Este blog apoya sinceramente la campaña en defensa de los Derechos de los Non-Humans.
Ayer volví a ver The Terminator, en compañia de Wen, coronando una estupénda tarde de vinito y posho. Dylan ya estaba dormido, lo que nos permitió rantear sin complejos sobre la obra maestra de Cameron en los ochenta (aunque Aliens tambien dá batalla en este departamento). Ya tenia un rato que no la veia y la verdad, despues de los cháscos de las últimas 2 entregas de la sága, se le extraña ese pesimísmo en el futuro que, en 1984, conquistó a su poco público (porque a ésta, a diferencia de la 2, le fue de la verde en cartelera).
Me encanta esta pelicula, tengo que decirlo. Me encanta su look todo decadente y deseperanzado, muy a la Blade Runner en L.A. ochentero. me encanta el pedo del viaje en el tiempo, de un futuro en el que las máquinas se levantaron del invierno nuclear a hacer cagada a lo que quedaba de la humanidad. El concepto del futuro mesias, fusionado con la formula perseguidor- victima- guardian venido de lo mejor del cine noir, es fantástico. La acción… puta, esos balazos harian sonrojar a Michael mann, pero a quién le importa? eran los ochenta y las armas sonaban así. La música es otro pedo más apestoso: toda techno, muy sintetizada, escogida con maestria y conocimiento. Y qué decir de la megacogida que le ponen a Linda Hamilton? Recuerdo que ví esa escena a los 10 años y me shockeo mal pedo.
Realmente, The Terminator tiene que colocarse en mi Top 10 de peliculas ochenteras por todo lo que les hé mencionado y ademas por la admósfera muy particular que poseé y que no ha pedido. La escena del bar Tech-Noir inspiró en mucha medida el primer cuento que me fue publicado (llamado solamente Noir) y me sigue pareciendo magistral: por la gente, por los movimientos de cámara, por las luces, por la vieja que matan antes de Hamilton y que la aplasta al intentar huir, por la cara de Sarah Connor mientras el Terminator la marca con un überlaser dispuesto a volarle la tapa de los seso, por Burnin’ In The Third Degree sonando esordecedoramente mientras llega Ah-nold al bar con cara de pocos amigos (aunque, ahora, reculta que se ve “tiernito, en la edad de la inocencia”, según mi cuñada). Y tambien cómo olvidar aquel cielo mexicano que presagia una tormenta y que ví muchas vecez en mis sueños de niño. The Terminator es una obra maestra ochentera que esta hecha para encantar al cinéfilo y hacer orinarse en los pantalones a los niñitos que habian visto Star Wars y que aquí veian hombres y no pedazos. Hombres con gabardinas de detectíve y tenis Nicke que se madrean con esqueletos de metal y que sueñan con esqueletos de metal armados con lasers que pisan craneos humanos bajo el cielo siempre oscuro del holocausto nuclear. Durante los ochenta, esta es la pelicula perfecta para verse en la secundaria, en un día de pinta, en uno de los ya extintos multicinemas. Y salir y punkear vestido con aquella ridícula ropa y calzando aquellos ridículos Panam, que ahora resultan ser cool.
Como dato, vimos la pelicula en blue-ray y sí, la restauración les quedó muy bien. Sigue siendo una gran pelicula, una obra maestra del cine de accion y la cumplable de cosas como The Sarah Connor Chronicles. Per Cameron no tiene la culpa de eso; a él solo hay que agradecerle esta cinta, y la 2, y las frases legendarias, y el ojo del T-800 en la supercháfa escena de la curacion. Recuerdo que alguna vez leí el gag de que la idea de esta movie le vino a Cameron despues de soñar con los esqueletos de metal aplastando craneos humano. Me pregunto qué te tienes que meter para tener un sueño así.
I’ve seen things you people wouldn’t believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I’ve watched C-beams glitter in the dark near the Tannhauser Gate. All those moments will be lost in time, like tears in the rain. Time to die.
De Blade Runner, dicho por Rutger Hauer en la, posiblemente, más hermosa escena del cine de los ochenta. Sigo probando.