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The Ghost Writer

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Aprovecho este espacio para decir que nunca he sido un fan rabioso de Roman Polanski. Claro, muchas de sus películas me encantan (Repulsion, Roseary´s Baby, Chinatown, como ejemplo), pero también tiene muchas que me matan de aburrimiento (Oliver Twist). Pero bueh, esta cinta (dicho ya, de una vez) me fascinó. He aquí las razones.

Para empezar es una cinta dirigida por alguien que sabe mucho de cine y eso se pone de manifiesto en cada cuadro. The Gosht Writer es una cinta que se mueve a su propio ritmo, que es relajada, tensa y sumamente adictiva desde el principio, por más que caminemos por momentos en los que sentimos que "no pasa nada"; al final descubrimos que todo tiene su razón de ser. Y eso es increíble. La construcción de la trama (un ex Primer Ministro con un pasado algo más que escandaloso  está empecinado en escribir sus memorias, por lo que contrata a un escritor fantasma para corregir y publicar el manuscrito que el antiguo escritor fantasma dejó al momento de morir en circunstancias por demás misteriosas), la construcción de los personajes, las locaciones y el clima... todo dotan a la cinta de aquella atmósfera clásica del trhiller inglés en la que todos son sospechosos y cada suceso, por pequeño que sea, siempre tiene 2 lados.

Y es entonces cuando todo se torna oscuro. Y magistral. Para empezar sentí que aquello del Fantasma (un escritor de medio pelo del que no sabemos absolutamente nada, ni siquiera su nombre) versus su jefe (ya saben, un hombre poderoso y con mucho pasado metido en un pedote de proporciones bíblicas con la Corte Internacional de Justicia) es una trama que por si sola vale una clase de guion. Ya que aunque estos personajes interactúan poco entre sí, sus encuentros resuenan y prácticamente abarcan todo. Es como en La Ilíada: Héctor es casi omnipresente, pero la figura de Aquiles jamás abandona al lector y la confrontación entre ambos es ya el orgasmo. Y aunque esto puede sonar simple, créanme que no lo es. La casa en donde el Fantasma llega a hacer su chamba es enorme, puesta en una isla aparatada del resto del mundo y rodeada de un pueblo con una vida nocturna equivalente a la de cualquier cementerio. Todo el ambiente destila esa peculiar sensación del exilio (cof cof), de estar fuera del hogar y del país (o el Reino) al que se sirvió... exacto! como la historia del Rey Arthur y Avalon. Y el cielo eternamente nublado y la lluvia que parece estar siempre presente no hacen más que reforzar esto.

Es cierto sentido es una cinta muy romántica. Hay algo en el exilio que nos hace sentir empatía por los involucrados. Y en cierta medida esa melancolía por el hogar perdido logra ser tomada por el personaje de Olivia Williams (la mejor actuación sin duda) y la canaliza en esa otra gran tragedia: la pérdida del amor. En este sentido la cinta es por demás evocativa, aunque sin caer en la nostalgia sin más. Polanski también hace guiños y homenajes a los grandes maestros del thriller, incluyendo a Hitchcock claro. La trama por momentos parece una oda de lagrimilla final a aquellos tiempos en los que para impresionar y atrapar a la audiencia solo se necesitaba un buen guión y talento para sacarlo a flote, a diferencia de los efectos apantallamasas que vemos ahora en todos lados. Por eso la cinta se mueve así, por eso se utilizan de esa manera a los autos, a los elementos de seguridad y a los empleados; por eso la historia transcurre en un entorno extrañamente hostil y misterioso, pero a la vez familiar para el inglés que ha visto muchas tardes lluviosas y muchas mañanas nubladas. Por eso es increíble.

La película es suave y persuasiva, hermosa de una manera bastante melancólica pero sin dejar de ser interesante. Requiere de cierta paciencia, pero la recompensa de gran forma. Y aunque el guión deja algunos cabos sueltos, es la pura sabrosura para el público fascinado con las conspiraciones. Un guiño de que aún podemos creer que hay más de lo que vemos y que de hecho lo hay; y que estos sucesos pueden cumplir nuestros sueños más geek del tema. Y sí, en cierta medida es un recordatorio de que todavía se pueden escribir este tipo de historias: thrillers hechos y derechos con finales soberbios y héroes anónimos. Y esto siempre es bueno.

Flashback elemental

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El sujeto de la foto es un vaclayo de 19 años llamado Johnny Depp. El año de la foto es 1984. Mierda. En ese entonces el buen Johnny no era ni por mucho la estrella más hot de Hollywood, sino que era un vecho más en la industria, quien aceptaba cualquier papel idiota que le ofrecieran. El filme al que pertenece la foto? A Nightmare on Elm Street, conocida en nuestro país como Pesadilla en la calle del infierno (aplausos). Ni más ni menos que su primer film, mi lic.

Anoche tuve la oportunidad de verla otra vez. O casi. La verdad es que solo la pusieron mientras hacía ciertas cosas y seguía en línea la paliza de Peyton a Eli en el Manning Bowl. Ok, pero si volteé en el momento de la muerte del vecho. Cuando está en su cama, con sus audífonos puestos, escuchando New Wave y entonces una garra con dedos punzocortantes sale y lo jala, literalmente, al interior del cochón. A los pocos segundo un chorro de sangre superchafa es eyaculada por el lecho y se embarra (sin albur) en el techo. Tengo que decirlo: Wes Craven, no mames.

Este post fue escrito bajo los efectos de I Started Something I Couldn't Finish, by The Smiths.

Bicentenario

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Creo que ya lo dijo Anton Ego en su poco menos que épica reseña final en Ratatouille: lo negativo siempre  es lo más divertido y fácil. Ok, no lo dijo con estas palabras, pero creo que esa era la esencia. Y eso es la esencia en estas fechas. Pienso que en estas fechas sería infinitamente más fácil ser cínico. Decir que no hay nada que celebrar y que si lo hacemos solo estaríamos siguiéndole el juego al “mal gobierno” y que piensan que hacer una fiesta cuando hay narcos, descabezados, masacres, desempleo y querellas políticas, esta simplemente fuera de lugar. Lo siento, de eso no se trata este post. 

 

Ayer simplemente decidí no ser pesimista. Y no por Televisa o Felipe Calderón o la cala. Sino simplemente porque nací aquí, en este país. Y porque, aceptémoslo, eso de celebrar no necesita pretextos históricos o de ninguna otra índole. Y en realidad creo que de eso se trata todo. Ser mexicano es meramente un accidente geográfico, como ser chino o ruso. Al final del día es muy fácil culpar a tu país por todo lo malo de tu vida, igual que culpas a tus padres en tu reunión semanal con el psicoanalista. Ser cínico es demasiado fácil. Y eso simplemente nos impide ver las cualidades de esta nación, que son muchas. Cualidades que si, valen la pena ser celebradas. 

 

Ayer me dieron ganas de celebrar por Del Toro, por Cuarón, por el Indio Fernández y agradecer en el alma una cinta como Los Olvidados, por mas que fuera hecha por un español (naturalizado mexicano después). Pero igual sigo odiando el 92% del cine nacional, aunque estoy convencido de que se puede salvar. Y de que se debe salvar. Odio la corrupción y la falta de compromiso que parecen reinar en todas la estancias gubernamentales, manifestadas en el calvario que representa hacer cualquier trámite y la cantidad realmente obscena de burócratas que no hacen más que calentar el lugar viendo como camina la fila. Pero también celebro al tipo que hace su trabajo con esmero y amor, así sea un arquitecto o el compadre que decidió hacer su lucha en el comercio informal. Me cagan Cristian Castro, Paulina Rubio y Carmen Salinas (entre muchos otros), pero me gusta creer que ellos no nos representan en el extranjero. Yo celebro a Alondra de la Parra dirigiendo a la Filarmónica de las Américas. Sigo odiando el nivel oligárquico que parece reinar en el país, donde casi siempre avanzas más dependiendo a quién conozcas y no de qué tan bueno eres en lo que haces, pero eso solo me hace querer luchar aun más para alcanzar mis sueños. Y me hace celebrar por los mexicanos que han alcanzado los suyos, ya sean aquí o en el extranjero.

 

Jamás me gustó eso de unirme a los pesimistas, pero tampoco a los optimistas. No voy a votar por nadie de Iniciativa México, pero tampoco me la voy a pasar descalificando sus intentos por hacer de este un país mejor. Al final del día no ganamos nada con aventarle mierda a todas estas ondas (como el Teletón o Goles Por la Educación). Al final del día no ganamos nada solo con quejarnos y decir que la vida en México esta del caraxo. Creo que eso lo sabemos todos. Yo creo que el problema es, precisamente, en empeñarnos en ver nuestra realidad en relación al contexto general de México. Es fácil abatirse al escuchar las alarmantes cifras de desempleo, pobreza extrema y nivel educativo a nivel de la colectibilidad. Pero aquí hay una buena noticia: todos seguimos siendo individuos. Mientras haya una persona capaz de encontrar oportunidad, desarrollo y éxito, hay chance para el resto de nosotros. Eso sigue siendo bueno, a pesar de todo lo malo que se cierne sobre nosotros. 

 

Personalmente yo nunca he trabajado para el país. No creo que si tengo éxito, de inmediato elevaré en algo la calidad de México o su renombre internacional. Si tengo éxito será solo por mí y para mí. No es egoísmo, simplemente es darnos cuenta de que el mundo no gira a nuestro alrededor. Dejar de ver esto como una carrera de todos. Y sí damos ese pequeño paso, siento que pueden cambiar muchas cosas. De entrada haríamos nuestro trabajo sin importarnos si el de a lado hace el suyo o no. De inmediato celebraríamos porque nos nace celebrar y no porque en las noticias nos dijeron que lo hiciéramos o porque en el twitter nos dijeron que no lo hiciéramos. Cada uno tiene una idea de su país. Yo la tengo. Y sé que vaya a donde vaya siempre tendré esa identidad obtenida gracias al accidente geográfico que me permitió nacer aquí y que me hizo disfrutar de La Familia Burrón y de las películas del Santo y Blue Demon los sábados por la mañana. Este país tiene mucho que ofrecer y tiene mucho que merece ser celebrado. No dejen que un montón de pesimistas y amargados los convenzan de lo contrarió.

 

Ayer me tomé mi Cazadores reposado mientras veía por la tele a La Maldita Vecindad y recordaba la época en que me gustaban. En realidad siento que este es un buen país. En realidad me gusta haber nacido aquí. Y, a pesar de que probablemente la historia juzgue a nuestra generación por haber celebrado el Bicentenario con un desfile y ya, y no con una revisión objetiva de nuestro pasado; siento que nuestra Historia es por demás rica en mito y hecho y humor involuntario. Siempre celebraré a Jorge Ibargüengoitia, uno de mis escritores favoritos. Un mexicano.

 

Viva México.    

Inception

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Por fin logré ver LA película del verano. Y no solo eso, sino que llegué a la sala sin haber sido víctima de ningún spoiler destructor más allá del superexplicatívo trailer, del que ya no me acordaba mucho, dicho sea de paso. Y créanme, en una época en que la sobreinformación no solo te rodea, sino que prácticamente te arrasa como tsurimi de Ninel Conde, mi pequeña hazaña es... bueh, eso. Un logro bastante estúpido, pero logro al fin.

Y bueno, a lo importante. Inception. La historia de la película supongo que ya es de sobra conocida por ustedes, así que solo la explicaré brevemente. Un grupo de ladrones se dedica a sacar información valiosa de ciertas mentes que una compañía misteriosa les ordena hackear. Logran extraer dicha información cuando el sujeto está dormido y ellos ingresan en sus sueños mediante cierta maquina de la que no conocemos su génesis. En una de esas reciben una misión un tanto más complicada: la de plantar una idea en el subconsciente más profundo del sujeto hackeado con tal de que él la ponga en práctica cuando regrese al estado consiente sin darse cuenta de que la idea, de hecho, no es suya. Y aunque la misión es riesgosa (tampoco se explica muy bien el por qué de esto, pero no importa), las recompensas y el mismo reto de tener un éxito que nadie ha tenido son razones suficientes para aceptarla.

Y aquí viene el terreno de la polémica. Poco después de salir de la función escuché y leí (ahora si) mucho sobre la cinta. Me sorprendió que la mayoría de los críticos nacionales calificaran a la cinta de “confusa”. Creo que no lo es. En realidad (y eso es una característica del cine de Nolan a lo largo del tiempo) se trata de un thriller bastante común, solo que ocurre mientras todos los participantes se encuentran dormidos. Y ni siquiera los sueños de Inception son como los esperaríamos, aunque esto no es de extrañar. Borges explica (en un libro llamado Siete Noches que es increíble y deben checar) que los sueños no pueden contarse, ya que son solo imágenes sin contexto que aparecen en nuestro subconsciente durante los momentos de estado REM. Cuando tratamos de meter un hilo conductor entonces contamos una historia, ya no el sueño. Y, si lo piensan, es cierto. Generalmente soñamos con muchas cosas, pero solo recordamos un sueño al despertar. A mi también me ha pasado mucho que, cuando me doy cuenta de que estoy soñando, ya no puedo controlar el poder de volar (un ejemplo) que anteriormente manejaba sin pedos. Nada de esto se muestra en la cinta. Aquí no hay imágenes a la Lynch, surrealistas o siquiera como las que vimos en la narrativa de Eternal Sunshine of the Spotless Mind. Los sueños de Cobb (Leonardo Di Caprio) y compañía son extrañamente lineales, con solo momentos a la Matrix que nos hace ver que, de hecho, sí son sueños. Y que ayudan a dotar la historia  del calificativo de “confusa “,con el que yo no estoy de acuerdo. Aunque, claro, no estoy diciendo que el guión en genera sea malo o algo por el estilo. Todo lo contario.

En el frente técnico es simplemente impecable. La fotografía y los efectos son sobrios, minimalistas y hermosos, pero aquí también entra el otro gran pero de la cinta. Creo que carece de momentos épicos. Digo, se ve pocamadre cuando Ariadne (Ellen Page) juega con la física de una calle parisina y toda la onda de la van cayendo del puente y la secuencia del elevador en gravedad cero, pero solo se ven bien y ya. No hay ningún momento de CGI que te saque el xodido no mames! que, por ejemplo, exclamamos cuando el T1000 sale de las llamas en Terminator 2 o cuando la nave espacial sale detrás de La Torre de Diablo en Close Encounters of the Third Kind. Y esta también es una carencia histórica en todo el cine de Nolan: siempre sentimos que le falta algo de corazón y así es. Probablemente tenga que ver con la falta de humor en sus historias. Aquí también escasean las risas, salvo con la dizque carrilla que se cargan 2 personajes y aquél chiste sobre cómo es que el sueño se desarrolla en la nieve y no en la playa. Y aunque no son momentos particularmente cagados, logran romper un poco con el sopor solemne que por ratos se asemeja al de The Dark Knight.

Pero, por otro lado, la cinta también es abundante de cosas buenas. La historia es sólida y prácticamente impecable en su conjunto y en lo que quiere logra en la mente del espectador, además de que ésta (a diferencia de los 2 últimos Batman´s) tiene un gran ritmo. En realidad jamás te suelta y no importa si nos perdemos un poco durante el viaje, no importa porque el ritmo vertiginoso simplemente no te deja parar a reflexionar. También todas las actuaciones son magníficas. Todas. Pero creo que sobresalen las de Marion Cotillard Y Cillian Murphy. Xodidamente talentosos ambos. Y hay que decir que la película por si sola es refrescante en estos tiempos. En estos veranos llenos de remakes, adaptaciones y películas de vampiros vegetarianos, es ciertamente agradable ver el desplaye de una mente que simplemente imaginó una historia de espías y ladrones en un entorno diferente. Y eso es lo que la hace excelente. Cuando se enciendes las luces y no puedes ocultar la sonrisa que te dejó ese final (si, el final es simplemente grandioso) y no puedes callar el estuvo increíble! que te sale casi sin querer y no puedes dejar de hablar una vez que sales de la sala. Entonces sabes que valió la pena.

No me quiero meter aquí en el pedo del culto que de pronto ha surgido. Si algo nos ha enseñado la historia es que el fuego, mientras más caliente es, más rápido se consume. En mi opinión falta mucho para que Inception entre en el recinto de Las Inmortales (sí es que alguna vez entra), pero supongo que solo el futuro lo dirá. Solo ahí veremos si logra inspirar suficientes productos de calidad (y otros que no lo sean, pero donde se sienta su influencia) y si se convierte en parte del imaginario. Entonces probablemente en un futuro podamos hablar de la etapa post-Inception en el cine, al igual que hablamos en su momento de la etapa post-Pulp Fiction. Por ahora solo es la clase de cinta que los geeks  amamos. La clase de cinta que invita a horas de conversación a ritmo de Bowie y vodka sobre el posible simbolismo de una canción de Edith Piaf y las sutiles pero deliciosas referencias a la mitología griega. Pero eso no es requisito. Inception es una excelente película que deben disfrutar (si es en IMAX, mejor que mejor) y comentar y ya. No va a ganar 319 Oscar el próximo marzo. No es la mejor película de la historia. Y, al menos por ahora, no ha cambiado el rumbo del cine para siempre. Pero si ha hecho feliz a mucha gente, incluyéndome. Y eso, al final, es lo único que cuenta. 

Predators

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Soy muy fan de Predator (1987). La vi en vhs hace ya un buen rato y aún me logró aplicar el clásico gag del wtf? a media trama , ya que todo parecía indicar que era una cinta de guerra más de Sch-lo-que-sea-negger, pero al final resultó ser la de una batalla del hombre contra una especie superior. La de un militar poderoso en contra de un extraterrestre armado con rastas y armas futuristas que caza por diversión. Y el pedo era tan bueno como suena.

La verdad es que esa primera parte es insuperable (nota: hay que verla este fin de semana). La 2 se volvió más naquita, ahora colocando al cazador en la jungla de asfalto. Con más sangre y mucho más humor baboso. Me gustó, pero no tanto. Y de las Alien Versus Predator mejor ni hablamos. Ahora viene una nueva película que tiene como figura principal a la inmortal creación de Jim and John Thomas, esta vez producida por Robert Rodríguez. Y, la verdad, no esta nada mal.

La premisa de la película es sencilla: un grupo variopinto de cabrones (una militar, un mercenario, un yacuza, un Zeta, un convicto, etc) de repente caen a una selva tropical. Después de apuntarse mutuamente, madrearse y decidir que es mejor estar juntos, se dan cuenta de que están en un planeta puramente destinado a la cacería... y que ellos son las presas. La acción es bastante buena, ya que el director (Nimród Antal) aquí demuestra un buen dominio de la cámara y crea secuencias de vértigo muy bien logradas (como cuando el grupo cae de la cascada). Los personajes son lo más estereotipados que se puedan imaginar (mi favorito es el yacuza, por su puesto), pero funcionan para la historia. Las actuaciones están bien en general y las muertes son salvajes y crudas y clichéadas. Por lo demás hay sangre y diálogos que muchos de ustedes ya deben saberse de memoria.

El conjunto crea una cinta harto divertida y llena de referencias a la película del 87 que lo inició todo, pero hasta ahí. No es una película de colección, más bien es algo que deben ver para entretenerse con una muy bien lograda muvi de madrazos (eh, Stallone? así se hace). Mejor que Predator 2? creo que si. Mejor que las AVP? por su pollo que sí. Mejor que la original? ni en sus sueños. Pero creo que esa no era la finalidad, así que no falla.

The Girl with the Dragon Tattoo

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Nunca he leído los libros de Stieg Larsson y en realidad no tengo muchas ganas de hacerlo, aunque por ahí me han dicho que la fiebre por la Trilogía Millennium esta pesada. Como sea, probablemente alguna vez los cheque. Y al final de día ese no es el tema del post.

La película sueca de 2009 que nos ocupa en esta ocasión cuenta la historia de Mikael Blomkvist (Michael Nyqvist), un periodista quisquilloso que al parecer molestó a un wey lo suficientemente poderoso para meterlo a la cárcel por un corto tiempo y, de paso, arruinar su reputación. A seis meses de empezar a cumplir su tiempo tras las rejas, estando sin trabajo ni amigos y ni perro que le aviente una meada, decide aceptar el trabajo de un viejo millonario que vive en una isla propiedad de su poderosa familia (los Vanger, empresarios de pocas palabras y menos sonrisas). El estarrio le cuenta a Mikael cómo su sobrina favorita, Harriet, desapareció hace 40 años sin dejar ningún rastro. La policía jamás encontró el cuerpo o al asesino (el viejo tiene la seguridad absoluta de que su sobrina esta más fría que Dillinger) y poco a poco el caso fue olvidado por todos, excepto él, quién siempre sospecho que algún miembro de la familia Vanger, por demas basta en su tiempo, era el autor del crimen. Y antes de morir le encarga a Mikael que intente resolver el caso. El tipo cuenta con la tecnología y habilidad suficiente para encontrar pistas nuevas en viejas fotografías y pronto se suma a su búsqueda Lisbeth Salander (Noomi Rapace), una haker bastante freak y con una personalidad tan gélida y retraída como la de Holly Hunter en The Piano. Pero, claro esta, es la mejor en lo que hace. Tratando de encontrar a la presuntamente difunta sobrina, este par nada singular se topa con unos asesinatos llenos de referencias bíblicas realizados desde los años cincuenta, al parecer por una sola persona. Una persona que todo parece indicar era conocida por Harriet.

La cinta se mueve con el ritmo de cualquier capítulo de CSI y es tan entretenida como uno de los buenos. Aparte que cuenta con el morboso atractivo de que la poco cándida Lisbeth es sometida a humillaciones y a una violación bastante ruda por parte de su tutor legal. Y después ella se desquita, también de una manera ojete, pero justa eso sí. La cámara esta manejada con sobriedad, como es característico del cine sueco, excepto en aquellas partes en que el director se quiso poner muy gringo. Las cuales son varias de hecho. La historia es sumamente interesante y las actuaciones en su mayoría son buenas, sobretodo la de Rapace. Nyqvist es bastante competente por momentos pero durante casi toda la cinta es tan carismático como el pedazo de hielo gigante que sale en Titanic. La verdad es que siento que jamás le entendió a la esencia del personaje y lo hizo bastante confuso para los que no hemos leído sus libros. Lisbeth, por otro lado, es un personaje muy estereotipado, pero cuya personalidad es bien manejada aquí, excepto al final, claro.

En realidad creo que se trata de una película de calificación 8. Hay secuencias muy bien logradas, pero ningún momento es particularmente memorable y creo que la incursión de algún gran clímax la hubiera elevado de nivel. No es la mejor película sobre asesinos o investigación, pero tampoco es la peor. El final me parece desacertado, ya que aunque deja la puerta abierta a la inevitable secuela (ya estrenada en Europa, al igual que la tercera parte), en realidad no invita a verla. O al menos así me pareció. Y bueh, seguramente se la pasarán bien viendola. Yo me la pasé bien. Pero creo que es probable que el remake gringo dirigido por David Fincher (programado para estrenarse en 2011) podría aplicar la misma que el caso Infernal Affairs/The Departed de hace algunos años. Esperemos.      

The Expendables

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Es difícil hacer una reseña a Los Indestructibles (circa 2010). Y es que la película es... bueno, una basura. Simple y sencillamente.

La cinta es mala por donde la vean. La cámara esta manejada con las patas. Digo, esas tomas de cámara-en-mano sin tener ni puta idea de donde esta el plano es bueno en cintas como The Blair Witch Project, pero porque la idea de esa movie era que estaba hecha por weyes aterrados y en peligro de muerte. Y que eran, además, estudiantes de cine. Aquí no hay pretexto. Las tomas son horriblemente caóticas. Duele la cabeza de solo verlas. También la mezcla de sonido esta del caraxo. Y ya no digamos el hecho de que cada cabrón mamado que sale aquí (y vaya que salen muchos) habla con el peor acento que se puedan imaginar. Supongo que esto era para burlarse de ellos mismos y de sus papeles anteriores, pero en realidad no resultó de esa forma. En realidad funcionó para que quedaran como retrasados mentales armados con un chíngo de músculos. Y el humor superidiota no hizo más que acrecentar esta percepción.

La historia es una pendejada de proporciones épicas, pero bueh, yo no esperaba otra cosa así que esto no es una queja. La queja es que la película no funciona al nivel que yo esperaba y que supongo que otros muchos también esperaban: ser divertida. The Expendables no lo es. Es estúpida, pero de una forma que te provoca pena ajena. Ahora en verdad nos damos cuenta de que el buen Rocky, después de tantas peleas y golpes de Iván Drago, quedó peor de lo que imaginábamos. Los cameos de Bruce Willis y Arnold Sch-lo-que-sea-negger son un poco cagados, eso sí, pero sus personajes no hacen más que complicar una historia que ni siquiera tendría que ser complicada. Y son complicaciones de un nivel que... ay Dios! Hasta los nombres de los personajes reflejan la poca imaginación de los guionistas.

Pero al salir de la sala extrañamente no sentí que me habían robado. No me daban ganas de ir y exigir la devolución de mi dinero. No me enojé como tantas otras veces  por haber visto tal pedazo de cala. Todavía no logro averiguar porqué. Quizá fue el ver una nueva película de acción 100%, lo que me recordó por un momento las sesiones en VHS con mi familia durante mi infancia. Quizá. Y digo, ni siquiera la acción de aquí es buena. El CGI de infinidad de películas de los noventa es mucho mejor que el de esta cosa y eso es francamente vergonzoso. Pero, como les digo, yo no sentí que fuera un robo.

No me cabe la menor duda de que Los Indestructibles es una película mala como pocas, pero tampoco es de lo peor que verán en su vida, se los puedo asegurar. Es cierto que no es pretenciosa y que incluso puede entretener por momentos, pero ni siquiera es digna de verse en el cine por todos los errores antes mencionados. Es para verse en el Cinco, en un domingo de Cine Permanencia Voluntaria, acompañados de una coca cola bien fría y su dotación de Doritos Nachos sazonados con salsa Valentina. Y eso es todo.

Kick-Ass

Kick-ass-closeup

Kick-Ass es el ejemplo perfecto de la película transformer, la clase de film que, sin darte cuenta, te muestra más de lo que ves. Y es que una primera lectura (o una visita ocasional, como bien puede llamársele) solo nos dejaría con la historia bien escrita (la cinta esta basada en un cómic de culto que me urge checar), con caritas cumshoteras, con el gran soundtrack y con la acción sanguinolenta y las escenas gore. Pero hay más, mucho más,  dentro de este film. Algo que la saca del nivel medio y que la eleva al Olimpo de las cintas de superhéroes. Qué es? simplemente su gran amor por la cultura del entretenimiento.
 
La historia es simple, pero a la vez no tanto. Un adolescente cuasi-invisible (Aaron Johnson) se pregunta un buen día porqué nadie en la vida real a intentado jamás ser un superhéroe. Y después de discutir interior y exteriormente las razones obvias y las otras no tan obvias, decide intentarlo él mismo. Se consigue un disfraz superchafa y se lanza a una cruzada heroica que casi le cuesta la vida. Después se lanza a otra más simple e idiota y completa uno de los momentos más grandiosos que haya producido el cine de superhéroes. La película logra llegar, con humor cagado y madrizas muy bien hechas, al tuétano de la razón heroica presente en todas las mitologías y en todas las culturas a lo largo de la historia. Lo que hace al superhéroe no son los superpoderes, sino las acciones heroicas, desinteresadas e inspiradoras. Ninguno de los personajes en la cinta es un metahumano per sé, pero todos tienen algo que los identifica y los hace, ejem, superhéroes: la empatía, que en estos tiempos equivale a un superpoder con todas las de la ley. Y también cada uno de los héroes del film sabe en el fondo que ellos mismos serían inútiles sin en la vida real no existieran tampoco los supervillanos. Pero estos sí existen.

La película esta llena de clichés sobre los cómics y el cine, pero estos están tan inteligentemente armados que la hacen sumamente fresca. Y lo mejor de todo son aquellos momentos en que la cultura pop se pone a disposición de los personajes para armar una frase o un momento grandioso, como cuando el guardaespaldas enorme y negro suelta su frase de: "I always wanted to say this: say hello to my little friend!" justo antes de estrenar su bazuca. O en la escena del jet pack. Esa clase de momentos son supremos, pero tan familiares que nos recuerdan todas las razones por las que amamos las pendejadas que nos entretienen, llámese cine, cómics o cultura pop en general. Y esa es la razón por la que también Kick-Ass puede mostrarse divertida, idiota o sumamente seria (como en la muerte de Big Daddy) sin bajarse de nivel en ningún solo momento.
 
En términos cinematográficos la cinta es sobresaliente. La fotografía es grandiosa, al igual que la dirección y el diseño de producción en sí. Las actuaciones rifan, sobretodo la de Nicolas Cage (ya se extrañaba algo bueno de él) y la de Chloe Moretz. Para los indecisos es bueno decirles que si bien esta película trata sobre el dilema y la génesis del vigilante, no es ni de lejos tan compleja y pretenciosa como la Watchmen de Zack Snyder. Es una cinta diseñada para ser consumida y disfrutada por todo el mundo, pero llena de detalles que solo algunas personas descubrirán y entenderán. Y los hará muy felices. Es simplemente de los mejor en muuuuucho tiempo.  

Se acabó

Espaa

Como cada cuatro años llegó el momento de la final. De ese partido a veces sobrevaluado y a veces inolvidable. De ese encuentro que resume los 63 restantes. Y, basados en eso, la final de Sudáfrica 2010 fue tan parca y carente de emociones como el torneo en sí.
 
Como el pulpo Paul había anticipado, España pasó sobre la escuadra germana en semifinales. Y de que forma. Controlando el balón, tocando, teniendo llegada. Alemania hizo lo que pudo, pero al final un error los dejo fuera de la fiesta (aunque ganaron el más que merecido tercer lugar). Y en el otro encuentro se impuso la lógica: Holanda avanzó sobre la escuadra charrúa que, sin embargo, se batió como los hombres hasta el último minuto y dejó en evidencia las debilidades de los creadores del Futbol Total. A la postre, Diego Forlán ganó el Balón de Oro. El wey es un crack pero más que nada es un hombre-equipo; completamente de acuerdo con la decisión.
 
Y llegó el 11 de julio, se dieron las 13:30 p.m. y el balón rodó en el Soccer City, como hace un mes. O casi. Y de inmediato se vio la dinámica del juego: España dominando. Pero para sorpresa de propios y extraños, los holandeses salieron con el cuchillo en los dientes dispuestos a matar a más de un hispánico con tal de parar su juego. Holanda se parecía más y más a Paraguay y España cayó en la trampa y se enredo en un juego sordo y pausado y demasiado peleado en media cancha. Así pasaron 45 minutos. La tensión se podía cortar con una katana y eso ocurrió en el segundo tiempo. Contragolpe holandés: peina Sneijder para Robben quién solo tiene a Casillas como único obstáculo hacia la gloria. Y de él son el tiempo y el espacio. Y falló. Sin demeritar la acción de Casillas (una gran gran jugada), creo que el error del 11 naranja fue mayúsculo. Esa, a la postre, fue la jugada clave. En cierta oficina madrileña el buen Florentino Pérez seguramente sonreía de oreja a oreja al señalar las diferencias entre un galáctico y un buen jugador. El Universo le dio la razón. Robben tuvo otro mano a mano más adelante, pero un jalón cuasidescarado de Puyol y el querer adornarse de más fueron suficientes para engrandecer aún más la figura del portero madridista. España también tuvo sus llegadas, pero al final perduró el empate a ceros.
 
En mi casa queríamos que ganara Holanda. Pero también sabíamos que los españoles habían sido muy superiores en el trámite del juego y que la única esperanza para los Tulipanes era llegar hasta los penales y esperar un milagro. Y por un momento parecía que llegarían hasta la última instancia. España llegaba al marco pero ya sea por exceso de protagonismo o abuso del tiro largo o errores o aciertos de la saga naranja, el gol simplemente no llegaba. Y del otro lado: nada. Fue hasta el minuto 10 del segundo tiempo extra cuando los catalanes se acordaron de la filosofía  cruyffquiana del "tercer pase" y Fábregas conectó con Iniesta después de recibir el balón del Niño Torres. Iniesta midió el Jabulani y lo golpeó antes de llegar al suelo, fusilando sin piedad los sueños holandeses de que la tercera sería la vencida. Todo el mundo sabía que era el gol de título, ya que una reacción tulipán se vislumbraba más lejana que el hecho de que el mentado Fernando Torres marcara una anotación. Y al final el silbatazo final, el llanto de Casillas, los abrazos, el aplauso frio del Príncipe de la Casa de Orange, los brincos de la Reina Sofía, la premiación, Blatter otra vez en la foto y el pasillo al Campeón. España había entrado a la élite más exclusiva del deporte.
 
Y si bien ahora le llueven piropos al Campeón, la verdad es que nunca me han caído bien y no creo, fuera de eso, que sean un equipo a la altura de los elogios. Me gusta su toque e balón y su filosofía de juego (completamente Futbol Total; Johan Cruyff es el artífice de este título, le pese a quién le pese), pero son terriblemente improductivos de cara al arco. Un equipo que tiene tantos pedos para meter un gol no puede ser considerado excelente. De hecho, el partido contra Suiza es el modelo. Los suizos resistieron los embates, metieron la que tuvieron y no cometieron un solo error, algo que ni alemanes y holandeses hicieron. Tampoco es aplaudible el exceso de protagonismo de los integrantes. En la final todo el mundo quería ser el héroe, todo el mundo quería meter el gol del gane. Y aunque se entiende el egoísmo, no es para nada recomendable. Pudieron liquidar el partido desde mucho antes si hubieran mostrado algo más de compañerismo. Y también cayeron fácilmente en el juego de las patadas que el rival inició, como a su vez se desesperaron en el mentado primer partido de la Copa. Pero más allá de eso no podemos quitarle mérito al título y, sobretodo, al cómo lo consiguieron. Para bien o mal siempre respetaron su estilo, siempre trataron de hacer un juego vistoso y ofensivo y eso se agradece. Demostraron que físicamente es mejor tener el balón que aguantar atrás (tanto Holanda como Alemania terminaron fundidas de tanto corretear el esférico), demostraron que sí se puede ganar una Copa del Mundo jugando bien (eh, Dunga) y, aunque ningún equipo los atacó en serio (salvo Chile y eso solo por momentos), demostraron lo importante que es tener un gran portero en el equipo. Un portero que no solo para las obvias, sino que detiene las imposibles. España es un digno Campeón del Mundo, pero me siguen cayendo pésimo.
 
Y así terminó Sudáfrica 2010. Terminó con un nuevo campeón, por más que cada vez día de competencia parecía un collage de momentos y partidos históricos. Terminó con una final netamente europea a pesar del aparente dominio de equipos americanos durante la primera fase. Terminó con un campeón que ataca antes que defiende por más que en la competencia abundaron las formaciones defensivas. Terminó con una decepción carioca y con un claro claro claro favorito para dentro de cuatro años. Terminó con el mundo rendido ante los vaticinios de un molusco germano; el mismo mundo que sabía que el Chicharito tenía que ser titular, que Franco apestaba y que España sería la ganadora absoluta. El mismo mundo que en todo tuvo razón. Terminó con una televisión abierta que suckea y gacho en deportes, con una TV Azteca a la que solo le faltó encuerar a sus conductoras (lo que no hubiera estado nada mal, dicho sea de paso) y con una Televisa que explotaba los mismos gags de hace treinta años una y otra y otra vez. Terminó con el futbol completamente olvidado en ambas televisoras. Terminó con Shakira moviendo las nalgas, con el mal humor de las ignoradas jevas y con el glorioso panorama de un mes en el que sabíamos que tendríamos, mínimo, 90 minutos de futbol diariamente.

Y ahora la nostálgica. El tratar de crear una nueva rutina, porque es demasiado fácil acostumbrarse al futbol. El tratar de digerir el Jaguares-Querétaro de nuestro futbol local. El asimilar que faltan 4 largos años para la nueva fiesta. El tratar de volver a una normalidad de muertos, de un Congreso en desmadre 24/7, de un Zócalo ya sin Fan Fest pero todavía con electricistas en huelga de hambre, de una guerra casera contra el narco, el de la filosofía de que “si no estas con nosotros estas contra mi” del Presidente, el de tramites burocráticos cagantes y el del sol de hueva. Y es que es tan fácil olvidar nuestra miseria con el futbol. Pero ahora sí: bienvenido a tu vida. A tu realidad, donde tu felicidad esta en tus manos y no en los pies de 22 desconocidos.
 
Pero bueh, Brasil 2014 ya está a la vista.    

Toy Story 3

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No era un secreto el hecho de que mi emoción por esta película era prácticamente nula y que mi temor de que la tercera parte de la saga de los juguetes más famosos de los noventa (estrenada a más de una década de la original) fuera una basura era gigantesco. Pero, como muchas veces, esos cabroncitos de Pixar demostraron que los temores eran infundados y que sí se puede terminar bien lo que se empieza bien (eh, Sam Raimi).
 
En primera, creo que es imposible ver esta película sin pensar y lanzar más de una vez la exclamación de que las mentes maestras de Pixar son unos xodidos genios. Cada toma, cada encuadres, cada secuencia destila cultura cinéfila y un manejo de la emoción pocas veces visto en esta clase de género del entretenimiento. Muchos momentos destilan aromas a Einsestein, a Spielbreg, a Kubrick y hasta a Buñuel. Muchas referencias son completamente desconocidas por el público menor de 12 años, pero se agradecen en el alma por no caer en el chiste fácil a la Sherk 2. Toy Story 3 es lo suficientemente inteligente para respetar a su público y conocer lo que cada espectador tiene dentro. En verdad es de esas película sí que hay que ver con la sala repleta, con la sensación de que, al menos por unos minutos, estamos conectados con la misma gente que lanzó una exclamación igual que la nuestra gracias a que las imágenes que ambos estamos viendo realmente aflojaron algo en nuestro interior. La montaña rusa emocional esta garantizada y es impresionante.
 
La historia creo que todos la conocen. Andy, el dueño de los juguetes, ya creció y esta a punto de irse a la universidad. Un error hace pensar a crú (Buzz, Hamm, Rex, Jessie, Señor y Señora Cara De papa, 3 Hombrecitos Verdes, Tiro Al Blanco y Slinky) que su dueño intentó echarlos a la basura en lugar de guardarlos en el desván y ahora deciden empezar de nuevo en una guardería. Woody intenta hacerles recordar que tienen un deber para con su dueño y que deben volver para estar ahí cuando él los necesite. Total, que en la mentada guardería ocurren cosas oscuras debido a un oso de peluche con olor a frutas, un bebe gigante y musculoso y un chango a la Tío Gamboín. Y estos elementos conforman la aventura más grande y autocomplaciente de toda la saga. Como generalmente ocurre en todas las terceras partes, menos en Rocky 3 (ahí pasó en la cuatro).
 
Lo más destacable es el humor. La cinta es en extremo divertida, en serio. Yo no recuerdo haberme reído tanto desde The Hangover. Los gags de Buzz, pese a ser quizá los más plasticosos, son sumamente cagados y cumplen con la función de colocarlo como el amigo handyman por excelencia. El tipo de amigo que todos necesitamos en la vida. Y la subhistoria de Barbie y Kent... tan predecible e increíble que en verdad cuesta creerlo. Y a la vez no tanto. Tantos estereotipos, tantos conceptos e ideas infantiloides puestas por primera vez en un scrip que en verdad cuesta creer cómo los tipos de mattel aceptaron esa clase de tratamiento para sus productos más emblemáticos. Y aunque Woody se diluye un poco en este aspecto, su escape original cuenta con un momento jocoso realmente grande. Y ya con el humor de este nivel, la narrativa se siente dinámica. Hay acción en cada momento, pero no es frenética. En realidad todo se va cociendo a su tiempo, a pesar de la idea de que están pasando demasiadas cosas en poco tiempo. La historia merece un Oscar por sí solo (quizá sea por fin el Oscar "serio" que la compañía merece desde hace años). Y ya cuando creemos que lo épico del pedo nos atrapó y complació por completo, viene el final. Un final muy a la Remi, demasiado melancólico e inteligente para definirlo aquí. El adiós a la infancia, el hecho de que las cosas son simplemente cosas, que lo que tenemos y siempre tendremos son las marcas en el corazón de los buenos momentos que pasamos juntos. Andy encuentra un principio nuevo, a una digna "portadora" (una niña bastante simpática y gentil, por cierto) y su momento juntos es quizá el momento emocionalmente más brutal de toda la saga (y miren que por ahí hay un par que bien pueden competirle en este aspecto).
 
Toy Story 3 es una cinta universal y mágica, ademas de xodidamente memorable. Por momentos parece estar hecha para adultos nostálgicos más que para niños, pero ambos públicos se la pararán bomba en la sala. Por cierto, verla en IMAX 3D es impresionante, pero creo que la experiencia no pierde demasiado vista en pantalla norma. El doblaje es bueno. Y bueh, pues esta de más decir que se convirtió en mi favorita de las 3. En serio no deben perdérsela y no dejen de analizar al Woody de esta entrega. El Woody enlace, el Woody como héroe no tan trágico sino más que nada sumamente épico. El Woody que nos recuerda que todo tiene un final, pero que a la vez algo más vuelve a empezar. El Woody que nos enseña lo sano que es cerrar y comenzar los ciclos. El Woody que nos recuerda que al final siguen existiendo las cosas buenas.
 
Y Bebote rockea, por cierto.