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Drive

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Drive parece una película puesta entre la publicidad, y es este tipo de película. También es un reproche hacia lo que la mayoría de las películas parecen.
 
El protagonista de Drive es un conductor anónimo, sin pasado y sin futuro, a quién conocemos a la mitad más o menos de su vida, pero del que no logramos averiguar nada durante su historia. Vaya, ni siquiera su nombre. La primera vez que lo vemos es un conductor contratado por un par de asaltantes para sacarlos del lugar del robo. Y lo hace con maestría en el volante, con el salvajismo de la velocidad, pero también con frialdad e inteligencia. En su trabajo de día, el conductor es un stunt drive para películas de acción. Ambos trabajos se complementan perfectamente para él. El es un conductor y nada más.
 
La interpretación de Ryan Gosling como el conducto es realmente increíble. El está ausente, viendo la vida desde una ventana y solo usando los espejos retrovisores cuando es necesario para el trabajo. En seguida me recordó a dos héroes personales: Alain Delon, el asesino de Le Samurai; y claro, al inigualable Clint Eastwood como El Hombre Sin Nombre de las películas de Leone. Así como ellos, Gosling logró darle vida impersonal a su personaje, haciéndolo empático, pero siempre misterioso. El conductor no tiene familia, no tiene historia y parece no tener sentimientos ni emociones tampoco. Durante la película no dejamos de preguntarnos: ¿qué fue lo que pasó para que terminara así? ¿O quizá así fue siempre? Como en todo, no sabemos. El conductor se desenvuelve en un mundo de autos. Aparte de sus dos trabajos, se pasa casi todo el tiempo en el talles de reparación y restauración de su único amigo en el mundo Shannon (Bryan Cranston), quién es un genio para ambas tareas, pero también alguien que parece tener su propio imán para atraes la mala suerte. Adentro de ese mundo también encuentra a sus empleadores nocturnos. Pero fuera de ahí todo es trivial. Viaja por la vida sin llamar la atención de nadie y sin que nadie llame su atención, al menos hasta que se encuentra con Irene (Carey Mulligan) y el hijo de esta, Benicio (Kaden Leos).

El conductor tiene un hogar (creo que no es del todo posible estar completamente desconectado del mundo) y la madre y el pequeño son sus vecinos. Ellos se conocen poco a poco y se hablan aún menos. Irene parece encarnar perfectamente todo lo que significa la vulnerabilidad. Y ella y el niño parecen despertar ciertas emociones en el conductor, aunque no es para nada un tipo efusivo. Su relación crece tibia, pero al poco tiempo el padre de Benicio y esposo de Irene, Standard (Oscar Isaac), es liberado de la prisión y regresa al hogar. Al contrario de lo que podríamos pensar, el conductor no se muestra hostil o celoso con esto. Todo lo contrario, la llegada del ausente le lleva someterse a un gran riesgo enorme con muy poco beneficio personal, y a desarrollar profundos sentimientos y lealtad hacia otro ser humano.

La película es obra del director danes Nicolas Winding Refn, y está basada en la novela de James Sallis. En su esencia, parece presentar las historias de personajes detallados en medio de un ambiente anónimo. Parece hablar más por los entornos, por lo que solo se intuye. El protagonista del film bien podría ser tachado como el héroe de una película de acción sin sentido, recatada de choques, sangre y CGI. Pero claro que esto es solo ver la superficie. Drive es un ejercicio de estilo elegante y sus emociones pueden estar ocultas, pero son muy profundas. A veces una película tiene más impacto al no esforzarse demasiado. El enigma del conductor está rodeado de una rica galería de actores de reparto que tienen claras sus esperanzas y temores, y que, o bien han llegado a un acuerdo con el conductor, o no. Aquí tenemos un ejemplo perfecto del viejo principio noir de Hollywood por el cual una película vive no a través de su héroes, sino a través de sus sombras.

Y bueno, hablando de CGI, hay que mencionar lo poco que parece haber en la película. La mayoría de las escenas de persecución y choques lucen muy reales para mí; respetando el peso y el ruido y el poder en lugar de solo presentar fantasías imposibles. Toda la película, de hecho, parece más real que la habitual acción y persecución del delito, lo cual es un respiro. Aquí hay una cinta con verdadero respeto para el scrip, la actuación y el arte. Y con respeto para los cinéfilos conocedores.

Antes he hablado del estilo y este es setentero puro, mostrado desde la tipografía de los títulos, la música incidental y el soundtrack utilizado. Además de la ropa, claro. Es donde encontramos al conductor ataviado con su chamarra plateada del escorpión en la espalda. El conductor es grandioso. Un héroe existencial, supongo, que se define exclusivamente por su comportamiento. Alguien capaz de enamorarse de una muñeca de amor y hacernos creer sinceramente que se puede lograr casi cualquier cosa.

Foto de la Semana en nfl.com

W10

Terminada la semana 10 de la temporada regular, hay muchas cosas interesantes sobre las que hablar. En primera, comentar sobre el cielo y el infierno que representan Green Bay e Indianápolis, los únicos equipos invictos que quedan. Por un lado, los de la bahía verde van que vuelan para una temporada perfecta (creo que el juego más complicado que tienen es la visita a Detroit en un par de semanas), ahora solo hay que ver como administran esto. Es muy posible que si llegan a un 14-0, descansen a muchos titulares, aún a costa de perder juegos que ya no tendrían tanta importancia, como lo hicieron los Colts de hace un par de años (si, los Colts solían ser un equipo grande). O también puede que de plano decidan ir por el 16-0, jugando con el equipo A y a toda máquina, aunque sea a costa de una lesión de alguna pieza clave del equipo. Como sea, lo que están haciendo ya es muy meritorio. Son un quipo que luce sin fisuras, con una defensiva fuerte (aunque no anota tantos puntos) y un ataque despiadado. A estas alturas de la campaña, parecen sencillamente invencibles. Y, por el otro lado, los Potros no han ganado ni un miserable juego en todo el año. Bueh, está de más decir que esto ya no tiene mucho que ver con la ausencia de Manning, que, claro, afecto, pero que no es la causa de todo. Los Colts son un equipo que poco a poco se fue haciendo más viejo y más dependiente de un solo jugador, al grado de que dicho jugador era prácticamente el coach en jefe. Y es que el head coach del equipo Jim Caldwell ha sido duramente criticado por su falta de personalidad, aunado a su incapacidad de trazar un plan de juego alternativo a Manning a más de 2 meses de que se supo que no jugaría. Y bueh, la defensiva ya bajó las manos, la ofensiva de Painter es una verdadera vergüenza, la gente en el estadio ya empieza a pedir a gritos a este cabroncito y hasta las cheerleaders ya lucen feas (bueno, esto último no es cierto). Creo que este ha sido un verdadero año de porquería del que solo esperan salir para, el año que viene, tomar a la joya del draft, recuperar al alma y el corazón del equipo y tratar de arreglárselas con aquello de las finanzas y el manejo de los egos. Creo que el 2012 puede ser un año grandioso para los Colts, pero también puede ser un año en el que comentan errores de los que bien podrían arrepentirse.
 
En más de la Liga, hay que mencionar la gran victoria de San Francisco sobre los Gigantes. Los de rojo y dorado han tenido una temporada inmejorable, son un equipo sólido defensivamente (esta defensiva sí anota muchos puntos), cuenta con un ataque terrestre envidiable e incluso su QB ha dejado de cometer los errores estúpidos que les habían costado tantos juegos en el pasado. Son un equipo bien dirigido, que sabe a lo que juega, que ya demostró sabe ganar partidos grandes y en Playoffs serán incómodos para cualquiera. Los 49ers son de verdad, señores. Y bueh, los Ravens son un equipo digno de la liga mexicana: pueden dar un juegazo (como la victoria sobre los Steelers de la semana 9) y en su siguiente partido pueden perder ridículamente con uno de los peores equipos del torneo (como les pasó esta semana contra los Seahawks). Son un equipo raro, que no creo que haga mucho, aunque es indudable que ganarán su división. También hay que mencionar el accionar de los Taqueros de Dallas, quienes despedazaron a Buffalo, pero que también son demasiado volubles para ser tomados en serie. Los Leones fueron hechos cagada por los Osos, pero creo que ese juego fue engañoso: ni los de Chicago son tan fuertes ni Detroit es tan débil. Los Santos siguen jugando bien y dieron el juego de la semana en contra de Atlanta, ganado en tiempo extra gracias a coach de los Halcones. E novato Cam Newton tuvo su primer juego malo de la temporada, pero lo que ha estado haciendo con Carolina ya es más que meritorio; además de que las Panteras no están muertas, matemáticamente hablando. San Diego, por otro lado, parece ser un equipo con broncas internas muy graves, quienes dan mucha batalla, pero que pierden y eso al final es lo que cuenta. Pero claro, la decepción de este año son las Águilas de Filadelfia, pase lo que pase con ellas ya son un verdadero fraude. Y es que a pesar de las contrataciones defensivas y del poder ofensivo que tienen, no juegan a nada y pueden perder de manera ridícula con el equipo que sea. No sé si este sea el final de Andy Reid al frente del equipo, pero es obvio que algo grave está sucediendo internamente y que varias cosas van a cambiar al final de temporada.
 
Para finalizar habrá que hablar del equipo de casa. Y es que después de un par de semanas difíciles (la derrota categórica en Pittsburgh la visita incómoda de los Gigantes), los Pats fueron a NY e hicieron cera y pabilo de los Jets (quienes también son un decepción), jugando muy bien ofensivamente, con series largas y control de balón, aunque bien es cierto que casi toda la primera mitad del juego fueron inoperantes. Pero lo más importante fue que la defensiva dio el partido del año, parando a los Jets en 16 puntos, presionando toda la noche a Sanches (un cabroncito de NE tuvo 4 1/2 capturas), e incluso interceptando 2 veces, regresando una para anotación. Aunque claro, no hay que engañarnos, este no es el nivel real de la defensiva, pero les servirá de motivación para lo que se viene. Y es que después de que la división estuviera tan peleada, ahora los Patriotas comandan solitarios el Este de la AFC y tienen un horizonte bastante despejado en frente. Lo más difícil ya paso en teoría (el juego más complicado que les queda, al menos en el papel, es una visita a Filadelfia) y en una de esas terminan con la mejor marca de la Conferencia, lo que les permitiría recibir toda la Postemporada en casa. Y ya saben que ahí, la experiencia de Brady y Belichick bien pueden inclinar la balanza de cualquier juego. Es cierto que Brady ha tenido un año complicado, con 10 intercepciones, algunas sumamente costosas, pero también es cierto que el tipo sigue siendo un ganador nato que además luce más maduro que antes. Es cierto que defensivamente son un desastre, pero también le echan ganas y, como dije, este juego les servirá de motivación. Es cierto que Welker ha bajado de nivel en los últimos juegos, pero también es cierto que Brady tiene otras armas. Es cierto que Ochocinco está más muerto que Steve McNair, pero con ese par de TE que tienen, la verdad es que tampoco lo necesitan tanto. Es cierto que yo dudaba al principio de la temporada sobre lo que fueran a hacer, pero hay que decir que, pese a todos los problemas que ha  tenido, ya me convirtieron en un creyente. Y aunque luce complicado que le ganen a Green Bay en un hipotético Super Bowl, sinceramente creo que este va a ser nuestro año. Go Pats!   
 
 
 
Y bueno, en una nota offtopic, pero de la que tenía que hablar: la pelea del sábado pasado. Sí, claro que la vi. Y también, como la inmensa mayoría de los mexicanos, me la chuté por canal 7, diferida y con comentaristas realmente molestos (que mal quedó Julio Cesar Chaves, la neta), pero no importa. Y claro que lo que agregue aquí no sería nada nuevo, pero igual voy a hablar de lo que pasó. La verdad es que hay muy pocas personas inocentes en el mundo. Creo que todos sabemos que detrás de todos los eventos deportes (desde un derby Madrid-Barcelona hasta un juego de la Copa Stanley) hay más intereses de los puramente deportivos. Y también sospechamos susceptiblemente de los resultados que vemos, a veces más o menos de unos que de otros, pero es indudable que hay mano negra. El box es un deporte con una historia sucia en este aspecto, con una larga lista de peleas arregladas, jueces comprados, réferis corruptos o lo más simple del mundo: poner a un peleador consentido en contra de otro indudablemente más débil, con el único fin de que el primero suba de nivel y de estima (saludos, Canelo). Y esto no es nuevo ni mucho menos, sino que se remonta a los años 20 del siglo pasado. Durante la semana pasada, había escuchado a muchos expertos hablar sobre los que podría pasar en la pelea y muchos de ellos desconfiaban de la Comisión de Box de Nevada (y es que es muy cierto eso de: crea fama y échate a dormir), pero aún así, aun pese a todo, lo que hicieron no deja de ser descarado. Y es que la verdad no engañaron a nadie. Todo el que vio la pelea sabe quién ganó y es que, la verdad, no se necesita de mucho cerebro para ser juez de box. Con las numerosas tomas, las repeticiones anguladas y en slow motion, y con un poquito de conocimiento de las reglas básicas del deporte, cualquiera podría decir quién gano cierto round en cierta pelea. Y eso no sería muy diferente de una opinión oficial. Es claro que Juan Manuel Márquez hizo una gran pelea, sumamente inteligente, sumamente explosiva, cerebral y rápida. Y también es cierto que el Manny Pacquiano que vimos no es el mejor, pero eso al final tiende a no importar. Si el tipo salió en una mala noche, Márquez no tuvo la culpa. Y creo que al final esta decisión le hizo más daño a él que al mexicano. Los jueces le regalaron un triunfo inmerecido y, con ello, una mala fama que el tipo la verdad no se merece. Es indudable que es un súper atleta y el mejor boxeador libra por libra del mundo, pero ahora la gente no lo creerá, no importa lo que haga en el futuro. Y eso es sinceramente muy triste. Pero bueno, como les dije, hay intereses detrás de cada evento deportivo y es bastante obvio que aquí había muchos. Y no creo que se deba tanto a las apuestas (digo, creo que los números estaban más a favor de los Pats en el Super Bowl contra los Gigantes), sino más bien a la hipotética pelea en contra de Floyd Mayweather Jr. (quién tambien tiene mucha cola que le pisen en eso de victorias sumamente dudosas), que va a realizarse el próximo año. Pero ya no será lo mismo. Y no tanto para la mayoría de nosotros, que más o menos sabemos cómo es el mundo, pero creo que para muchos el velo cayó el pasado sábado Y es que muchos niños estaban vieron la pelea y se dieron cuenta de que en el mundo real no basta con ser el mejor para triunfar. Y eso, creo es aún más triste.
 
Ah, y qué pedo con el PRI en el short de Márquez? Ajá, y que según se hacen los indignados, no? Chale.

 

Cuando los pomposos adjetivos no están de más

David Freese celebration 

Cuando uno se la pasa leyendo notas deportivas, tiende a perder la capacidad de asombro. Y es que cuando se trata de la prensa mexicana hablando sobre la Selección o sobre ciertos equipos en ciertas semanas (porque, claro, los periodistas son más volubles que una puberta con problemas alimenticios), siempre leemos pomposos adjetivos, tales como "épico", "heroico", "salvaje", "cardíaco" y demás. Y cuando uno se la pasa leyendo eso, lo toma con calma y, si no vio la actuación en cuestión, es difícil imaginarla. Porque ya se perdió la capacidad de asombro. Porque, y eso también tiene algo de verdad, los deportes han dejado de asombrarnos en su ejecución, por lo que los periodistas tratan de despertar la pasión en sus crónicas. O al menos así es en muchos casos. Me alegra decir que no en todos. Y me alegra que no en todos los casos los adjetivos pomposos estén fuera de lugar. Ayer por la noche tuve la oportunidad de ver un partido de beisbol que definitivamente fue épico, heroico, salvaje, cardíaco y demás. Y me considero sumamente afortunado por eso.

 
La Serie Mundial de este año enfrenta en el diamante a los Rangers de Texas en contra de los Cardenales de San Luis. Pero, más que nada, enfrenta en el despiadado mundo de las transmisiones a series exitosas, a reality shows idiotas, a los Panamericanos y a tantas y tantas cosas que han hecho que la máxima justa beisbolera del mundo poco a poco vaya perdiendo el público que otrora tuvo pegados a las pantallas. Y quizá sea porque en este mundo cínico ya no existen los Mantle, los Ruth, los Young e incluso los DiMaggio que en su día hicieron al beis el pasatiempo americano. Poco a poco se fue cargando al juego de pelota con los estigmas de aburrido, soso, tedioso, largo y sin tantas emociones. El diamante, claro, no podía competir con el emparrillado y casi tampoco con las canchas pamboleras de Europa. La Serie Mundial pasada, en la que los Gigantes de San Francisco dejaron tendidos a los Rangers, fue una de las más bajas en rating de la historia. Y esta pintaba para irse por la misma ruta. Por qué? pues porque no había un jugador ahí que levantara pasiones, por que había muchos estigmas, porque muchos juegos se iban a topar de frente con juegos de NFL, por que hay Panamericanos en México y hay que ver si los de Telerisa se cortan la barba o no. Porque los Yankees otra vez no habían llegado. Porque igual lo que pasara lo íbamos a leer en las notas del otro día, con adjetivos pomposos que nos hubieran dado a entender que las nueve entradas fueron dignas de una película ochentera protagonizada por Burt Reynols. Pero esta Serie tenía un as bajo la manga. Esa pequeña cosa que los románticos de closet gustamos de llamar "mística".

 Los primeros dos juegos fueron duelos de picheo despiadados, hermosamente jugados y que se decidieron por una sola carrera, empatando la serie a un juego por bando. Fueron juegos para los conocedores, para los de toda la vida. Juegos de inteligencia contra inteligencia, en los que Motte (el cerrador estrella de San Luis) pasó de héroe a villano en menos tiempo de lo que tarada en correrse un adolescente en su primera vez. Y en los que Ron Washington, el timonel texano, se sacó un poquito el estigma del mal manejo de los juegos que cargaba desde la serie pasada. Y entonces, después de un día de descanso, llegamos a Texas, solamente para ser bombardeados por un juego en el que los Rangers anotaron 7 carreras, pero los Cardenales 16 (las máximas de su historia en un juego de Serie Mundial). Fue la noche de Albert Pujols y sus 3 home runs y su leyenda escrita a batazos. Pero, caprichosos como son los dioses del diamante, al siguiente día decidieron secar a los pájaros rojos. Porque al día siguiente saltó a la lomita de las responsabilidades un lepe de 25 años llamado Derek Holland, quién blanqueó a San Luis, permitiéndoles solo 2 hits en todo el juego. Una joya de picheo digna de los años color sepia, si me permiten decirlo. Todo parecía puesto para que los Rangers sacaran ventaja en su último juego en casa y así fue. En un quinto partido, en el que brilló intensamente Mike Napoli (cátcher texano) y el mal manejo de Tony LaRussa (coach de San Luis), Texas se despidió de su estadio con un triunfo. Sufrido, sí, pero triunfo al fin. Al final de eso, y después de posponer un día el sexto duelo por la lluvia (el enemigo numero 1 del beisbol), el nivel de calidad de esta Serie ya había llamado la atención del respetable. El juego 5 tuvo casi el doble de televidentes que el primero, lo cual ya era mucho. Pero nada, repito nada, nos había preparado para la noche de anoche.

 Los Cardenales saltaron al diamante arropados por su afición y con la esperanza puesta en el mexicano Jaime García, quién había lanzado un juego extraordinario (el 2) que se había perdido precisamente en la última entrada. Pero esta vez no fue su día. El mexicano dejó el partido empatado a 2 carreras por bando cuando salió al inicio del 4° inning. Y el pitcher abridor de los Texanos, un tipo de apellido Lewis, iba navegando más o menos tranquilo en un juego loco, que combinó 5 errores por los dos bandos y que tuvo jugadas raras, producto más que nada del nerviosismo y la tensión casi palpable. Los de Texas parecían jugar con la fortuna de su lado y los Cardenales, por otro lado, dejaban hombres en posición de anotar al entregar outs de manera casi ridícula. Durante 8 entradas, la tónica del juego parecía sugerir que los Rangers se coronarían en patio ajeno, pero en la novena baja, cuando el cerrador estelar de Texas (Neftalí Feliz) salto a la loma, todo se torno de repente... heroico.

 El beisbol es un deporte hermoso porque en él no se tiene contemplado el tiempo. El juego acaba hasta que cae el out 27, sin importar cuanto tarde esto en pasar. Y a veces ni siquiera termina cuando cae el out 27. Feliz no tuvo pedo en sacar los outs 25 y 26, con sendos ponches. Y llegó al 27 enfrentado a Pujols, quien se había ido de 0-4 en el juego. Aquí hay algo que debo mencionar. El beisbol es, a veces, un juego sumamente meticuloso. Y un juego de rachas. Hay veces en las que no es tu noche y simplemente no vas a hacer nada. Es por eso que aunque esta es la Serie Mundial número 107, han sido poquísimas las que han tenido cambio de marcador en la última entrada. Pero esta lo tuvo. Pujols se envasó con su primer indiscutible de la noche. Y después otro tipo cuyo nombre se me olvidó se envasó con base por bolas. Y venía a batear David Freese, el cardenal encargado de la tercera base, quién hasta ese momento había sido uno de los que habían tenido un juego pasable. Feliz parecía dominarlo y se puso a un strike de la victoria. Un strike del título mundial. Un strike! Un strike que pudo haber sido una recta de 95 millas por hora que Freese ni siquiera hubiera visto. O pudo ser una curva picada que el tipo iba a abanicar, porque no hay peor cosa que te ponchen sin tirarle en un juego definitivo de Serie Mundial. Pudieron haber pasado muchas cosas con ese lanzamiento de Feliz, pero lo que nadie esperaba (nadie, ni siquiera el más grande fan de los Crads) fue lo que ocurrió. Freese bateó un triple por jardín derecho que trajo en empate. Era el batazo oportuno que se les había negado todo el juego. Cuando ya habían caído dos outs. Cuando ya solo faltaba un strike para el título mundial. Cuando ya se preparaban para celebrar, los Rangers se dieron cuenta de que tenían que jugar extra innings.

 
Quizá mi crónica no les transmita la emoción del momento, pero créanme que se sentía. Te contagiabas, incluso si estabas en el peor bar del mundo, porque se había ido la luz en tu casa y que tu equipo ni siquiera fueran los Cardenales. Y sobretodo al saber lo improbable que había sido tal batazo. Y es que Feliz hizo lo que debía hacer. Él sabía que Freese le iba a tirar a lo que fuera, por lo que no podía lanzar una recta que en una de esas se transformara en HR. Ni tampoco podía lanzar una curva, que en una de esas bajaba demasiado lento. El tipo, entonces, lanzó una pelota un poco esquinada, un poco arriba de la zona de strike. Sabía que Freese le pegaría, pero por la forma en la que lo había lanzado, sabía que la pelota saldría elevada y sin potencia al jardín de la derecha. Estaba dominado. Pero el batazo de Freese tenía tanto, tantas esperanzas, tanto corazón, que simplemente se fue más fuerte de lo que cualquiera hubiera predicho. Me gusta creer que esa pelota llevaba algo más que la fuerza del bateador, al igual que la flecha que Paris disparo desde las murallas de Troya llevaba algo más cuando fue a dar precisamente en el talón de Aquiles. Al igual que aquél, este también fue el tiro perfecto. Porque no se voló la barda, lo que permitió que Feliz sacara el último out y nos fuéramos a la entrada número 10, en la cual iba a haber más. Oh si.

 

En la parte alta, los Rangers, quienes habían estado tan cerca de la victoria, parecían casi muertos. Solo por un momento. Entonces fue cuando su estandarte, Josh Hamilton (un tipo que hace no muchos años había estado a punto de retirarse e incluso morir a causa del alcoholismo), quién había jugado lesionado toda la serie, conecto un Home run de dos carreras, para colocar la pizarra 9-7. Otra vez a tres outs del título, con dos carreras de ventaja. En la parte baja de la entrada, el estadio estaba casi silenciado. Y es que nadie creía que lo lograrían otra vez. Por que los milagros no pasan dos veces. Pero lo que había pasado en la novena no había sido un milagro. Había sido la mano de los dioses actuando. Los dioses habían decidido que los Cardenales no iban a perder ese juego. Y por eso lo volvieron a hacer, cuando estaban, otra vez, a un strike de la derrota. Volvieron a empatar. Y el juego se fue hasta 11° inning, en cuya parte alta el pícher de los Cards logró colgar uno de los pocos ceros del juego. Y para la parte baja, venia a abrir el ataque nada menos que Freese, cuya estatua ya estaba haciendo en el estacionamiento para ese momento. Y Freese ayudó más al crecimiento de la leyenda con un HR solitario que trajo el triunfo (el juego no podía terminar de otra forma). El tan ansiado triunfo que por momentos parecía genuinamente imposible. Y el estadio y la banca de los Cardenales estallaron. Y parecía que habían ganado la serie, cuando solo la habían empatado. Pero es que lo sintieron. Sintieron la mística en su espalda. Sintieron que no podían perder.

 

Como ustedes saben, yo no soy el aficionado más fiel del rey de los deportes. Y sí, más de una vez he estado de acuerdo en tachar al beisbol de aburrido y lento. Pero no a la Serie Mundial. La Serie Mundial es la cremé de la cremé en el deporte de la pelota. Es un duelo entre campeones, más que una simple final. Y gracias a juegos como estos, nos demuestra que es en octubre donde nacen las leyendas. Saben por qué en la historia de las Series Mundiales ha habido tan pocas sorpresas? Porque todos los jugadores llegan a ella agotados, después de jugar más de 160 partidos, casi uno diario, desde la primavera. Es por eso que la Postemporada (y en especial la SM) separa a los niños de los hombres. Porque solo los que se esfuerzan al máximo pueden llegar a brillar en aquellas instancias en las que los seres humanos comunes y corrientes estarían fundidos. Ayer, Rangers y Cards llegaron al nivel más alto. Y los primeros perdieron solamente porque los segundos no iban a perder. Simple y sencillamente.

 

Hoy en la noche tendremos la última instancia. El sueño de los aficionados: un séptimo partido de Serie Mundial. Quizá no sea para nada como el de ayer, quizá sea una paliza o quizá sea un drama como el del séptimo juego de la Serie del 2001 (la mejor de la historia, según mi propia y particular opinión), pero eso no demeritará en nada lo acontecido en el sexto juego, sin duda el más intenso drama deportivo ocurrido desde hace un buen rato. Un juego al que no le quedan grandes ninguno de los pomposos adjetivos que quieran agregarle. Un juego que muchos no olvidaremos en un buen tiempo. Ni tampoco dónde lo vimos, no con quién lo vimos. Este es el perfecto ejemplo que cualquier aficionado daría para justificar su pasión. La razón por la cual, aquellos que no les gustan los deportes, son dignos de la más grande de las lástimas. Pobres.

 

Hoy se cantará el playball! por última vez en el año. Hay que disfrutarlo como se debe. 

No One Knows About Persian Cats

Persian_cats

El título es más que apropiado. Y es que aunque esta cinta tiene más o menos dos años de haber ganado no-se-qué en el Festival de Cannes, no había sabido nada de ella hasta hace unos días. Y eso considerando lo bien que se les da a los organizadores de festivales de cine de nuestro país el traer películas iranís. Pero bueno, me tardé un poquito en verla, pero valió la pena. Me hizo... más que la semana, yo diría que el semestre.

Kasi az gorbehaye irani khabar nadareh (2009), como se llama originalmente, es una cinta sobre música y sobre músicos. En particular, es la pequeña gran odisea que emprenden Negar y Ashkan para terminar de conformar su banda de indie rock, grabar un disco, dar un concierto para sus padres y amigos, y conseguir visas y pasaportes para poder participar en un festival de música europeo. Lo cual, podría sonar fácil para alguien acostumbrado a la forma de vida occidental, pero que no lo es en Irán, homeland de nuestros héroes. La película pronto nos muestra la gran imagen que supone la cultura underground en el país. De la mano de Nader, una mezcla de promotor, guía de turistas particular y vendedor de planes e ilusiones, la pareja de amigos conoce más músicos marginales de los que ellos mismos pensaban que existían, los cuales, a su manera, se las han estado arreglando para seguir haciendo lo que les gusta. Aquello que esta prohibido. Oh, si. Las autoridades iranís se toman muy en serio eso de hacer cumplir las leyes.

Nunca fui músico. Ese es uno de los más grandes traumas de mi vida. Nunca pude tocar un instrumento y no porque no lo intentara. Pero, ya saben, simplemente no esta en mi naturaleza. Por un tiempo me dije que si no podía ser Ian Curtis, igual podría ser Tony Wilson. Y lo intenté, vaya. Conocí una banda y estaba dizque encargado de conseguirles dónde tocar y esa clase de cosas. Muchas de las cosas que pasan en esta cinta me sacaron una sonrisa. Los ensayos, la plantación, la búsqueda, el estudio... bueh, yo he estado ahí. Así como también he sentido el sentimiento de Let´s get out of this Country. Así como también he sido un lepe lleno de ilusiones. Así como también me han agarrado mis fases de pesimista-con-sueños-apocalípticos y de optimista-que-siempre-espera-lo-mejor. Y todo esto se encuentra, de una u otra forma, en esta cinta. Quizá en esta parte del mundo ya se perdió el sentimiento underground de buscar cosas. Pero no en todos lados. Y por aquí no siempre. A mi me tocó caminar todo el día para conseguir cierto disco en el Chopo o en San Juan. Y hasta una vez organizamos nuestra propia y privada fiesta clandestina con todo y contraseña para entrar. Pero ahora ya son tiempos diferentes. Ahora solo bajo música de internet. Y también es cierto que quizá, dentro de algunos años, los morros iranís van a poder hacer lo que hacen los morros del resto del mundo, como tocar desafinados en los garages de sus casas sin que nadie les diga nada. Pero por ahora, tocan en donde pueden. Y emprenden pequeñas odiseas para conseguir un lugar para que sus amigos y familiares los vean hacer el ridículo encima del escenario. Lo cual, la verdad, es muy muy triste. Pero, hey, las cosas saben mejor sazonadas con un poquito de sudor, creo yo.

Bahman Ghobadi ha hecho una película realmente hermosa. Sin pretensiones, solamente trata de mostrarnos lo iguales que somos, pero lo diferente que, a veces, nos trata la vida. No hay exaltación de nada ni denuncia gratuita, solamente son cosas que pasan en un país manejado de cierta forma. Y la amistad floreciendo en esos lugares. Y los sueños surcando los cielos, a veces, azules. Y música, claro. Porque, al final, lo que importa es la música. Al final todos tenemos la fase en la que una canción simple y tonta se amolda de manera perfecta a nuestra vida. Y la amamos por eso. Y para nosotros, en ese momento, no es ni simple ni tonta. Oh no, ya lo creo que no.   


El post del 11, del 10, del 11

  Este fin de semana tuve la oportunidad de ver la película “escándalo” del pasado Festival de Cannes. Me refiero a Melancholia, la última obra del poco o nada cándido Lars von Trier
 
La historia, sin caer en sobre explicaciones, es más o menos así: Justine (Kirsten Dunst) se acaba de casar con un pelma y va camino a la recepción ofrecida en la mansión campestre de su hermana Claire (Charlotte Gainsbourg) y su esposo John (Jack Bauer. No!, perdón: Kiefer Sutherland). Pero lo que hay qué decir de la pobre Justine es que es la rarita de la familia y todos en la fiesta están como que a la expectativa de que la arruine. Lo cual hace. Y muy feo. Más adelante, cuando ya todo se fue al demonio, vemos la odisea de la familia de Claire al enfrentarse al supuesto apocalipsis. Resulta que había un planeta oculto por el sol (llamado "Melancolia"), que ahora sigue un curso por todo el sistema solar y está a punto de llegar a la Tierra. Los científicos serios están seguros de que el planeta pasará de largo, igual que hizo en Mercurio y Venus. Las voces de la destrucción, en su mayoría anónimas y circulando por blogs en internet, claman que el fin ha llegado y que Melancolia va a acabar con la Tierra. John cree ciegamente en los científicos y se empeña en hacer del paso del planeta una fiesta. Claire esta poco a poco siendo llevada al lado oscuro por las voces. En medio de ellos se encuentra  su hijo (Cameron Spurr) y la loquita de Justine. 
 
Y bueno… Para empezar es una película impecablemente realizada, con una hermosa fotografía y una dirección de arte muy del cine danés, lo cual es bueno (sobria y de buen gusto). Las actuaciones en general son excelentes, destacando la de nuestra otrora Mary Jane Watson. La historia es sumamente interesante y, en más de un sentido, me recordó demasiado a esta otra cinta, lo cual creo que era intencionado, dado la cuasi devoción que el director ha profesado por el geniecillo ruso llamado Andrey Santo Patrono Del Cineclub Tarkovskiy. Los personajes de esta cinta son de clase alta, sin embargo, sus emociones, sentimientos y reacciones al enfrentar estas dos circunstancias (una celebración y el hipotético fin del mundo) son completamente naturales. Lo que dicen y hacen es lo que se ve en la vida real, cuando la gente la caga. La vida no es perfecta. Dunst me recordó por un momento Angels in America: ha de ser una mierda el ser un profeta en el mundo actual. Ups, pero creo que ya dije demasiado. Como sea, es una gran cinta, aunque, como todo el cine de ese cabrón, un tanto pretenciosa. Supongo que muchas personas la amarán tanto como otros la odiarán. Y habrá muchos más a los que les valga un pito. En fin...

   
 
Por otro lado, la Semana 5 de la NFL nos dejó bastantes cosas sobre las qué comenta. En especial que esta vez no perdieron los Taqueros de Dallas. Y eso fue porque descansaron (jajaja). Ya, en serio, Detroit y Green Bay son los únicos invictos que quedan, ambos ganando sus juegos con lo justo (los Leones un poco más fácil, creo). Bien por los Leones, quienes no tenían un inicio de 5-0 creo que desde la temporada de 1786. Y los Empacadores (equipazo, mi lic) son, sin lugar a dudas, el rival a vencer en su Conferencia; ellos ya habían iniciado 5-0 anteriormente. Y en todas esas veces fueron campeones, así que aguas. La otra cara de la moneda son los Potros. La verdad es que su desgracia ya dejo de ser divertida para pasar a ser... pues penosa. Era indudable que las cosas sin Manning iban a ser difíciles, pero nadie se esperaba que lo fueran tanto, vaya. Y lo peor, cuando la ofensiva por fin estaba funcionando, la defensiva (quienes en los dos partidos anteriores habían dado la cara por el equipo, saliendo a partirse la madre como los hombre de verdad) no pudo detener a los Jefes (si, a los jefes de Kansas City), quienes se levantaron de un 17-0 (y después de un 24-7) para llevarse el juego. Y luego dicen que ya no existen los jugadores fuera de serie. En otras cosas, los Steelers dieron un gran juego. Los Vikingos por fin ganaron. Los Santos siguen jugando como San Francisco en la segunda mitad de los ochenta. El llamado Dream Team (Filadelfia) sigue dando pena ajena, aunque no me cabe duda de que estarán en Post-Temporada y serán contendientes. Y San Francisco está empezando a jugar como los Santos de hace dos años. Ok, eso fue exagerado.
 
En cuanto a mi equipo... no cabe duda de que ofensivamente son una máquina. Brady y Welker están teniendo uno de esos inicios de temporada de ensueño y aunque Ochocinco sigue pareciendo el wey que llega tarde a la orgia y no sabe ni que hacer, es solo cuestión de tiempo para que se encuere y se una a la fiesta (ea!, qué tal mis alegorías, eh?). Sin embargo, la defensiva es cada día más un problema. Ya se sabía desde el principio que los profundos no eran precisamente en fuerte del equipo, sin embargo la línea tampoco lo está haciendo bien. Y ya no digamos jugadas grandes o presión al QB contrario. Es algo que todavía puede solucionarse, pero se acaba el tiempo. Si se corrige durante la temporada, los Pats serán verdaderamente el gran favorito de la Americana. Y si no, pues solo nos prepararemos para otra decepción en Playoffs.
 
Como sea, vienen grandes juegos para la semana próxima, en especial el de 49´s vs Lions. Quién hubiera pensado al inicio de campaña que ese sería un gran juego? Pero así es el futbol (igual que la vida, mi lic): nada es para siempre, ni lo bueno ni lo malo.
 
Los dejo con esta rola:

   
 
Yo mientras tanto voy a ver el México-Brasil.      

Ajá, el post sobre Steve Jobs

Steve-jobs

     Here’s to the crazy ones. The misfits. The rebels. The troublemakers. The round pegs in the square hole. The ones who see things differently. They’re not fond of rules. And they have no respect for the status quo. You can quote them, disagree with them, glorify or vilify them. About the only thing you can’t do is ignore them. Because they change things. They push the human race forward. And while some may see them as the crazy ones, we see genius. Because the people who are crazy enough to think they can change the world, are the ones who do.
Apple, “Think Different”, 1998-2002 

  
 Esta época, tan conectada y a la vez tan desarraigada, donde podemos no saber dónde andan nuestros familiares pero sí nos molesta el comentario de un rostro anónimo en Twitter, es pródiga en el culto a personalidades que han ayudado a moldear, o eso pensamos, el mundo en el que vivimos. Muchas veces me he quejado del concepto del geek porque hace tiempo perdió su carácter contracultural, esa rareza que lo hacía vivaz y rebelde. Punk. Ayer el geek era quien conseguía la información oscura y la compartía con otros geeks. Hoy con el vulgar acceso a la información que poseemos se puede ser un geek de “todo”: de Sarah Jessica Parker, de Star Trek, de Mighty Muggs de Transformers, de afiches de Justin Bieber o del último hit televisivo de HBO. Entre el geek y el fan hay pocas diferencias hoy. Con el ancho mundo de Apple, el público se lanzó, sobre todo en los últimos diez años, a exhibir su amor por la marca de formas diversas, sacando esa adoración de la playera y el bumper sticker a sitios web y redes sociales, creando una tribu de iWhores que es multicriticada por “superficial”, “sobrepreocupada por el diseño” y “poco demandante como consumidora”, máxime cuando se acostumbró a pagar precios altos por hardware o incluso a soportar teléfonos con problemas de conectividad. Tener una Macintosh en los ochenta y noventa fue símbolo de un tipo particular de espíritu geek, y tener un teléfono Apple en los 2000 ahora es símbolo de un tipo particular de fanboyerismo. Pero no lo digo despectivamente: la gente ama a sus marcas, ama el estilo de vida que les proporcionan y esos pequeños placeres que experimenta sola y en su soledad, si me permiten la expresión. Hey, si te sientes un velocista olímpico al estrenar un par de zapatillas Nike, bien por ti. Si sientes que ese par de jeans Levi’s te otorgan “la promesa de un mundo nuevo”, bien por ti. Si sientes que usar un iPad te hace “pensar diferente”, bien por ti. Un buen consumidor es un consumidor crítico, pero yo no soy nadie para juzgar las emociones de la gente. Somos tribales, somos sectarios, defendemos hasta las lágrimas los que nos provee identidad, aunque esta identidad consista en burlarnos y protestar por la falta de identidad y consumismo de otros. Ja.

 

 

 Por eso entiendo el fervor hacia Steve Jobs. Hay quien dice que el rock ya murió y que la historia se detuvo, que ya no hay héroes, las estrellas de Hollywood han perdido el glamour de antaño y nuestros líderes políticos son una desgracia. Vivimos en un mundo cínico, diría Jerry Maguire, lleno de apatía y aburrición. Y en ese mundo caminó Steve Jobs, como Caine en Kung fu. Oh sí. Su influencia en el ámbito de la tecnología, los negocios, el entretenimiento, la educación y los cimientos de cómo interactuamos entre nosotros es tan vasta que es difícil de medir. Sin embargo, lo que hizo Steve Jobs al frente de Apple Computer nos recuerda que sí, aún existen estrellas de rock, aún hay héroes, aún hay glamour y aún hay líderes. Y la historia sigue, y no se detiene. Cuando John Lennon fue asesinado, Time tituló su portada con la frase “the day the music died”, más por despecho e indignación que por otra cosa. Pero hoy no murió la innovación ni la creatividad ni nada por el estilo. Todo va a seguir hacia adelante. Igual que la música siguió después de Lennon. 

 

 

 Me declaré fan de Jobs desde que leí sus aventuras mariguanas en Atari, Inc. (sorprende que Nolan Bushnell le sobreviva) y su búsqueda espiritual en India a mediados de los setenta. La idea de un jipi-punk que emplea el marketing para cambiar el mundo (“Think Different”) es tan seductora. Y es tan siglo XX. Y también es tan siglo XXI. Soy un creyente de su marca a pesar de que critico lo pesado que es Apple con sus consumidores (como el citado caso de la antena del iPhone 4 o esos mails de grumpy old dude que enviaba Jobs a ciertas personas que le escribían), y el pésimo trato que su oficina de P.R. tiene hacia la prensa. Creo que es evidente que Jobs fue un ejemplo como businessman y entrepreneur, y como innovador en una industria donde la innovación en realidad no es tan común. Pero yo no me quedo con eso, quizá porque no tengo nada de empresario ni emprendedor, y nunca he hecho nada innovador en mi vida. Yo solo soy un usuario de Apple.

 

 

 De ahi viene la conexión emocional. No haré una pomposa declaración del tipo “la primera vez que estuve en Cupertino…” (ajá, nunca he estado en Cupertino). Pfff. Mi conexión con Apple es más vulgar, y tiene que ver con mis recuerdos. Escribir toda la noche en una MacBook Pro negra. Tomar aquella foto aquél día con aquél iPhone. La emoción de sacar mi primer iPod de la caja. Son “experiencias de usuario”. Pero sobre todo son emociones. No somos replicantes. Esos recuerdos son reales.

 

 

 Hoy me siento honestamente triste por la prematura muerte de Steve Jobs a sus 56 años de edad. Espero que su vida y obra me sigan inspirando. Y a ustedes también.

 

Octubre

Octubre es mi mes favorito del año y en parte se lo debo a una chica. En esos entonces, cuando estábamos juntos y cuando la vida era en cierto sentido más simple y un poco mejor, ella se ponía toda romanticona y querendona en este mes, achacandoselo a "las lunas de octubre". Y es que sí, la luna en este mes es algo espectacular de ver. Borges, en el prólogo increíble que escribió para la edición en español de Crónicas Marcianas, nos cuenta sobre la luna:

 


A principios del siglo XVI, Ludovico Ariosto imaginó que un paladín descubre en la Luna todo lo que se pierde en la Tierra, las lágrimas y suspiros de los amantes, el tiempo malgastado en el juego, los proyectos inútiles y los no saciados anhelos

 

 

 

Creo que, ante eso, es poco lo que podemos agregar.

 

Además de la luna, octubre representa el mes de lo oscuro, de lo sobrenatural. De los espantos, pues. Soy un fan consumado de esas ondas y un creyente, como muchos de ustedes saben. Me encantan el Halloween y en Día de Muertos. Me encanta la atmosfera tan particular que tienen dichas festividades, tan diferentes de las del invierno y la primavera (en verano no se celebra nada, otra razón por la que el verano apesta). Nunca he visto un fantasma, pero tengo muy presente ciertos momentos en el cine y la literatura en los que los aparecidos tienen un lugar preponderante. Me viene a la mente la escena de la niña secuestrada y muerta, quién se le aparece a su papá y lo hace reír con el chiste más cruel que recuerdo, en Sympathy for Mr. Vengeance. Dos fantasmas patéticos y favoritos personales aparecen en el capítulo conocido como “Circe” de Ulises (sólo “conocido como”; Joyce nunca tituló los capítulos de Ulises). En este alucinante episodio, el número 15, Stephen y Bloom bajan a una especie de submundo donde, además de embriagarse, tienen toda clase de visiones esquizoides y sobrenaturales. Stephen, el joven dublinés, se encuentra con el fantasma de su madre, el cual lo insulta; el encuentro de Bloom es mucho más estremecedor: sabemos que Leopold Bloom, el protagonista de la novela, alguna vez tuvo un hijo con Molly, su esposa, al cual bautizaron como Rudy. El bebé, sin embargo, murió a los 11 días de nacido. Rudy Bloom se aparece en los últimos momentos del capítulo “Circe” como un puberto de 11 años de edad (la edad que tendría de no haber muerto), vestido con un traje Eton y leyendo un libro. Es un fantasma mudo, y su figura contiene el terror de un padre viendo el fantasma de un hijo muerto. Pero también es un momento dulce, o al menos agridulce. En la última línea del capítulo, Rudy Bloom observa a su padre a los ojos y, extrañamente, un corderito se asoma por el bolsillo de su abrigo:


(Silent, thoughtful, alert, he stands on guard, his fingers at his lips in the attitude of secret master. Against the dark wall a figure appears slowly, a fairy boy of eleven, a changeling, kidnapped, dressed in an Eton suit with glass shoes and a little bronze helmet, holding a book in his hand. He reads from right to left inaudibly, smiling, kissing the page.)

BLOOM (Wonderstruck, calls inaudibly.) Rudy!

RUDY (Gazes unseeing into Bloom’s eyes and goes on reading, kissing, smiling. He has a delicate mauveface. On his suit he has diamond and ruby buttons. In his free left hand he holds a slim ivory cane with a violet howknot. A white lambkin peeps out of his waistcoat pocket.) 

 

 Y así, Joyce nos enseña que los fantasmas pueden ser algo hermoso. 

 

Pero octubre es algo más también. Octubre es otoño. El otoño, que es "cuando todo empieza a morir", según palabras del maese George Carlin. Es en esta época del año en la que las hojas son de diferente color (bueh, no aquí en la ciudad; o al menos no tanto), en el que la luz es menos y los días son un poco más fríos y un poco más melancólicos. Mucha de mi inspiración personal viene en este mes y con estos climas. Me recuerda, no sé, me recuerda la bruma sobre un bosque inglés en una película de 1964 filmada en tecnicolor. Me recuerda el color del whisky barato que compraba en mis primeras pedas. Me recuerda el horrible suéter de los Osos de Chicago que me regaló mi padre a los cinco años y que solo usé una vez, en una excursión a Michoacán. Me recuerda el Dark Side of the Moon y la vez que lo escuché completo cuando una novia me botó. Me recuerda el Clásico de Otoño; mi familia y yo viendo los 12 minutos más grandes de la historia deportiva del H. estado de Arizona, extasiados. Me recuerda a Truman Capote y esa obra maestra llamada Breakfast at Tiffany´s y aquélla parte en la que el narrador (del que nunca sabemos su nombre) y Holly Golightly van a su cabalgata de despedida en Nueva York y la luz se filtra por las hojas moribundas que forman  un velo entre la tierra y el cielo y el momento es tan increíble que se olvida la tristeza de la despedida:

 


 

“See?” She shouted. “It´s great!” And suddenly it was. Suddenly, watching the tangled colors of Holly´s hair flash in the red-yellow leaf light, I loved her enough to forget myself, myself pitying despair, and be content that something she thought happy was going to happen. Very gently the horses began to trot, waves of wind splashed us, spanked our faces, we plunged in an out of sun and shadows pools, and joy, and glad-to-be-alive exhilaration, jolted, through me like a jigger of nitrogen. That was one minute…      

 

 

 

Es un libro maravilloso. La versión cinematográfica, fuera del estilo, la dirección y Audrey Hepburn, siempre me ha parecido, cuando mucho, bastante inferior.

 

Octubre es mucho más que el décimo mes del año. Más que el nombre de un disco de U2. Octubre significa muchas cosas en mi vida. Octubre me pone en el mud de muchas cosas. Octubre destila aroma a madera quemada y a lluvia para mí. Octubre es futbol americano. Octubre es películas de terror, orientales y occidentales. Octubre es maravilloso.

 

Xoder, amo este puto mes.

Midnight in Paris

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Es un lugar común decir que David Bowie puede hacer lo que se le dé la gana. Por qué? Porque es David Bowie, dah. Pero en un mundo en el que las referencias musicales quedan superadas por las cinematográficas (léase, en las platicas de borrachos de mis panas y moi) es más claro decir que Woody Allen bien puede hacer lo que quiera en sus películas e incluso fuera de ellas. Por qué? Porque es Woody Allen, dah. Y es que no me imagino a ningún otro director que haya podido hacer esta película sin ser inmediatamente bombardeado por todos los frentes. Pero al parecer esta fantasía sumamente romántica (que me imagino lleva en la mente del maese neoyorquino bastante tiempo) ha caído bien en general. Sobretodo a la generación del propio director. Y es que sí, la verdad es una película de viejitos. Bueh, y también para ellos que tengan referencias de la década de los veinte del siglo pasado. Categoría en la que me incluyo. Para los nostálgicos, ya sea porque hayan tenido su época gloriosa en el pasado o porque piensen que el pasado era la época gloriosa, esta película es una delicia de principio a fin.
 
Hay que recordar primeramente que esta, al igual que todas las películas europeas de Allen, trata a la ciudad en la que se desarrolla (en este caso París) con el aire de evocación e idealización de los turistas. Es evidente que Allen no conoce esta ciudad de la misma manera que conoce Nueva York y eso está bien. Lo que vemos por sus ojos es lo que nos gustaría ver cuando las visitamos, tanto por las portadas de revistas o pasajes literarios que hayamos visto y leído, así como por cada fotograma cliché con el que hayamos crecido. Y, repito, eso está bien. Los protagonistas de la cinta son una pareja norteamericana comprometida que está de visita en la ciudad mientras planean su boda y la vida afther. Ella, Inez (Rachel McAdams) es la típica gringa a quién le encanta Paría por las compras y lo "exótico" y "romántico" del extranjero. Le interesa la historia, claro, pero solo la historia oficial y resumida. Su prometido, Gil (Owen Wilson), simplemente ama la ciudad. La ama por lo que fue, por lo que representa, por la idealización de sus libros y sus fantasías puramente personales. Le interesa la historia, claro, pero lo que más quisiera es haber vivido en la historia. Inez esta fascinada con París, pero para ella es ideal solo por un mes, más o menos. Su máxima aspiración parece ser llegar a vivir con su esposo en algún suburbio de clase alta de Malibu, decorando su casa con sus muebles franceses de $18,000, igual que sus padres. El sueño de Gil es escribir una novela, una buena novela de ser posible (hasta ahora se gana la vida escribiendo guiones de cine), y vivir en Paris y llegar a ser parte de ella como ella es parte de él.
 
La convivencia entre los dos, además de con los padres de ella y los amigos (también de ella), termina por fastidiar a Gil, quién una noche se descubre un poco borracho caminando por las calles anónimas de la ciudad que ama. En eso se sienta en unas escaleras de piedra, esperando un taxi, mientras un reloj distante toca la medianoche y un Peugeot antiguo y enorme se detiene frente a él. El coche está lleno de fiesteros, quienes lo invitan a sumarse y lo llevan a una fiesta en la que toca Cole Porter y en la que conoce a Zelda y Scott Fitzgerald, además de intercambiar unas palabras con Ernest Hemingway. Allen nunca explica esto y no hace falta. No hace falta saber si es solo un sueño o fantasia, o si es real. La verdad es que no nos importa, mientras miramos a Gil, quién noche tras noche es levantado por el mismo coche, que lo lleva, si no a una fiesta de los Fitzgerald, si a la casa de Gertrude Stein (!!!), en donde noche a noche conoce y convive con Picasso, T. S. Eliot, Dalí, Buñuel y otras figuras del París de los años 20 del siglo pasado. Noche a noche él habla con estas leyendas, quienes ignorando lo que serán en un futuro o quizá sin importarles, tratan a un aspirante a escritor norteamericano ambicioso como un igual. Uno más. Y esto es... encantador. Gil, tímido, no puede creer su buena suerte. Y mientras noche a noche sus más personales fantasías son cumplidas (porque su deseo de escribir una novela es nacido de su deseo de ser, algún día, parte de las leyendas que idolatra), va conociendo a Adriana (Marion Cotillard), una musa, quién llegó a París para estudiar moda, pero termino enamorada de la ciudad y de su vida. Ella ha sido amante de pintores como Braque y Modigliani, y actualmente es la nalguita de Picasso. Pero Gil espera (y nosotros también) que en un futuro ella deje de ver a los gigantes y se enamore de él. Y eso genuinamente puede ser posible. Gil no es una leyenda, pero encarna genuinamente la humildad encantadora. Y mientras esto ocurre noche a noche, día a día Gil se va dando cuenta de que su vida presenta no es tan perfecta como él hubiera querido imaginar. Se da cuenta de las diferencias entre él y su prometida, de lo irritantes que son los amigos de ella y de lo mal que le caen sus suegros (y de lo mal que les cae él). Se da cuenta de lo ideal que es la idealización.
 
Woody Allen es el único que hubiera podido hacer una película como esta. O al menos, creo yo, es el único que la hubiera podido hacer para que pareciera tan honesta como lo es Midnight in Paris. Y es que él es un romántico. Gil es Allen (en todas sus películas hay alguien que lo encarna) y este es un guión lleno de sueños personales. Es una historia sencilla, sumamente romántica, pero a la vez muy realista. No condena para nada el pasado y la nostalgia, pero tampoco termina diciendo que todo tiempo pasado fue mejor. En realidad la época dorada es el presente. Es el aquí y el ahora. Y si nuestro aquí o ahora es el año 2011, por qué no aprovecharlo? Cierto que quizá no tenga el encanto de otros años, pero es lo único que tenemos. Y los demás? Oh, bueno, son adorables. Cada personaje histórico es como lo imaginamos. Vemos el loco loco amor de los Fitzgerald, la testosterona de Hemingway, el surrealismo 24/7 de Dalí y todas aquellas características que sí, son casi un lugar común, pero no aquí. Y es que Allen es alguien a quién sin pedos podemos colocar allí, junto a ellos. Porque él ya es una leyenda. Es como la escena de Castillo del Limbo de La Divina Comedia, el lugar donde están los hombres ilustres de la antigüedad, quienes no disfrutan del Paraíso simplemente porque nunca conocieron la verdadera fe. En ese lugar, Dante coloca a muchos de sus héroes personales y sentimos que tal lugar (tal como lo dijo Borges) es el único de todo el poema que realmente proviene de un sueño. Este es un sueño de Dante. Y por tal no sabemos lo que se habla ahí. No conocemos el diálogo, lo cual es al mismo tiempo bello y aterrador. Pero aquí sí, lo cual es sumamente hermoso.
 
Esta no es una película para todos, y eso está bien. Siento que es una cinta no solo para nostálgicos, sino una que solamente los nostálgicos llegarán a comprender y disfrutar en su totalidad. Es una delicia, llena de momentos inolvidable. El favorito personal: Gil y Adriana están en una fiesta de la que deciden irse para platicar en un lugar más íntimo, cuando, de camino a la puerta, encuentran a Buñuel. Gil le dice que tienen una idea genial para una película, la de un grupo de personas en una cena formal quienes de repente se dan cuenta de que no pueden dejar el lugar. "Pero, por qué no pueden salir?", pregunta Buñuel fascinado e intrigado. "Simplemente no pueden". Estoy seguro de que muchos de ustedes sonrieron con ese diálogo. Yo lo hice, así como por un momento recordé el terror que esa misma idea me causo cuando era niño. Es un momento grandioso. Por un momento, incluso, me gutaría pensar en mi como una especie de Gil. Pero bueh, supongo que todos queremos ser como Gil. ese ya es un lugar común.
 
Es una película encantadora. Y Woody Allen es un genio que puede hacer lo que quiera, como colocar a la Primera Dama de Francia como guía de turistas de su película. Por qué? Pues nada más porque es Woody Allen y se ha ganado ese derecho.

Dah.  

            

Estar solo, estar acompañado y Bob Sugar

Al final de Jerry Maguire, cuando están en el estadio de los Cardenales y Rod Tidwell ha hecho la atrapada del año y él y Jerry se abrazan y lloran y todos estamos viviendo un genuino momento de superación personal, del tipo “mierda, no puedo creer que esto me esté haciendo sentir bien”, un personaje realmente secundario, un quarterback cuyo agente es el depravado Bob Sugar –ya saben, el güero hipercapitalista que le roba casi todos los clientes a Maguire–, se voltea con éste y le dice: “¿Por qué nosotros no tenemos esa clase de relación?” El pendejo de Bob Sugar quiere sacarse un abrazo forzado de la manga pero su cliente lo manda al caraxo. Con Bob Sugar, Cameron Crowe le dio forma a un personaje que pulula por los corporativos contemporáneos, un chamaco caguengue que quiere comerse a puños y que no le importa llevarse entre las patas a lo que sea con tal de escribirse en la frente la palabra É X I T O, con todas las connotaciones cornejistas que quieran agregarle. Quien ha vivido esa vida corporativa, o esa quimera corporativa, ha sentido el sabor y la tentación de convertirse en un Bob Sugar, de sentirse de pie en la cima del mundo y gritar por teléfono “I’m the fucking terminator”. Quizá sea una buena manera de motivarse, pero no es una buena manera de andar por la vida. Porque esos Bob Sugar en el fondo son piltrafas emocionales que le hablan mal a los meseros, a su secretaria y a su novia, y quizá tienen un padre sexagenario con un Gran Torino estacionado en la cochera pero lo tiran de viejo loco y pedorro y pendejo. No está chingón ser Bob Sugar. Los Bob Sugar de este mundo terminan solos. Ya saben, no construyeron amistades ni amores ni buenas historias que recordar en la peda con sus viejos panas. Los Bob Sugar de este mundo sólo tienen clientes. Estar solo es una cagada, aunque te digan en algún momento de tu vida que “tienes que aprender a estar solo”, naaaaa, la verdad es que es una cagada. Sobre todo cuando pasas, por ejemplo, un domingo solo y en realidad quieres estar con alguien, pero no hay nadie a la mano. Por eso, cuando dejas de ver un tiempo, aunque sea unas horas, a la gente que te quiere y la vuelves a ver, la primera sensación es completamente ensimismada pero genuina: no estoy solo (o “¡yeah, no estoy solo!”). Por eso hay quienes aman verse recogidos por su familia en el aeropuerto luego de un vuelo de ocho horas. Por eso los amigos queridos se dan abrazos. Y en el fondo, los románticos de clóset agradecemos con el corazón esos momentos, así como el SMS improvisado de un compadre que sólo estaba pensando en ti y le dieron ganas de escribirte porque tiene ganas de verte para tomar una cerveza. Aunque a la mera hora nos hagamos los rudos, en el fondo sabemos que es incomparablemente mejor estar acompañado que estar solo. Hay gente que nunca tiene hijos y no los necesita. Hay gente que nunca tiene suerte con el sexo opuesto, y quizá no lo necesita o al menos al final aprende a vivir con eso. Pero lo que es impensable es vivir sin amigos, sin personas con las que te puedas encuerar emocionalmente, aunque sea sólo por dos segundos. 

  Ayer pasé un día increible con una amiga querida en el cual pude sentir todas esas cosas. Y me dieron ganas de escribir esto solamente para darle las gracias. Gracias por ayudarme a no ser un Bob Sugar más.

Mudanzas

Me gustan los cambios Siempre supe que no me gustaba quedarme en el mismo sitio, siempre pensé que moverse es bueno. Moverse es pura sopa de pollo para el alma. Establecer las mudanzas que necesita el espíritu para seguir adelante. Poner las cosas en una caja. Cerrar la caja. Mover la caja. Abrir la caja en un sitio nuevo. Son las mismas cosas en una caja. Pero se han movido. El cambio ha sucedido. Las cosas son diferentes. Y eso nos enseña, en el mejor tono cukiesco, que el pedo es relativo. Aquel disco de tus veintitantos significa otra cosa a tus treinta y tantos. Aquella rola de aquel disco en el CD player de tu primer auto significa otra cosa en el iPod ahora, apareciendo en el shuffle un domingo en la mañana. Letting go is freedom. Avanzar a la siguiente casilla. Matar a un boss y pasar al siguiente nivel. Dejar que salgan las canas. Dejar por la paz a tu ex. Dejar por la paz al jefe que te corrió, si no en Facebook o en vivo y a todo color, sí en tu mente. Dejar por la paz la música que frecuentas, las películas que frecuentas, los libros que frecuentas. Buscar lo nuevo, buscar ser siempre un contemporáneo. Siempre un CONTEMPORÁNEO. No se debe escuchar siempre la misma música del mismo modo que no se debe leer siempre el mismo periódico. Se vale volver a lo antiguo, pero desde una perspectiva nueva, fresca, desde una perspectiva contemporánea. Cambiar y moverse de lugar renueva nuestra mente, alivia nuestra alma. Le da alas a nuestros ojos. Vemos ángulos insospechados, colores nuevos. El cambio no es sólo entretenimiento: es la sustancia de la que están hechas las búsquedas en la vida. Así nos lo dice el budismo. El principio de la impermanencia: todo pasa. Todo pasa. Lo que creemos que va a durar para siempre no va a durar para siempre. Me divirtió esta semana pensar en todas nuestras preocupaciones humanas: pasar al cajero para sacar dinero para el súper, narcos vs policías en las noticias, el bache que lleva mes y medio sin arreglarse en la avenida, hacer el trámite de la verificación. Y pensé en este lugar en diez años, en cincuenta, en doscientos, en mil, en un millón. Nada de lo que está aquí va a estar en un millón de años. Quizá la cerámica. Y algún proyecto mamón de la NASA. Pero eso también se irá. Porque nada se sostiene para siempre. Todo muere, todo acaba. Tu puta relación codependiente. Tu jefe y sus bromas mamonas. El caldo de camarón de que tu madre prepara en los domingos familiares. Tus miles de followers en Twitter. Todo se va, todos nos vamos. Lo cual es chingón. Nada va a permanecer y, al mismo tiempo, estar presente es la pasta. De nuevo, ser tu propio contemporáneo. Digo, es noble y necesario ahorrar y planear el pedo, pero no se puede perder la vida en eso. Tampoco en ensoñaciones idiotas, claro. Ya ven lo que dice el maestro Yoda: “All his life has he looked away… to the future, to the horizon. Never his mind on where he was. Hmm? What he was doing”. Estar presente. Aquí. Ahora. La presencia, sí, la presencia es la materia prima del cambio.