por las pericias del Furano, equipo que tenía el mejor juego de conjunto pero que nunca ganaba nada (como el Atlas de los noventa que me conquistó), y la eterna rivalidad entre el bueno de Oliver y el malo de Steve, tipo rudo y de pocas palabras, pero buen corazón para con sus carnales menores. Ajá, como la rivalidad entre Steelers y Cowboys.

Dragon Ball


¿Qué podemos decir de Mister Pelos de Araña que no se haya dicho antes? La obra maestra del Inmortal Akira Toriyama  llegó a territorio azteca en el verano de 1994 (poco después de la Copa del Mundo de ese año), en el modesto horario de las 2 p.m. (a las 2.30 pasaba esa otra grande retro llamada Transformers, solo que no tenía una versión animada de Megan Fox). Y aunque su rating no fue muy bueno al principio, pronto conquistó a los que seriamos su fans incondicionales por más de 5 años. Dragon Ball contaba la historia de Goku, niño con cola y pelos parados y extremadamente fuerte, quién en compañía de sus amigos trataban de encontrar las Esferas del Dragón, objetos legendarios que si se juntaban todos (eran 7), invocaban a un Dios, ejem, Dragón que podía cumplir cualquier deseo. Goku, a pesar de su extraño parecido con un mico, tenía buen corazón y un gusto inusitado por las peleas, por lo que además de participar en diferentes torneos de artes marciales (que parecía nunca iba a ganar), trataba de impedir que los malos se apoderaran de las Esferas. A lo largo de las tres primeras temporadas, las Esferas fueron el MacGuffin de la historia, pero pronto le fueron dando más protagonismo a las peleas que, supongo, todos identifican. El del Peinado a la Robert Smith pronto fue creciendo, las tramas pronto se hicieron más complejas, pero nunca se perdió el humor de la serie, los chistes un poco picantes (sobre todo si los ves a los 6 años), los momentos lacrimógenos (este fue el primer anime que me hizo derramar las de cocodrilo) y claro, las escenas épicas. Ya después vino la fama, las figuras de acción, los albums de estampas ($1.50 costaba el sobrecito con 5) y las sagas Dragon Ball Z y Dragon Ball GT aterrizando en el horario estelar y teniendo más audiencia que las propias telenovelas del canal de las estrellas. Y aunque siempre fui fan (y aún lo soy), creo que mi parte favorita es la primera, la simple Dragon Ball con el Goku niño, Bulma que fue el despertar sexual de muchos, los militares de la Patrulla Roja, el gato y el puerco que podían transformarse en lo que fuera (en teoría y solo por poco tiempo), la primera batalla contra Pikoro, el mejor opening en mi opinión (grande en el karaoke, mi lic) y los inolvidables torneos de las artes marciales. Goku parecía ser el eterno perdedor en ellos, ya que no pudo ganar la final en dos ocasiones (y de maneras por demás pendejas), pero pronto demostró que él y solo él era el guerrero legendario. Aprende, pinche Neo.

 

Scene from a Italian Restaurant

-          Llega un día el diablo y…

-          Mira, ya anotó Cristiano.

-          ¿Cuántos van?

-          2-1, ¿qué no ves?

-          En el global…

-          Ah, 4-2, creo.

-          Si, van 4-2.

-          Bueno, ya; llega…

-          ¿Hay tiempo para empatar?

-          Según sí. Faltan 20 minutos.

-          Ok, ¿quién quiere escoger el vino?

-          Deja que lo haga el señor Coleman.

-          ¿Señor Coleman?

-          (…)

-          ¿Señor Coleman?


Entonces habla ella, en voz baja.


-          ¿Ulises?

-          Si…

-          ¿Quisieras hacer el honor?

-          Ah, sí, disculpa. Estaba viendo el partido.


Ella, fulminando con la mirada la pantalla de 42 pulgadas empotrada en la pared.


-          ¿A quién se le ocurre poner una tele en un restaurant?

-          No sé, ¿al dueño del lugar? Igual estamos adentro de un mol, ¿qué esperabas?


Ella lo fulmina con la mirada. Llega un mesero calvo y con barbita de chivo que seguro por las noches asiste a un fight club. Les sonríe zalamero. El señor Coleman le entrega la carta de vinos y  le menciona el nombre de una botella francesa que no recuerdo. Igual sabía increíble y fue carísima.


Ella, lamentando internamente que no se pudiera fumar en el lugar.


-          Decías…

-          ¿Qué? Ah, sí. Entonces, llega un día el diablo y te ofrece dos opciones…

-          Mira, gol de Benzema.

-          ¿Qué?

-          Golazo, la verdad.

-          Tienes razón.


Ella, cada vez más encabronada.


-          Ok, déjenlo terminar.

-          Llega un dia el diablo y te ofrece dos opciones para arruinar tu vida.

-          ¿Por qué el diablo querría arruinarte la vida?

-          El diablo no necesita darte explicaciones. Simplemente lo hará…

-          Ya llegó la botella.

-          … pero tiene la gentileza de ofrecerte dos opciones.

-          ¿Cuáles son?

-          Una, que pierdas tu capacidad de erección de aquí a que te mueras; o que pierdas el control de tu esfínter de aquí a que te mueras, sin opción, (ojo) a usar pañal para adultos.

-          Mmm.

-          Te digo que va a ganar el Madrid.

-          ¿Qué escogerías?

-          ¿Por qué dijo que quiere arruinarte la vida el diablo?

-          El diablo no necesita darte explicaciones. Simplemente lo hará y ya.


Ella, sintiéndose enfadada y excluida. Empieza a mover la pierna derecha insistentemente, como presa de un tic nervioso. Responde de malos modos.


-          Está claro cual escogería yo.

-           La verdad es que no tanto.


Ella lo vuelve a mirar con ojos de pistola al momento que vacía su segunda copa. El mesero regresa con su misma sonrisita idiota. Ella nota que el señor Coleman ni siquiera a mirado el menú.


-          ¿Listos para ordenar?

-          Mira, ya expulsaron a Sergio Ramos.

-          Mierda. Pinche arbitraje.

-          Niños, niños…

-          ¿Ya van a ordenar?


El señor Coleman desvía la mirada del televisor para decirle al mesero si nos podía dar otros 5 minutos. Ella no lo toma muy bien que digamos.


-          Voy a salir a fumar un rato.

-          Si ese era el caso, hubiéramos elegido otro lugar.

-          ¿De quién fue la idea de venir aquí, por cierto?

-          De ella.

-          ¿Entonces?

-          Bueno, creí que veníamos a comer. Ulises, ¿me prestas tu mechero?

-          (…)

-          Señor Coleman, creo que le hablan.

-          (…)


De repente, se escucha un suspiro colectivo.


-          Mira, ya terminó el partido. Pasó otra vez el Farsa.

-          Puta madre…

-          Es la última, jovencito.


Entonces surgió la música, mientras cada uno se concentraba por primera vez en el menú puesto frente a ellos. El señor Coleman bajó la carta y elevó los ojos a techo, como aquellos perros que tratan de averiguar algo oliendo las ráfagas de viento que les cruzan por encima de la cabeza.


Pero solo ella lo notó.


-          Ok, ¿listos para ordenar?

-          Yo ya.

-          Yo también.

-          ¿Dónde está el pinche mesero?

-          ¿Ulises?


El señor Coleman fija en ella sus ojos grises y tristes y por un momento ella recuerda por qué se enamoró de aquél hombre lo suficiente para cometer la pendejada de casarse con él.


-          Mis padres escuchaban esa canción cada sábado por la mañana.  


Ella le toma la mano y le sonríe de manera triste. Nadie más en la mesa oyó el comentario del señor Coleman, ya que volvian a tener la vista fija en la tele, que mostraba un conato de bronca after match entre merengues y culés. El mesero volvió a aparecer en su rango de visión, dirigiéndose directamente a su mesa.


-          Entonces… ¿qué encogerían?

-          (…)

-          ¿De qué?


Ella los mira feo a todos. Suelta la mano del señor Coleman.


-          Olvídenlo. Ok, vamos a ordenar.