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The Social Network

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The Social Network (2010) es una película fácil de definir, ya que el solo decir que se trata de un retrato compuesto de todos los elementos de la novela de no-ficción sobre los fundadores de Facebook es competente y hasta cierto punto más cierto que todo lo demás que ustedes leerán en esta reseña y en otras similares. Pero también es una gran verdad decir que dicho retrato periodístico llevado al cine compone una de las mejores películas en mucho mucho tiempo.
 
La película nos presenta a Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg) en dos etapas clave de su vida, quizá una más que la otra o quizá no. En la primera lo conocemos como escolapio de Harvard, por ahí del 2004 (que lejos suena ese año, verdad?), con sus pedos con las jevas y su aspecto nerdáceo y, en cierta medida no menos cierta que la otra, su necesidad por destacar. El tipejo es un genio para la computación con un coeficiente intelectual elevado, pero sabe que eso ya no hace destacar tanto como quisiera, por lo que un pequeño accidente en el que se mezclan su blog y varias cervezas, dan como resultado un ejercicio por demás misógino que le hace ver las posibilidades sociales que contiene la internet cuando se mezcla de manera directa con la vida real (ajá, aquello que llamamos internet 2.0). Zuckerberg, repito, es un genio, y eso queda plenamente capacitado con su posibilidad de "ver" la oportunidad, oculta dentro de los infinitos número y símbolos que componen el lenguaje de la programación, comparable en cierta medida con un niño prodigio del ajedrez, que dentro del infinito número de posibilidades que ofrece un tablero logra ver con claridad la ruta que lo llevará a su objetivo. Gracias a esto el tipo no necesita ser un ser social (de hecho no lo es) para dar con el clavo de la idea que en el momento de escribir esto a logrado tener a más o menos 500 millones de adeptos y que vale unos 25 mil millones de dólares. Solo necesita entender las necesidades de sus compañeros, sus conocidos y unas cuantas rutas que los personajes que lo rodean le proporcionan, directa o indirectamente. Él wey tiene amigos o los ha tenido? En mi opinión no. Esto es importante en la trama? Mucho.
 
La historia más menos va así: los gemelos Cameron y Tyler Winklevoss (ambos interpretados por Armie Hammer), mamones, riquillos, deportistas de alto rendimiento y miembros de la nobleza que abunda en las universidades premium de E.U. contactan a Zuckerberg para construir un sitio de amigos que ofrezca interacción en línea y que sea exclusivo para alumnos de Harvard. Esta, si se me permite decirlo, es la piedra angular de la idea, propuesta en un vestíbulo de la casa de uno de los clubs más exclusivos para los alumnos en la universidad. Un club del que los Winklevoss son miembros y Zuckerberg no. De ahí viene Facebook. Exclusividad. Zuckerberg sabe que pocas cosas se comparan a la sensación de ser aceptados por alguien, de pertenecer a algo exclusivo, de ser valorados. Este es el cimiento de thefacebook.com, el sitio que él crea a espaldas de sus 2 patricios empleadores, gracias a los recursos de su "mejor amigo" Eduardo Saverin (Andrew Garfield). La relación entre ambos es bastante rara y se presta a muchas interpretaciones, pero de eso hablaremos poco aquí. Conforme el sitio va creciendo, los 2 escolapios van reclutando más gente al equipo, a su vez que esquivan los tibios ataques de los Winklevoss y encuentran a un gurú: el legendario Sean Parker (Justin Timberlake, sorprendentemente actuando bien) fundador de Napster. Todo esto conlleva, en un periodo de tiempo realmente corto (tanto en la vida real como en duración del filme), al proceso judicial en contra de Zuckerberg por abuso de confianza, robo de propiedad intelectual y fraude por muchos millones de dólares, que es el segundo momento de su vida que conocemos.
 
David Fincher (director) y su guionista Aaron Sorkin saben que en la vida real los momentos "Eureka" no existen o son extremadamente raros (más raro que encontrar un taxista que no te haga plática), por lo que no retratan ninguno en su película, lo que se presta a numerosas interpretaciones. Sí, Zuckerberg no creó Facebook él solo, pero creo que, históricamente, las grandes ideas jamás han sido resultado del trabajo de una sola persona, exceptuando algunas ocasiones. Menos de las que imaginamos. Y bueno, no es justo pero así funcionan las cosas. Zuckerberg trabaja en su sitio y a su vez utiliza a las personas a su alrededor para después desecharlas en su camino hacia la grandeza individual. El wey es frio, metódico y por demás ojete. Y él lo sabe. Y además sabe que su aspecto de pendejin le ayuda. Sabe que muchas personas confían en él o lo subestiman solo por cómo se ve o lo que creen conocer de él. Si no fuera así su amigo no habría firmado el contrato que lo eliminó del negocio sin consultarlo con un abogado. Su patética defensa ("creí que éramos amigos") es muy débil, pero aún así creo que Saverin es el personaje que logra despertar más sentimiento de simpatía en el respetable. La forma en la que trata a los Winklevoss es la de darles por su lado a toda esa nobleza estudiantil con la que él ha convivido mucho tiempo y que él conoce y en cierto nivel detesta a la vez de que sabe de que nunca fue parte de ella y que jamás lo será. Sean Parker es una figura impresionante que por un momento sentimos que logra ejercer cierta influencia malsana en Zuckerberg, pero éste muy pronto deja ver que no es la clase de persona impresionable que creíamos. O al menos no lo es tanto. La figura que nos queda es el propio Mark, enigmática y tan fría como una mañana de enero en Massachusetts. Hay varias interpretaciones de lo que fue durante esta etapa de su vida o durante toda su vida. Yo tengo la mía y creo que difiere un poco de la del director y el guionista. Veran, históricamente hay 3 áreas de estudio que son semillero de los niños prodigio: la música, las matemáticas y el ajedrez. Las 3 son lenguajes no verbales que han demostrado no necesitar que alguien que no alcanza la madurez social que podríamos considerar "normal" pueda destacar en ellas. Pero cada una requiere de la rápida capacidad de percibir patrones, reglas lógicas y vínculos. Zuckerberg es esta clase de persona. Él nunca ha visto a las demás personas como seres con sentimientos, sino simplemente como herramientas llenas de necesidades. Claro que muchas veces trata de "encajar", pero vemos que en esto falla estrepitosamente. Recordemos la primera secuencia del film, la plática en el bar con Erica Albright (un personaje de ficción dicho sea de paso) en la que la velocidad de las palabras se conjuga con la variedad de conceptos y resulta en un despiadado interrogatorio. Este es Zuckerberg con las personas normales. Y esa es su naturaleza. Supongo que hay personas tanto o más inteligentes que él que si pueden sostener relaciones sociales que quepan dentro del rango de la normalidad, pero esa simplemente no es su naturaleza. Aún así los realizadores medio lo logran encajonar y hacer empático (solo un poco) con el público. Y es, precisamente, en sus errores. Aquella charla en el bar de la que hablamos termina con la tal Erica saliendo emputadísima del bar y con el poco o nada cándido Zuckerberg atacando su reputación en línea. Todo eso trae consecuencias. Pero su figura, en otros aspectos, es casi inalcanzable. Incluso vemos que la parte monetaria le vale pito, ya que con el dinero no se deja llevar por las fiestas o las drogas que son la perdición de muchos. Para él lo importante era hacerlo porque sabía que podía hacerlo.
 
Y todo esto pasa en dos horas. Y todo es increíblemente editado, complementado con sólidas actuaciones y un score bastante bueno (cortesía de Trent Reznor y Atticus Ross). El guión por si solo vale el boleto, ya que no solo es impecablemente sólido (cada línea es indispensable) sino que logra que una historia llena de lenguaje de programación logre conectar con un público general. Quizá lo único que se le puede reprochar es su falta de drama o de un momento que sea por demás dramático o revelador o algo, pero así es esta clase de cine y así son esta clase de historias y así es el periodismo de no-ficción. Es extraño y bastante agradable ver una película gringa que carezca de juicios morales. Por lo demás solo resta decir que la película cumplirá cualquier expectativa que tengan sobre ella. Estamos ante un ejercicio fílmico de la más alta calidad y de sumo interés, lleno por demás de valores por todos entendidos pero que a lo largo del tiempo siguen siendo pasto verde para nuevas historias. En este caso es la amistad. 
 
Bienvenidos a la mejor película del 2010.  

The American

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George Clooney se nos presenta en esta película como un americano en Italia. Un americano que vive de paso en un pueblito de las montañas, olvidado por la civilización, pero curiosamente donde las películas de Sergio Leone son proyectadas en pantallas planas dentro d los cafés en donde el americano mata el tiempo. Esos cafés en los que el americano toma taza tras taza de café americano mientras escucha Tu vuo fa' l' Americano. OK, pero lo verdaderamente especial de este americano del que jamás llegamos a conocer el nombre real es que él es lo más cercano a un samurai que podamos encontrar en el cine actual.
 
Jack o Edward es un experto en máquinas,  y él mismo es una perfecta y engrasada máquina de matar, aunque su especialidad es construir armas especializadas para que otros asesinos lleven a cabo los trabajos. El americano es una de esas personas con la capacidad innata para desarrollar su trabajo, pero además sus ojos están llenos de aquellas nubes que aparecen al saberte de otra especie, al saberte un nivel más arriba. Un nivel que si, es muy solitario. El americano tiene un jefe llamado Pavel (Johan Leysen), que viene a representar de manera estupenda del amo dentro de la metáfora del samurai. Para Jack o Edward, Pavel es la persona que le ordena y a la que él obedece, además de que es la única persona en la que parece ser capaza de confiar.
 
Al principio de la película nos bombardea la escena de un error del americano. Estando en un nivel diferente, es muy peligroso confiar en las personas de diferente nivel, pero muchas veces no se puede evitar. Es entonces cuando comienza la persecución y la paranoia aflora en todos lados. El americano busca la ayuda de Pavel y este lo manda al exilio del pueblo italiano en el que las películas de Sergio Leone son proyectadas en pantalla s dentro de los cafés. También le manda un trabajo que tiene que ver con Mathilde (Thekla Reuten), una misteriosa y hermosa jeva en busca de un arma específica. La relación de ella con el americano es espectacular: jamás deja de ser estrictamente profesional (se conocen en una escena llena de homenajes al cine de espías clásico), pero sentimos de verdad que es lo más cercano a la amistad que ambos personajes pueden llegar a tener en su vida. En aquél solitario nivel superior. El americano también convive con una prostituta llamada Clara (Violante Placido), pero aquí afloran otra clase de necesidades por parte de jack o Edward. La necesidad física para empezar, pero más adelante la necesidad de estar cerca de alguien diferente, de alguien que a nuestros ojos es completamente normal, de alguien que nos sonríe de una forma en la que pocas personas nos han sonreído en la vida. La necesidad de confiar, sin llegar a confiar totalmente. La necesidad de querer confiar.
 
El director Anton Corbijn, famosillo por Control (2007) y por ser un fotógrafo de rock durante mucho tiempo, logra armar una película que poco o nada tiene que ver con su anterior trabajo. La cinta se mueve a su propio ritmo, mostrando al director como un relojero en el artesanal proceso de ensamblar las piezas. Es introspectiva, muy zen y hermosamente fotografiada, incluso la sangre y los asesinatos son hermosos. Hay en todo, además, una tristeza atemporal. El samurai de poco se va dando cuenta de lo solo que esta. Supongo que lo habrá pensado antes, pero nosotros somos testigos del momento en que la revelación lo golpea de lleno. Nosotros nos contagiamos de esa melancolía, llegando a entender sin palabras los desesperados intentos del americano por bajar el nivel, por confiar en Clara, por creer en Pavel. Llegamos a desear como él que Clara sea diferente mientras la paranoia omnipresente invade nuestro sistema y detona con las 2 palabras clave: "Mr. Butterfly". El momento en que dichas palabras son pronunciadas de la forma incorrecta es simplemente supremo. Es un momento que sencillamente cambia todo el contexto de la película y la saca de la media, haciéndola genial. Hacia mucho que un solo detalle no me estremecía tanto.
 
La película es cien por ciento recomendable, aunque hay que aclarar que pese al estúpidamente explicativo titulo que le pusieron en español (El Ocaso de un Asesino), no se trata de una cinta de acción. Nada más lejos de la realidad, de hecho. Es una película sumamente fría y hermosa, como una mañana de marzo que tercamente trata de recordarnos al invierno agonizante. Y eso puede decepcionar a una gente que a la vista de titulo y el póster (bastante bueno, por cierto), esperaba solo balaceras a la Michael Mann. Pero que eso no los engalle o los aleje. Denle una oportunidad a The American (2010) y les aseguro que les dejara más de lo que esperan.
  

 

Life During Wartime

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La nueva película de Todd Solondz nos muestra a gente en tiempos de guerra. Y, como tal, es gente que raciona. Pero lo que ellos racionan durante la cinta son los sentimientos de bondad, optimismo y esperanza. Los personajes están desesperados, molestos y muchas veces llegan a ser perversos. Incluso algunos están tan mal que la muerte no les impide aparecer e interactuar con los vivos solo para quejarse. En este mundo retorcido solo los niños parecen capaces de ser felices (ya que todos los demás están más que atrapados en su propia miseria), pero su inocencia parece presta a ser desgarrada en cualquier momento.
 
Life During Wartime (2009) es descrita por su director como "una cuasi-secuela" de la increíble Happiness (1998) y trata de seguir con la historia que esta dejó hace ya doce años. Y aunque vemos que muchos personajes no solo han mudado de actor (Allen ya no es interpretado por Philip Seymour Hoffman, sino por Michael K. Williams), sino que parecen haber sido diferentes desde el principio (este Allen ya no solo es un pervertido que molesta por teléfono, sino que se entiende también como un pandillero y buscapleitos, más ad-hoc con el tipo que lo interpreta ahora), los veteranos de la primera cinta inmediatamente se pondrán en sintonía con lo que el paso del tiempo les trajo a nuestros viejos conocidos. Joy (Shirley Henderson), la trovadora y soñadora de la primera cinta, quien ahora es la flamante esposa de Allen, decide darse un break de su vida matrimonial y profesional en Nueva Jersey y visitar a su familia, ahora exiliada en Florida., donde su madre continua echando pestes del padre ausente. Su hermana Trish (Allison Janney), trata de sobrellevar su nueva vida después del escándalo de abuso de menores por parte de su esposo mientras prepara el bar mitzvah de su hijo Timmy (Dylan Riley Snyder) e inicia una nueva relación amorosa con Harvey (Michael Lerner). El padre pedófilo Bill (Ciarán Hinds) es puesto en libertad al principio del film y decide buscar a su familia, es especial a su hijo mayor Billy (Chris Marquette). Trish le había dicho a sus hijos menores que su padre había muerto -Billy ya esta en la universidad y es el único que sabe la verdad-, por lo que la confrontación con Timmy no es muy agradable que digamos -y es que descubrir que tu padre no solo no esta muerto, sino que es un pedófilo, no es algo agradable de descubrir en cualquier momento, pero menos cuando estas a pocos días de convertirte en hombre. La tercera hermana Jordan, Helen (Ally Sheedy), ahora es una prospera e insatisfecha guionista de Hollywood quien sale menos de lo que merecía, pero que nos regala algunos de los mejores diálogos de la película.
 
Solondz tarda alrededor de 30 minutos en crear su atmósfera y presentarnos a sus caracteres; de ahí en fuera todo lo que fluye lo sentimos sumamente normal dentro del retorcido universo en el que los personajes se desenvuelven. Lo que nunca queda claro es si el exterior en verdad es tan malo como lo pintan aquellas personas despedazadas emocionalmente. Personas traumatizadas y frágiles, capaces de herir terriblemente a las personas que aman, pero que a pesar de todo aún continúan en su búsqueda de la felicidad (la búsqueda en la que todos estamos, creo) y es por demás triste ver como fallan una y otra vez. Ver que lo que les falta es encontrar el equilibrio, que para ellos está representado en practicar correctamente el mantra de "perdonar y olvidar". Ellos no siempre lo hacen en este orden y no siempre haciendo las 2 cosas, aunque todos intentan ambas en su absurdo intento de enterrar el pasado y sus demonios. Y entonces vemos lo verdaderamente peligroso que son los recuerdos, no porque el pasado nos persiga de forma física (o no siempre) sino porque somos nosotros quienes no lo dejamos atrás; despertamos a cada rato a nuestros demonios y en seguida nos quejamos del desastre que hacen. El director nos muestra también los extremos con una Helen que en su afán de perdonar se olvidó de cómo olvidar y un Billy, quién lo olvidó todo sin perdonar nada. O la matriarca del clan Jordan, quién nunca intentó ni lo uno ni lo otro. Y con eso demuestra simple y sencillamente que el equilibrio perfecto no existe y que en su mundo el buscarlo es el mejor camino para destruir tu vida. Lo peor es la culpa personal; eso es lo que no nos permite dejar atrás las tragedias. La culpa, diría Cobb. Culpa que la inmensa mayoría de las ocasiones es justificada, pero que a veces no lo es. A veces esta ahí solo para xodernos la vida. Y lo logra casi siempre. Por eso hasta Florida, que para todos se presenta como un oasis en su propio y particular desierto, puede alojar a los fantasmas de las relaciones pasadas que terminaron muy mal, o a personas tan dañadas como la mujer que Bill encuentra en el bar y con la que llega a una especie de enfermizo acuerdo para usarse mutuamente en un patético y desesperado intento de encajar y, porque no, recordar aquellas cosas que en un momento los hicieron felices. Porque todos fueron felices alguna vez o al menos fingieron serlo.
 
Este es el mundo de Todd Solondz, tan terrible y compulsivo como él quiere que sea. La fotografía es minimalista, sombría. Las actuaciones de todo el cast son grandiosas -principalmente la del chamaco Snyder, lo que hace que los ojos de cada personaje estén tan vacíos y estériles como departamentos de muestra. Cada uno de ellos casi llega a sugerir la casa en donde viven y no es difícil llegar a imaginarla. El guión es perfecto en lo que quiere y logra su objetivo con mucha facilidad, demostrando una vez más que pocos directores le ganan a Solondz en el departamento de humor negro, aunque claro, es bastante elitista. Como dije, es una película que se percibe bastante personal por lo que no todo el mundo puede estar de acuerdo con lo que plantea, aunque de inmediato se nota que poco o nada le importa al autor la polémica que su trabajo llegue o no a desatar. Eso ya es parte de los inevitables daños colaterales, ya que la grandeza del film esta más allá de nuestros juicios. Y es que, después de todo, este aún es un mundo en guerra.
 
Tienen que verla, es excelente. 

Foto de la Semana en nfl.com

Jet

Se terminó la semana 10 de la NFL dejándonos algunas sorpresas, ya que ahora resulta que Peyton Manning  puede jugar un partido completo sin tener ningún pase de anotación. O que la otrora “cortina de acero”  de los Steelers haga agua en el mismo juego en el que la novata defensiva de Nueva Inglaterra juegue con los yarbles bien puestos. O también sucede que los Jets "vuelan alto", que los jugadores de Dallas siempre sí saben lo que hacen, que Favre siempre sí se equivocó al jugar un año de más, que otra vez termina la jornada con Michael Vick como la estrella indiscutible –sorry PETA, y hasta resulta que los malosos de Oakland son “un equipazo” (qué sigue? René Casados como el nuevo VJ estrella de VH1?). Esta semana incluso se dio el lujo de demostrar que los pases de Ave María siempre sí funcionan...  bueh, a veces y con un poco de suerte, claro –por cierto, ese fue un juegazo, mi lic.

Así, más o menos, están las cosas en este loco loco mundo del futbol americano profesional. Y recuerden chicos, próxima semana: los Patriotas, quienes demostraron que siempre sí tienen vello entre las piernas (aunque el juego contra Pittsburg medio se complicó al final, pero con todo fue, mmm, como llamarlo..., ok: “esperanzador”), en contra de unos Colts a quien muchos ya le ven síntomas del llamado "viejazo". Igual hagan sus apuestas, se antoja para ser un gran juego.  

Scott Pilgrim VS The World

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Es interesante entrar a una sala sin tener ni idea de lo que vas a ver y, sobretodo, de como te va a afectar la película que estas a punto de videar. Entré a ver esta cinta solo por ser el trabajo más reciente de Edgar Wright. Pero al final terminé saliendo de una de las experiencias cinematográficas más personales y emotivas de mi vida.

Scott Pilgrim vs The World es sin duda una hija bastarda de su tiempo. Y es que aunque la historia es por demás simple y universal -chico tratando de conquistar a chica-, la forma en la que esta hecha la sitúan de inmediato en esta época, cosa que, con todo y sus efectos y millones de dólares, no pudo hacer Avatar. El humor magistral de la cinta tiene que ver con chistes locales -e idiotas- presentes en las redes sociales, con emoticons, con manga japonés, con rock independiente, con los arcades, ad nauseam. En resumen es una historia que conecta perfectamente con todas aquellas personas que nacieron en los ochenta y crecieron durante los noventa y que no pasaron sus primeros años encadenados a un boiler de gas. A todos ellos bien les puede asomar una sincera sonrisa al ver momentos de su vida retratados aquí. Simplemente nos damos cuenta que todos encajamos en alguno de los personajes de la cinta. Todos hemos sido el pretendiente Scott y Ramona Flowers, su inalcanzable jeva, o la despechada Knives Chau, o la hijadeputa Envy Friday, o el gélido Gideon. Esta clase de cosas es lo que nos enseña que no hay cosa más estúpida que pensar que somos especiales.

Y como una persona que vive esta época, la cinta me pareció grandiosa. La dirección cumple satisfactoriamente (no se esperaba menos, la verdad), el cast esta pocamadre, en especial Mary Elizabeth Winstead y Jason Schwartzman. Muchos momentos memorables, grandes secuencias de acción y un soundtrack casi perfecto completan el cuadro. Igual no creo (o no quisiera creer) que esta sea una de esas películas que no son para todo el mundo -como Watchmen-, sino que cualquier persona con un poco de sentido del humor se la pasara bomba viéndola, aunque entiendo que muchas personas la consideren teta y banal y odiosa (algunas personas se salieron de la sala donde la vi). Se necesitan ciertas referencias para sacarle el mayor jugo, sí, pero eso no impide que sea una experiencia sumamente disfrutable para todo mundo. Por eso me sorprendió la poca cantidad de salas donde fue estrenada en el DF (solo 7) y la nula difusión por los medios convencionales (tele, radio, periódico), pero bueh, como leí por ahí, hay que aceptar el hecho de que vivimos e un país donde el nombre Scott Pilgrim no significa nada y el de Adal Ramones significa mucho.

Pero bueno, tengo que agregar aquí que lo que la hizo increíble para mí  -más allá de lo antes mencionado- fue una cuestión meramente personal. Con esta película tuve un momento de iluminación calibre alcohólico-al-darse-cuenta-de-que-necesita-ayuda. Ya saben, una de aquellas "revelaciones" que en realidad no te enseñan nada nuevo, porque lo que te dice ya lo sabias, sino que solo te lo dice de la forma correcta, en el momento correcto, con el resultado de volarte la tapa de los sesos. Y lo que a mí me dijo es una verdad universal: en la historia de la humanidad nada que haya valido suficientemente la pena se ha conseguido sin pelear. Verga. Y eso, claro aplica a todo, desde una carrera universitaria o un trabajo deseado o el auto idealizado y, claro, una mujer. Todo lo que vale la pena tiene que costar trabajo, o cuesta trabajo porque vale la pena. Eso es lo que me dejó Scott Pilgrim y solo por eso se convirtió en una de las mejores películas que he visto en el año.

Tienen que verla, so pena de perderse de una verdadera maravilla.   

You must be Kinect me

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Soy un hombre de principios: me gusta la cerveza fría, la tele fuerte, ver cine en el cine, las caritas cumshoteras y el lado fresco de la almohada. Me gustan que los zombies no corran; soy fan de que sean lentos y putrefactos e inagotables, pero entiendo que una película como Zombieland tienda a funcionar más con zombies correlones y lo celebro (en 28 Days Later... técnicamente no hay zombies, sino gente enferma. Muy enferma), lo que les da una idea de que también soy un hombre flexible para ciertas cuestiones. Y es que al final del día: quién soy yo para decir que no se deben romper los cánones de vez en cuando? Pero eso no aplica a todo.

Verán, en aquél invierno, de... eh, déjenme recordar, 2006, el mundo  se convulsionaba por una cosa llamada Wii. Bueh, no todo el mundo, claro esta.Yo, por ejemplo,  veía a aquella cosa más parecida a control remoto de un DVD Naoki que a control de videojuegos con la misma desconfianza que un púber ochentero enamorado de su Atari 2600 veía aquella cosa llamada Famicom, hecha por japoneses. Qué sabían los japoneses de videojuegos? Pero bueh, pronto caí en la cuenta de que el Wii era, según decían, la onda para el videojugador casual, aunque yo le daba un año de vida a lo sumo. Nintendo supo manejar muy bien su consola y la hizo líder de la guerra, al menos en lo que a ventas se refiere. Y es que esa era la idea: cambiar la concepción original del videojuego y, porque no, del videojugador. Hay que decir que, con todo, vivimos en una época un poco más abierta y tolerante para lo geek. Verán, en los ochenta si un wey que se veía ya medio huevudo decía ser fan de Star Treek o alguien lo veía leyendo un comic, inmediatamente era catalogado como un reprimido sin amigos que posiblemente terminaría descargando el contenido de una Magnum calibre .45 sobre los clientes de algún Taco Bell. Ahora si alguien dice ser fan de Star Treek solo es considerado interesante o a lo mucho raro. Y después de determinada edad la gente ya no lee comics, sino novelas gráficas. Los tiempos han cambiado y ahora hasta jugar videojuegos es una gran actividad social. El Wii es para jugar bolos o box o lo que fuera acompañado y de pie y con pizza y cerveza (fría). Nada más. Ya bien entrado el 2007 yo jugaba mucho Guitar Hero en el PS2. Fue en la época en la que tuve mis primeros contactos con los Wii de algunos amigos y aunque mis experiencias con dicha consola nunca fueron malas (sí, solo jugaba Wii Sports y un poco de SSB Brawl), tampoco le vi el chiste. Para mi jugar videojuegos era solo sentarte en un sillón  a apretar botones hasta hartarte o pasar al siguiente nivel. Siempre fueron eso y supongo que siempre lo serán. Seguí y sigo siendo fan de Guitar Hero, pero no así de Rock Band, ya que la verdad me frustra de más tener compañero tan idiotas, aunque claro, RB es algo diseñado exclusivamente para fiestas. Fiestas en las que haya alcohol, de preferencia. Lo mismo que el karaoke para los bares (soy un hombre interesado en tecnisismos, pero no en esos tecnicismos).

He jugado videojuegos desde los 7 años y supongo que lo seguiré haciendo hasta que la muerte o la artritis me lo impidan. Pero nunca he sido fan de la interacción con algo más que un simple joystick. Nunca fui adepto de Dance Dance Revolution y muchas veces la sensibilidad al movimiento del control del PS3 me ha hecho lanzar varios improperios (aunque acepto que hizo que romper cuellos en MGS4 no solo fuera más fácil, sino algo absolutamente disfrutable). Siempre he sido un gamer algo clavado, ya ven, por lo que ahora el objeto de mis sospechas es esa cosa llamada Kinect, lanzada ayer en Estados Unidos y algunos otros países de América. El Kinect, para los tipos que acaban de despertar del coma, es un dispositivo para el Xbox 360 que te permite controlar ciertos juegos usando solo tus brazos, piernas y movimientos corporales. Ahora no solo agitarás un control como idiota frente a tu televisor, sino que serás tú el que se agite como gusano en comal caliente para jugar. Ok, creo que el futuro ya nos alcanzó. Demás esta decir que el catálogo de juegos para el Kinect esta repleto de juegos simples y perfectos para la interacción social, por lo que esto no es más que un ataque directo al Wii, casi 4 años después.

Por una parte sé que yo jamás compraría un Kinect, así que en cierta medida me vale un poco. Por otra sé que los videojuegos simples diseñados exclusivamente para el videojugador casual tiene el merito de ayudar a la industria a solventar la producción de un The Legend of Zelda o un Metal Gear Solid, que son juegos más complejos y caros de producir y que muchas veces no se venden tan rápido para que sean rentables o al menos tan rentables como una nueva versión de Wii Sports. Pero esos son los juegos que los gamers amamos, así como amamos solo sentarnos en el sillón para jugar. Y bueh, el caso más importante es que cosas como Wii o Kinect ayudan a cambiar esta percepción o al menos lo intentan. Ahora jugar es como hacer ejercicio, pero más divertido, ven? Ósea que el videojugador, de hecho, solo se esta entrenando o algo así. Y digo, no estoy en contra de eso, pero siento que no es sustituto para salir y hacer ejercicio o simplemente correr en exteriores como lo hacen las personas normales. Ahora los morrillos se conformarán con hacer el ridículo frente a su Kinect en lugar de disfrutar de los exteriores.

Yo no estoy  posición moral de juzgar a un chavo que se pasa 30 horas metido en un mundo virtual creado por Rockstar Games en lugar de, no sé, meterse a un equipo de americano o algo. Digo, yo me he pasado 30 horas metido en un mundo virtual creado por Rockstar Games o por Nintendo. Pero al menos en mi caso eso nunca me impidió hacer otras cosas. Y digo, siempre existirán los vaguitos, pero lo verdaderamente malo es que la inmensa mayoría de los vaguitos no terminarán siendo unos cabroncitos como Matt Dillon en Rumble Fish, sino que tienen más probabilidades de convertirse en nerds antisociales con sobrepeso que a los 30 años no han cogido una vez en su vida, se masturban compulsivamente y hablan klingon o alguna pendejada por el estilo. La cosa es el equilibrio, amiguitos, ya lo dijo el pomposo Juvenal: Mens sana in corpore sano. Para mi lo mejor siempre fue combinar las artes nerdaceas con el deporte. Y digo, es chingón terminar un juego, lo sé, pero también es una lástima que un chamaco no aproveche los días y salga a correr o a andar en bici, ensuciarse con lodo, tocar timbres, patear pelotas, fumar a escondidas, hacer hasta lo imposible para verle los calzones a las niñas… ya saben, las cosas bonitas de la infancia.

Además, el cielo sigue siendo azul. Todavía.          

El día despues del final de la Serie Mundial 2010

2010

Y bueno, al final solo pudimos disfrutar de 5 partidos en la Serie Mundial de Beisbol de este año, que enfrentaba a unos Gigantes de San Francisco, quienes habían sufrido de más para entrara en la postemporada, en contra de unos Rangers de Texas que habían dejado en el camino a los Yankees de Ny y que se presentaban con una ofensiva poderosa y un picheo dominador. Pero la tónica de los juegos no pudo ser más diferente.
 
El juego uno enfrentaba a los pichers estrellas de cada conjunto: Tim Lincecum por los Gigantes (ganador del Cy Young del último par de años) en contra de Cliff Lee (invicto en postemporada y a quién le debíamos el hecho de que la WS del año pasado hubiera llegado a seis juegos). Pintaba para un duelazo de lanzadores pero terminó siendo un juego de 18 carreras, en donde vimos a un Lee francamente desconocido pichar en contra de un morrillo de pelo largo que la pasó muy mal durante sus 2 primeras entradas, pero que después lució dominador. Al final los Gigantes tomaron una ventaja que jamás soltarían. El segundo juego sí resulto ser un duelo de picheo grandioso entre Matt Cain  y C. J. Wilson, quienes mantuvieron el juego apretado hasta la parte baja de la octava, en la que los relevistas de Texas mandaron todo al demonio al permitir un rally de siete carreras, con el que al final se fueron blanqueados 9 a 0.
 
Entonces la Serie se traslado a Arlington, a un parque completamente rojo en el que los Rangers trataron de imponer condiciones durante el Juego 3. Y al final lo lograron. Su pícher abridor Colby Lewis mantuvo en ceros a los de la bahía durante seis entradas y aunque al final se apretaron las cosas, cuatro carreras producidas y un buen trabajo del cerrador Neftali Feliz le dieron a Texas su primera victoria de Serie Mundial en su historia como franquicia. Pero el sueño duró poco. Para el Juego 4 se presentaba un duelo de novatos en la lomita: Madison Bumgarner  por San Francisco en contra de Tommy Hunter. Cabe decir aquí que absolutamente nadie esperaba un trabajo tan bueno como el de Bumgarner, quién durante ocho entradas mantuvo secos a sus rivales con un picheo francamente explosivo. Y con la ayuda de un par de cuadrangulares (uno de ellos para producir 2 carreras), los Gigantes volvieron a blanquear a los Rangers y se colocaron a una victoria de coronarse por primera vez desde hace 57 años.
 
El Juego 5 repitió el duelo de lanzadores del Juego 1, solo que esta vez no pido ser más diferente. Lincecum y Lee dieron una cátedra de picheo durante 6 entradas completas. Pero en el inning de las grandes emociones (La Fatídica: La Séptima Entrada) un descuido del zurdo estelar de los Rangers trajo un homerun de 3 carreras conectado por Edgar Rentería (quién a la postre resultó MVP) del que ya no se recuperaron, incluso contando el cuadrangular solitario de Nelson Cruz conectado en la parte baja del famoso inning. Al final un salvamento de Brian Wilson (no The Brian Wilson) les dio a los Gigantes su primer título de Serie Mundial desde que se mudaron a San Francisco (su último campeonato, aquél de 1954 en contra de los Indios de Cleveland, lo consiguieron aún como Gigantes de Nueva York).
 
Y pues sí, como siempre la Serie Mundial fue disfrutable. De más esta decir que no soy el aficionado más leal del juego de pelota que existe. La verdad es que desde siempre he considerado a los partidos de beisbol de temporada regular como mi remedio favorito contra el insomnio, pero todo eso cambia en la postemporada y sobretodo en la Serie Mundial. Siempre veo el clásico de otoño con mi familia y eso es lo que la hace grandiosa, sin importa si no sabemos qué tal la pasaron los equipos contrincantes durante los cientosesentaytantos juegos de la temporada o, como en este caso, sin ver a los Yankees a los que todos le vamos. Solo se trata de dejarnos envolver por la mística del rey de los deportes, apreciar otra vez lo importante de las reglas de cada liga, el papel del manager a la hora de escoger a los bateadores designados, el observar cómo en mandamás del equipo le pide la pelota en el centro del campo al pícher que deja en terreno después de hacer las famosas llamadas a la caseta. Y sobretodo aquellos grandes dichos beisboleros que al final resultan verdad como que después del error siempre llega el hit o que pícher que inicia ponchando pierde el juego. El Beisbol no es mi deporte favorito, pero sin duda es el deporte que más respeto.
 
Y así se terminó otra serie mundial y el año llegó a noviembre. Y supongo que a esto se le llama paso del tiempo, no?   

Wall Street: Money Never Sleeps

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Soy fan de la primera Wall Street (1987). De los ochenta retratados de esa manera alocada y llena de coca, monitores de fondo negro y caracteres verdes, millones de dólares ganados y perdidos en minutos, y Gordon Gekko. Ese cabrón despiadado, inteligente y más frio que una mañana de enero en Foxboro quién controla el mercado y que es el personaje más fascinante de la cinta. Hace poco vi un documental de dicha película (curiosamente llamado "Money Never Sleeps") en donde Michael Douglas decía estar hasta la madre de todos aquellos que le seguían profesando su admiración por Gekko después de todos estos años. Tipos que lo miraban con luz en los ojos diciéndole que su personaje había sido la única razón por la que habían dedicado su vida a ser corredores de bolsa. "OK, sí saben que él es el villano, verdad?", clamaba Douglas. Y es que, claro, mucha de la fascinación por Gordon The Gekko viene de la construcción misma del caracter. Wall Street esta llena de lenguaje corporativo y situaciones que serian difíciles de comprender para alguien fuera del mundo salvaje del mercado de valores, por lo que, para que la audiencia sintiera claramente quién caraxos era el villano, se necesitaba que él fuera un arquetipo malvado clásico. Alguien que solo ve a los demás como meros escalones. Alguien que no toma prisioneros. Por desgracia, en esta secuela más de veinte años después, Gekko parece más un pecador arrepentido que un cabroncito dispuesto a sacar la furia acumulada después de su tiempo en la cárcel. Solo un poco al principio, al menos.
 
Quizás sean otros tiempos, claro. Wall Street también fue una advertencia sobre el choque de trenes que se avecinaba de seguir con ciertas practicas überpersonalistas que tarde o temprano terminarían fregando el sistema financiero. Wall Street: Money Never Sleeps (2010) es una bonita historia de amor, arrepentimiento, lealtad, valores y practicas predatorias dentro del sistema bursátil durante el desplome del 2008. Gordon Gekko, siete años después de salir de prisión, es un autor reconocido y durante la primera parte de la cinta es algo así como la voz de Cassandra. Su hija Winnie (Carey Mulligan), quién al parecer lo odia con odio jarocho, esta en una relación con Jake Moore (Shia LaBeouf), un pelma de la nueva WS -algo confuso si consideramos que la buena Winnie dice odiar también este mundo. El pelma, además, tiene una relación padre-hijo/mentor-maestro bastante fuerte con su jefe Louis Zabel (Frank Langella), veterano de mil batallas quién es humillado y obligado a vender el trabajo de toda su vida por una miseria gracias a Bretton James (Josh Brolin), un tiburón. Zaber, después de esto, se suicida en el metro de NY (en una gran escena, homenaje y tributo, así como reproche) y Jake, puesto ya en contacto con Gekko, decide vengarlo. Hace que Gekko lo ayude en esto y él, a su vez, intentará hacer que la relación con su hija sea menos pinche de lo que es ahora. Simple, no?
 
Así, sermones más, escenas conmovedoras menos, se desarrolla una historia que, en el departamento técnico cuenta con una bella fotografía, y que además ofrece un cuadro de actuaciones principales bastante competente (sobretodo Douglas, regresando a su personaje por excelencia). Sin embargo siento que algo le faltó para ser una gran película. Quizá ser más despiadada, quizá ser más pesimista. Wall Street -a pesar de que Gekko fue grabado diciendo pendejadas-, termina con él como ganador y con el yuppie ochentero Bud Fox (Charlie Sheen) yendo a parar al bote por haber mostrado sentimientos estando en un mundo en donde ya no hay lugar para estos. Aquí no. Aquí hay un final feliz (chin, spoiler!) para todos, a pesar de que a media cinta muchos de ellos la están pasando de la chingada. La acción es emplazada por los sentimientos como la lealtad o el amor y no por la pura avaricia sin más. Ahora si es bastante claro que el villano termina mal. El propio Jake, pese a decir que lo único verde es el dinero, apoya incondicionalmente su iniciativa jipi de energía natural y lo vemos ambicioso, aunque siempre con buen corazón. Su novia blogger izquierdista se hace famosa y arruina una reputación, mostrando el poder del nuevo periodismo. Incluso vemos a Bud Fox aquí, en una fiesta, rodeado por supermodelos, explicando cómo se hizo rico a un Gekko que tuvo que engañar a su futuro yerno para poder estar ahí. Quizá, como ya lo dije antes, son otros tiempos. Stone parece respetar a todo y a todos y termina con su mensaje de que, al final del día, qué son 100 millones de dólares en este mundo? Hay cosas más importantes, no?
 
Siento que vale la pena verla, aunque claro, vale más la pena ver la primera parte si aún no la han visto. No es ni por mucho una de las mejores secuela de todos los tiempos (como la nombró The Hollywood Reporter), pero tampoco es mala. Todo lo contrario: es sumamente inteligente y entretenida, además de conocedora de su medio. Aunque creo que al final lo más destacable es el increíble score de la cinta, a cargo de David Byrne and Brian Eno, además de la música original de Craig Armstrong. Eso sí vale un millón de dólares o algo.         
 

Guía tolkeniana para entender la jerarquías corporativas

O “Mordor te ayuda a entender el mundo corporativo moderno”:
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Oficinista promedio, entry level. Como pueden observar, se ve sacado de onda. El mundo corporativo es una jungla, mi lic.
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Oficinista, pero especializado en resolver chambitas rápidas y lo que le llaman el bomberazo
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Los Haradrim y los Easterlings: freelancers de medio pelo que vienen a tapar huecos dejados por recortes masivos. Igual de eficientes que los de planta, pero no requieren de seguro social o prestaciones.
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Este hermano es lento pero seguro. Cronchea números, soporta jornadas de 16 horas frente a una PC, superconfiable… eso sí, su charm con el pool de secretarias es equivalente a pegarte un cactus lleno de hormigas rojas en los yarbles.
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Jefe de departamento despotilla. No mi lic, nomás le dan tantito poder y se le sube a la cabeza. Es un pasado de lanza por naturaleza.
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Gerente, mandos medios. Come en Subway porque cree que “engorda menos”. A la mínima provocación te recuerda su puesto (“claro que tengo razón, ¿cómo crees que llegué hasta aquí?”). Eso sí, se queja todo el tiempo con el mantra de “mucha chamba, wey”.
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Grillo corporativo. Puede pertenecer a los niveles bajos, medios o altos, lo importante es que a) es un campeón de la huevonería, así es que no trabaja en todo el día, b) gana valor manejando el chisme que nadie más tiene, o soltándolo primero, c) su intención es ganarse la confianza de un Big Kahuna para susurrarle consejos culeros y cizañosos al oído.
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Corporate bitch. Trepadora, chupapollas (en los privados, y a puros altos ejecutivos), viste de negro y mantiene su “vida privada” en la penumbra desinformativa. Obtiene puestos altos, pero no tan altos (vean a Saruman), y cuando madura termina empinándose a los jovencitos que llegan a la oficina recién desempacados de la universidad.
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Director de área que se cree más importante de lo que es. El orb es opcional.
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Consultor externo, buen cuate del patrón (algo así como Alec Baldwin en Glengarry Glen Ross), ojete sin precedentes que nada más viene a cortar cabezas y facturar en dólares por su valioso tiempo.
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Director regional y/o Vicepresidente de medio pelo. No tiene poderes mortales, pero si lo provocas te creará una herida que… bueno, ustedes vieron la película. Si lleva una oficina en otro país, su máxima aspiración es volver del destierro a los headquarters.
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Vicepresidente de altos vuelos. Su oficina es como del tamaño de un Zara de dos pisos. 
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CEO en el speaker.
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CEO as himself.