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The Expendables 2

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The Expendables 2 es, digamos, menos mala que The Expendables. Mucho menos mala. De hecho, es hasta buena, me atrevería a decir. Hay más disparos, más sangre, más muertes y la historia es un poquito más sólida. Además, técnicamente, la película es infinitamente superior a la primera parte: manejo de cámara simple, pero bien realizado, gran mezcla de sonido y buenas locaciones. Claro que era imposible hacer algo peor a lo anterior, pero ya saben que siempre se puede caer más bajo. Casos hemos visto. Pero aquí, la verdad, la segunda parte se salió con la suya.

La historia es algo así: nuestro grupo de mercenarios conocido y guiado por un Rambo en plena decadencia sigue haciendo trabajos al mejor postor. Después de uno de ellos (rescatar a un millonario chino de alguna parte del mundo que mezcla el Medio Oriente con las selvas sudamericanas, aparentemente en guerra civil o algo), Mr. Church (Bruce Willis) regresa a cobrar los agravios pasados y le ofrece al grupo realizar un trabajo simple para saldar cuentas: recuperar cierto artilugio de un avión estrellado en una zona montañosa de… ya no me acuerdo. Como sea, el trabajo resulta no ser tan simple después de todo, pero sin eso no tendríamos película. Y es que en plena misión, los expendables conocen a su némesis en turno: un mercenario francés que se parece a Jean-Claude Van Damme (un momento… ¡es Jean-Claude Van Damme!) con un gusto particular por las gafas oscuras y por matar personas con patadas de un modo, ejem, ingenioso. El francés convierte el pedo en personal (y eso solo complica las cosas, como lo vimos en Los Vengadores) y los expendables se embarcan en una misión que ya poco tiene que ver con Church, sino más bien es venganza y liberación de una zona azotada por mercenarios sin escrúpulos.

Cierto, la cinta no va a ganar premios de guión ni nada por el estilo, pero eso importa poco. The Expendables 2 es una película de acción que no intenta quedarse con nadie, que tiene lugares comunes, frases desgastadas, malas actuaciones y muchos balazos, pero que es justo lo que esperábamos que sería: divertida. Es solo buen entretenimiento para matar un poquito más de hora y media de una tarde de domingo, frente a la tele o la pantalla de un cine. No es una película que se toma en serio, ni que pretende ser tomada en serio. Además está llena de referencias a las películas de estos tipos.  Con un dejo de nostalgia me di cuenta de que entendía la mayoría. Vi muchas películas de acción de niño y tengo que decir que en ese tiempo amaba esa clase de cine mal hecho. Ahora solo me hace sonreír (like her…)

Los Indestructibles 2 no es una película perfecta (sus errores saltan a la vista) pero vale el boleto. La construcción del personaje de Billy me encantó: alguien que les recuerda a todos que la vida tiene cosas buenas o que, al menos, alguna vez las tuvo. La madriza final cumple cabalmente (in your face, Chris Nolan!). Y los cameos rifan, por cierto; el de Chuck Norris en especial.

The Expendables 2 es el equivalente cinematográfico a una hamburguesa de franquicia: no es lo mejor que podemos comer (ni lo más sano), pero a veces es justo lo que necesitamos. 

The Dictator

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The Dictator es una de las películas más divertidas que he visto este año. Y, claro, también es obscena, repugnante, vulgar, escatológica, lépera, de mal gusto, etcétera, etcétera, etcétera. Etcétera. Es todo lo que podíamos imaginar que sería después de ver la publicidad de Sacha Baron Cohen en incontables entrevistas, menos un deja vu. Porque no lo es. Cohen se adaptó bien y no solo no se volvió predecible, sino que se establece con absoluto derecho como el mejor cómico cinematográfico trabajando actualmente, gracias a este discurso sobre las dictaduras en donde practica una sátira política tan inteligente como despiadada.

En comparación con sus alegres trasgresiones llamadas Borat y Bruno, esta es la película más convencional de Cohen. Tiene una trama, un romance, se apega a la historia. No es una cinta de mainstream, aunque a juzgar por las risas de la audiencia, ¿eso qué caraxo importa, la verdad? El espectador, sabiamente, entra en la sala, se ríe bastante, y después se va. La película se queda corta en 90 minutos, sobre todo si consideramos que comedias de mucho menos calidad parecen durar eternamente.

Sacha Baron Cohen interpreta al General Admiral Aladeen, dictador de la república norafricana de Wadiya, que parece estar entre Egipto y Sudan y más o menos a un escupitajo de distancia de Arabia Saudita. Allí hace lo que se le hinchan los yarbles, ejecuta civiles, científicos y militares por menos que una mirada de odio, vive en un palacio enorme y lujoso, desde donde da discursos a una multitud de admiradores y acarreados (¿les suena familiar?) y en cuyo interior tiene relaciones con Megan Fox… a cambio de joyas y eso, claro (aunque no es suficiente para convencerla de pasar la noche abrazados de cucharita).  Claro que no solo con ella: cómo podemos averiguar por su Celebrity Wall de Polaroids, el Almirante General tiene gustos variables, que van desde Arnold Schwarzengger hasta Oprah.

El premier de Aladeen es Tahir (Ben Kingsley, grandioso), quién no solo es el tío del Almirante General, sino que resulta ser el legítimo heredero al trono. Ah, y además está conspirando para derrocarlo. Como sea, después de un fallido asesinato, Tahir anima a Aladeen a viajar a la cede de las Naciones Unidas en Nueva York, supuestamente para justificar sus acciones ante la escoria occidental, pero en realidad esperando matarlo ahí. El plan tiene más o menos éxito: Aladeen es secuestrado por un elemento de seguridad gringo (John C. Reilly), quién le corta la barba, dejándolo irreconocible ante el mundo y condenándolo a vagar sin esperanza por las calles de Manhattan, en tanto que Tahir lo suplanta en público con un doble amante de las cabras y sumamente pendejo.

El peregrinaje del verdadero Almirante General lo lleva a una tienda de extrema izquierda (donde se venden identidades ideológicas y alimentos orgánicos), a cargo de Zoey (Anna Faris), chica de fuertes convicciones (aunque algo raras) y poseedora de un no-se-qué-que-qué-se-yo de la que Aladeen termina enamorándose, muy a su pesar. Eso establece la sátira acerca de las feministas, vegetarianos y amantes de los inmigrantes. Mientras, el Dictador Sin Barba vaga por Little Waadeya, un barrio de Manhattan cuyo restaurante emblemático parece estar lleno de las personas que él había mandado ejecutar en el pasado.

La película se mueve con libertad entre la trama, el romance y las interacciones con personas reales que ya son un clásico. Posee la atmosfera de los Hermanos Marx (vean Duck Soup) y un guiño a la comedia física de Buster Keaton, ambos elementos manejados con mesura y maestría, demostrando que requieren de mucha inteligencia para sacarles el máximo provecho. Para muestra: la escena en la que Aladeen quiere ingresar al Hotel donde se encuentra el impostor deslizándose por un cable.

El material de ataque de Cohen es de libre circulación, su actitud es anarquista y, sin embargo, luce ligeramente más jovial que en Borat y Bruno. Espero que esto no se deba a una secreta ambición por volverse querido y popular. Yo esperaba que esta película fuera la más ofensiva de las tres y aunque no podemos negar que es ofensiva (especialmente en las escenas en las que se usa la cabeza decapitada de un luchado por los derechos civiles), es… de cierta manera, más nicer, si saben a lo que me refiero.

Pero esta es solo la queja melindrosa de un fan de corazón. The Dictator vale cada centavo del boleto y, con suerte, los pondrá a reflexionar sobre esa extraña cosa llamada democracia mejor que todos esos programas de la CNN que nadie ve pero que todos nos sentimos bien al citar. Ah, y además se reían mucho. Garantizado.  

Rock of Ages

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Rock of Ages es un musical que, cual Mamma Mia! o Across the Universe, cuenta una historia siguiendo el hilo conductor de las letras de un montón de canciones. En este caso serán hits de rock de los años ochenta del siglo pasado. La historia es predecible del todo: un camarero aspirante a rockstar conoce a una güerita cumshotera recién llegada de Oklahoma a Los Angeles. Ah, y que además también es cantante. Y bueno, se conocen, tienen conversaciones profundas en el letrero de Hollywood con la ciudad iluminada de fondo, se enamoran, terminan debido a un terrible malentendido, ambos la pasan mal separados y al final se dan cuenta de que están destinados a estar juntos y son felices.

Sorry por los spoilers, by the way.

Como sea, la historia suplementaria es mejor: el aspirante a rockstar es camarero del Bourbon Room, el lugar más hot de LA y donde se han grabado los mejores discos en vivo en la joven historia del hard rock. O algo así. Dennis Dupree (Alec Baldwin) es su propietario, quién esta abrumado por los impuestos y que solo cuenta con un veterano rockero llamado Lonny (Russell Brand) como apoyo, aunque lo único que Lonny haga sea escuchar mientras Dennis habla por teléfono, casi siempre con el manager sin corazón Paul Gill (Paul Giamatti), quién es el único que puede salvar al club, ya que tiene el poder de organizar un concierto con la leyenda Stacee Jaxx (Tom Cruise), cuyas ganancias salvaran al Bourbon. Porque la amenaza sobre el legendario club se cierne en forma de un alcalde recién electo (Bryan Cranston) y su esposa perra-del-Señor (Catherine Zeta-Jones), quién guía amas de casa contra la amenaza del rock que viola inmisericorde los oídos de los jóvenes gringos.

Como pueden ver, la película cuenta con un reparto estelar, pero lo divertido del asunto es que cada uno de los actores se toma su personaje lo más en broma posible, sobreactúan en extremo y dicen las frases que todos pensábamos que dirían. Sí, todo está lleno se sátiras y de chistes fáciles. Muy fáciles de hecho. Y las sátiras no destacan demasiado, sobre todo si tenemos en cuenta que The Simpsons llevan haciendo chistes sobre lo mismo desde finales de los ochenta. Y muchos son mejores. Y no son los únicos. Las situaciones están llenas de lugares comunes, de estereotipos y de música y canto y baile. Las coreografías no están mal, pero eso de escuchar en un cine las mismas canciones que pasan todo el día en Universal Stereo y que escuchamos hasta el hartazgo en los taxis… bueno, es lo que hay, de lo que se trata, pero ni siquiera suenan bien.

Creo que lo malo de la cinta en general tiene mucho que ver con que los actores principales, Diego Boneta y Julianne Hough, se toman sus papeles demasiado en serio, lo que rompe la atmósfera general de desmadre. Rock of Ages es una broma basada en un hit Off-Broadway. Y ya. Los protagonistas nunca están en sintonía y ni siquiera parecen tan simpáticos. En un mundo de clichés, ellos no destacan en ningún sentido.

Pero bueno, la película no está del todo mal. Si, la música no es de mi particular agrado, pero es memoria colectiva (con horror me di cuenta de que me sabia todas las letras) y en cierto sentido la idea general no es de nostalgia gratuita y barata como la de los adultos contemporáneos, sino una pequeña gran carcajada por lo ridícula que era la ropa, los peinados y la música en esos años. La cinta toma lugar en 1987, el año del lanzamiento del Appetite for Destruction de los Guns N´ Roses, disco que rompió la hegemonía que el pop venia teniendo hasta el momento y volvió a colocar al rock en el primer lugar del mainstream. Por poco tiempo, claro, porque el pop volvió y jamás se fue. Y también el rap. Y cosas mucho peores. El rock nunca regreso a la cima, pero era natural. El sueño había terminado hacia ya mucho tiempo, como dijo Lennon.

Rock of Ages no es lo peor que puedan ver en el cine este verano. La escena de Baldwin y Brand es genial, sobre todo si pensamos que ninguno de ellos jamás llegó a pensar que haría algo así en algún punto de sus carreras. Pero así son las cosas. Y Tom Cruise no está nada mal como el ultímate-lover-god-of-rock Jaxx, capaz de desnudar en un santiamén a una estirada reportera de Rolling Stone que se parece a Malin Akerman. Y creo que hay varios cameos de estrellas de rock de esos años, pero me los perdí. Ya saben, no soy fan.

Rock of Ages es entretenida si le dan una oportunidad, pero a mí me recordó también porque los musicales son mi género cinematográfico menos preferido.       

The Dark Knight Rises

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The Dark Knight Rises toma lugar 8 años después de su predecesora, aunque en el mundo real solo hayan pasado 4 años desde The Dark Knight, pero bueno. La Gotham City de TDKR es una Gotham en la que Batman ha estado desaparecido por los últimos 8 años, donde nadie ha visto en persona al excéntrico y freaky millonario Bruce Wayne en público por… un tiempo similar, donde se celebra el Día de Harvey Dent y donde, al parecer, no hay crimen organizado. Y es ahí donde un tipo como Bane, calibre luchador de la WWE, máscara de asmático y voz ronquita y algo, ejem, graciosa, puede llegar simplemente a estrangular infelices y volar todo con una bomba atómica de última generación. ¿Por qué? Bueh, quizá se levantó de malas o algo.

Como sea, la premisa de TDKR nos lanza de lleno al pedo, sin preparativos (excepto por el prólogo que vimos antes de Ghost Protocol. En Gotham ya no hay Batman y ya no hay mafia y los políticos están desesperados por darle cuello al comisionado Gordon, quién por cierto, divorciado y sin ilusiones, probablemente se siente todo el tiempo como se ve en la mayor parte de la película. Y ya es mucho decir. Como sea, Bruce Wayne ha estado recluido en su mansión por tanto tiempo que ya hasta se han inventado leyendas urbanas sobre él, resistiendo los intentos de seducción de las caritas cumshoteras de su consejo empresarial y todo. Ah, y contratando chachas que se parecen a Anne Hathaway. Como sea, es la tal chacha la que lo saca un poco de su reclusión y la que le dice que una tormenta se aproxima. Y la tormenta tiene la forma de un mercenario bien mamado, con chamarra de borrega, quién al parecer la tomó con Gotham nomas porque sí.

Las películas de Nolan tienen ya cierto toque característico. Y creo que son tan traicioneras como muchos de sus personajes femeninos. Tienen un ritmo parco, lento, casi exasperante, pero a la vez pasan muchas cosas sin que se les den su tiempo necesario. Son violentas, pero solo en apariencia: nunca hay asesinatos en primer plano, hay muy poca sangre y tal. Además, creo que ya es una mala costumbre esperar un giro de turca en el momento climático, lo cual no está mal cuando se usa con sabiduría, pero que, al menos en esta película, demuestra ser una poderosa arma de doble filo. Sí, odié que al final Bane resultara ser solo el chalan mamado de la loca hija de Liam Neeson. Y es que aquello del tipo nacido y criado en el peor hoyo del infierno es algo que me había encantado del cómic. Pero bueno, dejando eso del lado, Bane, por sí solo, tampoco tiene mucho sentido. Dando discursos liberales o algo con su voz ronquita y más graciosa de lo que debería, haciendo de Gotham una utopía en la que los pobres se mean sobre los ricos, volando puentes y estadios de futbol. ¿Qué pedo con Bane?

No sé, quizá soy yo. Quizá el recuerdo del Joker de la pasada cinta todavía es fuerte. Y es que aquél si era un hijo de puta que solo quería ver el mundo arder. Bane se la pasa de orador, mercenario, matón, asaltante-de-la-bolsa-de-valores y terrorista. Nunca hay un motivo real o una total falta de uno. Y sí, al final resulta que todo lo hizo por amor. O algo así.

No mamen.

Pero bueno, Bane no es, en realidad, un gran pecado en la cinta. La verdad es que TDKR no tiene caídas estrepitosas. Y es que aunque  no emociona en extremo en ningún momento, más que en el ocasional:”órale” sin signos de exclamación, mantiene una calidad aceptable y tiene alguno que otro momento conmovedor que valen el boleto. Además de las grandiosas explosiones. Como sea, esta película, a diferencia de la anterior, busca concentrarse completamente en el héroe: su caída y su resurrección. Así es: rises. Por tanto, el peso de todo cae sobre los hombros de Christian Bale, quién dicho sea de paso, da su mejor actuación de toda la serie. Bruce Wayne pierde su fortuna, la CFE gringa no se anda con mamadas y le corta la luz esa misma tarde, pierde a Alfred (en una escena bastante buena, hay que decirlo), una clase de veterano de Raw idealista le parte su madre, termina en la peor cárcel del mundo y solo falta que lo mee un perro (escena que seguro veremos en los extras del rayo azul). El tipo se ve vulnerable, humano. Al fin.

El cast, como en toda la saga, cumple cabalmente: Michael Caine, Morgan Freeman, Gary Oldman; todos dando trabajo de calidad. Y aquí vienen las nuevas adquisiciones. Creo que mucho se ha escrito ya sobre la Catwoman de Hathaway. En muchas cosas me gustó su personaje: el arquetipo del villano desesperado por limpiar su pasado y comenzar de nuevo, cual personaje de John Ford. Lo malo es que esta Gatúbela no le agrega nada a ese imaginario, no tiene ningún gran momento, solo líneas predecible y actos predecibles. Esta nueva Selina luce forzada cuando se ve sexy, nunca nos da una idea de lo badass que puede llegar a ser, su exageración en ciertas escenas no cuadra con la atmósfera general de la cinta y no cuenta con el background con el que han construido los demás personajes (incluido el propio Bane o el Joker). Pero supongo que no todo es culpa de la querida Anne: uno se las arregla con lo que le toca y a leguas se nota que el guión no tenía mucho para su personaje. Lo cual es extraño.

Pero bueno, Marion Cotillard luce hermosa como siempre. Y bien loca, como en Inception. Su personaje me pareció decepcionante, quizá porque es el que origina aquél momento pendejamente sobreactuado en el que revela su verdadera identidad y su malvado plan, cual villana de caricatura de un sábado por la mañana. ¿Hay mucho problema en salvar a Bane, inmovilizar a Batman y solo salir a partir madres? Supongo que sí. Hay que agregar el speach, mi lic. Su personaje (ya ni me acuerdo del nombre) tiene momentos, pero para nada es una gran villana. Ni siquiera una villana regular. Bane es mejor y eso ya es mucho decir.

Y es que Bane no está del todo mal, pero creo que le hace falta un momento memorable, un miserable one-liner del que nos acordemos al salir de la sala. Creo que los hermanos Nolan la volvieron a hacer: al fortalecer a un personaje, dejaron a la deriva al antagonista. En The Dark Knight hicieron del Joker un villano grandioso, que soltaba frases memorables a diestra y siniestra y con tal impacto como disparos de una Colt Desert Eagle calibre .50, pero dejando a la buena de dios a su héroe. Aquí fue todo lo contrario, aunque en una menor escala (ni Batman tiene momentos sumamente grandiosos ni Bane tiene mucho chiste, aunque es visiblemente menos que el héroe). Y ya que hablamos de los Nolan, ¿qué pedo con sus escenas de acción? Ninguna golpiza buena, ninguna secuencia paralizante. Cierto, las explosiones son geniales, ¿pero los madrazos qué? Y eso que hay material: Bane es un hijo de puta entrenado y expulsado por la Liga de las Sombras. Un oponente digno para Batman. Pero no. En la primera golpiza, predecible, en la que Bane gana, no hay ningún golpe doloroso, como los de Spidy de Raimi. Incluso cuando le zafa una vértebra (que no lo deja paralítico) no sentimos nada. No hay emoción.

Y en la madriza final, bueno… de haber sabido que esas máscaras para asmáticos se pueden descomponer tan fácil. Háganme el xodido favor.

Bane es un villano que parece lleno de posibilidades, pero que al final termina siendo tan simplón como nos imaginamos que sería un wey mamado y psicópata. Otra vez, no creo que toda la culpa sea de Tom Hardy, quién de hecho creo que lo hace relativamente bien considerando que unas una máscara durante casi toda la película. Creo, otra vez, que el guión lo dejo abandonado. Y es una lástima, la verdad. Aunque al menos tuvo algo bueno: en la mente de los panistas y priístas, Bane es el equivalente cinematográfico del Peje. Ya está, pues, en nuestra cultura.

Como sea, TDKR es una película buena, a secas. Visualmente es fantástica y tiene un score memorable, además de servir para lo que sirve la última parte de una trilogía: terminar. TDKR termina la saga como lo merecía: a los tumbos, pero cumpliendo. Y es que así ha sido la reinvención del personaje en las manos del venerado cineasta británico. La primera parte fue aburridísima, la segunda fue la mejor de todas y la tercera pues es solo la tercera. No sé ustedes, pero yo esperaba algo más. Esperaba emocionarme más o algo. Esperaba que Bane, si no condenaba a Batman a una silla de ruedas, por lo menos le pusiera una partida de madre de la que todos nos acordáramos, que hasta a nosotros nos doliera. Esperaba una escena que me hiciera un nudo en el estómago como aquella en la que Rachel muere. Esperaba más.

Pero bueno, ese soy yo. Alguien que solo quiere ver madrazos y que no entiende al Sergio Leone o a Kurosawa.

Y es que al final de día se trata de una película de superhéroes estrenada en el verano. Digo, ¿no debería ser un poco divertida? ¿No debería tener un poquito de corazón, al menos? Si lo tuviera, el humor y el corazón, sería mejor y nadie se quejaría. Pero bueno, Nolan se ha colocado ahora como un director clase A, un tipo que ha demostrado saber manejar grandes presupuestos, grandes expectativas y grandes cast. Pero que no sabe dirigir acción. Cosa bastante rara, pero cosas más raras hay en la industria, créanme. La saga de este Hombre Murciélago que ha creado no es, para nada, mi saga favorita de superhéroes, pero hay que concederle que es la más regular de todas. Nunca hay una estrepitosa caída, como en Spidy 3 o X-Men 3. Sin embargo, creo que les faltan muchas cosas para llegar a la excelencia que los fans proclaman. Están llenas de errores y estos son errores casi infantiles, que quizá se incrementa al calor de lo despectivo, pero que existen. Ahí están, para los que los quieran ver.

Como sea, creo que es igual de justos decir que Christopher Nolan cumplió. Su Saga de Batman quizá ya borró a aquella que inició Burton al final de los ochenta y que se fue desarmando en manos de otros directores, cual motoneta china. Pero creo que las cintas están un mucho sobrevaluadas. Pero, como les digo, ese soy yo. Alguien a quién le emociono el momento en el que Batman se aleja en el horizonte con la bomba y que ésta explota. Alguien a quién le encantó el final de Joseph Gordon-Levitt entrando a la bati-cueva, pero que la escena de Florencia solo le pareció un epílogo gratuito, sin mucho sentido. Alguien que agradeció ver ahí a Cilliam Murphy. Alguien que fue fan de ese momento en el que Gordon se da cuenta de la verdadera identidad de Batman. Esos son de los momentos en los que debería basarse la saga entera, creo yo, pero lamentablemente no es así.

Igual ya se acabó Batman. Y The Avergers sigue siendo mi película favorita de este verano. Así las cosas.

ParaNorman

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ParaNorman es la nueva película del estudio Laika, responsable de esa joya llamada Coraline y que, como en aquella, esta vez presentan una historia infantil con un trasfondo oscuro y lecturas que podrían llegar a ser demasiado densas para los chiquillos a los que son destinadas. Pero, digo, podrían. La verdad sea dicha, ParaNorman es divertidísima.

Claro que tiene una historia sólida, quizá compleja si le ponemos atención, pero es fácil de seguir y no se desvía a lo largo de los 90 disfrutables minutos de la función. Norman es un niño retraído, geek de las cintas de zombies y que, además, puede ver y hablar con los muertos. Y si algo nos ha enseñado Medium es que una persona con dicho don suele sufrir de incomprensión y escarnio público y tal. Norman es visto por todos como un freak y es victima del bully local. Pero, de repente, uno de los muertos le advierte sobre un desastre que se cierne sobre su pueblo. Una catástrofe producida por una maldición antigua lanzada por una bruja. Y sí, solo él puede evitarla.

ParaNorman tiene la esencia de Studio Ghibli, pero más que nada me recordó a X-Men: la lucha de alguien diferente por encajar en un mundo donde no se acepta lo que es diferente. Donde siempre se busca la comodidad de lo conocido. La película es una odisea de autodescubrimiento, de aceptación, la jornada del héroe y tal, pero también es un viaje por referencias y gags endemoniadamente geniales sobre la cultura de los zombies cinematográficos. En cierto momento, producto de la antigua maldición, los muertos se levantan de sus tumbas. Ajá, el xodido Apocalipsis Zombie. Pero no es nada sangriento, violento o gore. Más adelante nos enteramos de la verdadera naturaleza de los zombies y es entonces cuando apreciamos el delicioso contraste de éstos con la gente del pueblo, quienes se comportan como una muchedumbre violenta que solo piensa en destruir y matar. Dejándose llevar por el momento, cual tuiteros con un trending toppic de odio pegajoso inmersos en el reutiteo indiscriminado. No piensan, están en la manada, sedientos de sangre. Ajá, como zombies. La muchedumbre se revela como el mayor impedimento para que Norman y su raro séquito puedan cumplir con su misión de parar la maldición: porque esta es real y la bruja responsables es un personaje increíble que me recordó a Akira, cuyas 3000 páginas de manga se pueden resumir perfectamente en el concepto de un muchacho resentido que de pronto se da cuenta de que tiene el poder de convertir tanques en chatarra.

Ya para entonces ya era fan. Y el final no decepciona en absoluto. ParaNorman se erige entonces como la mejor y más divertida película de animación del verano, que merece visitas posteriores para admirar con más detenimiento los bellos escenarios construidos a mano y animados cuadro por cuadro (lo que le llaman el stop-motion, mi lic) y apreciar mejor las referencias y volver a reír con los gags. Y es que la escena del Ayuntamiento es sencillamente magistral. Y es que así somos y así siempre hemos sido. Y es que ser un freak esta cabrón, pero también te hace fuerte. A fuerza de madrazos, per lo hace.

ParaNorman es una película grandiosa que en cada escena revela un amor y una pasión por el trabajo que casi desborda la pantalla. Definitivamente recomendable.

Brave

Brave

Pixar, como es usual, nos ofrece historias antiguas en un nuevo empaque. Retazos de los mitos inmortales y las leyenda que… bueh, más que nada preceptos universales y elementos omnipresentes en los grandes relatos del mundo. Esta vez la historia tiene lugar en Bretaña y los elementos presentes tienen mucho de las historias y la nostalgia de los viejos Reyes de los Mares del Norte. Quizá los directores y demás pensaron que estarían muy de moda en el verano; claro que no contaban con que el buen Danny Boyle ignorara dichos elementos durante la ceremonia de apertura de Londres 2012. Pero de eso ya hemos hablado.

Como sea, Brave y su heroína Mérida tiene mucho del sabor de Bretaña en sí: el amor por el bosque, la caza, los ríos. Y, claro, el mar. Hay muchos detalles geniales con respecto a la construcción de la historia, que es un drama que al final no resulta ser tan dramático. Mérida quiere ser libre y en una metida de pata, con tal de evitar un futuro ya planeado, se relaciona con una bruja y termina convirtiendo a su madre en oso (un animal por demás simbólico para su familia). Así inicia su propia cruzada, su propio viaje de autodescubrimiento. O algo.

Brave es la película de Pixar que más intenta parecerse a Studio Ghibli, lo cual no es malo por sí, pero que es una falla cuando el resultado final resulta ser demasiado light para tal pretensión. Sí, lo de la madre convertida en oso es grave. Sí, detrás del matrimonio arreglado hay elementos de casi peligro para el reino. Sí, la bruja es graciosa y los chamacos pelirrojos son cagados. Pero nunca hay un peligro real. Nunca hay una verdadera amenaza o un antagonista. Nunca hay un momento que nos haga un nudo en la garganta o un verdadero descubrimiento, como en Spirited Away, La Princesa Mononoke o Up. Uno de los elementos omnipresentes en las películas del legendario estudio de animación japonés es poner a niños y adolescentes en situaciones complejas, peligrosas, que casi los rebasan, y de donde solo pueden salir creciendo. Aquí no hay un crecimiento perceptible. El problemón entre la madre y la hija es casi de una comedia de pubertos. Como aquella película de Lindsay Lohan y Jamie Lee Curtis. Sí, esa.

Quizá esa era la idea, pero el resultado es por demás banal. Le queda grande la estupenda animación y el gran soundtrack. Brave no es la peor película de Pixar, pero está muy lejos de las mejores, como The Incredibles, Monsters Inc. Y Ratatouille. Quizá el estudio está en una especie de crisis creativa o quizá ya decidieron tomar esta clase de curso. Como sea, yo esperaba mucho más.

Si no la han visto en el cine, les conviene mejor esperarse al rayo azul. Ahí, al menos, escucharán las voces originales.

To Rome with Love

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Supongo que podemos hacer caso a las declaraciones de The New Yorker con respecto a To Rome with Love, la más reciente película de nuestro apreciado Woody Allen: “who claims to be uneasy after a night away from home here sets his fourth recent film in a European capital, treating Rome like a besotted tourist.” Bueh, con todo hay que ser justos y decir que esta película no genera sorpresa o entusiasmo en el gran público; vamos, ya no decir el morbo por un beso entre Penelope Cruz y Scarlett Johansson. Sin embargo, creo que es una gran verdad aquello de que hasta lo más mediano de Allen es mejor que el 90% de las cintas con las que comparten la marquesina.

En esta ocasión, nos presenta cuatro historias que se intercalan, pero no se entrelazan. En hilo conductor de todas es, claro, Roma, La Ciudad Eterna, cerca del lugar donde los romanos crucificaron a San pedro de cabeza (o eso dicen). Tres de las historias son sumamente graciosas, particularmente en la que el buen Woody interpreta a Jerry, un dubitativo y retirado director de ópera que siempre fue más adelantado a su tiempo (o eso dice), que viaja a Roma con su esposa para conocer al prometido de su hija (ella, la típica gringa que conoce y se enamora del guapo italiano). El italiano es un abogado de los pobres, izquierdista hasta la médula, con el que el padre de la chica no se lleva nada bien. La relación empeora (o mejora), cuando Jerry conoce al padre de su futuro yerno, quién dirige una casa funeraria, pero que canta como los ángeles  cuando esta en la ducha. Jerry se queda prendado e incluso le consigue una audición con empresarios de la industria musical, pero todo sale mal. Parece que el buen empresario de pompas fúnebres solo canta bien estando en la ducha. Y he aquí donde surge la idea para una obra progresista, surreal y muy adelantada a su tiempo, como las que distinguen a Jerry.

En otra historia conocemos a Jack (Jesse Eisenberg), un aspirante a arquitecto que vive en Roma con su novia Sally (Greta Gerwin). Un buen día, Jack conoce a un arquitecto famoso, a quién admira y con el que sorpresivamente tiene varias cosas en común (Alec Baldwin). También nos enteramos que una amiga de Sally llamada Monica (Ellen Page) viene a Roma a pasar el trago amargo de una separación. Sally le ofrece quedarse con ellos, lo que Baldwin (en un papel de mentor omnipresente, muy presente en el cine de Allen, quizá definido como su “realismo mágico”) interpreta como peligroso. Y es que, aunque a primera vista la tal Monica no sea nada del otro mundo, se nos revela paulatinamente como una seductora.

Quizá mi historia favorita sea la de Antonio y Milly, una pareja de recién casados, originarios de un pueblito anónimo de Italia, que van a Roma de luna de miel. Además, Antonio va a entrevistarse con sus tíos residentes de la capital y, si todo sale bien, puede conseguir un trabajo con ellos y quedarse a vivir en la Ciudad Eterna y, con el tiempo, tener una villa en el campo, como los ricos. Ergo, la pareja esta nerviosa (él más que ella), por lo que Milly sugiere ir al salón de belleza a perder el look a maestra de pueblo que tiene, pero resulta que ella es la que termina del todo perdida, tragada por la inmensa ciudad y su esposo, sin saber muy bien por qué, termina presentando como su esposa a una exuberante prostituta que llega por error a su cuarto de hotel. Milly, sin celular y sin una puta idea de dónde está ni de cómo regresar al hotel (que ya ni se acuerda cómo se llamaba), termina en una locación, conociendo a su actor favorito, quién la invita a almorzar y le coquetea todo el tiempo. ¡A ella! ¡A una humilde maestra de astronomía!       

La última historia trata de la fama y de cómo ciertas personas son famosas solo porque sí. Roberto Benigni interpreta a un italiano cualquiera, con esposa, dos hijos y un trabajo aburrido en el que lo pueden remplazar en una hora. Sin embargo, cierta mañana, se topa con la novedad de que es famoso, una celebridad tan grande que incluso lo más simple de su día (como su desayuno o el hecho de si usa boxers o calzoncillos) causan expectación y son motivo de análisis exhaustivos e idiotas. Su caminar es interrumpido por una nube de reporteros, fotógrafos y fans que lo siguen a todos lados. Cualquier mujer esta dispuesta a abrirle las piernas y no tiene que hacer fila ni reservación en ningún lado: siempre hay lugar para él. El lugar de honor, de hecho.  

Como les digo, To Rome with Love es divertida, pero nada del otro mundo. Lo cual esta bien. Woody Allen esta más allá del bien y del mal desde hace mucho. A él no le importan lo que digan de sus películas o de él mismo. Simplemente cuenta historias de la mejor manera que sabe hacerlo: con una cámara. Su trabajo ya es garantía desde antes de que nosotros siquiera fuéramos engendrados. Será por algo.

Deben verla.

  

The Amazing Spider-Man

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Viene un desplaye largo. Y hay spoilers. Advertidos están.

Ayer por la tarde vi The Amazing Spider-Man, en un miércoles de cine como Dios manda: en IMAX 3D, con palomitas y nachos y refresco y sin compañía. No puedo decir que la odie, porque no lo hice. No puedo decir que no es una buena película, porque lo es; al menos cumple con su objetivo y tiene bien claro lo que quiere lograr y lo hace. Y se ve increíble, pero eso ya lo diremos más adelante.

The Amazing Spider-Man es la película menos publicitada de araña, ever. Creo que debemos comenzar por eso. Y es que aunque hay comerciales en tele abierta y cable, aunque muchas marcas se casaron con la imagen (como Burger King) y aunque llevan buen box-office mundial, la verdad es que el fenómeno alrededor de esta película no es nada comparado al de la cinta del 2002. Y ya no digamos las subsecuentes secuelas. Esta película, de hecho, contaba con un arma de doble filo antes de arribar a taquilla: nadie esperaba nada de ella. Por muchas razones, quizá siendo la más poderosa que el recuerdo de las dos primeras y grandiosas cintas de Raimi todavía se sienten frescas en el imaginario o porque nadie creía en el nuevo director ni en los nuevos protagonistas. Como sea, nadie esperaba nada de la cinta. Yo no esperaba nada. De hecho, esperaba odiarlas. Y no lo hice, porque hace lo suficiente para no ser odiada, así como hace los méritos suficientes para que salgas del cine diciendo: “bueh… he visto cosas peores”. Lo cual es cierto. Creo que es muy fácil complacer a un público que, de hecho, no esperaba nada en un principio. Pero no me malentiendan. The Amazing Spider-Man puede ser muchas cosas, pero no es una película mediocre en su conjunto, aunque si tiene muchos errores. Aunque también muchas fortalezas.

Como sea, creo que por las cuestiones de hype y publicidad, es bastante injusto comparan a esta cinta con la del 2002. Solo recordemos que en aquél verano mundialista, la película de Sam Raimi era la joya del verano, la cinta más esperada del año, quizá. En aquél entonces los tipos de Columbia decidieron no estrenar la película en diciembre del 2001 (tal cual era el plan) para no competir contra dos mastodontes: Harry Potter y The Lord of the Rings. Entonces, dedicaron los siguientes meses a crear una anticipación y expectativa tales que les trajeron filas en los cines semanas antes de que la película llegara. Y no decepcionó. Y es que quizá si la vemos ahora, el Spidy del 2002 luce muy plasticoso y lo que quieran, pero de todas formas la historia sigue estando chingona y resulta ser una película sumamente entretenida. Además de que ahí ya tenemos metida la idealización. Y contra eso es difícil competir. Ahora bien, esta vez no había tanta expectativa, como repetimos, además de que la cinta está metida entre el shock post The Avengers y el hype por The Dark Knight Rises. Es difícil abrirse paso entre esos dos, pero la cinta lo está logrando: en 6 días recaudó la friolera de 340 millones de dólares. Kudos.

Y es que es ya el año 2012 y es que The Amazing Spider-Man tiene muy en claro el público al que quiere llegar. Las cintas de Raimi eran accesibles y amadas por todos los públicos: desde niños hasta fans hardcore. La nueva película cuenta con Marc Webb en la dirección, el tipo detrás de (500) Days of Summer, un tipo que sabe contar buenas historias románticas juveniles, que tiene un muy buen manejo de la estética y el lenguaje de esta clase de contenidos. En el 2012 ya no tenemos a una pelirroja tetona y aspirante a actriz y adorable como Mary Jane Watson en el papel de la heroína, sino que tenemos a una güerita cumshotera que es asistente de laboratorio y que prepara antídotos con la misma facilidad con la que ustedes y yo nos preparamos un Nescafé llamada Gwen Stacy. Las cosas han cambiado, claro. Aunque, claro, Peter sigue siendo un nerd, aunque ahora se le añade una nueva característica: el tipo es un llorón. ¿Es qué eso les gusta a las chicas ahora, los tipos que lloran? ¿En serio? Como sea, la génesis del héroe ya todos nos la sabemos de memoria, así que Webb no se detiene nada en eso. De hecho, parece que tiene prisa por llegar a los madrazos. Claro, la tía May es la tía May, el tío Ben sigue dando buenos consejos, una araña pica a nuestro amigo y lo hace ágil y fuerte y alguien por ahí mata al tío Ben. La película presenta todo esto tan rápido como lo estoy contado, pero no creo que eso sea nada malo. Webb sabe lo presente que sigue en el público la cinta pasada y presenta el proceso de adaptación y control de los poderes arácnidos de manera sumamente acelerada, pero agradable y divertida. Y aquí sí hay disparadores de telaraña, lo cual está bien, creo. Además, el plus en esta primera parte de la historia es la génesis y el desarrollo de la relación entre Parker y la güerita. Creo que esta es la mejor parte del guión. La química entre Andrew Garfield y Emma Stone funciona tan bien que a ratos la película se siente como una chick-flick en toda regla, con música indie de fondo y sonrisas y coqueteo y besos súper románticos. Recuerda más a un episodio de Gossip Girl que a uno de, ejem, la serie de Spider animada noventera. Pero no está mal. Este es el demográfico al que está destinada la cinta. Los protagonistas son la pareja juvenil del momento, tanto dentro como fuera del set (y esto es nuevo en la franquicia, al menos que yo sepa). Creo que habría que aprovechar el escenario y las portadas en teen Vogue y todo. Aunado a esto, las actuaciones de reparto son bastante buenas en general. Martin Sheen demuestra que nació para ser el tío Ben y Denis Leary lo hace estupendo como el capitán Stacy, padre de Gwen.

Otra cosa en la que la cinta destaca es, claro, en el departamento visual. Y es que ya es el 2012 y ahora sí, el araña se ve como siempre lo hemos imaginado. Las secuencias de acción está muy bien logradas, el movimiento de la cámara, el CGI es usado con sentido común y la fotografía es muy buena. Grandes texturas, hermosos colores. La cinta es un banquete para los ojos. Ese es otro win.  

Pero bueno, el gran pecado de la cinta es sin duda su villano. El Lagarto, a.k.a., la parte mutante del doctor Curt Connors, nunca llega a funcionar a la altura de su símil en el cómic y mucho menos a los grandes villanos de las películas de superhéroes (y es que hasta en los perros hay razas, mi lic). Un científico con acento europeo, que trabaja para el Carlos Slim de Nueva York, sin carisma, de pronto se transforma en un wey supermamado y escamoso y con cola. Un freak. Creo que hizo mucha falta el hocico para evocar al Lagarto. Y creo que hizo falta que los guionistas le pusieran  más ganitas a la maquinación del doc. Y es que ya estamos en el 2012 y la amenaza de convertir a todo NY en lagartija suena bien pendeja. Igual y funcionaria en una caricatura de domingo por la mañana que vemos mientras sufrimos lo peor de la cruda, pero está claro que no funciona aquí. Y eso hace que el araña que más o menos va despegando, se quede corto si lo medimos a un pésimo antagonista. Fail.

El araña, por otro lado, comienza su camino de superhéroe tratando de cazar al asesino de su tío, pero de pronto para. ¿Por qué? El araña es llamado un forajido, un vigilante y de pronto todos los policías de NY andan tras él y todos los individuos con un celular lo filman columpiándose. Pero nadie se da cuenta de que va, sin máscara, directamente al balcón de la hija del capitán de policía. Y sí, ya sé que es una película de superhéroes, pero no mamen. Y luego, la historia de los padres de Parker. Creo que no fue buena idea meterla, aunque por lo que vemos es la piedra angular de la nueva franquicia, pero que desde siempre ha sido un dolor de yarbles para la continuidad de cómic. Y que aquí nos deja en la misma, con más dudas que respuestas, pero no in the good way. Además, el score es horrible de verdad.

Pero más allá de eso, The Amazing Spider-Man logra ser una cinta entretenida, muy divertida y muy bien filmada, lo cual es meritorio y lo cual cumple con el objetivo. La taquilla es buena y las expectativas por la inevitable secuela (programada para 2014) son altas. Pero aún así, personalmente me quedo con el Spider-Man del 2002. No sé, quizá sea la idealización. Y es que aunque hayan pasado 10 años, el recuerdo es fresco y aquella película me emocionó de una manera totalmente diferente a esta, que simplemente no odié. Y ya no digamos lo que es esta cinta comparada con Spider-Man 2 del 2004, la mejor película de cómics jamás filmada, según mi humilde opinión. La cinta de Webb es mejor que la tercera parte, pero eso no es meritorio. Spider-Man 3 es una mierda, como todos ya sabemos.

Como sea, he visto cosas peores. Y creo que a sus novias les gustará. Y eso siempre es bueno.

30 años de Blade Runner

Bladerunner

En el año 2019, una corporación de nombre Tyrell, comercializa robots idénticos a los seres humanos. Su eslogan es "more human than human". Estos seres artificiales reciben el nombre de replicantes, y han sido perfeccionados al grado que es necesario aplicarles un test, llamado "Voight-Kampff", para identificarlos. En la Tierra, los replicantes son prohibidos y perseguidos por la ley. Los sicarios especializados en eliminarlos son conocidos como "blade runners". 

El fundador, dueño y CEO de la corporación Tyrell, cuestiona así a un blade runner, uno que ha ido a su oficina a aplicar el test Voight-Kampff a una de sus empleadas:

"Is this to be an empathy test? Capillary dilation of the so-called blush response? Fluctuation of the pupil. Involuntary dilation of the iris…"

Deckard, el blade runner, responde:

"We call it Voight-Kampff for sure".

Los replicantes carecen de empatía, y eso los delata (una máquina detecta su rubor). Y al parecer, el pensamiento abstracto y la imaginación también les han sido vetados. No tienen recuerdos propios, aunque les implantan los de seres humanos para "añadir realismo" a su conducta. Lo cual es patético. Imagina que los recuerdos que han marcado tu infancia (un pastel de cumpleaños, la memoria de la primera inyección, las primeras vacaciones en la playa, el rostro de tus padres cuando eran muy jóvenes), ciertos momentos sin los que, parafraseando a Paul Bowles, tu propia vida sería inconcebible, no fueran tuyos sino de alguien más, meros préstamos. Rachael, la empleada de Tyrell, Corp., posee los recuerdos de la nieta del dueño. Implantes. Cuando Rachael descubre la verdad, casi se desmorona. La vida de un replicante no es fácil.

Ridley Scott filmó Blade Runner como una versión propia de la novela de Philip K. Dick cuyo nombre es más bello que el propio libro: Do androids dream with electric sheeps? En el libro, Deckard es un hombre casado asoleado por los compromisos sociales y una esposa mandona; en la película de Ridley, Deckard es el galanazo Harrison Ford (de 39 años al momento del rodaje), un policía solterón con un oscuro pasado, una suerte de Humphrey Bogart futurista. 

Ridley llegó su cinta por otros lugares que no explora el libro. El tono es sombrío, noir. Los Angeles en 2019 es un cochinero multicultural, un futuro muy alejado de aquellas visiones relucientes del diseño Ray-Gun Gothic de la época Mad Men. Para Ridley Scott y su diseñador de producción, el legendario Syd Mead, el futuro era una cosa incierta, oscura, llena de humedad, ruido y locura. Una especie de torre de Babel mezclado con un putero y retacado de tecnología alucinante, como aquella máquina que "se mete" en una fotografía para revelar a las personas que estuvieron adentro de una habitación el día que se tomó. Autos voladores conducidos por policías latinos + húngaros con cascos de cuero y una debilidad por el origami. Robots strippers que corren en pelotas por la calle –bueno, cubiertas apenas por un impermeable de plástico transparente. Blade Runner definió un estilo visual. Formó las aficiones nerds de un par de generaciones. Y con el perdón de 2001: Odisea del espacio de Stanley Kubrick, estableció el estándar de oro para una película de ciencia ficción.

La semana antepasada festejamos que Blade Runner cumplió 30 años obsesionándonos (se estrenó un 26 de junio de 1982). Véanla hoy (y toda el mes, si pueden) con un vodka en la mano –porque parece "tsing tao"– tarareen One More Kiss, Dear o lloren con el tristísimo piano de Memories of Green.

"It's too bad she won't live! But then again, who does?"

Dark Shadows, o: "Tim Burton… otra vez"

Dark_shadows

Es comprensible que Tim Burton se haya vuelto el director trolleable de hoy. Su estilo consistente es percibido como repetitivo y predecible, ni qué decir de sus temáticas (seres de ultratumba, humor gótico parco pero ingenuo) y de sus colaboradores, como Danny Elfman (score), Helena Bonham Carter (pseudoesposa y “compañera de vida”) y, por supuesto, Johnny Depp (actor trademark del cineasta). Lejos han quedado los días de frescura de Burton, cuando reimaginó a Batman y lo convirtió en parte de la iconografía pop de los ochenta, o una sentida fábula clasemediera mezclada con el mito de Frankenstein (Edward Scissorhands) nos volara la tapa de los sesos. Johnny Depp, sobreexpuesto ad nauseam luego de cuatro (¿o van cinco?) episodios de Piratas del Caribe, cada una más vomitiva que la anterior, físicamente parece el mismo chamaco de 21 Jump Street y repite su papel de víctima de la situación, un pobre sujeto que simplemente estuvo en el peor lugar y en el peor momento. Como aquel Sombrerero Loco que aplaude como idiota y quedó medio traumado en Alicia en el país de las maravillas. O un profesor que es elegido por una maleante en un viaje casual por Europa en The Tourist. En Dark Shadows es un buen hombre que es condenado a una eternidad vampírica por una bruja superpoderosa que decide convertirlo en “undead” luego de que él le declara que, bueh, no la ama. El mito del vampiro + Johnny Depp. Lo que faltaba en su carrera.

Tim Burton es un director muy claro. Muy transparente. Sus últimos guiones trastabillan, los motivos de sus personajes son tan obvios que lucen infantiles… los desenlaces son predecibles. Parece haber un esquema de: a) el personaje padece una injusticia – b) el personaje cruza por una serie de infortunios – c) el personaje da con la clave para resolver la injusticia – d) el personaje es redimido.

Es bastante obvio. Pero así es Tim Burton. A mi gusto, es entretenido y, francamente, es también lo que busco al ver su cine. De alguna forma, es admirable que un creador mantenga la coherencia en su estilo visual, en sus temas y en sus formas narrativas. Tim Burton no está haciendo biopics. No está haciendo filmes melodramáticos de la Segunda Guerra Mundial. El tipo no quiere un Oscar. Creo que hace lo que quiere, y aunque quizá una parte de la audiencia ya está cansada, otros (me incluyo) pueden seguir viendo su cine. Las grandes aportaciones de Burton, que son más visuales y estilísticas, quedaron en Beetlejuice, The Nightmare Before Christmas, Batman, Batman Returns, Edward Scissorhands… lo que sigue son variaciones de lo mismo.

Pero insisto: a mí no me molesta. Dark Shadows tiene buenos momentos humorísticos. Chloë Moretz es una barbaridad ya. Eva Green es hermosa, y se deja caricaturizar burtonianamente. Johnny Depp no tiene falla: él vino a dar el fan service, y ya.

No la volvería a ver en el cine. Y en una de esas ni la tendría en rayo azul.