
Después de unos playoffs sumamente raros, en los que entre otras cosas vimos caer al mejor equipo de la temporada (Nueva Inglaterra) en manos de unos enjundiosos Jets o ver al pobre QB de Chicago sin yarbloklos frente a la defensiva de la bahía verde (nada de lesión de rodilla, al tipo simplemente “se le abrió”, como dicen en la calle), al fin ya tenemos Super Bowl, que enfrentará a los Packers de Green Bay en contra de los Steelers de Pittsburg. Y aunque es un enfrentamiento inédito dentro de la historia de estos juegos, no podemos dejar de mencionar el tufo de tradición que tal juego nos trae y que nos hace frotarnos las manos desde ahora, añorando en enfrentamiento no solo de los tipos que saltarán al emparrillado de Dallas Cowboys Stadium el próximo domingo, sino de las historias y los logros que sus uniformes han saboreado a lo largo del tiempo. Pero vamos por partes. 
Quizás no lo parezca, pero Green Bay es el equipo más ganador de la historia de la NFL. Claro que la mayoría de sus triunfos se dieron en aquellos años en los años previos a la unificación de las dos Ligas (ahora conocidas como la Conferencia Nacional y la Conferencia Americana) y por tanto no tuvieron la difusión de ahora. Aún así los de la bahía verde ganaron los 2 primeros Super Bowls de la historia (en el 67 contra Kansas City y en el 68 contra los Raiders), pero claro que en esos años el gran juego era muy diferente de lo que es ahora. Basta decir que el primero juego de campeonato nacional en tres los ganadores de la NFL y la AFL, es el único de estos juegos en el que el estadio sede (en este caso el Memorial Coliseum de Los Angeles) no se ha llenado. Eso fue hace 44 años y muchas cosas cambiaron a partir de ese tiempo. Los triunfos de los “Cabezas de Queso” se dieron en aquellos tiempos en los que el fútbol americano era el deporte universitario por excelencia y nada más. Las Ligas tenían poca difusión y la televisión (su principal ayudante más adelante) apenas era pionera en lo que a transmisiones deportivas se refiere. En ese entonces reinaba el béisbol y la onda era seguir los partidos mediante la radio, mientras se armaba la parrillada en el jardín. Ese era el tiempo de los cascos de cuero y de los hombres de acero que jugaban varias posiciones, tanto en ofensiva como en defensiva e incluso en equipos especiales. En ese entonces el reloj del campo no era oficial y la pausa de los 2 minutos únicamente servia para que los oficiales ajustaran dicho reloj con el suyo (el oficial) y no para meter los comerciales más caros de toda la transmisión. En esos días no había glamour, sino que era una época ruda y heroica en la que la figura de Bart Starr era la que más brillaba por su liderazgo, pero cuyo legado más grande es la filosofía ganadora y la capacidad de análisis de Vince Lombardi, a quién la Liga honró tras su muerte al ponerle su nombre al trofeo máximo que puede llegar a otorgar; un nombre que sin duda es sinónimo de gloria.

A Pittsburg le correspondieron otros tiempos y otras ondas. Hasta 1969 habían sido un equipo tradicionalmente perdedor, pero que en ese año recibió la llegada del coach Chuck Noll , quien en la siguiente década se encargaría de armar y comandar a EL equipo más temible y ganador que jamás haya pisado un emparrillado. Terry Bradshaw, Mel Blount, "Mean" Joe Greene, Jack Ham, Franco Harris y Lynn Swann, fueron los tipos que comandaron esa ofensiva ganadora y esa despiadada defensiva (si, La Cortina de Acero) que ganaron 4 Super Bowls en 6 años (algo que hasta ahora nadie ha igualado y que probablemente nadie jamás pueda) y le dieron color a la Liga, sobretodo por aquellos duelos en el Juego Grande contra ese otro equipazo llamado Dallas Cowboys, encabezado por Tom Landry y Roger Staubach. Los Vaqueros tenían en los setenta a un equipo de ensueño, que no ganó más títulos porque tenia enfrente a los Acereros, pero que llegaron a más Campeonatos que estos y que conquistaron al público americano, así como al mexicano. Es muy a principios de esta década cuando inician las transmisiones de la NFL en nuestro país, siguiendo al equipo de la estrella solitaria. Y qué mejor momento! En Estados Unidos la rivalidad por excelencia es Cowboys vs Redskins (por aquellos de vaqueros versus indios, ya saben), pero aquí en México es Pittsburg vs Dallas, porque asociamos a esos enfrentamientos legendarios de los setenta con la eterna lucha del bien contra el mal, encarnado en un equipo de imagen “limpia” (Vaqueros= jersey blanco y plateado) en contra de otro de imagen “ruda” (Acereros= jersey negro y amarillo). Los buenos contra los malos. Los bonitos contra los feos. Y bueh, como no hacerlo. Por un lado tenemos a un Staubach marine y representación por excelencia del all-american boy en contra de un Jack Lambert que estaba chimuelo y era más malo que el puto cáncer. Creo que no es exagerado decir que los 2 Súper Tazones que ambos equipos protagonizaron (el X y el XIII, ambos ganados por Pittsburg) han sido los más influyentes en la construcción de la NFL como verdadera Liga deportiva profesional, quizás junto a aquél en el que Joe Namath y sus Jets le aguaron la fiesta a los Colts de Baltimore. Y dejaron claro que aparte de inteligencia y estadística, la construcción de una Liga deportiva que se pueda considerar consumo mundial debe tener además mucha mística.
A partir de ahí vinieron los negocios. El juego evolucionó y poco a poco se fue convirtiendo en el deporte favorito de los gringos. Cuál fue la razón? Supongo que muchas. Una de ellas fue, claro, que el fútbol americano se adaptó como ningún otro a la televisión, al grado que parece haber sido diseñado expresamente para ella. Otra fue el hecho de que son tan pocos juegos (comparados con los calendarios de las otras grandes ligas, llámese NBA y MLB), que se creó la imagen de que había que disfrutar todos y cada uno de ellos simplemente por la ilusión de la “escasez” (que obedece, claro, a la ley de protección de los jugadores, quienes probablemente no aguantarían otros 3 juegos de temporada regular sin entregarnos unos Playoffs llenos de suplentes), de que esa era (y es) la mejor época del año. Ya saben: de lo bueno, poco. Y otra razón clave es la competitividad. La NFL, como ninguna otra liga, ha manejado su draft y su agencia libre de tal manera que su liga es la más pareja de cualquier deporte, en la que no importa tanto el dinero sino el buen ojo para escoger al talento recién llegado y la buena mano para desarrollarlo y convertirlo en una estrella. Eso hizo que hubiera muchos equipos ganadores y que cada juego realmente valiera la pena. Durante los ochenta la Liga ya producía números de miedo en asistencia y merchandise y derechos de transmisiones y se instaló aquella noble tradición de que cualquier comercial transmitido en un Súper Domingo debe ser inédito y poseer gran valor creativo. Bueh, al menos en Estado Unidos. Aquí siempre vemos los mismos mediocres anuncios. Durante esos años, curiosamente, tanto Steelers como Packers se apagaron un tanto, hasta que en los noventa les llegó un nuevo aire a estos últimos, en presencia de Brett Favre.

Favre es una de esas leyendas inalterables que de inmediato se saben destinadas a estar inscritas en el gran libro de los Inmortales. No solo es el jugador que más yardas tiene por aire en la historia o que más juegos a iniciado de manera consecutiva, sino que era un líder nato en el campo. Uno de aquellos QB a los que miras a los ojos y que lo único que te devuelven es resolución y fiereza. Aquellos que te hacen creer que es posible ganar. Durante los noventa Favre guió a los Packers a 2 Super Bowls de manera consecutiva. Uno lo ganó ¿el XXXI? en contra de los Patriotas de Nueva Inglaterra (el primer Súper Tazón que recuerdo haber visto de manera interesada y voluntaria y que coronó aquella temporada que me marco como aficionado y seguidor de los Pats, pero eso es material de otro post) y el otro lo perdió en contra de esa otro Inmortal llamado John El Top Gun De La NFL Elway y sus Broncos de Denver, en uno de los juegos mas impresionantes de los que se tenga registro. Y aunque ese enero de 1998 marcó la última fecha en la que Green Bay arribó a un Juego Grande, gracias a Favre y a muchos otros de ese tiempo fue que los de la bahía verde volvieron a ser un equipo competitivo dentro de la Conferencia Nacional y que volvieran a generan afición dentro del público joven. Hay que señalar aquí que los Packers son la única franquicia en la Liga que se maneja como una cooperativa y que la ciudad donde se encuentra su estadio y su sede (Green Bay, Wisconsin) es apenas un pueblito de unos seis mil habitantes cuya única ocupación es ser casa del equipo de sus amores. Más tradición no se puede pedir, creo.

Y Pittsburg? Bueh, pues aunque también volvieron a adquirir protagonismo durante los noventa, en el que incluso llegaron a un Super Bowl, otra vez en contra de Dallas (solo que ahora si le toco la de perder), su verdadero resurgimiento vendría en la siguiente década. Troy Polamalu (un tipo al que bien puede aplicársele el prostituido término de “fuera de serie” sin que suene falso)) encabezó a una nueva Cortina de Acero, quien junto con la ofensiva comandada por Ben Roethlisberger (QB que le quito al equipo su tradicional imagen corredora) le han dado nuevas glorias a su legendario jersey oscuro y dorado y muchas alegrías a su gran afición (quizá la más grande a nivel global para un equipo de la NFL). Y es que si bien la verdadera dinastía de los años 2000 son los Patriotas (si, lo son aunque les duela; y no soy el único que lo dice), los Steelers han ganado 2 Super Bowls en estos años y han estado presentes en 7 de las últimas 10 Postemporadas, llegando a la Final de Conferencia en 5 ocasiones. Sorprendente. Y sí, quizás este equipo no sea tan poderoso como el de los setenta, pero es ganador y su defensiva demuestra que puede ser capaz de hacer la jugada grande en cualquier momento. Y ahora regresa a un Súper Domingo, precisamente en contra de los Packers, inmersos ya no en la era post-Faver, sino en la de Aaron Rodgers.
Tengo que decir que tengo grandes esperanzas para este juego, muchas de ellas fundadas en el hecho de que ya hacia un buen rato que no se veía un Super Bowl que luciera tan parejo, al menos en el papel. Últimamente era ya casi tradicional que se enfrentara un equipo poderoso en contra de un favorito sentimental lleno de cojones, en los cuales ya la sorpresa ya no era sorpresa. Este año, por el contrario, nos encontramos con dos equipos que parecen sumamente equilibrados en su fuerza ofensiva, con QB similares (quizá Rodgers un poco más talentoso, aunque esta por testearse en esta instancia y con esta presión) y que, además, cuentan con las 2 mejores defensivas de la Liga. Todo suena aun platillo exquisito. Y bueh, pues los Packers son los favoritos en Vegas por 5 puntos, más o menos, quizá basado en su nivel al vencer a Chicago (ya que los Steelers se pusieron a parir en el segundo medio del juego contra los Jets), pero en general el pronóstico es reservado. Yo, mientras tanto, me inclino por Green Bay, un equipo que siempre me ha simpatizado (bueh, ambos equipos me caen bien) y que siento que merece más títulos de los que tiene a nivel masivo, muchos de los cuales no los ha obtenido por falta de talento, sino por mala suerte, si es que tal termino puede utilizarse en la jerga deportiva (yo creo que si).
Y bueno, pues no resta más que desear que sea un gran juego. Y sobra decir que es obligatorio verlo, sean aficionados a la Liga o no. Hora de preparar la botana y disfrutar de último domingo de la mejor época del año.