Robin Hood
Creo que ya había mencionado en un post anterior que amo Gladiator por marcar un antes y un después en lo que a batallas monumentales en el cine se trata. Nada se había visto antes como la madriza contra los germanos. Y después ya nada volvió a ser igual. Ahora, a 10 años de distancia de eso, entré a un cine para ver una nueva cinta épica con Ridley Scott en los controles y Rusell Crowe en el rol principal. Y si bien no salí tan extasiado como siempre (repetir ese momento era simplemente imposible), sí salí sumamente contento de la sala, todavía impactado por las imágenes y las belleza brutal de las batallas.
Robin Hood (2010) cuenta la historia del nacimiento de la leyenda del ladrón del bosque de Sherwood, pintándolo como un arquero más en el ejército de Richard I, quién sobrevive a la Tercera Cruzada y hace desmadres en Francia y se empeda y se divierte con sus panas y tiene cierto gusto por la estafa. Gracias a esto último se coloca a sí mismo y a un grupo de amigos a la cabeza de la comitiva que anuncia la muerte del Gran Corazón de León en Inglaterra, lo que lo pone en una posición un tanto incómoda al desatarse la lucha de poder por la isla y su nueva administración. También aprecia de primera mano la injusticia y el despotismo de la clase gobernante, mientras usa otro nombre y otra vida. Creo que esto es lo más que puedo explicar la trama sin caer en la tentación de soltar spoilers indiscriminadamente. La historia es estupenda. Con claras inclinaciones shakesperianas, llena de humor y de enredos propios de las mejores comedia del gran genio isabelino, viene además recatada de todo el sabor del la Isla. Desde las cabalgatas por los campos refulgentes hasta la exploración de los bosques eternos, la niebla y el rió y el corazón del pueblo reunido el pub, todo está contenido en la historia y ejecutado de una gran manera, haciendo un enorme trabajo con detalles deliciosos como el uso de los acentos y los juegos de palabras (A good knight?/ It was short but sweet./ No, I meant: he was a good knight?). La dirección traduce todo esto en planos exquisitos, un banquete mismo para los ojos. Y las actuaciones son fenomenales. Crowe se siente un tanto raro con el acento, pero esto solo es en los primeros minutos, ya que después se amolda naturalmente a él, aunque un Robin más risueño no hubiera estado mal, pero en fin. Cate Blanchett es simplemente la mejor Lady Marion de la historia del cine y Léa Seydoux como Isabella esta pocamadre. Pero creo que en su conjunto, lo que se lleva las palmas son las batallas. Son hermosas, terribles y frías. Las muertes son inesperadas y se sienten frescas, mostrando lo que en verdad pasaba en el asedio de un castillo o en un desembarco enemigo. Realmente me sorprendieron. Esta es una película hecha con toda la maestria de Scott, del calibre de la ya mentada Gladiator o Blade Runner. La obsesión por el detalle es enfermiza, la cámara mostrándonos la sangre y el sudor es obscenamente real y el humor es xodidamente humano. Creo que en verdad tiene que ser contada entre las obras top del director británico, además de que su historia de derechos civiles le puede granjear la simpatía de la Academia en la próxima entrega de los Oscar. Es un win. Deben verla.




















